Matemática de la cultura Abr29

Matemática de la cultura...

Algunos defienden que leer, sea lo que sea, es bueno. El caso es que la gente lea. Lo voy a decir pronto para dejar claro mi punto de vista: eso es tan estúpido que duele pensarlo. Leer sin criterio alguno es lo peor que le puede ocurrir a alguien. Otra cosa es leer, de vez en cuando –bien buscando puntos de vista absurdos que nos diviertan o para alejar la mente de una actividad cansada, bien por lo que sea- cosas de poca calidad. Posiblemente, sea un negocio extraordinario para algunas editoriales; tal vez sirva para ensanchar el ego de los malos novelistas, el de los malos autores de blogs o el de los cazurros que han encontrado una mina en, por ejemplo, la televisión (siendo unos fantoches, por cierto), pero de bueno no tiene nada. No hace mucho, tuve la mala fortuna de ver, durante cinco minutos, un programa de televisión que tiene como contenido principal el insulto, el vómito de opiniones ramplonas o vacías expresadas como si fueran un gran descubrimiento para la humanidad; que es protagonizado por una banda de indocumentados patéticos y ridículos que llevan a pensar que la condición humana es espantosa. El dinero que ganan debe de ser proporcional a lo barriobajeros que son estos personajes. Algo así debe de ser. Pues bien, uno de estos individuos decía (creo que es casi literal) que, mucho cuidado con su opinión, que a él lo leían en su blog (alojado en la cadena de televisión) medio millón de personas a diario. Para decirlo, desplegó todo su plumaje de macho orgulloso. La primera pregunta que viene a la cabeza es ¿quién lee a este tipo? ¿Está mejor estructurada su opinión o es, más o menos, válida, si lo leen quinientas mil...

Creía que mi padre era Dios...

Si Paul Auster creía que su padre era Dios, caben aún más interpretaciones acerca de la presencia del azar a lo largo de su obra. Pero como, hoy por hoy, no hay constancia de que así sea, sería meramente especular. Quien sí lo creía era Robert Winnie, uno de los oyentes que respondió al llamamiento de Auster en la Radio Pública Nacional, cuando tenía seis años. A raíz de una idea de Siri, su mujer, Paul Auster y la RPN concibieron el Proyecto Nacional de Relatos, que vio la luz el 1 de octubre de 1999. Ese día, Paul Auster pidió a todos los oyentes que enviaran sus relatos. Dos requisitos: debían ser verídicos,y breves. De los recibidos, se haría una selección semanal, y los escogidos serían leídos por él en antena. Tras un año, más de cuatro mil personas habían participado escribiendo y enviando sus historias; sus recuerdos; sus momentos gloriosos y sus fracasos. Aquellos que los hicieron felices, y aquellos por los que aún se culpaban Al cabo de unos meses, Auster decidió publicar un libro con los mejores. Seleccionarlos no debió de ser fácil. Finalmente, recopiló los 180 que le parecieron “más humanos, auténticos y atractivos”, dando lugar a este libro. De los 180, uno se inserta en el prólogo, y los otros 179 se distribuyen a lo largo del mismo, agrupados en diez categorías (Animales, Objetos, Familias, Disparates, Lágrimas y estupideces, Extraños,  Guerra, Amor, Sueños, y Meditaciones), en función de su argumento. Pero, en realidad, todos, aunque puedan clasificarse formalmente en cuanto a contenido, hablan de lo mismo: el ser humano. De sus sueños. Sus anhelos. De padres, hermanos, tíos, primos. De alegrías y decepciones. De la guerra. De sentimientos, en suma. Es lo que lo hace un libro universal,...

Fábulas del sentimiento...

=================================== Alfaguara, Madrid, 2013 549 páginas. 22 € / e-book 10,99 € =================================== Luis Mateo Díez ensaya la propuesta de una colección de novelas, doce relatos cortos que forman una topografía emocional, una fábula desde el fondo del espejo de Stendhal. En la búsqueda de esa enseñanza moral, el escritor propone hitos que van diseñando un mapa. Son hechos que se repiten: seguimientos, deambulaciones, olvidos más o menos intencionados, sueños; unidos a lugares concretos, en una fascinación por las pensiones y los hoteles de paso, por las fotografías antiguas, las estaciones y caminos del ferrocarril; con prendas desparejadas y cartas anónimas. Sitios y cosas que se pueden comparar con los de la vida y que se ponen ante los ojos del lector, como un azogue, para que las conozca al través de su deformación. No son cuentos porque van más allá de las situaciones, se multiplican en conflictos, se enriquecen en personajes conectados y complejos. La Pensión Lucerna es una especie de purgatorio habitado por ánimas en pena, sus huéspedes viven entre remordimientos, lo mismo sucede de alguna manera en El diablo meridiano, son los relatos que abren y cierran el libro, quizás eso lo explica todo. El fulgor de la pobreza nos acerca al desprendimiento de algunas sectas que, como deseó una vez un profeta, continúan abandonando el mundo antes de morir, encontrando la belleza donde la mayoría de nosotros solo hallamos oscuridad. En otras de esas cortas novelas se convocan las sombras del pasado con una prosa minuciosa y exacta, un más allá que está con frecuencia en la adolescencia y la niñez. Nuestro guía, académico de la lengua, nos transporta con toda la precisión de su lenguaje a una geografía real, de nombres imaginados, que es común a todas las historias...

Entrevista a Luis Mateo Díez...

Primavera. Parece que sobre Madrid descarga una nevada improbable. Sin embargo, los copos de polen parecer bailar, sin ton ni son, al ritmo de una brisa distraída, negándose a tocar el suelo. Los que terminan posándose en el suelo vuelven a elevarse cuando sienten otra brisa nerviosa y ruidosa: la que provocan los vehículos que van y vienen sobre el asfalto. La luz del sol ayuda a que la estampa se tiña de un encanto que parece imposible en una ciudad como Madrid; una ciudad castigada por la contaminación, un ruido que se hace insoportable en algunos lugares y una suciedad que ya comienza a ser parte fundamental del decorado. Madrid enseña una belleza propia de postal antigua. Luis Mateo Díez me recibe en su domicilio. No coincidíamos desde hacía algún tiempo. Aprovechamos para preguntarnos sobre la familia, sobre nuestras obras en marcha, sobre el futuro más inmediato. Sobre esas cosas que nunca aparecen en las entrevistas ya escritas. El salón es luminoso. Sobre la mesa, los libros que está leyendo. Algo de Pérez Galdós, novela negra norteamericana, la nueva edición comentada de una de sus novelas.Mientras miro los ejemplares, le muestro mi preocupación respecto al mundo editorial. «Vivimos en una sociedad bastante degradada en muchos aspectos. En el caso de la literatura, la degradación llega desde el descrédito de la ficción como fuente de conocimiento humano. Y este es un problema que llega desde un mundo editorial comercializado en exceso, que ha olvidado al lector que se nutre del libro y se ha acercado a un cliente que compra, pero no lee. Ya dije en su momento que vivimos en un mundo en el que escriben novelas quienes no son novelistas para lectores que no leen. Por tanto, hay que fabricar un producto...

Dimensión de la masculinidad...

Vive la France. La fotografía pintada de Pierre y Gilles que representa a tres futbolistas desnudos en un estadio, vestidos solamente con las medias en los colores de la bandera tricolor, sacudió a la sociedad austriaca, causando un escándalo que obligó a censurar las imágenes de las banderolas publicitarias de las calles. ¡En Viena!, donde los músculos erectos de Los trabajos de Hércules adornan con sus miembros titánicos las entradas del palacio imperial de Hofburn. En todas las posturas, con toda la obscenidad de sus escorzos. Una clara señal de hipocresía que centra el foco sobre lo que investigaba la exposición: el momento –histórico y mental- en el que el cuerpo desnudo de un hombre deja de ser algo artístico, intrascendente, banal, que habita impunemente las fuentes públicas y los dinteles de los templos, para convertirse en algo intencionado y perturbador. Sucedía en una exposición del Leopold Museum en 2012. Rápidamente, Francia recogió el testigo alrededor de la misma imagen, que tiene también un mensaje político, en cuanto que pretende representar a su selección nacional de fútbol –blanc, black, beur; blanco, negro, moro- que se alzó con la Copa del Mundo en 1998. A la multiétnica sociedad francesa con sus luces y sus sombras. La exposición del año pasado en el Musée d´Orsay, Masculino Masculino, el hombre desnudo en el arte desde 1800 hasta nuestros días, esquivaba el escándalo y profundizaba en la revolución de los cuerpos, proyectándose con otra imagen emblemática de la misma pareja de artistas franceses, Mercurio (Enzo Junior) (2001), lo mismo que hace el museo mejicano. Más académica, mitológica, simbolista. Donde lo transgresor es esa encarnación por la que un joven humano se convierte en un dios por mediación del arte, y no al contrario. Esa doble masculinidad a la...

Ilona llega con la lluvia...

Álvaro Mutis es ese escritor colombiano que murió en México el año pasado. Maqroll el Gaviero es ese personaje que creó para darle vida en varias de sus obras, entre ellas, en la novela Ilona llega con la lluvia. Es una novela fresca, húmeda… Lluvia, alta mar, puerto, sexo, calles inundadas, aires tropicales, vodka doble con hielo. Maqroll se embarca rumbo a Panamá en una nave cuyo capitán, Wito, es un viejo amigo que lo contrata para realizar las tareas de contabilidad. Pero no hay mucho que contabilizar, más bien nada, pues Wito está quebrado. A este quiebre inicial, que es ajeno, le sigue el propio. Maqroll, ya en tierra firme, en Panamá, no tiene dinero. El conserje de un hotel que ocupa le ofrece un trabajo que está por fuera de la ley y Maqroll lo acepta hasta ver de cerca el peligro y renunciar al riesgo. Lo ayuda a tomar esta acertada decisión Alex, el cantinero del bar que frecuenta. Pero la salvación es la mujer, que en esta novela siempre llega como una aparición mágica. Ilona llega mágicamente con la lluvia, como si llegara porque lloviera, así de fantástico. O a la inversa también funciona: como si la lluvia la anunciara. No podrían haberse conocido bajo un cielo despejado Maqroll e Ilona. Así como el día que se ven por primera vez afuera del bar diluvia, este reencuentro fortuito también sucede con una cortina de lluvia torrencial como telón de fondo. Lo fortuito es una clave del relato; una llave mágica que activa el movimiento de las acciones. Lo casual, el azar o el destino es lo que mueve a los personajes. Ellos se mecen por la vida como hojas arrojadas al caudal del río. Hay otra mujer, que al igual...

Solos ante el peligro Abr29

Solos ante el peligro...

El valor del individuo que se enfrenta sólo a un colectivo moralmente deteriorado, ya sea una banda de delincuentes, un pueblo decadente o una institución corrupta, es una de las temáticas más fructíferamente tratadas por el cinematógrafo. Pocas profesiones son tan adecuadas como la de policía para profundizar en este tipo de material, por la combinación de rasgos de carácter que requiere este trabajo (coraje y conocimiento de las personas) con las circunstancias en que se desarrolla (contacto con criminales y proximidad a altas instancias de poder). En una de las mejores obras de Fritz Lang, Los sobornados (The big heat, 1953) Glenn Ford interpreta a un agente de la ley obsesionado con desarticular una banda de delincuentes que tiene sometidos mediante el chantaje o la violencia a numerosos habitantes de la localidad, incluidos algunos cargos públicos. Como consecuencia de ciertos acontecimientos muy dramáticos, Ford pasa a lo largo del metraje de ser un profesional íntegro y respetuoso con las normas a un justiciero sediento de venganza. De esta forma, Lang concentró en una misma película dos de los prototipos que más se han repetido en el género policíaco, el agente del orden ortodoxo y el que se basa en la premisa de que el fin justifica los medios. Tal vez el máximo exponente del policía honrado fue el que retrató admirablemente Al Pacino en Serpico (Sidney Lumet, 1973), basada en la historia real del italoamericano Frank Serpico, quien se atrevió a denunciar la corrupción generalizada en la policía neoyorquina de los 60 y principios de los 70. La institución estaba plagada de agentes que aceptaban sistemáticamente dinero de los delincuentes con la tácita aquiescencia de sus superiores. Cuando uno de los mandos que prefieren mirar hacia el otro lado, le afea al protagonista...

El hombre de acero: La tragedia contemporánea Abr29

El hombre de acero: La tragedia contemporánea...

El hombre de acero marca un punto final en el devenir del héroe divino hacia la tragedia. En el último film de Zack Snyder observamos como Superman ha sido transfigurado desde un personaje que lo puede todo y es símbolo de perfección, hasta otro repleto de dudas existenciales, mucho más hombre que súper, cuya historia narra el drama existencial de un ser excepcional que no consigue serlo; primero por la influencia de un restrictivo padre adoptivo y, más tarde, por las propias limitaciones autoimpuestas psíquicamente bajo la figura de ese superyó paterno y el recuerdo traumático de su sacrificio. La tragedia tiende a la catástrofe y la catástrofe se instaura en El hombre de acero como un derrumbe interior que tiene su proyección física en la inusitada violencia y destrucción de su parte final; completando un ciclo que aleja al héroe de su condición mítica para instaurarse en el realismo sucio y descreído de la posmodernidad, obligándole incluso a cometer el acto más violento de todos, y que no es mas que una catarsis que lo lleva a posicionarse rotundamente en el mundo por el único camino que las sociedades actuales, especialmente la norteamericana, parecen creer posible. En la tragedia clásica de Aristóteles o Sófocles los actos realmente horribles eran vividos por el público tan solo en su imaginación, eran actos narrados fuera del escenario con una mera descripción. En su tramo final, El hombre de acero se sitúa  mas cerca de la tragedia romana de Séneca, que, dentro de una sociedad conquistadora, habituada al conflicto y deshumanizada, mostraba en escena incluso los más sangrientos episodios. En este nuevo film el objetivo de Superman no es, como siempre ha sido, defender la justicia y la verdad, sino un genealógico y destructivo deseo de venganza...

Malentendido en Moscú: Aviso a navegantes...

Simone de Beauvoir escribió Malentendido en Moscú entre 1966 y 1967. El texto debería haber formado parte de la compilación La mujer rota, pero fue la propia autora quién acabó rechazándolo, de modo que no se publicó hasta 1992, en la revista Roman y a título póstumo. En España, la novela ve la luz en Navona Editorial en una primera edición del mes de octubre de 2013, tratándose de una versión traducida por Joachim De Nys y prologada por Rosa Regàs. Protagonizan el relato Nicole y André, una pareja de profesores parisinos que, ya jubilados y en la sesentena, -década considerada en el texto como antesala de la decrepitud-, realizan un viaje a Moscú para encontrarse con Masha, la hija de André. El periplo realizado por los tres personajes es identificado por los biógrafos de Jean Paul Sartre y Simone de Beauvoir con el que estos últimos realizaron por la Unión Soviética en el verano de 1966, acompañados por Zonina, traductora al ruso del filósofo y una de sus presuntas amantes. El núcleo temático de la obra lo constituye, sin duda, la vejez, inevitablemente proyectada a cualquier otra faceta de la vida: el desgaste del amor de larga evolución, el declive físico, la estupefacción del individuo ante la urgencia del paso del tiempo, la decepción ante un mundo que no cambia, o cambia de forma diferente a como pensamos que lo haría… la vejez como hecho sorpresivo e incontrovertible y como lente a través de la que se filtra todo lo demás; la ancianidad como epílogo vital en el que todo parece tornarse repetido y trabajoso. El argumento de la novela es un esqueleto muy sencillo sobre el que se soportan las reflexiones que los dos personajes protagonistas realizan a lo largo de su...

Crónica de una muerte anunciada...

Cuando en 1982 a Gabriel García Márquez le dieron el Premio Nobel de Literatura, el autor colombiano pronunció un discurso que comenzaba citando una crónica sobre las Indias a la que se refirió como una crónica rigurosa que sin embargo parece una aventura de la imaginación. Esa crónica parecía una aventura de la imaginación por su carácter de fantástico y maravilloso, mítico o legendario; pero la calificó como rigurosa, y eso la acercaba al mundo de lo real. En esta existencia de lo maravilloso en lo real está la esencia del realismo mágico, que fue bautizado con una pregunta pronunciada por Alejo Carpentier: ¿Qué es la historia de América Latina sino una crónica de lo maravilloso en lo real? Crónica de una muerte anunciada no es una obra reprentativa del realismo mágico como lo es Cien años de soledad, pero sí es una obra representativa de García Márquez, que es uno de los principales representantes de ese movimiento literario. Crónica de una muerte anunciada es una crónica, y por eso se acerca al género periodístico, aunque conserva rasgos de lo extraordinario (una pistola se dispara, atraviesa una pared, recorre todo el comedor de la casa vecina, atraviesa la plaza del pueblo de lado a lado y termina su recorrido en un santo de yeso del altar de la iglesia del pueblo). Es, también, la narración de los hechos y de los testimonios de esos hechos sobre una mañana: la mañana siguiente a la boda de Ángela Vicario con Bayardo San Román. Esa mañana transcurre en una espera (los hermanos Vicario esperan a Santiago Nasar para matarlo), un anuncio pronunciado varias veces (los hermanos Vicario anuncian que van a matar a Santiago Nasar), un desconocimiento (Santiago Nasar es prácticamente el único del pueblo que desconoce...

El erotismo

Este ensayo del prolífico pensador, agitador y novelista francés, Georges Bataille, resulta enjundioso y rico. Tiene en su lectura el presupuesto básico de no mostrar una tesis masticadita haciéndose garante de una modernidad por la que todo texto debe ser sembrador de dudas susceptibles de hacernos preguntas a nosotros mismos. El tema es el de eros y misos como contradicción humana y literaria, pasando de desmitificar la plétora o euforia sexual a ahondar en ello desde un estudio pormenorizado de la figura del marqués de Sade primero y de autores místicos finalmente. Alguien que hace subyacer su deseo a algo inmaterial pierde pie en la realidad, de tal forma, lo interesante en estos místicos es ver cómo morir porque no se muere; acaba viviéndose más, ya que el gozo y el dolor permanecen tan pegados vital e inextricablemente que, también, vemos hoy más sabiduría que misticismo en el verso de Santa Teresa de Jesús. Empieza haciéndose cómplice Bataille de la modernidad en que vive, buscando en rasgos podríamos decir que libertinos, la búsqueda de nuestra razón de ser. A medida que divisamos las consecuencias a través de un estudio pormenorizado del mal, se consigue cierta empatía con la víctima o desvirtuación del héroe psicópata. Esto no lo sabemos si lo hace premeditadamente, pero a mitad de libro incluye unas láminas que instruyen adecuadamente sobre el sadismo, que sin llegar a escandalizar, sí pueden ser óbice de reflexión sobre el mal en estado puro. Editada por Tusquets en su colección Fábula, el libro muestra partes densas y tiende a repetirse, si bien tiene nervio a la hora de objetivar más el sufrimiento místico que el vacío sádico. Trata de montar una estructura sobre el amor, que lejos de considerar lo corporal como extraño, pretende volver...

La vieja tortuga deriva hacia un compromiso mayor Abr29

La vieja tortuga deriva hacia un compromiso mayor...

Vetusta Morla es un nombre propio que conocen de buena mano tantos los admiradores de Michael Ende como los fanáticos del rock español. Respecto a estos últimos, el nombre está dando mucho de que hablar estos días. Porque el grupo que se ha erigido en bandera de la música indie española (un término este que, probablemente, creará confrontaciones hasta el último de los días en que sea utilizado) ha estrenado nuevo disco recientemente. Su tercer trabajo de estudio, La deriva, era muy esperado. Sobre todo después de que, en el año anterior, el grupo oriundo de Tres Cantos ofreciese un único concierto en esta península, centrando su gira en Latinoamérica. Pero La deriva ya es una realidad. Doce temas que miles de seguidores esperaban con ansia y temor a partes iguales. Porque cuando un grupo ofrece tanto, siempre existe un miedo respecto de la siguiente obra que lleven a cabo. ¿Dará una vuelta de tuerca a su estilo? ¿Tratará de reinventarse para no caer en la inercia de no superar sus trabajos anteriores? ¿Logrará mantener el nivel que hasta entonces ha mostrado? En este disco se ofrece respuesta a todas estas preguntas. Y, lo que es mejor, se ofrecen otras contestaciones con las que el seguidor, tal vez, ni siquiera contaba. El primer single que la banda mostró como adelanto lleva precisamente el mismo título que el que presenta el disco. Una canción en la que Vetusta Morla (nombre de la anciana tortuga tan entrañable de La historia interminable, del ya citado escritor alemán) desvelaba los primeros matices generales de su última creación. A través de La deriva se podía comprobar que el grupo no se había dejado llevar por experimentos, ni por nuevas fórmulas que buscasen una metamorfosis. Pero sí se detectaba algo...

La creación del personaje (II)...

Hay quien piensa que un personaje se construye desde la descripción. Y eso, si consideramos el relato como un todo, es una parte muy pequeña. Pensemos en la realidad, en eso que usted y yo vivimos cada día. Si alguien nos pregunta por fulano o por mengano podemos contestar con algo así: Ah, sí, es mi vecino del cuarto derecha. Es un tipo muy educado que siempre abre la puerta y me deja pasar. Lo que más llama la atención de él es la melena rubia. Creo que se dedica a la cría de caballos y está soltero. Cuando ha ido a las reuniones de vecinos, no ha dicho esta boca es mía. ¿Qué sabemos de él después de escuchar esto? Casi nada. Además, lo poco importante que podemos conocer es, en realidad, lo que piensa otro de él. Es educado y luce una bonita melena rubia. ¿Podría alguien estar seguro de ello? Tal vez abre la puerta a las vecinas y, al mismo tiempo, escupe en el ascensor. Tal vez esa bonita melena rubia le da un aspecto ridículo. No sabemos nada. Porque sólo sabemos cuando conocemos la forma de mirar y entender el mundo de ese sujeto. Del mismo modo que ocurre en la realidad, en literatura (en cualquier tipo de ficción) podríamos elaborar una enorme lista de características y no tendríamos nada. Si no es desde la descripción, ¿qué materiales podemos utilizar para esa construcción, qué recursos podemos manejar para conseguir lo que perseguimos? Si bien todo estará condicionado por la voz narrativa que empleemos (por ejemplo, un narrador personaje es muy distinto a un narrador complejo), debemos considerar algunas alternativas que suelen funcionar de forma general. Una de ellas es lo que llamamos actantes. Para entendernos, eso es todo lo que aparece...

La creación del personaje (I) (Textos seleccionados)...

Lo textos seleccionados que contestaban la propuesta anterior (La construcción del personaje (I)) son los siguientes: Ana Medina intuye, perfectamente, que un personaje no deja atrás nunca lo que dice. Cualquier cosa que diga, lo arrastrará inevitablemente. Lo dicho forma parte del personaje. Introduce una justificación a lo que sucede que refuerza la que ya está implícita. Tal vez para lectores algo más despistados, este recurso esté muy bien. Pero el abuso en el uso afea mucho el conjunto. Al cerrar la puerta tras ella, una náusea lo invadió y tuvo que toser para disimular ante la chica, pero ya era tarde, su mirada asustada lo intuía todo. Forcejearon y él consiguió inmovilizarla, hacerla callar para siempre, en unos instantes. Entonces, en voz alta dijo: papá, ésta ya no engañará a ningún otro, tu hijo Enrique Martín Ndiaye te lo asegura. El encuentro duró apenas media hora, no hubo ruido, nadie supo lo que allí ocurrió. Si alguien lo vio salir, reconoció en él a un hombre satisfecho y feliz. Agarrado a su maleta, se dirigió a la estación de tren, nuevo destino: Santa Coloma de Gramanet, Barcelona. En su asiento de primera clase, sonreía a una mujer. Ana Medina Gutiérrez (Los Villares, Jaén) El autor economiza al máximo los recursos. Después de decir lo que ha dicho el personaje, no puede pasar nada que no se esto mismo que narra José Antonio; quizás, algo similar. En el relato observamos que se reduce al máximo el aliento y se busca una expresividad absoluta. Frases breves, directas, sin concesiones a la galería. Le pidió que se desnudase. Solo pudo recordar, antes de ser ejecutado, la cara de la mujer antes de morir. Sus manos apretando el cuello. El placer de matar. José Antonio Villalón Manrique (A Coruña)...