La canción de los misioneros...

El personaje principal de la novela de John le Carré es Bruno Salvador; intérprete acreditado de origen congoleño, de madre negra y padre blanco y misionero. La novela comienza de forma rotunda, con una introducción clara y directa en el personaje, presentándose (él mismo) como lo que es, un artista de las lenguas africanas, empleado de los servicios de inteligencia del gobierno británico, fiel a estos y al código deontológico de los traductores, pero con el corazón mirando siempre al Congo, donde los señores de la guerra no hacen más que sucederse unos a otros sin pasar por alto el conflicto ruandés. Además, Salvo, que así se hace llamar, es impulsivo, decidido y apasionado. Pero de eso nos irá convenciendo a lo largo de la lectura. Para esta narración llena de amor y pasión en todas sus acepciones, cargada a la vez de historia y actualidad, Le Carréconsigue atrapar al lector desde la primera página con la simpatía de Salvo, con su vida (culebrón típico de cualquier otro ciudadano londinense): casado con una mujer a la que le importa más su trabajo que su relación; la aparición no buscada de la otra, a quien conoce en uno de sus trabajos no confidenciales y a la que tiene que abandonar súbitamente por un trabajo de carácter urgente y secreto… Y, de pronto, nos vemos inmersos en un mar por el que a ningún intérprete le gustaría navegar, pero no le queda más remedio. Eso sí, no sin antes tragarnos el idealismo del asunto. Imagínense la felicidad de Salvo cuando es requerido para hacer de mediador entre representantes de algunas tribus congoleñas y miembros del alto standing británico, reunidos por el bien de su amado país. Salvo, como el buen intérprete que es, acata las órdenes...