Aladar 47

NICHOLAS RAY: EL LUGAR SOLITARIO DE UN AUTÉNTICO REBELDE Abr17

NICHOLAS RAY: EL LUGAR SOLITARIO DE UN AUTÉNTICO REBELDE...

Nicholas Ray es un director de culto que genera verdadera devoción entre sus admiradores. Su obra más recordada, Rebelde sin causa, marcó a toda una generación que se identificó con el adolescente inadaptado interpretado por James Dean. Los antihéroes de Ray, ya fueran delincuentes juveniles huyendo de la justicia o adultos enfadados atrapados por su temperamento o por la sombra alargada de sus opciones, estaban en conflicto permanente contra su entorno y contra ellos mismos. Aun tengo presente la conmoción que me produjo de adolescente ver la opera prima de Nicholas Ray, Los amantes de la noche. La poética historia de los  fugitivos de la ley, encarnados por dos jovencísimos Farley Granger y Cathy O’Donnell, era desoladoramente romántica y apelaba como pocas a la combinación de anhelo y miedo de vivir que nos abruman cuando sólo tenemos quince años y que a medida que maduramos vamos digiriendo como buenamente podemos. Esa capacidad de conmovernos, agitarnos y de marcar nuestra memoria era la magia de Ray. La inocencia de la juventud frente a la responsabilidad del adulto en dibujar su destino Ray veneraba la juventud y era indulgente con ella. Los adolescentes o veinteañeros protagonistas de la que podríamos llamar su trilogía sobre los conflictos generacionales (Los amantes de la noche, Llamad a cualquier puerta y Rebelde sin causa) nunca eran para el director los culpables de sus tantas veces tristes destinos, porque estaban condicionados por todo lo que les rodeaba, ya fueran hogares conflictivos, barrios anegados en la delincuencia o una sociedad controlada por los mayores, cargada de prejuicios y desprovista de compasión. Por el contrario, en las películas del director protagonizadas por adultos, su postura era muy distinta. Dixon Steele en En un lugar solitario, Jim Wilson en La casa en la sombra,...

El fulgor de la mala estrella Abr17

El fulgor de la mala estrella...

¿Es posible que el amor resista ante un entorno hostil? ¿Es posible que un héroe lo siga siendo a pesar de todo? ¿Puede ser que alguien se mantenga intacto en una sociedad que demanda lo contrario a lo que se es? Nicholas Ray con su película En un lugar solitario logra un monumento al nihilismo, a la imposibilidad de un mayor desastre una vez que el mundo se ha desmoronado del todo aunque solo unos pocos lo sepan. En un lugar solitario (Santana- Columbia, 1950) es un filme extraño para su época, sugiere más que cuenta y aparenta ser lo que no es. Parece un film-noir y lo criminal es una mera anécdota del argumento. Se esfuerza en mostrar una historia ejemplar, incluso llega a dibujar ante nuestros ojos ilusionados un camino de salvación hecho de amor y besos, pero acaba siendo una de las películas más nihilistas que haya producido el periodo clásico de la fábrica de sueños. El héroe se esfuerza en vestirse de antihéroe, pero realmente es un héroe. La heroína es, definitivamente, una mujer fuerte tremendamente débil. Quien manda no es la voluntad, sino la mala estrella, aunque todos se empeñen en ver de acero a un ser tan vulnerable que sólo conoce “steel” como apellido, si le pones una “e” final para ir despistando. Y, por andarse con un acabose caprichoso al falso juego de las apariencias, los buenos son malos por exceso de bondad y los malos son tan malos que sólo dan risa o mueven a la compasión. Bueno, lo que se dice bueno, sólo es un único personaje que tiene principios y no está dispuesto a cambiarlos por otros más acomodables a las circunstancias. Pero nadie lo ve. Como el autor, Nicholas Ray, difícil e indomable,...

CHICAGO AÑOS 30: DISFRUTEN DE UNA VERDADERA MA-RAY-VILLA Abr17

CHICAGO AÑOS 30: DISFRUTEN DE UNA VERDADERA MA-RAY-VILLA...

A través de géneros diversos y tramas variopintas, Nicholas Ray nos acababa contando su visión sobre su lugar en el mundo. En Chicago años 30 nos volvió a hablar de seres inadaptados a su entorno y en debate interno con su conciencia. La pareja protagonista desprecia al mundo gansteril, pero trabaja para el mismo; él como abogado y ella como party girl. Juntos, irán asumiendo que, tratar con desdén la mano que les da de comer, no basta para salvar su dignidad. Algunos consideramos que la cumbre de Ray fue Chicago años 30 (Party girl, 1958). Es además una de las mejores películas de gánsters de la historia y tan extraordinaria, que me dan ganas de pedirles a quienes no la conozcan que, por favor, la vean. No se arrepentirán porque es puro CINE: hay gran espectáculo y aun así intimismo, una trama original que corta la respiración, un hombre  amargado, pero rescatable; una mujer con más carácter y corazón que casi cualquier otra que haya aparecido en este género, un romance apasionado y redentor entre estos dos seres y encima ¡un par de estupendos números musicales de Cyd Charisse! ¿Qué más se puede pedir? ¿Violencia y sexo? ¡Pues también lo tienen! (explícita aquella e implícito éste; recuerden que, al fin y al cabo, hablamos de una película de los 50). Por si no les he convencido, adentrémonos un poco más en esta obra maestra. La produjo la Metro Goldwyn Mayer, que siendo el estudio más conservador, solía tener en nómina eficientes artesanos antes que realizadores verdaderamente creativos. Por eso, fue excepcional que contara en esta ocasión con un director tan personal y distinto como era Nicholas Ray. De hecho, intentaron cortarle las alas mediante un contrato humillante que pretendía condicionar intensamente el resultado del...

El American Way of Life, con lo que ello implica Abr17

El American Way of Life, con lo que ello implica...

El cine americano de la década del cincuenta, el American Way of Life (o modo de vida americano), el Código Hays y los estereotipos en un film inquietante: Más poderoso que la vida. La familia tipo, pero una enfermedad que irrumpe en el hogar y desata la locura. Con la Biblia y tijeras en mano, un padre que cree que debe asesinar a su hijo. Pero al final, Hollywood, y un happy end inolvidable. Bigger Than Life (Más poderoso que la vida, 1956) es de esas películas que edulcoran al espectador con la felicidad del American Way of Life para a continuación impactarle un golpe que lejos de dormirlo lo despierte de ese sueño y le muestre una realidad pesadillesca, o sea, la vida misma. El comienzo de esta película no podría tensar más los elementos estereotipados que permiten mostrar ese estilo de vida americano: la ama de casa, el niño, la televisión, la cocina y sus electrodomésticos, el marido trabajador y la vida social con amigos por la noche. Todos estos elementos se entretejen de una manera maravillosa en una de las primeras secuencias de la película: el padre llega de trabajar, su esposa está en la cocina preparando la cena para los invitados que esperan, y el niño está en el salón mirando algo de vaqueros en el televisor que tiene el volumen bastante alto. Lo del televisor merece especial atención porque se trata de un planting, es decir, ese mismo elemento será clave en otra escena del final que también estará en relación con el padre y el hijo pero entonces en las antípodas de lo que simboliza en esta secuencia del comienzo: aquí el televisor los une, comentan sobre ese programa, padre e hijo están en comunión; al final el...

Las ciudades invisibles...

No sorprende que un libro de Ítalo Calvino lleve el adjetivo «invisible» en el título modificando a un sustantivo como «ciudades». Justamente, las ciudades, esos sitios que se visitan y se miran, pero no, no sorprende, porque Calvino nunca olvidó que los sentidos son cinco y no solo uno, que hasta una ciudad no se la conoce o se la reconoce por el sentido de la vista necesariamente, que quedan otros cuatro. De Calvino, que comenzó a escribir un libro sobre los cinco sentidos en 1972, pero que no llegó a terminarlo (le faltó un cuento sobre el sentido de la vista y otro sobre el del tacto) no, no sorprende. Al final, quedaron recopilados en un libro titulado Bajo el sol jaguar tres cuentos sobre tres de los sentidos: el olfato, el oído y el gusto. Pero Las ciudades invisibles es otro libro, uno que a diferencia del recién mencionado no fue publicado de manera póstuma, pero que sin embargo ya trabaja algo de los cinco sentidos, ¿o acaso no? Que ya declaraba que para las ciudades no se trata solo del sentido de la vista. Marco Polo, mensajero y explorador veneciano, viaja y le cuenta al emperador de los tártaros, Kublai Jan, cómo son las ciudades. Pero el título ya lo dice: son invisibles. Ahí, en lo invisible, radica lo más narrable de las experiencias de Marco Polo. Por ejemplo, una ciudad de truque no lo es solo de mercancías; los trueques lo son también de deseos, de recuerdos… ¿A qué género literario pertenece este peculiar libro de Calvino? Podría leerse como un libro de poemas, pues el propio autor dice en la nota preliminar: «Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez...

El buscador de almas

El buscador de almas es esa novela que con un poco de psicoanálisis y otro poco de Cervantes alcanza ser una gran obra literaria de carácter satírico. Novela científica y novela humorística al mismo tiempo. El mismísimo Freud propuso el siguiente subtítulo para esta obra: «Una novela psicoanalítica», e incluso fue el encargado de publicarla tras defenderla de aquello de lo que se la acusaba: de ser pornográfica, entre otras cosas. Pero Georg Groddeck, fundador de la medicina psicosomática, lo tuvo claro desde el momento de la creación misma de la obra: su intención, incluso declarada, era efectivamente escribir una novela que presentara la teoría freudiana. El grito se puso en el cielo, pero «Freud-editor» le puso hasta subtítulo. August Müller, el protagonista de esta historia, está leyendo el Quijote, pero su hermana y su sobrina llegan a su casa para quedarse y de pronto hay chinches en los colchones y seguidamente contrae la escarlatina, entonces August Müller entra en la locura que le permite hacerse llamar de ahí en más Thomas Weltlein. Este hombre burgués bajo el nombre de Thomas emprende sus andanzas y ya no filtra su lenguaje: dice verdades absolutas que hacen reír a algunos y espantan a muchos otros. Se mete en líos y en los ambientes más insólitos, como un congreso feminista. Y todas y cada una de las veces no sólo opina sino que predica su verdad, que siempre está en relación con la libido y las cuestiones de la sexualidad. Si le tiene que dar nalgadas en el trasero a una niña desconocida durante un viaje en tren, se las da bien dadas. Su hermana se lleva las manos a la cabeza cada vez e intenta no perderle el rastro a este Thomas escurridizo que al final...

No se quebrará la rama...

No se quebrará la rama (Madrid, Vaso Roto, 2014) es uno de esos libros que el lector de poesía no se explica que siguiera inédito hasta ahora en nuestro país, teniendo en cuenta que se trata, de un clásico verdadero de la poesía norteamericana moderna. Su autor, James Wright (nacido en Ohio en 1927 y fallecido en Nueva York en 1980) ha sido hasta el momento un escritor poco o nada leído entre nosotros, no obstante su papel central en el desarrollo de la poesía norteamericana contemporánea. The Branch Will Not Break, que ahora podemos leer en español, fue publicado por primera vez en 1963. Libro clave, se presenta casi como un cuaderno de viajes por un paisaje y las gentes que lo pueblan, vistos desde la hondura de un sujeto lírico abierto a llenarse de los otros hasta ese dolor expiatorio que lleva aparejado la lucidez de la conciencia de lo real. Tal es aquí la ambivalencia de su palabra, que nace de nombrar la belleza arrebatada de la naturaleza salvaje, tanto como la dureza de la vida de los hombres y las mujeres que huellan los campos y las ciudades, que la contemplación implicada del poeta aún le sigue hablando de la fuerza regeneradora de la vida hasta en medio de la derrota. Quizá porque saben, el poeta y el arrendajo azul que desde su ventana ve posarse sobre la rama de un pino, que al fin y al cabo “no se quebrará la rama”. En efecto, la sensibilidad esponjosa de Wright se llena de lo que ve a su alrededor. Unas veces el poeta se pierde en “…las hermosas ruinas blancas / de América”; otras descubre, amargo, que los hijos de los padres orgullosos del Medio Oeste “crecen hermosos hasta el...

TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN...

Ésta es una historia terrible, pero también muy bella. Muchos lectores quizás la han visto filmada, en la película que rodó Lynne Ramsay en 2011. Los que se acerquen primero al libro se sorprenderán con su argumento. Está escrita en forma de unas cartas, las que Eva Khatchadourian escribe a su marido ausente, repasando sus vidas en donde convergen: en su hijo Kevin. Eva es tremendamente mordaz, pero justa, en el retrato de una situación que se les ha ido de las manos. Implacable, va desmontando todos los mitos de la sociedad americana, pisoteando todas sus reglas; deconstruyendo y reconstruyendo uno de los últimos tabúes de las comunidades fuertemente moralizadas: la maternidad. Moldeando el retrato insólito de una familia ideal en la que –por lo que sea, eso es lo que tendrá que meditar el lector- algo ha salido mal. Demasiado mal. Eva es muy punkie, agresiva en sus planteamientos, transgresora, crítica, políticamente incorrecta, nos enfrenta a verdades como puños con sensatez y libertad, en un proceso definitivo de demolición del american way of life. Tenemos que hablar de Kevin nos acerca al horror de una manera insólita y poco convencional, de forma que nos mantiene todo el tiempo entre la carcajada y el escalofrío. Porque no hay nada como el humor negro para plantear cosas que suceden y para las que es muy difícil encontrar explicación y respuesta. Cuenta la novela –de paso- cosas muy hermosas sobre la maternidad y la adolescencia. Quienes inicien la lectura de Tenemos que hablar de Kevin harán bien en sentarse en el sofá y abrocharse los cinturones de seguridad, antes de emprender un viaje vertiginoso a las profundidades de la mente humana. Calificación: Extraordinario. Tipo de lector: Cualquiera. Tipo de lectura: Espectacular. Argumento: Tremendo. Personajes: Terribles. ¿Dónde...

GARRY WINOGRAND (1928-1984). EL FOTÓGRAFO DE LA ANSIEDAD...

La Sala de MAPFRE situada en la madrileña calle de Bárbara de Braganza nos invita, sólo hasta el 3 de mayo, a conocer la obra de un fotógrafo nada convencional que conseguirá nuevos adeptos a su causa; una causa que hoy podíamos calificar de extravagante y que, en cualquier caso, marcó decisiva tendencia en lo que se haría después. Garry Winogrand fue feñalado por John Szarkowski como el más importante fotógrafo de su generación. Su vida y obra ha dejado muestras de una gran calidad y categoría dentro de la fotografía documental. Pero, sin duda, lo que más interesará al visitante de la exposición que presenta MAPFRE es su faceta como fotógrafo callejero o cazador de instantáneas que le llevo a retratar desde los años 60 toda una implosión de ítems que, como mínimo, desconcertaban al más pintado. Optimista y disparador de personajes o personas convertidas en tales, este detalle le hacía en ocasiones no cuidar el encuadre, lo que a cambio salvaba consiguiendo esas escenas que todo fotoperiodista busca, de tal forma que en el tiempo en que el resto de los mortales parpadea, él conseguía al menos un par de esas instantáneas que retrataron desde el conflicto de EEUU con la URSS en plena Guerra Fría, la de Vietnam y Corea o como influyeron en su visión de la política y la realidad. Llega un momento en que toda esta cantidad de imágenes llevan al visitante al síndrome de Stendhal, siendo la selección realizada por el equipo de MAPFRE más que acertada y sobre todo consecuente con lo que podríamos adivinar era el deseo de su autor, un tipo al que le preocupaba poco la posteridad, así como el revelado y posterior montaje de sus fotografías (de hecho muchas de ellas están...

LA ÚLTIMA CENA DE WARHOL Abr17

LA ÚLTIMA CENA DE WARHOL...

Aprovechamos la Pascua para ampliar la iconografía más convencional con inspiraciones contemporáneas, siempre polémicas, pero que aportan una vida nueva a la espiritualidad e investigan en el subconsciente piadoso de los comitentes y los artistas. Representa el papel de lo religioso en un mundo dominado por la publicidad y la cultura del capitalismo. Andy Warhol en una figura clave para comprender el advenimiento de la cultura pop a través de la modernidad. El récord de ventas alcanzado en mayo por la obra de Andy Warhol, Last Supper (Última cena), casi siete millones de euros, ha revolucionado el mundo del arte y puesto una vez más en el candelero cuestiones como el valor de la obra manufacturada, la escandalosa sobrevaloración de los autores contemporáneos frente a los clásicos, y la conciencia metafísica –si es que la hay- o la mercantilización de la pintura religiosa en la posmodernidad. Es la obra más cara vendida en Suecia nunca y su comprador permanece en el anonimato. Last Supper es una doble impresión sobre seda, recubierta de un color amarillo intenso que muestra, versionada, La última cena leonardesca. Forma parte de un importante corpus sobre ese tema, realizado por el artista americano semanas antes de su muerte en 1986, bajo encargo del galerista Alexander Iolas, para una exposición en el refectorio del Palazzo delle Stelline, situado frente al famoso Cenaculo Vinciniano, patrocinada por el banco Credito-Valltelinese. Está considerada por la crítica entre sus mejores obras, además de ser una de sus series más extensas que -aunque inacabada- aporta una visión retrospectiva, en clave religiosa, sobre la vida y la obra de Warhol. Se trata también de la mayor secuencia de iconografía cristiana realizada nunca por un autor estadounidense. Este trabajo está fuertemente influido por la colaboración de Warhol con...