Stanley Kubrick: Cal y arena Jun24

Stanley Kubrick: Cal y arena...

Hoy acaba el especial que la revista Aladar ha estado publicando sobre la cinematografía de Stanley Kubrick. Es muy posible que la obra de este autor sea una de las más sólidas de la historia del cine y, por tanto, una de las obras que más perdurarán en el tiempo. Es el turno de tres películas inolvidables aunque parte de los espectadores entiendan que, dos de ellas, son trabajos que contienen una gran impostura intelectual y, por ello, resultan aburridas y artificiales. En el cine de Stanley Kubrick hay quien encuentra obras de arte en cada trabajo y quien cree estar frente a tostones sobrevalorados, se trate del título que se trate. Son muchos los que, al mismo tiempo, ven en las películas de Kubrick grandes mapas de cuestiones misteriosas, símbolos que hay que descifrar, películas que son una excusa para hablar de otras cosas ocultas. Lo cierto es que en la cinematografía de este director encontramos títulos incontestables como, por ejemplo, El Resplandor (The Shining, 1980), y otros que pudieran ser discutidos con cierta facilidad. Lolita (1962) y La Chaqueta Metálica (Full Metal Jacket, 1987) se encuentran en este último grupo. El Resplandor es una de las películas más terroríficas de la historia del cine. El realizador norteamericano adaptó la novela de Stephen King alejándose del texto original e introduciendo mecanismos narrativos en el rodaje que distanciaban la película de lo que era el canon, el ideario colectivo implantado en ese momento. La oscuridad se convertía en una luz cegadora y los sobresaltos ni estaban ni se los esperaba. La distancia entre el espectador y el personaje, de pronto, era enorme; todo se veía más como algo horrible que no había que vivir a base de sustos aunque con un horror mucho más...

2001 odisea en el espacio. Trascender la ciencia ficción Jun18

2001 odisea en el espacio. Trascender la ciencia ficción...

Kubrick siempre fue un alquimista capaz de encontrar la forma en que sus ideas fuesen explotadas comercialmente, la identificación del público con géneros cinematográficos populares, como el bélico en Senderos de gloria y La chaqueta metálica o el terror en El resplandor, la polémica bien servida en Lolita o La naranja mecánica, la elección de la pareja de moda con el tándem Cruise-Kidman en Eyes Wide Shut, y en 2001, el reclamo de gran superproducción visionaria de ciencia ficción que, de hecho, supuso un avance tecnológico sin parangón hasta esa época y una visión futurista  sorprendente en su predicción tecnológica, aunque encantadoramente sixtie en el diseño de decorado  y vestuario. De una u otra forma el director norteamericano se las ingenió para que sus productos llenaran las salas de cine, y uno no puede sino imaginar la reacción de un público estandarizado, en busca de un producto estandarizado, al toparse con sus personalísimas propuestas. Lo curioso es que La historia de 2001 no es en realidad nada complicada, atendiendo a las licencias que la sci fi puede tomarse, y, sobretodo, si acudimos a la novela de Arthur C. Clarke para desentrañar un discurso narrativo, tratándose esta de una comparación tremendamente fecunda que, lejos de incidir en la recurrente afirmación sobre lo inadaptable en imágenes que resultan determinadas novelas, nos ayuda a entender como dicha traslación siempre debe producirse en el aprovechamiento de las capacidades que el nuevo medio puede arrojar sobre la literatura. La protesta de aquel espectador no era infundada, las continuas elipsis y la delicadeza con la que Kubrick rodó su más enorme film lo alejaron de la claridad argumental que sí poseía la novela, convirtiéndola en una experiencia tremendamente visual y sin apenas diálogos, dotando a la visión racionalista, y a...

¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú: Todos androides Jun18

¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú: Todos androides...

Es fascinante enfrentarse a la estupidez humana; es un acto al que deberíamos acostumbrarnos inmediatamente. Pero sin tanto alarido de terror ni tanto susto como al que nos someten los medios de comunicación. ¿Somos estúpidos? Claro que sí. ¿Estamos acabando con el planeta? No les quepa duda. ¿Dependemos en exceso de las máquinas? Mejor no pensar en ello. ¿Una pequeña cosa es suficiente para que se produzca un cataclismo? Desde luego. Y como esto es así nos queda poco margen de maniobra. Un par de opciones. O nos reímos de semejante panorama o nos lamemos las heridas en una esquina con la esperanza de que lo malo se acabe lo antes posible. Stanley Kubrick optó por filmar una película sobre todas estas preguntas manejando la opción primera. Y digo bien, preguntas. Porque en ¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú se plantean muchas aunque no se dan soluciones. Se limita a terminar la película de forma poco alentadora, es decir, nos muestra una sociedad devorada por sí misma y pagada de sí misma y todo de sí misma. La película es impecable en muchos aspectos. En casi todos. El guión, adaptación de una novela, es divertidísimo, ingenioso, sarcástico, inteligente y convierte la trama en una narración de ritmo perfecto. Por otra parte, el montaje es especialmente acertado y ayuda a que el espectador no se pierda entre los tres escenarios principales ni en esfuerzos estériles. La fotografía es inmejorable. El movimiento de la cámara parece medido al milímetro, es exacto, haciendo de cada plano algo mágico e insustituible. Incluso los efectos visuales y sonoros pasan con muy buena nota a pesar de que la película tiene ya unos años. Pero el gran valor de la película es la dirección de actores que llevó a cabo Stanley...

Senderos de Gloria: Qué bien mueren los soldados Jun18

Senderos de Gloria: Qué bien mueren los soldados...

Una película bélica no tiene porqué estar llena de piernas cercenadas, cabezas rodando por la arena, cuerpos acribillados o explosiones que destrozan personas. Es muy posible que eso esté muy cercano a la realidad. No lo discuto. Pero no se trata de contar las cosas rozando el documental. El cine es mucho más que eso. Puede que cause un efecto demoledor en el espectador, que lo espectacular supere cualquier expectativa abierta, que nos estemos acostumbrando a esas cosas que se han convertido en una carrera ( a ver quién consigue los mejores efectos especiales, a ver quién consigue mayor realismo, a ver quién suma más bajas en menos minutos), pero el cine es otra cosa. Una cámara en movimiento, con el encuadre perfecto, sin una sola gota de sangre, puede mostrar mucho mejor lo que es un campo de batalla que cien kilos de dinamita y seis millones de extremidades repartidas por el escenario. Stanley Kubrick es un genio. Eso por un lado. Senderos de Gloria es una obra de arte. Eso por otro. Es, posiblemente, la película de género bélico mejor rodada de todos los tiempos. El uso que hace el director de la cámara es, sencillamente magistral. La escena en la que el coronel Dax (Kirk Douglas) camina por las trincheras antes de lanzarse al ataque con su regimiento mientras las explosiones atemorizan a los soldados o la del consejo de guerra que se produce poco después de la batalla, son de una limpieza abrumadora. La tensión que el espectador va a sentir durante el fusilamiento del cabo Philip Pares (Ralph Meeker) y los soldados Maurice Ferol (Timothy Carey) y Pierre Arnaud (Joe Turkel) es desquiciante. La escena final en la que la soldadesca se divierte en una taberna es una de...

Barry Lyndon: La imposibilidad de sobrevivir al mundo Jun18

Barry Lyndon: La imposibilidad de sobrevivir al mundo...

Con un guión simple y un personaje como es Barry Lyndon (no excesivamente complejo), es extraordinario llegar a conseguir una película tan grande, tan maravillosa. Técnicamente, el trabajo roza la perfección. Kubrick consigue retratar una época con detalle, convierte cada escena en un cuadro digno de admiración. Las localizaciones son espléndidas y los escenarios construidos no generan una sola duda en el espectador. El vestuario es perfecto. Maquillaje y peluquería también. La fotografía de John Alcott es impecable. Difícilmente se puede conseguir una nitidez de la imagen tan apabullante. Kubrick quiere atacar asuntos recurrentes en toda su filmografía: la violencia como herramienta destructora de la humanidad; la pequeñez de una humanidad medida junto al universo entero. Es por ello por lo que muchas escenas comienzan con primeros planos que, a través del zoom, dejan finalmente al personaje en medio de un mundo hostil, enorme, demasiado grande como para que nadie pueda cambiar algo o esté a salvo del destino. Y es por ello por lo que el realizador nos lleva, una y otra vez, a vivir situaciones en las que el ser humano desaparece con un simple disparo, con una actitud idiota ante el mundo. Todo ello envuelto por gran sensibilidad (algo que se le negó a Kubrick insistentemente y de lo que hace gala en este trabajo). Barry Lyndon es el resultado de la adaptación de la novela de William Makepeace Thackeray. No es del todo fiel al trabajo del novelista (la última media hora es cosa del guionista y no de Makepeace) y el resultado es una historia simple y lineal. ¿Por qué fascina entonces? Hay varias razones fundamentales. La voz en off del narrador es una de ellas. Nos separa de la acción de forma intencionada (del mismo modo que en...

Espartaco: El fin de la caza de brujas Jun10

Espartaco: El fin de la caza de brujas...

Si bien cuando contemplamos muchas de las películas de Stanley Kubrick, podemos sentir admiración por su perfección técnica, muchos  experimentamos también cierta frialdad, pues era un creador dotado de una inteligencia helada. Sin embargo, Espartaco (Spartacus, 1960) es una vibrante epopeya sobre la lucha contra la tiranía. Quien puso la pasión fue Kirk Douglas, que además de encarnar al protagonista, fue el gran impulsor de la película desde que adquirió los derechos de la popular novela de Howard Fast, vagamente inspirada en un personaje real. Douglas actuó como productor ejecutivo y seleccionó al impresionante cúmulo de talento que participó en esta gran obra. Aunque era entonces un hombre de excesiva arrogancia, demostró una inteligencia, energía y tenacidad indiscutibles. Asumió el desagradable papel de despedir en las primeras semanas de rodaje al director inicialmente contratado, Anthony Mann, que pese a ser uno de los mejores creadores de westerns que hubo, no se sentía cómodo en un espectáculo de la magnitud de Espartaco. Douglas escogió como sustituto a Stanley Kubrick porque estaba satisfecho de la excelente experiencia compartida que fue Senderos de gloria (Paths of glory, 1957,) pero también porque creyó que el joven director estaría tan agradecido por haber sido seleccionado en un momento todavía poco exitoso de su carrera, que sería arcilla en sus manos. Douglas no se dio cuenta de que Kubrick ya era mucho Kubrick y de que su afán de control y sus puntos de vista eran difíciles de domeñar. La relación entre ambos resultó ser un verdadero choque de egos y durante el resto de sus vidas, expresaron juicios de valor de suma dureza sobre el otro, aunque el actor reconoció siempre el enorme talento del director. En todo caso, la historia del esclavo tracio convertido en gladiador, que en...

La naranja mecánica: La persona como unidad Jun10

La naranja mecánica: La persona como unidad...

El ser humano es como es. Nada ni nadie ha logrado que cambie. Ha podido evolucionar aunque la esencia, su condición, sigue intacta. Es verdad que entre individuos existen diferencias, matices. El entorno, el aprendizaje o lo que sea (eso lo saben los profesionales muy bien y yo no) terminan por diferenciarnos.  Todos humanos, todos distintos. La condición humana no se altera. Quiero decir con esto que todos podríamos llegar a un mismo lugar dándose las mismas condiciones. Ya sé que esto no es muy científico aunque lo creo. ¿Podríamos eliminar una característica de algún ser humano para hacer un mundo mejor con ello? ¿Podríamos privar de su libre albedrío a una persona a cambio de mejorar la sociedad? (He dicho libre albedrío y no libertad). Parece que la respuesta es no. Para que una persona sea humana se necesita que todo lo propio a esa condición este presente en el ser. Algo así. Ahora pensemos en esta situación: una banda de criminales aterroriza a la población. El peligro crece al mismo tiempo que su violencia. Bien. Nos proponen que (utilizando una técnica novedosa) eliminemos los instintos agresivos en los miembros del grupo. Nunca más podrán ejercer la violencia. Habrá desaparecido por completo de sus vidas, no será una alternativa en su día a día. Queda bonito ¿no? El grupo respira sin entender que lo que se limita es la posibilidad entre lo que es bueno y malo, entre lo que un individuo valora de un modo u otro. Imaginemos que la sociedad (la nuestra, no la de una película) acepta algo así. ¿Alguien diría en voz alta que este mundo es maravilloso y magnífico y justo y sano? ¿Quién decide lo que es bondad o maldad? ¿La violencia en un campo de batalla...

Eyes wide shut. Secretos (y fantasías) de un matrimonio Jun10

Eyes wide shut. Secretos (y fantasías) de un matrimonio...

La adaptación cinematográfica del relato de Arthur Schnitzler Relato Soñado, fue el último trabajo del realizador Stanley Kubrick. Eyes wide shut es, sin duda, su película más controvertida y una de las que peor ha sido entendida y recibida por el público. El viaje de ida y vuelta que propone el guión nos lleva de una relación matrimonial estable al desconcierto que provoca conocer un poco más de la pareja, de lo ideal a una realidad se llena de defectos. Una fascinante película que se construye como elegante ejercicio cinematográfico. Alejándose de su habitual indagación en los géneros mas característicos del medio cinematográfico y con su brillantez técnica habitual, Stanley Kubrick adaptó con Eyes Wide Shut el freudiano Relato soñado de Arthur Schnitzler, trasladando la acción a un Nueva York de fin de siglo recreado fielmente en estudio para narrar el trayecto a los infiernos y  posterior redención de su protagonista, Bill (Tom Cruise), a partir de un sencillo acontecimiento; la confesión por parte de su esposa, Alice (Nicole Kidman), de una fantasía con otro hombre, narrada intensamente  en un monólogo que pulveriza con cada  frase el contraplano espectral de su marido. La fantasía como soporte  de la sexualidad y el sentimiento de castración derivado de ella serán el motor de una onírica ronda nocturna, tan fascinante visualmente como perturbadora en sus inconexos acontecimientos, con la que Bill intentará resarcirse de la catártica confesión buscando un encuentro carnal ilícito que lo lleva a adentrarse, casi infantilmente, en el sórdido paisaje de la ciudad y de su subconsciente. Bill se encontrará en su trayecto con varias mujeres, todas ellas con el físico prototípico  de su propia esposa y protagonistas tanto de un intento por restablecer su dañada masculinidad, como de un ansia por redescubrir la...