Tormenta de uno. Poemas

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Tormenta de uno. Poemas (Madrid, Visor, 2009) no es una novedad editorial, pero quien escribió estos poemas, Mark Strand, falleció el pasado 29 de noviembre en Nueva York, donde pasaba los otoños desde que se trasladó a vivir a Madrid hace unos años. La enorme potencia lírica de la obra que nos deja merece que se traiga hoy a la memoria de los lectores, hoy, que del poeta ya sólo queda la palabra escrita.

El poemario, publicado en 1998, recibió el Pulitzer al año siguiente y la crítica suele considerarlo como uno de los libros capitales del minimalismo lírico norteamericano. Etiquetas aparte, Tormenta de uno es un canto maravilloso a la conciencia de que “nuestra obra maestra es la vida privada”. El individualismo norteamericano que cantó Walt Whitman por vez primera con su retórica de la libertad del “uno”, tenía hasta hace unas semanas en Mark Strand su más depurado cantor. Desde la mirada interior al transcurso de la vida cotidiana, desde la identificación con el paisaje, con los aromas de la comida, con la arquitectura de las ciudades y los hoteles de playa surge el pensamiento de la metafísica de lo mínimo. La hondura magistral de la mirada de Strand desvela el sentido trascendente de los actos más banales, enseñándonos a ver con nueva luz la importancia de tener conciencia de cada minuto de nuestra vida para entender nuestro lugar en el mundo de los otros. A partir de ahí, la lección del poeta es clara: “¿cómo / podría yo / no ser sólo yo mismo, este sueño de la carne, sin tardanza?” Así, la poesía es no sólo una escritura para plasmar lo que se ve, lo que se siente, lo que pasa, sino también para nacernos el “yo” en el poema. Esa es la propuesta estética de una de las aventuras poéticas más estimables de la poesía norteamericana post-beatnicks. Naturalmente, no se trata de una escritura de la pasión arrebatada, ni de la histeria romántica, es otra cosa, una intensidad de lo sencillo, a veces nostálgica, en ocasiones perpleja, casi siempre celebratoria, que empapa esa poética contenida, brillando como un leño al rojo que arde sin llama pero nos da calor.

Incluso en los momentos más oscuros, en el recuerdo del amigo que ya no está, como ya no está para nosotros la presencia viva de Mark Strand, incluso entonces, nos dice, “… Lo que queda del yo se / despliega / más allá de nosotros, para quienes el tiempo es sólo una / medida del mientras tanto…”. Pocas veces se ha pensado con más acierto la importancia de ser uno mismo, a pesar del correr del tiempo, a pesar de la muerte, ese gran tema de la poesía lírica, según dijo Strand en alguna ocasión.

La excelente edición bilingüe de Visor, al cuidado de Dámaso López García, que nos ofrece cuidadísimas versiones de los poemas y una introducción precisa y sugerente a la obra de Mark Strand, merece este recuerdo en honor del poeta nacido en la Isla del Príncipe Eduardo (Canadá), profesor en distintas universidades norteamericanas y excelente traductor al inglés de, por ejemplo, la poesía de Rafael Alberti. Volverse poeta, título de una de sus conferencias, fue su idea de vida privada y, por eso, quizá fue su obra maestra, pero sospecho que lo que nos ha dejado escrito es igualmente magistral y tan irrepetible como la vida de cada uno de nosotros.

Calificación: Hito.
Tipo de lectura: Minimalismo apasionado.
Tipo de lector: El que busca lo que no volverá.
¿Dónde puede leerse?: En espacios abiertos.