Me gustan Chéjov y Britten. Y no soy un finolis Abr22

Me gustan Chéjov y Britten. Y no soy un finolis...

Viene bien recordar un momento de mi actividad docente que me marcó de forma definitiva. Aunque esto ocurrió hace ya muchos años, lo tengo presente siempre que hablo de literatura, ópera, pintura o escultura. Fue una de esas cosas inesperadas que te enseñan más que cualquier manual. Fue uno de esos momentos emocionantes que te hacen modificar el punto de vista. En cualquier caso, es algo que he llevado conmigo durante todos estos años. El muchacho se llamaba Javier. Era jugador de rugby. Compartimos aula durante un año en la Escuela de Letras de Madrid. Desde el primer día, presumió de estar allí para perder el tiempo y el dinero, de estar allí obligado puesto que era un lugar ajeno que no le correspondía. Todo lo que leíamos, todo lo que escribían sus compañeros o él mismo, le producía una risita incontrolable. Porque todo lo que se hacía allí le parecía ridículo, hortera y prescindible; cosas de gente extravagante que no tenía otra cosa en la que gastar su tiempo. Sin embargo, en un par de textos que escribió y que, lógicamente, tuve que valorar, me pareció encontrar algo inusual, algo que permanecía escondido tras la camiseta a rayas verdes y blancas y un balón con forma de melón. El jugador de rugby procuraba escribir como si estuviera disputando una melé. Era brusco, utilizaba términos ásperos, casi violentos. Pero ocultaba una sensibilidad y una intuición con el lenguaje que, afortunadamente, asomaba en lo que escribía sin que él lo pudiese controlar. Ya les adelanto que ser leído con atención es, a menudo, muy peligroso si el lector sabe interpretar un texto. Pues bien, aunque me dedicaba a la narrativa, una tarde sorprendí a mis alumnos con una clase de poesía. Dejé sobre la mesa...

Génesis

Relata el Libro del Génesis la creación de un mundo y su destrucción mediante la catástrofe diluvial. Sebastião Salgado crea con esta nueva Génesis un arca llena de imágenes para salvarlas en un planeta exhausto. Que queden como testimonio de lo que había. Porque parece que ya nada, acto artístico ni conciencia alguna, pueda detener el desastre. Que las vean nuestros hijos y recuerden lo que no pudo ser. Que sepan lo que no supimos conservar para ellos. Somos pesimistas. El ser humano está provocando la destrucción de la morada común con la explotación desaforada de sus recursos naturales, provocando la extinción de las especies, extendiendo el monocultivo de la globalización social, alterando los sistemas climáticos que habían hecho de este planeta de la tierra y el agua un invernadero donde triunfaba la vida. Hoy, por primera vez en la historia del planeta, los espacios naturales comienzan a ser la excepción y no la regla para una humanidad doliente que el artista había retratado ya en sus series Trabajadores y Éxodos. Ahora dirige su mirada sobre los grandes espacios naturales que aún permanecen vírgenes pero que no debemos olvidar que están acosados por la actividad humana. Así Salgado viajó durante ocho años para fotografiar los lugares más remotos de la Tierra. Las islas Sandwich y el archipiélago de las Malvinas, el delta del Okawango, la meseta y los valles del río Colorado o la península de Kamchatka. Son doscientas cuarenta y cinco fotografías en blanco y negro. Épicas, poderosas, que relatan el mundo en ausencia del hombre muchas de ellas, porque los únicos que aparecen están llamados a extinguirse con el progreso, sin abandonar la poesía de una existencia acomodada a esa madre cruel y protectora. Algunas están encerradas en la mágica intimidad de...

Está Ud. de broma, Sr. Feynman?...

Crear un personaje como el Richard Feynman que nos presenta Ralph Leighton ha de ser algo sumamente difícil. Creerlo, posiblemente aún más. Un brillante científico, ganador de un Premio Nobel de Física, capaz de reventar cajas fuertes, de tocar la figrideira en una Escuela de samba cuyos miembros proceden fundamentalmente de favelas, de aprender a dibujar y dedicarse a hacer retratos de camareras en topless, o de orinar haciendo el pino delante de sus amigos para demostrar que la orina no cae por gravedad, es, ciertamente, un personaje complejo. Que sea declarado inútil para el servicio militar (¡por razones mentales!), tras acabársele la prórroga que disfrutaba nada menos que por estar participando en el Proyecto Manhatan, lo convierte en, directamente, inverosímil. Pero lo más increíble de todo es que no se trata de un personaje ficticio. Ni de un personaje novelado, exagerados sus rasgos y anécdotas, con el propósito de convertirlo en tal. El libro, así como «¿Qué te importa lo que piensen los demás?», que continúa narrando las investigaciones y peripecias de Feynman, es fruto de largas conversaciones entre éste y Leighton, convertidos, además en de colegas y amigos, en biografiado y biógrafo, grabadas y transcritas por Leighton a lo largo de varios años mientras se reunían para hablar de ciencia, tocar los bongos, o preparar su viaje a Tuva, postergado por razones políticas (¡pretendían hacerlo en plena guerra fría!). El resultado es un libro extraordinario, ágil, interesante y divertido. Leighton le da forma a las cientos, puede que miles de horas grabadas de manera excepcional, construyendo con ellas una biografía que olvidamos que lo es desde la primera página, sumergidos en la lectura de esas memorias contadas en primera persona, respetando al máximo la sinceridad y espontaneidad de quien las fue narrando....

Jesús Moreno: Paisaje, vida y elementos Abr22

Jesús Moreno: Paisaje, vida y elementos...

Jesús Moreno es uno de esos artistas con los que da gusto charlar. Es sencillo en su discurso; lo que hace comprensible y cercano todo lo que dice. Mientras echamos un vistazo a sus cuadros, va hablando con suavidad, pensando con calma cada cosa que dice. «Me interesa mucho que el observador perciba el juego entre la textura, los colores (de los que siempre elijo la misma gama) y la simbología que toman o ya tienen, esa textura y esos colores. Además, trato de sumar otros símbolos totalmente explícitos que se pierden, se esconden, cuando se contempla el cuadro a cierta distancia. Es casi obligado tener que arrimarse a la obra para percibir todo su significado. El mensaje hay que buscarlo, también, en los detalles». Ese mensaje es siempre el mismo con las variantes propias de cada cuadro. Jesús Moreno busca la conexión entre la tierra y el ser humano. La tierra pertenece a este y este a la tierra. Al fin y al cabo, esa tierra es por lo que el hombre ha luchado siempre, esa tierra fue siempre el factor decisivo en la lucha por la supervivencia de la raza. Es por ello que el vínculo con los elementos es esencial. «Si hay algo terrible que le está sucediendo al ser humano es perder ese vínculo con la naturaleza. Vivimos en la tierra, en el mar, en las plantas; y, por mucho que queramos separarnos del entorno, estamos condenamos a mantenernos unidos formando un todo. Maltratarlo es un mal camino que las sociedades han comenzado a transitar». Señalo los símbolos religiosos de las diferentes confesiones que aparecen en cada cuadro. Son una especie de reiteración que imprime un carácter sumamente especial a la obra. «La religión siempre fue la gran excusa de...

Dueños del Ring Abr22

Dueños del Ring

El boxeo es un deporte de diferentes connotaciones fuera y dentro de la pantalla de un cine. Siempre he pensado que dentro de una película, el deporte se ennoblece; pasa un poco como con el rugby en la vida real (considerado por muchos noble en las formas, brutal en sus reglas), al que habitualmente se contrapone con el fútbol (sencillo en sus reglas, brutal en sus formas, sobre todo últimamente donde el sentido se desvirtúa por el vil metal). Si vamos a un gimnasio o a un campeonato del extrarradio, que es donde se suele celebrar al menos aquí en España el boxeo, nos daremos cuenta de que o bien la realidad supera en su crudeza a la ficción o que simplemente es tan fea que se hace difícil de soportar, entre otras razones por la duración de los combates. Pero para eso tenemos el cine. Existe un film que demasiada poca gente conoce que sintetiza lo que entendemos es una gran película de este género: “El ídolo de barro”, de Mark Robson (realizador de “Más dura será la caída), interpretada por Kirk Douglas (uno de los pocos supervivientes de aquella gloriosa década que nos dio a tantos grandes), Marilyn Maxwell y un Arthur Kennedy que interpreta al hermano cojo del protagonista con proverbial dramatismo. Porque sobre todo es una película que todavía tiene demasiado en cuenta la Gran Depresión. Estrenada en 1949 y con seis nominaciones al Óscar, de las que obtuvo el mejor montaje, el film resulta aún hoy inclasificable, dado que Robson se movía entre la villanía del deporte con ramalazos de cine negro; y es que aquí Kirk, como en el “Cinderella man” de Ron Howard, gana más combates y dinero del que tenía previsto, por lo que se convierte...

París no se acaba nunca...

Enrique Vila-Matas (Barcelona 1948) pretendía con París no se acaba nunca llevar a cabo una revisión irónica de sus días de aprendizaje literario en el París de los años setenta. En algún momento dice, citando a Pascal, que «lo último que se encuentra escribiendo una obra es aquello que ha de figurar al principio». Muy pronto Vila-Matas nos descubre su hallazgo: «la ironía juega con fuego y, al burlar a los demás, a veces acaba burlándose a sí misma». Es fácil concluir que esa ironía que se burla a sí misma sea tan solo esa mirada entre sarcástica y compasiva que el Vila-Matas maduro arroja sobre el Vila-Matas joven, no obstante, la verdadera ironía que subyace en el texto acaba por prevalecer: la constatación de que el aprendizaje literario es un interrogante que crece a medida que se formula. Y la primera víctima de esa ironía es la línea que, sobre el papel, separa los territorios de la ficción y la realidad. Vila-Matas se esfuerza en hacer creíble la impostura que supone estar simultáneamente a ambos lados; no solo al usar la distancia temporal para convertir en ficción el joven que fue, sino también al recordar el empeño de aquel por «tratar de llevar una vida de escritor», por convertirse en Hemingway. Lo que asombra primero al autor y luego al lector es que el desarrollo de los acontecimientos en la narración acabe por darle la razón al revelar los túneles invisibles que conectan ambos territorios. El hecho de que el texto sea autobiográfico no hace sino acrecentar la sorpresa al constatar que en ocasiones el relato precede a la experiencia. La explicación habría que buscarla en la mirada que se desarrolla a partir de una pregunta que no interroga al hombre sino a...

Un simple vestido de fiesta...

Hace pocos años, la editorial madrileña Árdora Ediciones hizo posible que el escritor francés Christian Bobin pueda ser leído en España en idioma español. Publicó la traducción de sus obras Une petite robe de fête (Éditions Gallimard, 1991) y Autoportrait au radiateur (Éditions Gallimard, 1997). En ambos casos, el traductor es José Areán, aunque la traducción de Un simple vestido de fiesta la hace junto con Tono Areán. Entonces, Árdora Ediciones, afortunadamente, publicó en 2006 Autorretrato con radiador y en 2011, Un simple vestido de fiesta. Un simple vestido de fiesta es esencialmente el oxímoron del título del libro. El lenguaje de Christian Bobin es simple pero está vestido de fiesta. Christian Bobin es ante todo un poeta. Duele leerlo si somos seres sensibles a los que dos cosas nos conmueven profundamente: la lectura y el amor. Porque de este dolor, que en realidad es uno, no son dos, habla Bobin. Al respecto, lo cito (y de acá en más no podré evitar citarlo): “Uno lee como ama, uno entra en la lectura como se enamora: por esperanza, por impaciencia”. Se trata de un libro de relatos que comienza con una introducción o presentación del autor. Allí ya nos plantea, antes de la lectura o como hall de entrada a esa lectura, precisamente el tema de la lectura: el niño que se convierte en lector y aquel que no, tras culminar esa etapa común a toda la humanidad en la que aún no leemos. Una evolución de la persona hasta tomar partido entre una cosa u otra: o no lee nunca o forma parte de ese grupo de gente que no hace otra cosa más que leer. Este último grupo es el que “hace vivir a los escritores, libreros, editores, impresores”. Bobin considera a...

Sombras de Grey: Cincuenta, Más oscuras y Liberadas. La Trilogía...

El Diario de una lectora imprevisible hace honor a su título y aborda esta semana el comentario de la que fue trilogía de moda, ahora que los tres gruesos tomos y los demás libros secuela publicados a rebufo de aquel fenómeno literario, se apilan perezosos en las secciones de libros de los hipermercados y en los expositores de las grandes cadenas de librerías, de donde volaban en pocas horas hace menos de dos años. El lector que aun no haya abandonado la lectura de estas líneas por su falta de interés en estos títulos, sentirá la tentación de despachar las inefables Sombras de Grey en todas sus modalidades: Cincuenta, Mas oscuras y Liberadas, con algún calificativo rotundo y expeditivo, como libros basura, literatura de consumo, o simplemente best sellers, que es término importado que goza de muy escaso prestigio en nuestro universo literario. No seré yo quien lleve la contraria a quienes se expresen en esos términos; en mi opinión, los tres libros van, por su orden, de mal a fatal, y desde ahí, a peor todavía. Es, por tanto, difícil aventurar cuales son los motivos por los que el gran público se engancha –nos enganchamos- a productos tan previsibles, desdeñando la mejor literatura con la misma arbitrariedad con la que el niño rechaza la verdura, pese a no haberla probado jamás. Debo reconocer que, con esfuerzo, finalmente conseguí acabar la trilogía. Inicié la lectura por el principio, es decir, por el volumen titulado Cincuenta sombras de Grey, y es cierto que logró engancharme como enganchan los libros que se pueden leer tomando el sol en un lugar muy ruidoso, que no son todos y casi nunca los mejores. No deja de ser un misterio que alguien aficionado a leer desde la tierna infancia,...

Superman returns: El remake imposible Abr22

Superman returns: El remake imposible...

Entre los autores de cómic es prácticamente unánime la opinión de que Superman es el personaje más difícil de escribir. Más allá de las características del personaje, si esto es así, se debe a que, como vaticinó Umberto Eco en su célebre ensayo Apocalípticos e integrados, el carácter mítico del personaje choca de frente con su serialización permanente. Superman se ve abocado a la continua readaptación, a vivir tiempos muy distintos a los que fue creado. Y la pregunta es: ¿puede un personaje de ficción sobrevivir al paso del tiempo manteniendo su condición mítica sin desvirtuar lo que le otorgó dicho carácter? Bryan Singer, el director de Superman returns, intentó rendir un sentido tributo a los primeros films sobre el personaje. La acción de la cinta de Singer se sitúa, de hecho, después de Superman II, desechando los otros dos títulos clásicos en los que su admirado Richard Donner nada tuvo que ver; aunque, en realidad, es casi un remake del primer film del que toma frases y secuencias completas. Lo que Singer, quizá, no preveía es que la fuerza de su admiración no sería suficiente para restablecer un personaje de otro tiempo en el mundo presente, en una época descreída que ya prescinde de mitos. El resultado fue un film único en su género, hermoso y brillante técnicamente, que reincide en la alegoría mesiánica del primer film a partir de la cita: el hijo se convertirá en padre y el padre se convertirá en hijo; pero que desprende una tristeza terrible al mostrarnos el último capitulo del héroe divino. Todo en ella transmite una sensación de adiós a un icono destinado a morir o a transformarse en otra cosa. La acción sitúa a Superman alejado del planeta Tierra por cinco años; el mundo...

Consagrarse a la muerte Abr22

Consagrarse a la muerte...

Toda belleza necesita ser contemplada. Narciso necesita esa caricia que sólo le da la laguna. Al ver su reflejo en el precipicio de la superficie, éste no es sino el abismo de la propia forma de Narciso. Por ello, no pudo ser otra sino la ciudad de las lagunas y los canales, donde Gustav von Aschenbach -apellido que significa “río de cenizas”- encontrara, en su huida del spleen, al efebo Tadzio. Si la laguna es la gran metáfora de la contemplación, la llegada del contemplador de la belleza en una góndola conducida por un falso gondolero, no es sino el viaje de Caronte por la laguna Estigia a la ciudad de la muerte, de donde no se puede regresar; pero es que la propia laguna es Tadzio, al ser el lugar donde se ve reflejado su rostro. Aschenbach viaja por la belleza del joven hacia el inframundo que se apodera de las sombras errantes. Revela August von Platen: “Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte.” Si Aschenbach prefiere ésta que separarse de la belleza aún a sabiendas de que algo huele a podrido en Venecia; ésta también prefiere morir que vivir sin turistas, sin observador – y a pesar de la necesidad de Visconti de rodar entre las dos y las seis de la madrugada para evitarlos-. El subyugante director Luchino Visconti hace de la novela Muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann -al que llegó a conocer en 1951- y a propósito de la vida del compositor Gustav Mahler (1860-1911), un leitmotiv en 1971 de su añoranza de la belleza, que como en el Fedro platónico es “el recuerdo del mundo verdadero”: su admiración irresistible por la aristocracia a la que pertenecía -pero su militancia...

Cora

Cora, de Georges Sand o Amandine Aurora Lucile Dupin, breve cuento que, como el resto de la obra de esta autora escondida tras un pseudónimo masculino, fue incluida en el índice de libros prohibidos por la Iglesia Católica. ¿La razón? Cuesta encontrarla, pues no es más que un divertido relato que nos traslada a la literatura romántica del siglo XIX, en el que Georges, el protagonista, llega a un pequeño pueblo de provincia, enamorándose perdidamente de la joven Cora, de rasgos exóticos (propios del Romanticismo francés), a quien describe de una belleza sutil y delicada (propia del Romanticismo alemán). Colmado de pasión y con un discurso pretenciosamente intelectual, Georges irá manifestando gradualmente sus sentimientos hasta llegar a una situación insostenible. Este ansia de amor, propio de la exaltación de la época contagiada por las novelas románticas y fantásticas, en concreto los cuentos de E.T.A. Hoffman – por quien Sand sentía gran admiración -, es caricaturizada por la autora durante todo el cuento. La ironía, simplicidad y flechas de humor que lanza Sand ofrecen un rato breve de lectura despreocupada y contínua. Para muchos las lecturas antiguas cansan, con su lenguaje redundante que chirría en contraposición con el del siglo XXI, y están pasadas de moda; pero las modas son cíclicas y, en cualquier caso, el amor atemporal. Siempre es interesante trasladarnos doscientos años atrás y comprobar cómo éste trata a todos por igual. Indiscriminadamente atrapa provocando obsesiones, cegueras y una realidad distorsionada al antojo de la pasión. Existe ahora y existía antes, aunque entonces hubiera ciertos límites oficiales e intraspasables sin que hubiera consecuencias. Si embargo el único atrevimiento de este cuentecito era, sin más, que detrás de Georges Sand estuviera la soñadora e idealista baronesa Amandine Aurora Lucile Dupin, ataviada con unos pantalones...

El libro de Silence

Silence es hombre y es mujer. Su libro es un romance picardo, escrito en verso en el siglo XIII. Hallamos en él ya, prematuramente, los temas que encontraremos después en la novela moderna: una trama de cierta complejidad, suspense y una intención en la composición de los personajes, es decir el desarrollo de los sentimientos, en los que subyace –sobre todo en Silence- un conflicto de género, y en torno a los que hay una precursora investigación sobre el choque entre Naturaleza y Educación, entre el instinto y el raciocinio. En ese sentido nos parece un libro repleto de enseñanzas. La traducción en prosa al castellano completa ese aire por el que se puede leer El Libro de Silence como una novela, sin reparar en los anacronismos del idioma ni en las dificultades del verso. Esto, y cierta sofisticación en la construcción, lo separan de los temas comunes a otras novelas de caballería y del resto de los textos artúricos, de esa materia de Bretaña en los que los estudiosos lo encuadran merced a la presencia de Merlín. Y es que el juego de equívocos que nos presenta, y que arranca por lo visto de la Grisandole de la anónima Estoire de Merlín, se prolongará en Shakespeare y en nuestro siglo de oro hasta llegar a los libretos de la ópera italiana. Porque ya encontramos en el Libro de Silence el mensaje maldito de Hamlet. Nada se sabe de su autor más que su nombre, Heldris de Cornualles. Calificación: Curioso. Tipo de lector: Cualquiera. Tipo de lectura: Entretenida. Argumento: Lineal. Personajes: Primarios pero atractivos. ¿Dónde puede leerse?: En...

El renacimiento del power pop Abr22

El renacimiento del power pop...

Hace menos de seis años, allá por el 2008, Maryland era un grupo de música formado por cuatro amigos que se encerraban a tocar en un local de ensayo, que formaba parte de una red puesta en marcha en varias ciudades de la comunidad autónoma de Galicia. La sede de estos cuatro músicos era Vigo, ciudad natal de los mismos. Por entonces, la fuerza de sus guitarras y la sencillez y el atractivo de sus melodías llamaban la atención, pero no era lo único que parecía hacerlos sobresalir por encima de otros grupos noveles. En la definición de su estilo musical, etiquetado por los propios componentes, se podía leer a menudo power pop. Un término del que renegaron muchas de las bandas que terminaron siendo adheridas al mismo. Tal vez por su sonoridad demasiado surfera, tal vez por la aspiración de esos conjuntos a ser relacionados con otros géneros alternativos de la música. No obstante, fue Pete Townshend, miembro de The Who, el primero en hacer uso de la expresión para referirse al estilo de su propio grupo. El caso es que Maryland nunca renegó de sus propias raíces, ni camufló las sensaciones que pretendía transmitir, fuese metido en un estudio de grabación, fuese sobre un escenario. Hoy Maryland es un grupo cuyas giras constan de paradas en muchas y diversas ciudades de la geografía española. Desde 2008, su discografía cuenta ya con tres trabajos, algo que llama mucho la atención en su corta pero intensa biografía. Ha formado parte del cartel de festivales de prestigio y reconocimiento (Primavera Sound, VigoTransforma o MusicWay), ha llenado varios locales emblemáticos para el buen aficionado de la música en vivo (sala Capitol, en Santiago de Compostela; sala Caracol, en Madrid; o sala Sidecar, en Barcelona), y ha...