BILLY WILDER:  EL CREPÚSCULO DEL DIOS Y  BALANCE FINAL DE SU OBRA Feb17

BILLY WILDER: EL CREPÚSCULO DEL DIOS Y BALANCE FINAL DE SU OBRA...

Después de alcanzar la cima creativa gracias a “Con faldas y a lo loco” y “El apartamento”, era imposible que Wilder se superara a sí mismo. Aun así, de las películas que realizó entre 1961 y 1981, hubo dos excelentes (Uno, dos, tres e Irma la dulce). Por lo demás, hubo de todo: tres buenas comedias (En bandeja de plata, Avanti y Primera plana), dos obras fallidas pero con aspectos valiosos (Bésame tonto y La vida privada de Sherlock Holmes) y dos historias de escaso interés (Fedora y Aquí un amigo). En varias ocasiones, algo impidió que el resultado fuera redondo. A veces fue cierta falta de ritmo, otras alguna interpretación disonante y otras la ausencia de equilibrio del conjunto. Aun así, siempre había atisbos de la mente genial del cineasta y algún que otro descacharrante personaje que robaba la función. Recordemos algunas películas de este periodo… Nos reímos a mandíbula batiente con Uno, dos y tres (One, two, three, 1961), una excelente farsa de ritmo trepidante ambientada en el Berlín inmediatamente anterior a que se levantara el Muro, que saca punta a los excesos del capitalismo y sobre todo del comunismo. James Cagney bordó su papel de hiperactivo ejecutivo agresivo y estuvo muy bien acompañado por un ramillete de personajes a cual más tronchante –su secretaria, su asistente y tres rusos corruptos-. Irma la dulce (Irma la douce, 1963) es una hilarante comedia con cadencia de musical en la que un gendarme parisino (Jack Lemmon) se enamora de la prostituta más atractiva del bulevar (Shirley MacLaine). Los protagonistas estuvieron sensacionales y hubo un secundario roba escenas, el dueño del bar, que en cada una de sus apariciones aludía a alguna imposible faceta de su pasado. Bésame tonto (Kiss me, stupid, 1964) es una...

La muerte vista desde el amor Feb17

La muerte vista desde el amor...

Algunas de las obras que Wilder presentó a partir de 1960 se han considerado menores y una muestra de la decadencia del realizador. Una de ellas en Avanti! (título traducido en España como ¿Qué pasó entre mi padre y mi madre? sin que sepamos si el autor de semejante desastre fuera detenido inmediatamente). Sin embargo, Avanti! resulta una comedia deliciosa en la que Wilder descarga toda su sabiduría como cineasta. El amor es eso que puede cambiar la vida de cualquiera; es eso que no puede controlarse por más intentos que uno pueda hacer; eso que nos arrastra y debemos recibir sin hacer grandes ejercicios de resistencia porque es la mayor de las fuerzas con las que se enfrenta un ser humano. Si en lugar de amor escribimos la palabra muerte, estas afirmaciones funcionan del mismo modo. Este es el mensaje que envía Billy Wilder con su película Avanti! (1968). Un trabajo preciosista, lleno de romanticismo, que se calificó como menor en la filmografía de Wilder y fue recibido por la crítica con indiferencia. Sin embargo, encierra buen cine, la acidez en estado puro del director y aspectos narrativos que son magníficos. Wilder enfrenta dos mundos. Europa y Estados Unidos. Enfrenta dos formas de entender el amor y, por tanto, la vida. Y la muerte. Enfrenta dos universos con todas las armas que tiene a su alcance. Contrapone en la partitura las melodías más sensuales con tintes italianos (destaca el tema Senza Fine de Gino Paroli) con la música más rosada utilizada en Hollywood; contrapone a un personaje frío, rígido, puritano, hermético (Wendell Armbruster encarnado por Jack Lemmon) con otro que intenta disfrutar de la vida, que maneja sus sentimientos más profundos y sinceros, que intenta escapar del yugo de lo material (Pamela Piggot...

UNO, DOS, TRES, AL ESCONDITE BERLINÉS Feb17

UNO, DOS, TRES, AL ESCONDITE BERLINÉS...

Es prodigiosa la capacidad del celuloide de unirnos a los espectadores a través de algo tan importante en nuestras vidas como es la risa. A Wilder tenemos que agradecerle la infinidad de carcajadas que nos ha hecho compartir. Pocas películas cómicas son consideradas grandes obras por la crítica en el momento de su estreno y aún menos son reconocidas en cualquier festival de cine. Parece como si muchos expertos consideraran que sólo el drama es digno de retratar de forma profunda y certera la condición humana. Incluso joyas hoy tan evidentes como Ser o no ser o La fiera de mi niña no fueron apreciadas en su día. Suele ser el barniz del tiempo el que corrige estos errores de criterio, pero Billy Wilder tuvo la fortuna de realizar algunas comedias que ya al estrenarse fueron debidamente apreciadas, logrando que este género ocupara en ocasiones el lugar que merece. Sin embargo, alguno de sus mejores divertimentos tampoco conoció el éxito en su momento. Echemos la vista atrás… Berlín, 1961. La capital alemana lleva años escindida entre el Oeste capitalista y el Este comunista. Wilder había vivido allí varios años de su juventud, antes de que el advenimiento del III Reich le obligara a marcharse para salvar la piel y volvió para rodar Uno, dos, tres (One, two, three), sin saber que pocas semanas después se erigiría el Muro. El realizador era un experto en hacer uso de su sentido del humor para muchos fines, incluido quitarle hierro a la vida. Por eso, nada mejor para sacudirse cualquier vestigio de nostalgia que pudiera conservar sobre su pasado centroeuropeo, que reírse del absurdo ente polarizado en que la urbe alemana se había convertido, rodando una farsa que ponía al descubierto las flaquezas de capitalismo y comunismo....

La espléndida decadencia de un genio Feb17

La espléndida decadencia de un genio...

La peor de las películas de Billy Wilder es una excelente demostración de lo que debe ser la dirección en el cine, la interpretación o un enfoque aparentemente cínico de la realidad a través de la ficción que es, sin lugar a dudas, una forma de enfrentar el universo desde el escepticismo. A partir de 1960, posiblemente, Billy Wilder no consiguió rodar obras maestras, pero la calidad de sus películas es indiscutible. Cuando se habla del cine de Billy Wilder conviene refugiarse en la prudencia. Es verdad que en una comparación entre Bésame tonto y El apartamento, la primera sale perjudicada. Ocurriría lo mismo si enfrentásemos Las Meninas y La Venus del espejo de Velazquez. Pero ¿alguien puede discutir que las obras de Diego Velazquez son obras de arte sin excepción? Pues lo mismo pasa si hablamos de las películas de Wilder. Al menos de casi todas ellas. En cualquier caso, el trabajo de este realizador va de lo bueno a lo exquisito. Irma la Dulce. No es de extrañar que el agente Patou, personaje encarnado por un espléndido Jack Lemmon, fuera el preferido de Wilder. Entre otras cosas, porque le persiguió con la cámara para mostrar las diferentes e innumerables caras del ingenuo policía. Metido a chulo, a impostor de personalidades, a trabajador incansable. Wilder logró un retrato enorme y perfecto. No es de extrañar que el personaje interpretado por Lou Jacobi –un camarero corpulento, mentiroso, inquietante; del que conocemos distintos pasados improbables- fuera pensado para que Charles Laughton le diera vida. Porque el encargado del bar Moustache (en el que descansan las chicas de la calle Casanova y gastan su dinero –el de ellas- los chulos) es uno de los personajes más divertidos de la filmografía wilderiana. Y, seguramente, el alter ego...

BILLY WILDER: LOS AÑOS DE  PLENITUD (1950-1960) Feb10

BILLY WILDER: LOS AÑOS DE PLENITUD (1950-1960)...

Su carrera como director se extendió cuatro décadas pero, con la honrosa excepción de Perdición, obra maestra de los 40, lo más granado de su filmografía se concentró entre 1950 y 1960: El crepúsculo de los dioses, Traidor en el infierno, Sabrina, Testigo de cargo y sobre todo Con faldas y a lo loco y El apartamento. Son obras de arte de primer nivel y hubiera bastado realizar algunas de ellas para merecer ser uno de los grandes, pero nuestro querido Billy Wilder era un acaparador. En una escena de Mad men, la complicada hija del protagonista musita, “Soy tantas personas…”. Esta fascinante serie sobre una agencia de publicidad de Nueva York en los 60 puede recordarnos a Wilder porque destapa los abusos, vergonzosos acuerdos y sórdidos enredos que puede ocultar una empresa y ese microcosmos sirve para mostrar con tanta crudeza como humanidad (si bien con mucho menos sentido del humor del que hubiera hecho gala el maestro) la dificultad de las relaciones personales y la escisión interior del individuo. Además, Wilder podría haber dicho esa misma frase para retratar su propia complejidad. En efecto, su filmografía nos revela un espíritu valientemente transgresor abordando ciertos tabúes de su época, pero cauto en evitar polémicas políticas durante la larga era McCarthy. También nos muestra su visión de la condición humana, cínica pero suavizada por su pudorosa sensibilidad. A veces su acidez domina toda la película, pero mucho más a menudo, podemos atisbar a un romántico comprensivo con las taras de sus personajes, en la medida en que sean capaces de redimirse por amor o por una toma de conciencia. Ciertamente, era muchas personas a la vez. Entre 1950 y 1960, realizó diez películas de temáticas y géneros diversos, pero su sello único está siempre presente:...

La mujer en el cine de Wilder Feb10

La mujer en el cine de Wilder...

Son las mujeres, en el cine de Wilder, las que estructuran las tramas de forma definitiva. Se disfrazan, cambian, juegan, apuestan, hacen lo que haga falta para que el hombre (desde su prepotencia y arrogancia) tenga que claudicar y ceder ante la imaginación, la intuición y la astucia femenina. El cine de Billy Wilder se nutre del engaño. Cambios de aspecto y cambios mucho más poderosos y que afectan a la esencia de los personajes; son los ejes que soportan buena parte de las tramas de Wilder. Y son las mujeres las que asumen ese rol por distintas razones. Porque el hombre en el cine de Wilder presume de una inteligencia superior, de una capacidad reflexiva muy por encima de la femenina, de una intuición descomunal; el hombre cree estar muy por encima de la mujer y no cree que tenga que cambiar. Los hombres presumen y las mujeres logran esquivar tanta arrogancia para lograr situarse un escalón más arriba, para convertir la burla masculina en una especia de búmeran. Wilder, que tenía bastante mala leche al escribir sus guiones, no se conforma con mostrar ese proceso; Wilder deja que su personaje masculino se eleve tanto como tan fuerte cree que debe ser su caída. Tal vez el caso más sorprendente es el que podemos ver en La vida privada de Sherlock Holmes. El personaje principal; Holmes, claro; casi se presenta en pantalla diciendo que “jamás se debe confiar eternamente en una mujer, ni siquiera en la mejor de ellas. Son cleptómanas, ninfómanas, pirómanas… Las mujeres no son dignas en ninguna circunstancia”. En fin, una forma de ver a las mujeres bastante tremenda. Desde la superioridad, desde una atalaya inaccesible para cualquiera de ellas. Sin embargo, Holmes no es capaz de ver cómo la...

«Una sonda para lavar el corazón» Feb10

«Una sonda para lavar el corazón»...

Un hombre de alta posición social y profesional muestra sus miserias haciendo falsas promesas para satisfacer sus pasiones. Una historia mil veces contada a la que el Wilder más genial convirtió en la mejor versión del mismo argumento: el jefe que premia al empleado que le cede el apartamento en el que mantiene encuentros con su amante, a la que también promete la paz de una familia. Mentiras enjuagadas en una comedia brillante en la que se diluyen dramas personales. Entre más de veinte millones de libros —cientos de incunables y varios ejemplares de la Biblia de Gutemberg incluidos—, un par de violines Stradivarius, y miles de documentos oficiales, microfilmes y objetos con hasta veinte siglos de antigüedad, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos guarda algunas joyas de la cinematografía. Solo 25 títulos de todos los tiempos tienen el privilegio de entrar cada año en el sancta sanctorum de la cultura norteamericana, elevados por esta circunstancia a la condición de obras maestras y entre ellos, se encuentra El apartamento, de Billy Wilder. También guardan las nobles estanterías del edificio de Washington un manuscrito con las treinta mil palabras del guión original, escrito por el propio Wilder y por I.A.L. Diamond. Probablemente, entre los fondos de una de las colecciones más importantes del mundo también haya otros muchos textos, otras muchas películas, otras muchas canciones que aborden uno de los temas principales de El apartamento: la lucha de un hombre por lograr su propia estabilidad en una parcela de su vida, sin darse cuenta de que iba dejándose otras en el camino; la desesperación, como nefasta consecuencia del afán de progreso. Wilder se muestra de nuevo en la cinta como un perfecto observador de la realidad que le envuelve, dejando entrever en la...

Él sí que era perfecto Feb10

Él sí que era perfecto...

De un director capaz de decir frases como «Mi exilio no fue una idea mía, sino de Hitler», se puede esperar cualquier cosa cuando decide enfrentarse al guión de una comedia. Y más aún si  esa comedia está plagada de asesinatos, canciones, mafiosos,  travestidos y sobre todo, con  Marilyn Monroe tocando el ukelele. Cuando Fernando Trueba en 1993 recogió el Óscar conseguido por Belle Époque, el director español dijo emocionado que él no creía en Dios, sino en Billy Wilder. Estas palabras dejan entrever un mensaje con el que muchos comulgamos. Existen grandes directores de cine, grandes creadores, grandes innovadores y revolucionarios; y luego está Billy Wilder, capaz de superar a su propio maestro, Ernst Lubitsch, con un puñado de comedias  que son obras maestras –incluso la película más redonda de Lubitsch,  Ninotchka, llevaba un guión firmado por Wilder—. La gestación de Some like it hot no fue flor de un día. Wilder sospechaba que detrás de la película francesa Fanfarre d’Amour (1935), donde dos músicos se travisten y ligan con un chica sexy,  existía una gran historia. Tan solo había que aumentar el nivel de tensión narrativa cambiando el hambre por la amenaza de muerte de un mafioso y trasladando de época la historia. «Cuando la ropa de todo el mundo parece excéntrica, un hombre vestido de mujer no resulta más llamativo que los demás». Pero necesitaba también los actores que fueran capaces de entender que el alocado  guión escondía un tesoro de interpretación y de fulgurante éxito. El primero en subirse al tren (figurada y literalmente),  fue Jack Lemmon, a quien Wilder convenció tras encontrárselo en un restaurante. Después llegó Tony Curtis y  finalmente Marilyn Monroe, con la que ya había trabajado en la Tentación vive arriba (1955). Para Wilder, trabajar con...

SABRINA Y ARIANE: WILDER NOS REGALA A AUDREY HEPBURN Feb10

SABRINA Y ARIANE: WILDER NOS REGALA A AUDREY HEPBURN...

Wilder contó con Audrey Hepburn en la estupenda Sabrina y la desigual Ariane, dos comedias románticas en las que el cineasta permitió que desplegara su potencial una de las presencias más luminosas y genuinamente encantadoras del séptimo arte. En ambas películas, el realizador ponía mordazmente en evidencia el exagerado estilo de vida que pueden llevar los multimillonarios norteamericanos, pero su punto de vista dejaba a la entrañable Hepburn a salvo de toda crítica. Si bien Billy Wilder realizó audaces incursiones en el cine negro o en el drama, el género que más popular le hizo fue la comedia, en la que desplegó al menos tres estilos. Uno se caracterizaba por combinar lo cómico con cierto trasfondo dramático, ofreciéndonos una visión al tiempo ácida y divertida de la condición humana y de las taras del norteamericano medio. El apartamento es el mayor exponente. También bordó las farsas en las que se reía de todo y sometía a sus personajes a las situaciones más disparatadas, como hizo en Con faldas y a lo loco o en Uno, dos, tres. Finalmente, trabajó la comedia romántica, repleta de glamour y “amour”... De este estilo fueron la mayoría de sus obras de su etapa como guionista y las dos películas que dirigió protagonizadas por Audrey Hepburn, Sabrina (1953) y Ariane (Love in the afternoon, 1957). Es en este tercer tipo en el que se aprecia más fácilmente su intento de emular a su admirado maestro, Ernst Lubitsch. Wilder hace gala de un fino humor basado en la insinuación, la picardía, la reiteración de elementos cómicos, los hilarantes personajes secundarios y los diálogos con un toque absurdo. Además, ambas películas transcurren al menos en parte en París, retratan mordazmente la banalidad del estilo de vida de los excesivamente ricos y son...

Ficción y realidad son la misma cosa Feb10

Ficción y realidad son la misma cosa...

Para muchos, la época dorada del cine de Billy Wilder comenzaba el año 1950 con el estreno de El crepúsculo de los dioses (Sunset Boulevard). Y no es extraño que sea así porque la película es una obra maestra de principio a fin, un trabajo que conviene ver más de una vez para entender algunas cosas que podrían rechinar si el espectador no está acostumbrado al cine de este director. ¿Puede un muerto contar una historia? Cuando nos encontramos con un narrador que está muerto todas las alarmas se disparan. Para que algo así funcione tiene que estar respaldado por una justificación potentísima. En el caso de Sunset Boulevard la cosa se complica hasta hacerse molesta puesto que esa justificación parece no estar. Si le unimos el uso de una voz en off presente en exceso, todo se puede desmoronar. Pero estamos hablando de una película de Billy Wilder y hay que tener cuidado con las apariencias. Por un lado, hay que recordar que una de las obsesiones de este realizador era entretener al público, no dar más trabajo del necesario a quien se sentara en el patio de butacas. Por ello, en muchas de sus películas utilizó esa voz en off tan explicativa, tan reiterativa con lo visto en pantalla. Es posible que hoy no lo hiciera. Los diálogos y la imagen ya lo decían todo. Pero eran otros tiempos, eran otros espectadores los que se enfrentaban al cine. Y, por ello, hay que mirar sus películas desde un lugar distinto al que ocupamos hoy con respecto al cine moderno. Por otro lado, tenemos un narrador peligroso. Pero, aunque no lo parezca, está más que justificado. El Hollywood que presenta el realizador es fantasmal. No hay éxito; todo es oscuro, triste; falta la...

TESTIGO DE CARGO: BILLY WILDER SE ENFRENTA A AGATHA CHRISTIE Feb10

TESTIGO DE CARGO: BILLY WILDER SE ENFRENTA A AGATHA CHRISTIE...

La sorprendente versatilidad de Billy Wilder le llevó a animarse a una incursión en el género de juicios. Adaptó una brillante obra de teatro de Agatha Christie, pero enriqueció los personajes y aportó su inigualable sentido del humor. Wilder tenía fama de crear un ambiente tan tenso en los rodajes, que un colaborador dijo que tenía dos personalidades en el trabajo, Hyde y… Hyde. No obstante, esta vez estuvo de mejor humor pues disfrutó de la compañía de Laughton, Dietrich y Power. Lo que más le importaba a Wilder, al haber sido escritor antes que realizador, era la historia. Todo estaba al servicio de la misma y por ello, los factores clave para él eran tanto el guión como las interpretaciones, en la medida en que éstas podían realzar su texto o restarle valor. De hecho, la filmografía de este cineasta permanece en nuestro recuerdo sobre todo por el brillo de estos elementos y no porque hiciera innovadores malabares con la cámara. Así, el argumento, los diálogos y la actuación de Charles Laugthon son lo que más recordamos de Testigo de cargo (Witness for the prosecution, 1957). En esta película se unió la enorme habilidad de Wilder a una de las plumas que mejor ha sabido atrapar a los lectores, Agatha Christie. La reina del crimen había convertido en obra teatral uno de sus relatos cortos y Wilder escribió el guión adaptado junto con Harry Kurnitz. Respetaron completamente la historia de la popular autora, pues eran conscientes de que hubiera sido vano intentar superarle en la elaboración de un entramado criminal. Sin embargo, mejoraron el trazado de varios personajes, ya que sabían que la construcción de caracteres era en ocasiones el punto más débil de la escritora. Además, introdujeron elementos humorísticos ausentes de la pieza...

Aladar 39

Billy Wilder:  El hombre, el guionista y sus comienzos como director Feb03

Billy Wilder: El hombre, el guionista y sus comienzos como director...

Pese a ser indiscutiblemente uno de los mejores directores y guionistas de la historia del cine, Billy Wilder siempre sostuvo que su único objetivo era entretener al público, demostrando una admirable falta de pretensiones. Fue un narrador divertido e irrepetible. En sus inicios en Hollywood como guionista escribió junto con Charles Brackett joyas de la comedia como Medianoche y de su primera etapa como director destaca Perdición, que escribió con Chandler. El hombre: Wilder fue un austríaco aventurero que se dedicó a oficios varios como periodista o bailarín, hasta que empezó a trabajar como guionista en la industria del cine en el Berlín de entreguerras. También fue uno de los numerosos judíos que cruzaron el charco huyendo del nazismo y se ganaron la vida trabajando para los estudios de Hollywood. Sufrió la pérdida de parte de su familia en los campos de exterminio y para soportar el dolor, se recubrió de una recia armadura de escepticismo. Aun así, nunca perdió su anhelo de vivir y su curiosidad por el ser humano. Cuando llegó a Hollywood, apenas chapurreaba el inglés. Sin embargo, su facilidad para mantener su ingenio en este idioma fue pronto pasmosa porque su inteligencia verbal era de primera. Su humor era tan agudo, que decían que tenía el cerebro lleno de cuchillas de afeitar. Era valorativo con aquellos a los que apreciaba, pero ¡ay si le contrariabas! Podía ser borde como una esquina, partirte en dos con una sola frase y verter arsénico sin compasión sobre lo que quedara de ti… Ha quedado para la historia del cine como un cínico, cuando lo cierto es que aunque a veces tratara con acidez las miserias del ser humano, no se le escapaban sus facetas valiosas y en buena parte de sus películas se palpa...

Billy Wilder:  Guionista antes que director Feb03

Billy Wilder: Guionista antes que director...

Billy Wilder comparte con otros hombres de talento como Huston o Sturges el hecho de haber sido guionista antes que realizador. Afortunadamente, nunca dejó de lado aquella faceta y fue coautor de todos los guiones que dirigió, haciendo siempre de ellos el centro de su proceso creativo. En su etapa previa a la dirección, los guiones más recordados de Wilder fueron las extraordinarias comedias que escribió con el también dotadísimo Charles Brackett, como La octava mujer de Barba azul, Ninotschka, Medianoche, Bola de fuego y Si no amaneciera. Al Hollywood de los años treinta acudieron hordas de europeos buscando el sueño americano o huyendo del nazismo, como fue el caso de Wilder. Observador atento, supo captar pronto las características de su sociedad de acogida, sin perder de vista sus propios orígenes y sus periodos como trotamundos en Berlín y París. Las tramas que escribió eran un resultado de esa mezcolanza de experiencias y percepciones, bien aderezadas con ironía y sarcasmo. En su etapa previa a la dirección, los guiones más recordados de Wilder fueron los que realizó con Charles Brackett entre 1938 y 1941. Ambos eran tan brillantes, que llegaron a contar entre los escritores más codiciados de la Meca del cine y formaban un tándem tan compenetrado, que en sus textos es raro conocer sus respectivas aportaciones. Escribieron historias de alta comedia romántica con ciertos elementos argumentales en común: choque cultural entre individuos de distinto origen (EEUU-Europa, capitalismo-comunismo, educación refinada-astucia callejera), un personaje protagonista que busca unos objetivos muy prácticos y progresiva transformación del mismo por amor hasta el punto de abandonar sus planes iniciales. Recordemos algo de ellas… LA OCTAVA MUJER DE BARBA AZUL (BLUEBEARD’S EIGHT WIFE, 1938): Gary Cooper es un multimillonario norteamericano que se ha casado y divorciado siete veces y...

Ironía, amores y alcohol Feb03

Ironía, amores y alcohol...

La primera época como director de Billy Wilder está marcada por su cine más negro, más tragicómico y más enano, a partes iguales. De la extraordinaria Perdición hasta la soberbia Berlín Occidente, el camino fue largo y en algunas ocasiones, tortuoso. De la vitalidad y frescura de alguna de sus películas al miedo en los guiones y las renuncias a las esencias, la senda fue irregular. Pero Wilder fue mucho Wilder y nos dejó verdaderas joyas del cine. Billy Wilder es uno de los mejores realizadores de la historia de la cinematografía. Los retratos que logró, a través de sus personajes, de la fragilidad humana, de la falta de coherencia de hombres y mujeres o de los conflictos inevitables debidos a nuestra condición, son difíciles de superar. De su primera época, hasta el año 1949, se pueden destacar tres de sus trabajos que reflejan bien lo que fueron los comienzos de su carrera como director. La magnífica Perdición (Double Indemnity, 1944) merece capítulo aparte y se ha tratado en este especial de forma independiente. Días sin huella (The lost weekend, 1945). Fueron muchos los que presionaron para que este trabajo de Wilder no viera la luz. Por un lado, las asociaciones ciudadanas que pensaron que la película sería pura apología de la bebida, y, por otro, los fabricantes de bebidas alcohólicas que temían un daño irreparable entre sus clientes. Eran estos últimos los que debían sentir verdadero temor. Porque Billy Wilder entregó un trabajo formidable en el que se trazaba la sicología de un alcohólico y el drama personal y de otros ante un problema como este. El guión es adaptación de la novela homónima de Charles R. Jackson. Fue el mismo Wilder junto a Charles Brackett quien escribió un libreto lleno de tensión...

La perdición de Billy Wilder y Raymond Chandler Feb03

La perdición de Billy Wilder y Raymond Chandler...

Woody Allen calificó a Perdición como la mejor película de la historia. Fue una de las cumbres del cine negro y la primera obra maestra de Billy Wilder, cuya inteligencia deslumbrante se atrevió con casi todos los géneros. Wilder sabía que un gran director necesita contar con colaboradores de primera y siempre elaboró los guiones de sus películas en equipo. En Perdición contó con el gran Raymond Chandler y pese a su difícil relación, lograron un resultado perfecto. El cine negro de los 40 y los 50 reflejó una corriente de ánimo pesimista que se experimentó en los EEUU desde el inicio de la segunda guerra mundial y durante la postguerra. La sociedad, que se había percibido hasta entonces como inocente, tomó conciencia de que la ambigüedad moral había calado en una parte de ella, a la vista de la proliferación de la delincuencia y de una línea borrosa entre las actitudes de malhechores y garantes de la ley. Ese malestar y oscuridad fueron capturados por novelistas como Chandler, Hammet o M. Cain y por cineastas como Wilder, Hawks o Huston. Algunos elementos característicos del género eran una iluminación que recreaba atmósferas tan turbias como las motivaciones de los personajes –habitualmente relacionadas con obsesiones sexuales y materiales- y un juego con los factores de tiempo y espacio a través del recurso a los sueños o a los flashbacks. Muchas veces, los protagonistas eran ciudadanos corrientes que acababan delinquiendo o actuando de manera cuestionable. Wilder explicó que realizaba comedias cuando estaba triste y películas oscuras cuando estaba en buena racha. Debía sentirse exultante cuando decidió dirigir Perdición (Double indemnity, 1944), gran exponente del cine negro. Se basó en una obra de James M. Cain sobre una mujer casada que seduce a un vendedor de seguros para...