Aladar 48

RAY O EL POETA  DEL CINE NEGRO AMERICANO Abr20

RAY O EL POETA DEL CINE NEGRO AMERICANO...

Uno de los géneros en los que más sobresalió el talento de Nicholas Ray fue el cine negro. Los amantes de la noche, En un lugar solitario y La casa en la sombra son tres películas magníficas más allá de sus excelentes tramas y de su atmósfera inquietante. Destaca en ellas lo que siempre interesó más al cineasta: el manejo del lenguaje cinematográfico y de la interpretación para construir los personajes, retratar sus conflictos y expresar la evolución de la relación amorosa. Ray empezó su filmografía con una obra de gran talla, Los amantes de la noche (They live by night, 1948), que recogía el interés del autor por la juventud y todo lo que la misma representa: la inocencia, el deseo de plenitud y el desconcierto e impotencia ante un mundo dominado por los adultos. El protagonista, Bowie (Farley Granger), ha pasado siete de sus veintitrés años entre rejas, por un delito que no cometió. Acaba de huir de la cárcel en compañía de otros dos presidiarios con los que se refugia en una casa en la que vive la joven Keechie (Cathy O’Donnell), que desprecia al trío hasta que va descubriendo las cualidades de Bowie. Ambos  se enamoran e intentarán escapar juntos de la banda y de la justicia, que les pisa los talones. Hay algo en esta historia que recuerda a Romeo y Julieta y es la contraposición entre el amor puro que sienten los jóvenes protagonistas y la dificultad de que el mismo sobreviva a un entorno imperfecto y amenazador. Bowie y Keechie no tienen ninguna posibilidad de salvarse porque, a cada paso que dan, hay personajes adultos que van a enredarles, fallarles o traicionarles. Los objetos elegidos por el realizador para representar la fatalidad que persigue a los protagonistas...

55 días en Pekín: Todos contra los chinos y los chinos contra todos Abr20

55 días en Pekín: Todos contra los chinos y los chinos contra todos...

55 días en Pekín se rodó como se pudo. Cambios de guión constantes por parte de Nicholas Ray y el enfado de alguno de los actores; el enfado constante de Ray con Ava Gardner que se dedicaba a beber mucho, dormir poco y llevar al extremo al realizador. De hecho, Ray terminó enfermando y las dos últimas semanas de rodaje las dirigió Andrew Marton. A pesar de todo, la película es una de las mejores del género de aventuras de la historia del cine. Mi barrio contaba con tres salas de proyección. El cine Granada, el Capri y el Sevilla. Salas grandes, butacas tapizadas con tela que parecía desgastada desde antes de estrenarse, cortinones en la entrada de terciopelo granate, acomodadores con cara de pocos amigos que dejaban la palma de la mano extendida al devolverte la entrada, un sonido catastrófico y magia, toda la magia del cine. Eran esos cines que conocemos como de sesión continua; esas salas en las que podías entrar y encontrarte en mitad de la película, justo al final o con el NO-DO. Y esa era parte de la magia. Entrar en una sala oscura, mirar una imagen y disfrutarla sin tener en cuenta la trama, escuchar la banda sonora que matizaba cualquier cosa que ocurriese. Esto último no me sucedió cuando vi por primera vez 55 días en Pekín. La primera vez la pude ver desde el principio. Fui puntual. El resto (fueron muchas, muchas, muchas) las escenas que se proyectaban al entrar eran tan familiares que parecía no haberme movido del sitio en años. Y, una vez que acababa la película, vuelta a empezar. Los programas solían ser dobles, pero esta película era muy larga y se proyectaba sin compañera. Tardes enteras viendo cine. Tardes enteras viendo...

Rebelde sin causa: La huída imposible Abr20

Rebelde sin causa: La huída imposible...

Son muchos los que consideran que Rebelde sin causa es la mejor película de Nicholas Ray. Otros consideran que ha envejecido mal y que esa poética que se le atribuye al realizador no es más que el lenguaje retorcido para conseguir un efecto que se diluye en el intento. Lo cierto es que esta película no deja indiferente a nadie. Rebelde sin causa (Rebel without a cause, 1955) es, tal vez, la más famosa de las películas que filmó Nicholas Ray. Algunos han afirmado que el cine moderno norteamericano nació con ella. Y es posible que así fuera. Al menos, una nueva forma de narrar irrumpía con fuerza y terminaría influyendo en muchos directores que pretendían encontrar fórmulas alternativas a lo que se había hecho hasta ese momento. La película comenzó a rodarse en blanco y negro y en formato Cinemascope, pero la dueña de la patente del formato panorámico obligó a Ray y a su fotógrafo (Ernest Haller) a volver a empezar utilizando el Warnercolor. Una pena porque artísticamente la película perdió lo que podría haber sido un elemento fundamental. A pesar del excelente uso que Ray hacía de los colores, Rebelde sin causa apestaba a blanco y negro. Eso sí, el formato panorámico le permitió a Ray dar una lección de cómo podía utilizarse un recurso que otros directores tacharon de chapuza. La escena primera con el protagonista tumbado en el asfalto, o los encuadres que consigue a continuación para que los tres personajes principales queden unidos para siempre (todos están en la comisaría por distintas razones), son una muestra de las posibilidades de una forma de rodar que muchos desecharon. Nos encontramos con temas recurrentes en la obra de Ray: violencia, abandono frente a la falta de comprensión de los problemas...

“TÓCALA OTRA VEZ,  JOHNNY GUITAR” Abr20

“TÓCALA OTRA VEZ, JOHNNY GUITAR”...

La poderosa dirección de Nicholas Ray, su inspirada utilización del color y el original guión de Philip Yordan hicieron de Johnny Guitar uno de los westerns más extraños, líricos y bellos de la historia del cine. Es además, para muchos admiradores de Ray, su mejor obra. En un paisaje agreste, un jinete solitario aparece galopando a lomos de su corcel. Johnny Guitar (1954) comienza de la misma manera que infinidad de westerns, pero ahí acaba el parecido, ya que Nicholas Ray se las ingenió para aproximarse al lejano Oeste de una forma diferente a la habitual de otros realizadores. Para empezar, pese a su título masculino, la protagonista (Vienna) y la antagonista (Emma) de la historia son dos mujeres. Frente a la visión épica propia del género, nos envuelve un tono lírico que se recrea especialmente en las escenas intimistas. El galán es un pistolero que, hastiado de su pasado violento, prefiere tocar la guitarra antes que disparar. Los villanos de la historia no son ni unos forajidos ni una tribu de indios que asaltan a una apacible comunidad, sino los intransigentes habitantes de un pueblo. El majestuoso paisaje aparece como aliado de los personajes principales y no como un cúmulo de peligros que afrontar. Y así podríamos continuar un rato más enumerando los elementos que supusieron que esta maravillosa película del Oeste nos desconcertara por darle la vuelta al más genuinamente norteamericano de todos los géneros cinematográficos. Vienna (Joan Crawford), una mujer orgullosa que sigue sus propias reglas, es la dueña de un saloon abierto a cierta distancia del pueblo. Su adversaria Emma (Mercedes McCambridge) tiene sometida toda la comunidad a sus designios y le devoran los celos porque el seductor Dancing Kid (Scott Brady), líder de una cuadrilla, sólo tiene ojos para...

Todo Ray desde el hielo Abr20

Todo Ray desde el hielo...

Durante años y años los hombres blancos habían intentado llegar tan al norte que en cualquier dirección (…) estuvieran mirando al Sur. Nadie sabe cuántos habían muerto rígidos por el frío (…); algunos para sobrevivir tuvieron que devorar a sus compañeros(…). Por fin los instrumentos mágicos revelaron que la expedición había llegado al centro norte: la meta ambicionada. ¿Y qué creen que encontraron allí? —¿Qué? —¡Nada! —Los ojos de Papik empezaron a llenarse de alegría—. ¡Absolutamente nada! Una de las últimas películas filmadas por Nicholas Ray y la más alejada en apariencia de las demás, es Los dientes delDiablo (The Savage Innocents, 1960). En ella, el cineasta narra la vida de una familia de inuits, y cómo esta se ve alterada por la llegada del hombre blanco. Un rodaje durísimo, en condiciones extremas, para dar lugar a una magnífica película, en la que Ray demuestra, una vez más, ser un maestro del cine y de la subversión. Recuerdo perfectamente el día en que vi por primera vez Los dientes del diablo de Nicholas Ray. Tendría unos doce años, y la vi con mis compañeros de curso, en una proyección para escolares. Me impactó sobremanera. Hay escenas que se han mantenido vivas en mi memoria durante todos estos años. Entonces, no era consciente como pueda serlo ahora de su grandeza desde el punto de vista cinematográfico, pero la historia cambió de alguna manera mi forma de ver el mundo. Supongo que nos llevaron precisamente para eso: para que viéramos que hay otros mundos, que están en este. En peligro. Ya sabía, claro, que había otros lugares en los que las costumbres, la manera de pensar, de vivir, de comer, de vivir y sobrevivir, eran totalmente diferentes a las nuestras. Pero verlo así, de esa manera,...

Radiografía del otro cine de Ray Abr20

Radiografía del otro cine de Ray...

Todos los grandes directores de cine dejan películas memorables. Y todos los directores de cine dejan algún tostón por el camino o lo que pudiera parecer una mala película. Nicholas Ray no se libró de esta lacra. Algunos de sus trabajos se consideran menores; otros, directamente, un paquete. Aunque todos contienen ese toque personal del genio y podemos señalar los aciertos como alegrías para los aficionados al cine. Ray fue un director muy irregular. Él mismo lo dijo alguna vez. Aunque la filmografía de Nicholas Ray no es tan extensa como nos gustaría a muchos, se pueden encontrar distintos tipos de miradas entre sus trabajos. Todas ellas de Ray aunque con los matices necesarios para que se complementen unas a las otras. Las diferencias entre sus películas en blanco y negro y las rodadas en color, son enormes y relevantes. El Ray seco y milimétrico de su etapa primera se esconde tras la grandilocuencia innecesaria de algunos trabajos en color. Incluso para un director como él, escapar de las garras del dinero y del entramado comercial impuesto por las grandes productoras, era difícil. Casi un suicidio artístico. Nacida para el mal (Born to be bad, 1950). Denostada por muchos, esta no es, efectivamente, la mejor película de Ray. Sin embargo, conviene echar un vistazo al trabajo porque lo fácil es acudir en busca de ayuda hasta lo mejor de un autor del que se quiere hablar bien. En Nacida para el mal, la fotografía de Nicholas Musuraca es excelente. Ray decide encerrar a sus personajes durante buena parte de la trama. En apartamentos, en grandes salas. Intenta que los personajes vayan formando una sola cosa con esos decorados, que veamos una cárcel en la que ellos se sienten presos. Con una iluminación muy bien...

María Antonieta

Hubo un tiempo en el que los lectores asumían la novelación de acontecimientos históricos, fiándose de la perspicacia del escritor para validar sensaciones y sentimientos, para la reconstrucción escénica de los sucesos, encauzando al aficionado hacia una lectura particular del pasado. El género biográfico del que Stefan Zweig es uno de los más destacados autores ha desaparecido, borrado por la necesidad de mayor rigor y la exigencia de un punto de vista multilateral. Lo ha sustituido -con menor calidad y poca fortuna- la llamada novela histórica. Lo ha reemplazado el cine con resultados irregulares. La de María Antonieta reina de Francia, fue una existencia trágica, desbordada por la época que le tocó vivir. Trascendió torticeramente mediante los extremos de la hagiografía o de la leyenda negra, hasta que el escritor austriaco la toco con su pluma sublime y la centró, tras estudiar todos los documentos que nos quedaron de su paso por la tierra, de descartar los que consideró prescindibles e interpretar el resto. Pasa por ser una de las obras maestras del género y de su autor. Su mayor logro es la recreación de la textura de la historia, la imaginación del pasado, el relato de una secuencia al hilo conductor de un solo personaje, y las emociones que consigue despertar suponiendo las sensaciones escondidas detrás de los hechos. Es una gran novela y una gran historia. Todas las debilidades y también toda la grandeza de cualquier ser humano se encuentran entre las páginas, extraídos por sus contemporáneos mediante la crueldad o la lisonja, el engaño, la mentira o la revelación de la verdad; en un momento de revolución y de mudanza que hizo avanzar el mundo y acercarse a lo que conocemos hoy. El mérito de la María Antonieta de Zweig, que...

La jungla de asfalto

La confirmación de que de malas novelas salen buenos guiones, hecha por Linda Seger en El arte de la adaptación, es en este caso, si no fehaciente, sí relevante. Esta novelita pergeñada por el autor oriundo de Ohio, W. R. Burnett, responsable entre otras de El último refugio o El pequeño César, carece aquí de su mejor baza y no precisamente por el uso de unos diálogos esquemáticos en su mayor parte, pero resolutivos en el nudo de la acción; sino por la existencia de unas descripciones torpes o poco brillantes, para lo que da de sí el género. Sin embargo, al ser publicada en 1949, fue un éxito de crítica en Estados Unidos, lo que hace que tal vez sea más que necesario un replanteamiento de traducción en la edición manejada (El País). La corrupción del estamento policial empieza siendo el planteamiento que va dejando paso a la existencia del peligro latente a través del personaje, hampón privilegiado, de Erwin Riemmenscneider, envuelto en planes de robo, junto a dos mensajeros del miedo azotados por el crac, de una joyería, Pelletier & Co., sita en un lugar asfixiante del que no se hace metáfora local alguna. Si cuando los planes salen mal, la irritación que ocupa a sus artífices puede ser grande; cuando salen bien, el asunto no es para menos y así vemos como el abogado Emmerich, que juega a ser el que paga por las joyas, no sabe guardar promesas y es un desecho humano que sólo conoce de cerca la hipocresía. Se agradece la ausencia final de moralejas, así como la agilidad de los diálogos. La película de Huston no sería igual sin muchos de ellos. Pero otra cosa es la literatura. Queda tan hibridizada por el cine que el lenguaje...

La ridícula idea de no volver a verte...

La ridícula idea de no volver a verte es un libro espontáneo en algún sentido. Salió del encargo de otra cosa. La editora Elena Ramírez le encargó a Rosa Montero un prólogo para un brevísimo libro que sería el diario de Marie Curie. Pero el prólogo acabó en libro y el libro en apéndice: sí, en lugar de escribir ese prólogo, la autora de La loca de la casa escribió este libro en el que incluyó al final el diario de madame Curie como apéndice. Porque al comenzar a leer ese diario que Marie Curie escribió en los días posteriores al accidente que mató a su marido, Montero se enfrentó con la experiencia de esa otra mujer y la llevó a reencontrarse con la propia experiencia. No por nada Elena Ramírez le había encargado ese prólogo a esta escritora española y no a otra, porque sabía que cierto nervio se le tocaría a la también viuda Montero. No había escrito antes Rosa Montero sobre la muerte de su pareja Pablo Lizcano, y suponemos que no lo había hecho porque, como ella misma declara en La ridícula idea… «No me gusta la narrativa autobiográfica, es decir, no me gusta practicarla». Y sigue, y queda un poco la sensación de que además de que puede que no le guste, verdaderamente lo que le pasa es que le resulta difícil: «No es fácil saber dónde pararse, hasta dónde es lícito contar y hasta dónde no […]. La cuestión, en fin, es la distancia; poder llegar a analizar la propia vida como si estuvieras hablando de la de otro. Y aun así, ¡qué complicado!». Pero aun así, Montero se atreve, y habla de su duelo, como Marie habla en su diario del duelo por Pierre Curie. Dos mujeres...

Una vida subterránea...

Una vida subterránea es el último libro publicado de la escritora catalana Laura Freixas. Se trata de un diario que abarca desde 1991 a 1994. Es decir, ese género tan caracterizado por el presente continuo que siempre está en pasado porque se publica en futuro, es aquí obra de una autora (mujer) de las letras españolas, que como condición para publicar sus diarios había impuesto, junto a otra, que hubiera transcurrido más o menos esta cantidad de años (veinte aproximadamente) para darlo a la luz. La otra condición era no publicarlo íntegramente sino gozar de la libertad de la escritura y la creación en ese presente continuo con la tranquilidad de que en el futuro quitaría lo que le pareciera demasiado íntimo o no quisiera publicar. Y así ha sido; el pasado editado. Cuando Freixas escribió este diario tenía entre 33 y 35 años y básicamente eran dos sus grandes temas: la escritura y la maternidad. Da mucho juego… «plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro», qué curioso, porque la dedicación de Laura a sus plantas en el diario aparece con frecuencia. Otro: dar a luz un niño, dar a luz un libro. Y los juegos con el verbo «parir»: «esto es un parto» si algo se está volviendo complicado o se está demorando. En estos diarios esos dos temas compactados en uno es ahora la demora: se demora un bebé por dificultades a la hora de quedar embarazada (luego se demora porque siempre se demoran nueve meses); se demora la publicación de una novela porque hasta se demora su corrección (e incluso los amigos que van a dar opinión también se demoran, maldita hora). Y la demora coloca al sujeto (que la padece) en situación de espera, por ende, de imprecisión,...

Cuando lo sutil se convierte en mil y una cosas más Abr20

Cuando lo sutil se convierte en mil y una cosas más...

Sutil es un cuarteto madrileño que estrena nuevo epé: The unsettled issues. Seis canciones que saben a poco y, al mismo tiempo, a mucho. Porque la contundencia y viveza que se desprenden de sus composiciones pueden dejar a más de uno sin aliento. Estamos ante una banda a la que resulta complicado colgarle una etiqueta. Su segundo trabajo de estudio poco tiene que ver con el primero, un patrón que se repetirá en relación al tercer proyecto, que ya tienen en mente. Son cuatro, y son jóvenes. Demasiado, si uno echa un vistazo concienzudo a sus carnés de identidad tras haber escuchado con antelación la música que hacen. Cuesta creer que un grupo de tan corta trayectoria (empezaron su andadura en el 2010) tenga un sonido tan maduro, tan compacto. Sutil lo forman José Pozuelo (cantante y saxofonista), David Pozuelo (guitarrista), Alvar García (bajista) y Daniel Castillo (batería). Ha pasado tiempo ya desde su primera actuación y, a la vez, muy poco. Porque con Sutil todo es relativo. La música, los estilos, las influencias, los significados. En relación a esa relatividad un tanto abstracta, merece la pena revelar la manera en que se gestó el nombre de la banda. Tan sencillo como que aquellos adolescentes (todos imberbes, casi seguro, por aquel entonces) no tenían del todo claro el significado de términos como sutil o sublime, por lo que los convirtieron en «palabras comodín». Tan comodín que una de esas palabras se erigió en protagonista en la ceremonia de bautizo del grupo. Una muestra del carácter desenfadado de la formación, que cuando se sube a un escenario deja a un lado todo lo sutil para dar pie a un espectáculo musical de alto voltaje. Les sirve la sala o taberna más pequeña para ofrecer una actuación...