Todo el universo femenino. Ser mujer, dentro y fuera del manga

shojo nodame cantabile

En el Imperio del Sol Naciente, donde el movimiento feminista está retrasado con respecto a su homólogo occidental, la ficción representa una importante válvula de escape, así como un espacio de reconocimiento e identificación. Shôjo es el nombre que recibe el segmento de publicaciones dedicadas al público femenino, que suelen ser periódicas y que acompañan las historias ilustradas con una miscelánea de artículos y reportajes. Cumplen la función de nuestras revistas juveniles.

Es una osadía decirlo pero en ninguna forma artística, época o cultura ha tenido tanto protagonismo la mujer –en su triple faceta de creadora, protagonista y receptora- como en el manga. Su enorme éxito, la presencia de interesantes creadoras, y la vitalidad de la producción, marcan la gran diferencia con el cómic femenino de Europa o los Estados Unidos.

Shôjo no es un género, sino la categoría bajo la que se identifica un segmento de potenciales consumidores: mujeres jóvenes, y por extensión todo lo editado para ellas. Surge tímidamente en la preguerra con historietas recatadas y lacrimógenas, algunas de ellas compuestas por el gran precursor, Osamu Tezuka. Alza el vuelo durante las décadas de los 40 y los 50, cuando las mujeres creadoras toman el relevo y el target al que iban destinadas originalmente sus ilustraciones se desborda hacia el nicho adolescente, pues veremos que una de las más notables características del manga es que se ha ido consolidando sobre las diferentes generaciones de la postguerra y evolucionando con ellas.

Con el boom de los 70 shôjo se lanza con avidez sobre todas las materias y todos los géneros, deportes, humor, ciencia ficción -siendo favoritos los de terror o misterio- y llega a adentrarse, con algunas creadoras como Moto Hagio y Yumiko Oshine, en el mundo interior y el flujo de conciencia, elaborando unas ficciones más abstractas y minimalistas que las destinadas al mundo masculino, prueba de la distinta sensibilidad con las que son consumidas y compuestas. El boys love, la temática de relaciones románticas entre varones, a la que hemos dedicado un artículo, no es -con su gran vitalidad- más que uno de los géneros del shôjo, puesto que está destinada a un público femenino. Publicaciones como Ciao, Ribon o Nakayoshi rompieron esquemas entre las estudiantes preuniversitarias, en las postrimerías del siglo, incluyendo en sus páginas –además de los dibujos- artículos sobre moda, cosmética, joyería, tratamientos estéticos, crónicas mundanas o fotografías de hot guys.

shojo private princeEs curiosa cierta capilaridad de públicos, puesto que está probado que muchos chicos se aficionan a revistas shôjo, quizás intentando comprender de esa manera el enigmático universo femenino, mientras que semanales eminentemente masculinos como Week Shonen Jump tienen entre sus compradoras un gran número de muchachas.

En los años 70 las mujeres de toda una generación que creció con el manga se habían convertido en adultas y exigían más ficción y más madera con la que alimentar el fuego de sus frustraciones y sus fantasmas. Surge una emergente categoría –josei– identificada principalmente con oficinistas treintañeras y amas de casa. Las tramas para josei son realistas, rompen con la vida de aquellas adolescentes fantasiosas y suelen desarrollarse en ambientes laborales o familiares, que se animan ocasionalmente con relaciones amorosas picantes, inconvenientes y prohibidas, en una proyección psicológica notable, tolerada sobre el papel. Se caracterizan por un contenido variado, trufado de sexo y fantasías eróticas, aunque es muy poco lo publicado para josei fuera de Japón.

Algunos argumentos incluyen relaciones románticas e idealizadas entre mujeres, cuyos esquemas se diferencian absolutamente de los más explícitos del yuri -el manga lésbico, cuyo nacimiento va muy unido a los movimientos feministas y a las experimentaciones anímicas de los 70- y que a su vez presenta características distantes a las de las historias lésbicas del hentai, destinadas exclusivamente al consumo masculino. Encontramos por lo tanto tres tipos diferentes de  vinculación entre féminas, que se diferencian por el grado de sensibilidad con el que se tratan, la explicitud con la que se muestran, y la carga –subversiva, perversa o culpable- que las animan.

La frontera entre shôjo y josei es lábil y no está marcada tanto por la crudeza con la que se retratan las relaciones sexuales, cuanto por la carga de realismo o la reflexión sociológica que propone, tanto es así que algunos editores funden ambas categorías en una misma. Hay relatos de contenido sexual destinados a chicas muy jóvenes, los denominados teens love, pero las mujeres requieren asuntos más maduros donde incluir esa chispa de genitalidad.

Estas publicaciones cubren posiblemente carencias en la educación sentimental de las adolescentes, que se acercan al sexo a través de canales como internet –también en Europa- pero que ignoran la profundidad de la intimidad amorosa. En una cultura en la que la demostración de las emociones es inconveniente conocen a menudo la mecánica, pero no los detalles de una relación romántica, y pueden acercarse a ella en la ficción de una manera instructiva y lúdica, aprendiendo a desear, amar y disfrutar; levantando el velo sobre uno de los tabúes occidentales, la expresión del deseo de la mujer.

shojo nana

La estética shôjo es fácilmente reconocible, destaca por la idealización en la representación femenina, por el tamaño de los ojos de sus personajes y el tratamiento dado a las pupilas, frecuentemente chispeantes o estrelladas; estas variaciones vienen de la influencia de la pintura lírica jojôba, la recepción del art nouveau en Oriente y el impacto del cómic americano. La convención de los ojos grandes dota a los personajes de una expresividad tierna e infantil y es el vehículo perfecto para la transmisión de las emociones en un proceso neoténico en el que se pretende implicar a las lectoras. Destacan también los aspectos formales de la composición narrativa, como el recurso a los primeros planos, la estructuración de las viñetas en patchwork y la manipulación del tiempo y el espacio en el desarrollo de la trama para crear una atmósfera psicológica apropiada.

La producción shôjo bascula entre la presentación de heroínas pasivas y estereotipadas que solo existen en función del hombre, y una función catártica, simbólica, que cumple en muchos casos con la misma misión que la de nuestros cuentos de hadas, donde la adolescente proyecta sus anhelos más profundos de alterar el orden establecido.

Son decisivas para entender shôjo historias como Princess Saphire, de Osamu Tezuka; La rosa de Versalles, de Ryoko Ikeda, fijó las convenciones y juega con la ambigüedad de su protagonista en una trama ambientada en la Francia de Maria Antonieta; en Fire! de Hideko Mizuno aparecen por primera vez relaciones sexuales explícitas.

El mercado editorial en español evita cuidadosamente toda transgresión, se excluye lo manifiesto, y casi todo lo publicado se centra en aventuras de instituto –Profe sensual– así como magia –Tsubasa Reservoir Chronicle, Holic Clamp-, conspiraciones vampíricas –Triniti Blood, Caballero vampiro-; o folletines fantásticos como Private Prince o Sailor Moon. Nodame Cantabile se desarrolla en una armonía musical, mientras que los protagonistas de Marmalade Boy vivirán una relación que se hará complicada por su entorno.

En josei, Nana con más de veintidós millones de copias vendidas, cuenta los romances de dos chicas antagónicas que comparten nombre, su creadora es Ai Yazawa, que también es responsable de Paradise Kiss, ambientado en el mundo de la moda. Disponible en español, Eres mi mascota transgrede al retratar a la dominante Sumire, que adopta un chico mucho más joven que ella como talismán. Milk Morizono es la más reconocida dibujante de manga erótico para mujeres, historias porno chic con títulos tan reveladores como Bondage Fantasy, Slave to Love, o Desire. Ejemplos -nada más- de entre un océano de lecturas.

shojo ooku
EL PABELLÓN DE LOS HOMBRES

A consecuencia de una epidemia devastadora que solo ha afectado a los hombres jóvenes, en el Japón del periodo Tokugawa, la población masculina ha quedado reducida a una cuarta parte, y las mujeres han tomado en sus manos todos los resortes del poder. Los hombres se han convertido en un artículo de lujo, necesarios para la reproducción, pero también para el disfrute de la titular del shogunato, que mantiene encerrados en un harén a los ochocientos jóvenes más hermosos de la nación, constituidos en un nido de intrigas y de traiciones.

Fumi Yoshinaga reflexiona en El pabellón de los hombres sobre la prolongación de las estructuras intelectuales, psicológicas y sociales en una civilización dominada por mujeres, donde los varones están apartados de la producción y de la guerra. Una ucronía minuciosamente ambientada, que analiza, más allá de las tramas de cada capítulo, la concepción patriarcal del mundo, en una reflexión que se puede trasponer fácilmente al presente.

Aclamado por la crítica y acreedor de los más importantes premios de manga, tanto en Japón como en América, Ooku –su título original- tiene resonancias de Turandot y de la obra maestra de la literatura china, Sueño en el pabellón rojo. Los estudiosos destacan la refinada creación de su atmósfera, en especial el cuidadoso diseño del vestuario, así como la verosimilitud de un relato de “lo que podía haber sido”, en una investigación notable sobre las fronteras del género.