Todo es mentira Sep16

Todo es mentira

En 1956, Alfred Hitchcock filma el remake de su película El hombre que sabía demasiado. Esta vez, el personaje protagonista es encarnado por James Stewart. Marruecos, Londres, la falta de fe, la desconfianza, la mentira, la ambigüedad y el definitivo viaje hasta la verdad, son algunos de los elementos que el realizador británico utiliza para construir una película en la que se nos muestra un mundo en el que nadie se puede fiar de nadie. Si se pierden los padres, se pierde el hijo. El matrimonio americano formado por el doctor Ben MacKenna y la afamada cantante Jo creen poder acabar con su gran bostezo perdiéndose en viajes indudablemente barrocos, pero su necesidad de aventura para descubrir si aún viven en una dulce dependencia familiar («la adversidad nos puede ayudar»), tienta al destino a traer su propio caos, erigiendo la búsqueda en otra búsqueda, al implicar aquella el descuido irresponsable de lo ya poseído: por saber algo ajeno, pierden lo propio. La imprudencia favorecedora de la tragedia continúa al saltarse el padre la regla de oro enseñada a los hijos: no hablar con desconocidos. Cuando su hijo Hank avanza por el pasillo, se está simbolizando cómo la confianza ciega en lo desconocido y el rechazo del valor de la serena cotidianidad son actitudes de ignorancia que están pidiendo una enseñanza. Pero este símbolo se intensifica redundantemente cuando Hank quita accidentalmente el velo, metáfora de la ignorancia, del rostro de la mujer marroquí; ya que demuestra no temer lo extraño y cómo la consecuencia a esta actitud es trágica. De esta forma, el niño había visto demasiado de aquel rostro. En el Éxodo de la Biblia se pone en boca de Dios: «No podrás ver mi rostro; porque no me verá hombre, y vivirá». Hank...

Asesinato y voyeurismo. ¿Alguien da más? Sep16

Asesinato y voyeurismo. ¿Alguien da más?...

La ventana indiscreta es la máxima expresión del concepto que tenía Hitchcock sobre el medio cinematográfico, en cuanto único arte capaz de representar de manera visual el punto de vista subjetivo del personaje. Plasmó además en ella su opinión sobre el cine como una forma de voyeurismo, en el sentido de manifestación de la curiosidad del ser humano por la intimidad de sus semejantes. Aunque la década de los 40 nos regaló obras extraordinarias de Hitchcock, es probable que él se sintiera más realizado como creador a partir de los 50, cuando sus reiterados éxitos de taquilla le permitieron lograr mayor control sobre sus películas. La ventana indiscreta, (Rear window, 1954) supuso una experiencia muy satisfactoria porque en su contrato con la Paramount pudo preservar un amplio grado de autonomía. Se rodeó de muchos de sus colaboradores preferidos, incluido John Michael Hayes, cuyo brillante guión enriqueció con personajes y situaciones un relato corto del prolífico autor de novelas de misterio, Cornell Woolrich. Hitchcock buscaba siempre la identificación del espectador con los protagonistas, incluso cuando incurrían en conductas de dudosa moralidad. En La ventana indiscreta, Jeff (James Stewart) se distrae de la inmovilidad causada por una pierna rota, espiando a sus vecinos. Contemplamos a través de sus ojos a toda una galería de personajes de Greenwich Village: el compositor que se esfuerza por terminar su última obra, la vivaz bailarina objeto de deseo, la pareja que combate los calores neoyorquinos durmiendo en la terraza, la soñadora solitaria, los recién casados que apenas salen de la cama…, y el siniestro viajante del que Jeff sospecha que ha asesinado a su enfermiza mujer. Tanto la novia del protagonista, Lisa (Grace Kelly) como su enfermera Stella (Thelma Ritter) intentan inicialmente disuadirle de su conducta, pero van dejándose atrapar...

La luz siempre ganará a la oscuridad Sep16

La luz siempre ganará a la oscuridad...

La soga (Rope, 1948) fue la primera película que filmó Alfred Hitchcock en color. Pero eso es sólo una anécdota. Lo importante de este trabajo se encuentra en lo apabullante del diálogo, en la dirección astuta y eficaz, en las interpretaciones de los actores que encarnan a los personajes principales y en un modo de narrar que arrastra al espectador a la zona del suspense más inquietante. El que quiera aprender cine debe ver esta película. Arranca La soga con la imagen de una calle de Nueva York vista desde la parte alta de un edificio. Hombres y mujeres paseando, un policía que ayuda a cruzar la calle a unos niños. La cámara gira y escuchamos el grito de un hombre a través de una ventana. La siguiente toma nos lleva al interior del apartamento. Dos hombres acaban de asesinar a un tercero y meten el cadáver en un arcón. La calma de una ciudad enorme en la que parece que no sucede nada anormal en contraste con la brutalidad encerrada en unos metros cuadrados. Encerrada literalmente puesto que Hitchcock (no fue la única vez que lo hizo) acristala el piso y hace que las juntas de los vidrios tengan la apariencia de barrotes. La película es extraordinariamente teatral. Pero no por ser la adaptación que hizo Hume Cronyn de la obra escrita por Arthur Laurents (The rope’s end). No, es teatral porque el realizador lo quiere así; coloca la acción en algo muy parecido a una caja escénica de un teatro cualquiera. Además, fue la excusa que necesitaba para plantear la película como plano secuencia de principio a fin. En la época en que se rodó la película, técnicamente eso era imposible puesto que los rollos tenían un límite. Hitchcock buscó fundidos a...

El miedo, la muerte, el sexo Sep16

El miedo, la muerte, el sexo...

Tercera parte: De la televisión al thriller psicológico (1955-1980) El tiempo y la paradoja que encierran la personalidad de Hitchcock han hecho que el cineasta más accesible por la simplicidad y la claridad de su trabajo sea, a la vez, un genio irrepetible, capaz de filmar las relaciones más sutiles y ocultas, reflejos de sus inconfesables obsesiones. Mucho antes de que aparecieran ni siquiera en la imaginación de los guionistas series hoy consideradas de culto como  Los Soprano,  A dos metros bajo tierra o Dexter, Alfred Hitchcock ya había inventado una personalísima forma de hacer televisión de autor. Como todo pionero, lo que más le atraía era la posibilidad de experimentar con nuevas formas narrativas. Ahora los cameos de sus películas se convertían en apariciones en la pantalla en toda regla, y su ego, siempre a la búsqueda de nuevos espacios interpretativos, encontraba el papel protagonista que siempre había deseado. La televisión dio a Hitchcock la ocasión de ser conocido por el gran público no sólo por sus méritos como director de cine, sino por su propia personalidad. Ningún cineasta vivo o muerto es tan reconocible como Hitchcock por los espectadores, y la televisión, lógicamente, tuvo mucha culpa. Entre 1955 y 1965, a los sones de la Marcha fúnebre para un títere de Charles Gounod, y con una silueta dibujada por él mismo como cabecera, el mago del suspense se abrió un hueco cada semana para presentar sus shows Alfred Hitchcock presenta y La hora de Alfred Hitchcock.  Se trataba de auténticas antologías de relatos de crimen y misterio seleccionados y dirigidos por él mismo o por realizadores solventes, y con actores de la talla de Steve McQueen, Peter Lorre o Vicent Price entre otros. Pero lo mejor de estas historias de suspense era la introducción y el epílogo que de...

El nacimiento de una dorada obsesión:El perfil vital de Alfred Hitchcock Sep09

El nacimiento de una dorada obsesión:El perfil vital de Alfred Hitchcock...

Segunda parte: Hollywood se rinde a sus pies (1940-1955) «Es cierto, no me atraía Hollywood como lugar. Lo que quería era entrar en los estudios y trabajar en ellos». Con esta frase, Hitchcock confesaba su falta de interés hacia el modo de vida típico de las estrellas de la meca del cine. Pero su gusto por el lujo y sobre todo, su obsesión por las actrices rubias, lo ligaron a Hollywood el resto de su vida. Un contrato de casi 3.000 dólares semanales, más una bonificación anual de otros 15.000 por dirigir dos películas al año  le bastaron al productor David O. Selznick para convencer a Hitchcock de que Hollywood era su sitio. A partir de la década de los cuarenta, gozaría de libertad para  elegir el equipo de rodaje, los guionistas y lo que era para él aún más importante: las protagonistas femeninas de sus películas. Con Rebeca (1940) y la actriz Joan Fontaine comienza la larga serie de películas donde las rubias y el suspense compartían protagonismo a parte iguales. La actriz escribió en su autobiografía que Hitchcock tenía una extraña manera de comportarse, como si su lema fuera «divide y vencerás». Reclamaba total lealtad, pero solo a su persona.Aquello le permitía ejercer el mando, y formaba parte de la confusión que buscaba y que tanto favorecía el ambiente agónico y opresor de sus películas. Nunca daba a los actores —y mucho menos a las actrices—  la confianza suficiente para hacerlos fuertes y seguros de sí mismos, todo lo contrario; buscaba ahondar en sus complejos y mantenerlos emocionalmente en la cuerda floja para hacer más creíbles sus interpretaciones de personajes al borde del abismo. Como él mismo afirmó varias veces, «sentía predilección por las nórdicas», a las que consideraba mujeres misteriosas, frívolas...

ENCADENADOS: INGRID BERGMAN Y LA INFAMIA Sep09

ENCADENADOS: INGRID BERGMAN Y LA INFAMIA...

Además de una obra maestra de suspense, Encadenados es la película más romántica de Hitchcock. En ella presenciamos cómo Ingrid Bergman lleva a cabo una doble redención. Mediante una valerosa hazaña, se libera de su sentimiento de culpa por los errores de su padre y con su amor salva a Cary Grant de una vida emocionalmente vacía. Hitchcock consideraba que en las relaciones personales se producen grandes desajustes entre apariencia y realidad y por ello le fascinaba tratar la falsa identidad y la impostura. En Encadenados (Notorious, 1946), Alicia (Ingrid Bergman), una norteamericana hija de un traidor, finge ser progermana para infiltrarse en una célula nazi en Brasil, seduciendo al líder, Alexander Sebastian (Claude Rains). Surge el amor entre ella y el agente que actúa de enlace, Devlin (Cary Grant), aunque los sentimientos de él están teñidos de celos y de desprecio por la vida disipada que ella ha llevado (el título original de la película significa«infame» o «de mala reputación»). El MacGuffin típico del director fue en este caso el uranio contenido en botellas de vino que ocultan los nazis. Hitch hacía gala de que la elección del mismo mineral que se utilizó para la bomba atómica fue premonitoria. La cronología parece indicar que es improbable que así fuera – aunque el guión estuvo listo antes, el rodaje fue posterior al bombardeo-  pero Hitchcock nunca dejó que la realidad interfiriera en una buena anécdota, si la misma podía servir para atraer al público a las salas. Era casi tan mago de la publicidad  como del suspense. El largometraje supuso su segunda colaboración con Ingrid Bergman y con el guionista Ben Hetch, después del gran éxito que los tres lograron con Recuerda. Hetcht, conocido como el Shakespeare de Hollywood, tenía títulos a sus espaldas...

Hitchcock: El arte dentro del arte Sep09

Hitchcock: El arte dentro del arte...

Veinticuatro años después de su muerte, Alfred Hitchcock sigue siendo unánimemente conocido como el mago del suspense. Pero, además de ello, fue un creador magnífico, tal como enunciaba Godard, capaz de servirse de cualquier fuente para crear una película, y hacer que cualquier fotograma de esta fuera reconocible como suyo. Calificación que levantó no pocas críticas, y suscitó controversias que llegan aún hasta nuestros días. ¿Puede ser simultánemente un cineasta considerado como de culto, y visto y apreciado por millones de personas? Sin duda, si hablamos de Hitchcock, lo es. Contaba Patricia Hitchcock, la hija del genial director, que su padre, antes de iniciar una película, un guión, ya lo había imaginado todo. Que el suyo era un  proceso creativo libre, que se generaba sólo imaginando: en su cabeza ya había hecho la película, ya había visualizado cada plano. Siempre decía que hacer la película en sí, le resultaba un poco aburrido. No es de extrañar, por tanto, que no permitiese colaboraciones en los rodajes (salvo los de Alma, su esposa y asistente artística), puesto que estos eran, realmente, la parte necesaria para llevar al exterior aquello que ya veía, plano a plano, secuencia a secuencia, en su mente. Un cine extraordinariamente visual, en el que todo objeto, todo encuadre, toda luz, toda expresión, son elementos tan narrativos como el diálogo mismo. Es más que probable que esta concepción provenga de la juventud de Hitchcock (estudia dibujo e ingeniería, es decir, formas y construcción, a fin de cuentas), y de sus inicios en el mundo del cine, absorbiendo el movimento expresionista alemán, y el poder de las imágenes como creadoras de estados de ánimo. De la sugestión por medio de ellas, y de la manipulación de las emociones. Hay que tener en cuenta, además,...

Espías en el país de las maravillas Sep09

Espías en el país de las maravillas...

El suspense, el misterio, la fina ironía, pintar un mundo oscuro como si se tratase del mundo de Alicia; son algunos de los elementos que se agrupan en la magnífica película de Alfred Hitchcock Con la muerte en los talones. Pero, además, esta película del realizador británico termina siendo una especie de manual sobre cómo se debe escribir un guión y cómo se debe rodar una película. Un trabajo de Hitchcock asequible para todo tipo de público que satiriza sobre el mundo del espionaje. Una confusión, por pequeña que sea, puede cambiar la vida de cualquiera. En realidad, la vida sigue su curso entre millones y millones de pequeñas o grandes confusiones. Todo es confusión en un universo que queremos ordenar y nos lleva ventaja de principio a fin. Esta mínima reflexión podría ser excusa para grandes discusiones sesudas y eternas o, por el contrario, convertirse en una de las mejores y más famosas películas de suspense de la historia. Alfred Hitchkock se decantó por la segunda de las opciones (afortunadamente para todos). Con la muerte en los talones es una película fantástica por su ironía, por su ritmo, por lo bien contada que está; por las interpretaciones de Cary Grant, Eva Marie Saint(a decir verdad, algo sosita) y James Mason; por uno de los mejores guiones escritos para una película de suspense (lo firmó Ernest Lehman huyendo de las trampas, de escatimar información y esas cosas que se suelen hacer en este tipo de películas y son un insulto a la inteligencia del espectador) y por ser uno de los rodajes mejor diseñado de la historia del cine. La dirección de actores de Hitchkock es soberbia. Logra que Eva Marie Saint pase desapercibida (insisto algo sosita) y eso es todo un éxito. De...

La mirada y el fantasma Sep09

La mirada y el fantasma...

Si el cine es esa búsqueda de la mirada universal del ser humano, Vértigo es el producto que se acerca a ese objetivo de forma más clara, contundente y apasionada. Muertos, miedo, tensión o sexo, son algunos de los elementos con los que se construye una fórmula que tiene como resultado una obra maestra del cine de todos los tiempos. Un film que no da tregua al espectador inquieto y que pervive en nuestra memoria para siempre. Con Vértigo, Hitchcock trascendió definitivamente el cine clásico, consiguiendo camuflar el drama psicosexual del personaje protagonista (Scottie/James Stewart) en una historia de suspense con tintes sobrenaturales perfectamente orquestada, acorde por supuesto a su gusto por el misterio y desarrollada de forma brillante e inusitadamente personal dentro del sistema de estudios Hollywoodiense. A lo largo del film somos testigos de cómo la historia de Scottie, quien se ve envuelto en el enigmático caso de posesión fantasmal de una hermosa joven (Madeleine/Kim Novak) a quien sigue por las calles de San Francisco y de la que termina profundamente enamorado, se retuerce a través de insospechados giros de guión, con la muerte de Madeleine a mitad del metraje como primera prueba de fuego para protagonista y espectador, para terminar indagando en la perturbada mente de Scottie, quien intenta reconstruir en una mujer desconocida (Judy/Kim Novak) a su amada fallecida. Nos encontramos, finalmente, con una película sobre apariencia y realidad, la más inquietante y alucinada versión de la caverna platónica. Vértigo contiene muchas películas que confluyen milagrosamente en una sola bajo quiebros inesperados y una puesta en escena de embaucadora artificialidad. Su juego especular, atento siempre al propio espectador, se mezcla en el final del film con la propia obsesión de Scottie por resucitar a Madeleine a través de su imagen....

El cine según Hitchcock...

En torno a cincuenta horas de rigurosa y enriquecedora entrevista, con un trabajo previo por parte del realizador francés de la Nouvelle Vague encomiable, en torno a un cuestionario de quinientas preguntas que se modifican con el devenir de la conversación con el denominado mago del suspense, responsable entre otras, de Con la muerte en los talones, De entre los muertos o Psicosis, es éste un libro pensado para directores de cine interesados en todo el proceso por el que una película se convierte en tal, aficionados al Séptimo Arte en general y de todo proceso creativo que tenga que ver con la planificación y el sentido de las imágenes. Ingeniero y dibujante de formación, solitario en su niñez y tremendamente observador, Alfred Hitchcock tenía dentro de sí una serie de fantasmas y miedos que marcaron todo su oficio y forma de hacer, algo que ya vemos en su etapa muda, donde colaboró en múltiples adaptaciones de novelas (algunas de ellas de ínfima calidad) como ayudante de realización. El salto a director lo dará antes de 1930 con Woman to woman, al menos oficialmente, siendo especialmente destacables algunas películas, cortas y largas, inacabadas otras, entre la que destaca The ring, un film de rivalidad entre boxeadores. Para el entrevistado, la llegada del sonoro confiesa que supuso una merma técnica en el sentido en que no podía practicar del mismo modo sus ejercicios de ingenio y dramatización visuales como hubiese querido y D.W. Griffith trató de enseñarle. No obstante, la fotografía, la música  el diálogo, lejos de amedrentarlo, le sirvieron para profundizar en conceptos tales como el suspense (lo que le convertiría en eficacísimo contador de historias), su aberración a los films donde no es identificado un narrador claro a través del tiempo (whodunits) o...

Nada es lo que parece: El perfil vital de Alfred Hitchcock Sep02

Nada es lo que parece: El perfil vital de Alfred Hitchcock...

Primera parte: De Londres a Hollywood (1899-1939) Todos los genios necesitan que el mundo gire en una determinada dirección para que su vida sea extraordinaria. Alfred Hitchcock no fue una excepción. Llena de matices diabólicos y divinos, la personalidad del cineasta ha hecho que cientos de seudoestudios biográficos sobre su vida y obras pululen hoy por las bibliotecas y la red, buscando desentrañar las verdaderas razones que le llevaron a convertirse en un genio. Si Alfred Hitchcock (1899-1980) levantara la cabeza, diría que por fin se ha hecho justicia. Por primera vez en cincuenta años, Ciudadano Kane (1941) ha dejado de ostentar el cetro de la mejor película de la historia para cederle el puesto a Vértigo (1958), que rodó este director de origen inglés, obeso, acomplejado y obsesionado con las rubias, pero que fue capaz en esta película, de hacer una maravillosa y triste reflexión sobre el amor y sobre los velos que manipulan las pasiones sexuales. Las películas de Hitchcock no envejecen, o al menos lo hace mucho mejor que sus inmediatas competidoras. Probablemente porque bajo la mirada caleidoscópica del suspense, el director escondía sus propias obsesiones, las que le acompañaron desde que era un niño de clase media del actual East End de Londres.  La culpa, la manipulación, el sexo e incluso el sadomasoquismo estuvieron presentes en su mente y en su vida desde su más precoz infancia. Y esas obsesiones han sido una de las razones por las que su personalidad, casi tanto como su cine, sigue fascinando y atrayendo como una puerta cerrada tras la que intuimos se esconde un macabro secreto. El imaginario colectivo se ha basado sobre todo en el sorprendente libro El Cine según Hitchcock (1966),  en el que el cineasta francés François Truffaut recoge una...

REBECA: EL INICIO DE LA ETAPA AMERICANA DE HITCHCOCK Sep02

REBECA: EL INICIO DE LA ETAPA AMERICANA DE HITCHCOCK...

Rebeca, la fascinante novela de Daphne du Maurier sobre la pareja que habita una lúgubre mansión inglesa, amenazada por el  recuerdo fantasmal de una bella mujer muerta, dio lugar a una de las grandes películas de la década de los 40. Fue el fruto de la difícil primera colaboración entre dos superdotados del séptimo arte, el productor norteamericano David O. Selznick y el cineasta británico Alfred Hitchcock. Supuso otro colosal éxito para quien había producido Lo que el viento se llevó e inauguró la etapa americana del mago del suspense. El comienzo de Rebeca (Rebecca, 1940), con la evocadora  frase «Anoche soñé que volvía a Manderley» nos sumerge en una historia llena de misterio, en la que confluyeron dos talentos británicos expertos en crear atmósferas inquietantes: la autora de novelas góticas, Daphne du Maurier y el gran Alfred Hitchcock. A finales de la década de los 30, «Hitch», como le llamaban sus allegados, era un director muy reconocido en Gran Bretaña. Sin embargo, anhelaba conseguir trabajo en Estados Unidos, temeroso de los vientos de guerra que se avecinaban en Europa y cansado del trato condescendiente que los autores cinematográficos recibían en la elitista sociedad inglesa. Por ello, fue providencial que el productor  David O. Selznick le contratara y le propusiera rodar en Hollywood la adaptación de una novela que había despertado gran entusiasmo. En la misma, la protagonista (cuyo nombre y apellido de soltera nunca son mencionados) relata cómo, trabajando de dama de compañía de una acaudalada mujer, se enamora de un viudo, Maximiliam de Winter. Se casan y van a vivir a Manderley, la sombría mansión de él en Cornwall. La insegura joven se siente fuera de lugar en el majestuoso entorno y se obsesiona con la figura de la anterior esposa, la...

El miedo ante lo inexplicable Sep02

El miedo ante lo inexplicable...

Cualquier manifestación artística puede soportar diferentes lecturas, diferentes interpretaciones, pero eso no quiere decir que podamos pensar cualquier cosa, que podamos dejar la imaginación libre para interpretar lo que nos venga en gana. El autor de una obra quiso, al crearla, decir algo muy concreto. Es muy difícil que sea posible llegar a eso tan exacto puesto que los ojos que miran pueden hacerlo bien, mal o regular, aunque el sentido autentico está donde debe estar.
Y si se trata de Hitchcock, lo mejor es mantener la calma. Cuando nos enfrentamos a una película difícil, cargada de sentido, llena de objetos convertidos en símbolos; lo más prudente (al menos durante un primer contacto) es ceñirse a lo que se narra intentando entender. Sin inventar, sin especular. Si esa película, además de compleja, la firma Alfred Joseph Hitchcock, lo mejor es sentarse tranquilamente, dejarse sorprender, buscar la carga irónica en cada secuencia y disfrutar de ella. No quiero decir con esto que sea imposible sacar conclusiones correctas, pero, creo yo, que un buen aficionado al cine no debe hacer un papel que no le corresponde (el de analista profundo del más mínimo detalle), entre otras cosas, porque puede hacerse un lío monumental. Francamente, después de haberse escrito cientos de ensayos sobre Los Pájaros, después de poner (psicólogos, críticos y cinéfilos de todas las categorías) la película del derecho y del revés, sin que nadie haya sido capaz de aislar soluciones definitivas, supongo que lo mejor es hablar de la película con humildad y sólo de lo que parece más claro. Es lo más saludable. ¿Que es eso de hablar con humildad de una película? Pues comprender, asumir, que las preguntas que se nos plantean (las buenas de verdad) no sirven para encontrar respuestas, sino para que...

Psicosis: «Si no mato a la mosca, creerán que soy inofensivo» Sep02

Psicosis: «Si no mato a la mosca, creerán que soy inofensivo»...

Psicosis, la película de Alfred Hitchcock, es una de las cintas más famosas de la historia del cine. Su potencia narrativa, su técnica extraordinaria y una dirección colosal del director británico, hacen que las lecturas que se pueden realizar sean diversas, que los matices nos descubran detalles que nos lleven a territorios desconocidos y fructíferos. Eros, Platón y las aves, son algunos de los ingredientes de una interpretación de la película que demuestra cómo un trabajo se hace grande con cada mirada. ¿Por qué alguien destruiría al objeto de su deseo? El conflicto de Norman Bates es su obsesión por existir sin aceptar que ya ha abandonado su infancia. El complejo de Peter Pan implica que quien lo sufre necesite de un dependiente amor materno, como único modo de estar en la vida. Todo lo cual evidencia la fijación por poseer y esconder celosamente un bien tan preciado, llegando a eliminar a cualquiera que sea una amenaza en esta relación que queda trenzada confusamente con el amor: “Si quieres a alguien no lo dejas aunque lo odies”. Norman nos sitúa así en la antesala del crimen edípico: él no ama para sentirse bien, él posee para existir. Por ello, prefiere asesinar a su madre soltera y a su amante, pues ella, rencorosa con el padre, educó a su hijo en la misoginia. La propia madre es quien cría su cuervo. En realidad, el trastorno de identidad disociativa de Norman es engendrado por su inextinguible deseo de infundir vida a su madre, y que lo hace desdoblarse en ella cuando ésta muere y así poseerla literalmente, en una metáfora de cómo los patrones maternales son absorbidos por sus hijos. De este modo, la madre que él encarna, lo reprime cuando desea a una mujer, siendo...

Psicosis, sus remakes y un pensador esloveno Sep02

Psicosis, sus remakes y un pensador esloveno...

Slavoj Žižek es ese intelectual histriónico, con barba y despeinado, y con un acento del inglés y unos tics tan particulares que ya conforman parte de su personaje, que ilustra muy bien las teorías del psicoanálisis por medio del cine. A la política también la atraviesa con conceptos psicoanalíticos, siempre siguiendo las ideas de Lacan. Žižek se vale de David Lynch, de Hitchcock, de Kieslowski… para hablar de sublimación, de síntoma, de goce, de deseo, de lo real, de la fantasía, y sigue. En 2005 se publicó Lacrimae rerum. Ensayos sobre cine moderno y ciberespacio, un libro donde Žižek dedica un capítulo a Hitchcock y a los remakes de sus películas. Como si de una pérdida de aura se tratara, Žižek nos dice que en los remakes de las películas de Hitchcock algo se evapora. Cuando Walter Benjamin habló de la copia, en contraposición al original en arte, señaló que lo que se perdía en la copia –o en la reproducción de una obra de arte- era no tanto su consistencia sino su autenticidad, es decir, la pérdida del aquí y ahora: de la tradición y de la función ritual de la obra. Esta es la pérdida del aura que el texto de Benjamin La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica denunció en 1936, aunque con intenciones más políticas que estéticas. Volviendo a Žižek: está convencido de que Hitchcock es irrepetible, inimitable, irreproducible, porque en ese intento de re-hacer una película suya lo que se atrofia es su originalidad. En la copia (o remake) de Hitchcock también habría una pérdida de aura (para tomar el término de Benjamin) pero entendida aquí, con sentido estético, como la imposibilidad de reproducir una «dimensión hitchcockiana única». Entre las características del cine de Hitchcock...

Alfred Hitchcock presenta: Horas tomadas a la noche...

Horas tomadas a la noche es uno de los muchos libros de relatos aparecidos bajo el nombre de Alfred Hitchcock. Relatos policiales; historias de suspense, de terror, de miedo, de intriga. La especialidad de la casa.  Sin embargo, los 27  que se reparten en los dos volúmenes que lo componen, es bastante más que probable que no fuesen escogidos por el propio Hitchcock, al contrario de los recopilados en, por ejemplo Mis suspenses favoritos, el primero de los cuales, Los pájaros, llevaría al cine.  Del mismo modo en que los aparecidos periódicamente en el Alfred Hitchcock’s Mystery Magazine, publicado por primera vez  en diciembre de 1956, no lo eran. Hitchcock se limitó a autorizar el uso de su nombre. Un buen reclamo comercial, sin duda. En realidad, no importa demasiado si los relatos eran o no seleccionados por él mismo. Porque reúnen, tanto los agrupados en estos dos volúmenes, como los cientos de publicados en diversas antologías, todos los ingredientes para ser auténticamente hitchcockianos. Son relatos ácidos, macabros, en los que los crímenes se suceden las más de las veces sin remordimiento alguno, ya sea fríamente, o en el furor del momento. En los que las bajas pasiones mueven el mundo. La codicia, los celos. El sexo, soterrado, pero visible. La envidia. Los malvados se justifican, y hasta suelen tener suerte y ser sólo descubiertos por el lector, a través de alguno de los personajes (de la manera más insólita en ocasiones, como en  Apuesta arriesgada), que, ni pertenece a la policía, ni lo pone en su conocimiento, por razones puramente egoístas. El grueso de los actantes parece estar dividido en cinco grupos: víctimas, perpetradores, descubridores que lo encubren, secundarios que siempre tienen algo que ocultar, y agentes de la autoridad. No hay sitio...