Teatro argentino –pero universal– en Madrid

Lisandro Fiks

Tras una gira por España en mayo, el equipo de 1982 Obertura solemne, la obra teatral escrita y dirigida por Lisandro Fiks que habla sobre la Guerra de Malvinas, ha regresado a los teatros porteños. En Madrid se pudo ver en el Teatro Nuevo Norte y en el Teatro del Barrio.

1982: ese último año de dictadura militar en la Argentina y año en el que tiene lugar la Guerra de Malvinas. 1982: ese año que da una parte de nombre a la obra de Fiks; la otra parte es puro Tchaikovsky.

Lisandro Fiks es autor, director y actor de esta obra. Interpreta a Martín, un joven un tanto ingenuo, que se propone partir de la Obertura solemne de Tchaikovsky para componer su propia sinfonía que cuente no ya la victoria rusa ante Napoleón sino la Guerra de Malvinas, con sus altos y caídas.

Es domingo por la tarde en una vieja casa porteña. Victoria (Romina Fernandes) está tomando mate y leyendo. Estudia sociología y milita en su facultad (que no hace falta aclarar que pertenece a la UBA). Su novio, Martín, intenta concentrarse y avanzar en su composición musical. Una pareja izquierdosa-revolucionaria-intelectualoide que choca de vez en cuando porque en esa casa hay mucho ego.

De repente, tocan el timbre y es Federico, el hermano de Victoria (Darío Dukáh), que acaba de llegar en un taxi que tuvo un percance. Está lloviendo fuerte afuera. Por esas casualidades de la vida, resulta que el taxista (Christian Álvarez) que llevó a Federico hasta la casa de su hermana y cuñado es un ex combatiente de Malvinas. Entonces lo invitan a pasar, porque presuponen que puede ayudarle mucho a Martín con un relato inspirador para su composición. El presupuesto incluye recibir a Leonardo (el tachero) como víctima de una guerra absurda, pero de a poco irán descubriendo que esa no es su posición, que tiene otra versión de la guerra.

Impecable tratamiento de la tensión narrativa sumado a un humor por momentos negro y absurdo (como la guerra) cuando no un poco obvio y fácil de anticipar. El resultado es una tragicomedia política, con toques muy localistas, que hace reflexionar fundamentalmente sobre los posicionamientos ideológicos y los supuestos que acarrean, pero también sobre el compromiso, la patria, la Historia, la verdad y la mentira. El resto, que lo cuente Fiks en esta entrevista.

El pasado 2 de abril se conmemoraron 33 años del conflicto de Malvinas con los ingleses. La cartelera del teatro porteño no desatendió a este hecho. Tu obra ha convivido junto con otras ofertas teatrales como Isla flotante, de Patricio Abadi y Los hombres vuelven al monte, de Fabián Díaz. Para el trigésimo aniversario del conflicto, en 2012, tu obra ya se había estrenado así como también Piedras dentro de piedras, de Mariana Mazover y Queen, Malvinas, entre otras. Incluso antes de que se cumpliera el trigésimo aniversario se estrenó en 2011 Las islas basada en la novela de Carlos Gamerro. ¿Cómo resulta escribir y dirigir una obra en medio de toda esta producción simultánea y este corpus?

Si bien el disparador de la obra es la guerra de las Malvinas, el foco principal quise ponerlo en el fundamentalismo político. Lo que me interesa contar es este despertar ideológico que se viene gestando desde hace un tiempo en la Argentina, donde el que piensa distinto, en muchos casos, pasa a ser el enemigo.

El tema de Malvinas, así como también el contexto en el que se desarrolló esta guerra, o sea la última dictadura militar, resulta tristemente ideal para que los personajes de la obra se polaricen y discutan. La guerra de Malvinas y la dictadura forman parte de un pasado cercano y con bastantes heridas que aún permanecen abiertas. De ahí el por qué de toda esta producción teatral de la que hacés mención. Esto genera un desafío mucho mayor y también la grata sensación de saber que somos una generación que está sanando las heridas haciendo teatro.

¿Qué mirada, no sólo sobre la guerra, sino sobre la Historia y aun más: sobre la ideología, creés que aporta 1982 Obertura solemne?

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Creo que no hay una sola mirada, sino cuatro, la de cada uno de los personajes que vive la historia, la guerra y su ideología de manera diferente. Me interesaba que no hubiera un bueno y un malo, sino solamente cuatro individualismos que no se escuchan, que opinan y que se enfrentan. El intento es que el público pueda identificarse con todos y con ninguno al mismo tiempo. Traté de plasmar esa contradicción humana en esta torpe búsqueda de querer tener razón sin estar permeable a otras realidades. Tratamos de mostrar que cualquier tipo de fanatismo es peligroso. Que las ideologías opuestas, en sus extremos, se parecen mucho. Las personas pueden tener sus principios, pero consciente o inconscientemente pueden llegar a actuar de manera absolutamente opuesta en una situación límite. Como diría Groucho: “Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”.

Supongo que el componente musical en tu obra (me refiero al personaje de Martín, compositor) y la referencia a Tchaikovsky por su Obertura tienen que ver con tu formación personal…

Sí, soy músico. Y hace más de diez años soy docente en la Universidad Nacional de Arte (UNA).  Toco el contrabajo en la orquesta de la cátedra de dirección orquestal. Una de las primeras obras que toqué en una orquesta fue la Obertura 1812 de Tchaikovsky, y me fascinó, además de su genialidad musical, la historia que representa. Y ahora pude hacerle este pequeño homenaje.

¿Cómo fue la experiencia de representar esta obra en Madrid? ¿Cómo creés que jugaron las cuestiones locales o nacionales versus las universales? ¿Cómo sentiste a un público (porteño) y al otro (español)?

La experiencia madrileña fue excelente. Superó todo lo que podíamos imaginar. Nunca pensamos que podíamos hacer ocho funciones colmadas en Madrid. Además de la cantidad de público que vino a vernos, el aplauso y las críticas fueron maravillosas. En Buenos Aires nunca salimos a saludar cuatro veces durante el aplauso final. La verdad es que teníamos dudas con respecto a las cuestiones locales que hacemos referencia, pero la obra habla de cosas más universales, como vos decís. Otra cosa que colaboró fue que actualmente en España se está dando un proceso de fervor y renacer político, similar al que estamos viviendo en Argentina, y que es justamente el que representamos en la obra. En los dos países hemos vivido dictaduras, muertes y desaparecidos. Esta historia trágica que tenemos en común hizo que el público español trace sus propios paralelismos, más allá de cuestiones locales.

Tengo entendido que en alguna puesta en escena en Buenos Aires se trabajó el espacio y la escenografía de diferente manera a cómo ha sido aquí en Madrid. Mientras que aquí fue representada de modo más clásico, a tres paredes, con un espacio único para conformar el living o salón de la casa, en Buenos Aires las salas off ofrecían otras posibilidades que incluían que el espectador pudiera ver simultáneamente lo que sucedía en diferentes ambientes (por ejemplo, en la cocina, que aquí quedó fuera de escena). ¿Cómo y cuánto altera esto el trabajo de los actores? ¿Bajo qué formato de teatro habías vos concebido la obra? 

El espacio escénico lo trabajamos de acuerdo a las posibilidades de cada sala. Tuvimos la suerte de representar la obra en muchos espacios diferentes. Creo que al teatro que hacés referencia es a Timbre 4 (en Buenos Aires). En esa sala pusimos la cocina en un cerramiento de vidrio que estaba detrás del escenario. Esto hacía que la acción continúe en ese ambiente ya que los actores continuaban en escena. Era un lindo detalle, porque además realmente cocinábamos y eso le agregaba el olor a comida.

Pero la obra está concebida para un solo ambiente y en tiempo real. Esto hace que, como actores, tengamos que trabajar fundamentalmente en función de ese espacio y ese tiempo. Si la sala aporta otra posibilidad, podemos utilizarla, pero si no, podemos prescindir sin ningún problema.

Por último, ¿volverás a España con esta u otra obra? ¿Cómo siguen los planes?

Después de esta maravillosa experiencia y de haber tenido tan buena recepción en España, la idea es volver. Lamentablemente los costos son muy altos, pero hemos tenido un par de propuestas que estamos evaluando. Estamos proyectando la vuelta para enero o febrero. Mientras tanto vamos a reestrenar en Buenos Aires este sábado 27 de junio. Además tenemos algunos proyectos en marcha con la misma compañía, que por supuesto, sería un placer mostrar en España.

Por otro lado, en agosto estreno otra obra que se llama 25 millones, es una versión libre que escribí sobre Mariana Pineda del gran Lorca ambientada en el mundial de Argentina 78.