TINA MODOTTI (1896-1942): LABORIOSA Y ACTIVISTA

Tina-Modotti

La Fundación Loewe sita en el madrileño barrio de Salamanca (entre las calles Serrano y Jorge Juan) acoge, desde el pasado 28 de mayo y hasta el 30 de agosto, esta maravillosa retrospectiva de una mujer que fue única como fotógrafa y como activista. Dentro de la programación de PhotoEspaña 2015, debemos agradecer a ambos organismos el traslado de la excelencia bien entendida a las calles de la capital de España.

Dentro de la actividad encomiable que viene realizando PhotoEspaña, cuya edición de 2015 está dedicada a Iberoamérica, debemos destacar esta breve, pero enjundiosa exposición de Tina Modotti; artista italiana afincada durante la mayor parte de su vida en México, donde conoció al fotógrafo Edward Weston, que la impregnó de un oficio a desarrollar que manaba de la pintura mural como reivindicación, llegando a cultivar con cierta maestría (conviene recordar que la mayor parte de su obra está realizada durante los más o menos dorados años 20) una idea feminista del trabajo muy afín a una realidad social de opresión, bodegones, retratos y arquitectura paisajística.

Su estilo, sensual y elocuentemente emotivo, ha hecho que María Millán se haya fijado en su manera de trabajar con la gelatina de plata y la platinotipia, dos inventos casi pioneros por aquel entonces.

hoz, cartuchera & guitarra, 1927

Teniendo en cuenta, además, que fue en 1929 cuando abandonó esta disciplina artística, con el fin de ir más allá en su activismo social desde la política; quizás, la obra rescatada nos sepa a poco y, para muchos, pesen más las acusaciones recibidas por estar implicada en la organización del asesinato de su propio marido Julio Antonio Mella. Sería una verdadera lástima ya que si en su obra hubo coherencia (Tina se vio obligada a huir de su México querido por ello, obligándose a volver a Europa) en su vida parece que también la hubo. Sus destinos fueron Berlín, Moscú y Madrid, donde ejercería de enfermera para los brigadistas internacionales republicanos. También hemos de decir que su activismo le viene dado de su pasado como trabajadora en una fábrica en California.

Vemos cuidadosos y casi pintados relatos que tienen como propia intertextualidad la pintura de Diego Rivera (cuyo mural, ejecutado in situ en el MOMA, era un lienzo en el se que experimentaba con diversos materiales por parte del marido de Frida Kahlo; o los más elaborados de Germán Cueto, Federico Marín, Stanislaw Petrowski y hasta el propio Julio Antonio Mella en tiempos felices, imagen ésta que invierte la variedad cromática propia del blanco y negro o sepia al color artesanalmente conseguido). Se alternan a estos retratos sus dos primeros bodegones de claras y nada aviesas intenciones: el primero Marioneta de yanqui y policía quizás suponga la renegación constatable a los Estados Unidos como país que ya conoce; la segunda, Hoz, bandolera y guitarra tal vez quiera ya relacionar todo intento artístico con la lucha de clases social, una lucha que tal vez le recordara su pasado italiano.

Rosas (1924)

Impresas en platino, asistimos más tarde al visionado de cuatro fotos más vanguardistas, como son Rosas, Experimentos con vasos y formas relacionadas o Cala donde se representa algo parecido a un tulipán común con unos tonos que empiezan a ser reconocibles en ella, que alternan con un retrato más convencional, pero del todo oportuno, el de Vladimir Maiakovski, mentor del constructivismo ruso, uno de los movimientos más importantes que fructificó en el mundo a raíz de Bretón.

Con un encuadre cuidado y temática mucho más social, destacan Manos descansando sobre una pala, Campesinos leyendo El Machete, Manos de lavandera o Madre e hijo. De esta forma, si la primera, tercera y cuarta, nos someten a la inevitable y dura realidad del trabajo en Centroamérica, la segunda busca la reivindicación menos sosegada sobre esta realidad que quema los corazones del mundo.

Pero si algo fue Modotti en esta etapa es reivindicativa con respecto a los derechos de la mujer, y así lo atestiguan Apartando la vista con cesto, de 1929, Madre india amamantando a su bebé, Joven mujer con pendientes, Madre y bebé en Tehuantepec donde sugiere a través de la desnudez de un niño toda una violencia latente. También destacan Mujer con bandera y Estudio de Lupe Martín, una pintora de la que, como ocurre con Rivera, quiso apropiarse de su espíritu a partir de sucesivas fotos a sus murales y trabajos.

Continúan de un modo más caótico los retratos a Lola López Cueto, Jean Charlot, Dolores del Río, la inquietante Ione Robinson, o la tan parecida en su pose a la chilena Violeta Parra, Concha Michel tocando la guitarra.

También debemos destacar la importancia de otros bodegones, como lo son Naturaleza muerta, Lirio y capullo a vueltas con lo experimental o Pulquería y muñecos en el escenario que refleja la importancia del trabajo artesanal con títeres de trapo de la autora, algo que ya venía realizando en Marioneta y que la entronca de un modo secreto y casi genético con la comedia dell’arte italiana.

Existen por otro lado otras imágenes más paisajísticas donde Tina trata de encontrar sentidos ocultos a objetos cotidianos; ejemplos de ello son Cables telefónicos, Tanque número 1 que recuerda desde su peculiar punto de vista al mito de Sísifo o Convento de Tepoztlan.

modottimanos

Recomendamos igualmente no marchar sin ver los cuatro retratos conseguidos por Emile Gsell y su mentor Weston, de la propia Modotti, imágenes cercanas y lejanas a un tiempo, destacando sobre todo una en que la vemos semidesnuda tapada por un velo y otra en la que luce unos atractivos vestido, gorro y, sobre todo, una bellísima sonrisa.

Mujer guapa por fuera y por dentro, la Modotti va llenando la sala conforme unos y otros la descubrimos casi sin querer.