Un belvedere y vistas al mar

2013_6_25_DNC2wjlqmY2GI8hBiJCV13
Este libro no es una, sino dos joyas, y hace un año que salió sin ser notado. Un belvedere y vistas al mar (Granada, Diputación de Granada, Colección Genil de Literatura, 2013), atribuido en la carátula al pintor, dibujante y diseñador gráfico granadino Claudio Sánchez Muros, es una auténtica rareza al alcance de cualquier bolsillo. Se trata de una edición facsimilar que la Diputación de Granada ha sacado a la luz en homenaje al que fuera uno de los maestros del diseño gráfico de nuestro país, fallecido en 2010.

Ligado a la escritura poética desde sus colaboraciones con el grupo Poesía 70 hace más de cuarenta años, la escritura experimental y visualista fue una de las semillas de su concepción plástica y en Un belvedere y vistas al mar retorna Sánchez Muros a la relación entre discurso poético y discurso plástico. Por aquí se anda lo de las dos joyas, me explico: a comienzos de la década de 1990 el poeta Antonio Carvajal regaló al pintor un ejemplar de Extravagante jerarquía, libro en el que se recogían todos los poemarios que Carvajal había editado desde1968, cuando irrumpe en el panorama literario español con el excepcional Tigres en el jardín, hasta 1981 en que dio a publicación Sitio de Ballesteros. El pintor tomará el libro como cuaderno de dibujo y a lo largo de los años mantendrá un diálogo creativo con los poemas, iluminando las páginas de esa delicia para la inteligencia que es Extravagante jerarquía. No se trata de ilustraciones que más o menos pudieran representar gráficamente esta o aquella anécdota, sino de una obra convergente: los poemas incitan a la creación plástica de Sánchez Muros, que se derrama a capricho por la página. Casi siempre respeta el grafista el texto del poema, pero como no es el libro sino una provocación a su propio discurso plástico, a veces el poema es una mancha más, como en la página que recoge las tres últimas estrofas del Preludio a Casi una fantasía (impresionante y musical poemario de 1963, probablemente una de las varias cimas de la escritura lírica de Antonio Carvajal); aquí el colorido de la imagen casi borra los cuartetos, que traslucen ahora como en un palimpsesto. El collage, el lápiz de color, la tinta china, la acuarela se mezclan en esta escritura plástica donde abunda la letra y el número manuscritos o tipografiados. De ahí ese recuerdo a lo que fue en la década de 1970 la explosión experimentadora de la poesía visual, en la que tuvo su cuota Sánchez Muros. Si entonces fue la ingenuidad la que impulsaba la aventura artística, en este Belvedere es una madurez plena y frondosa, con la misma exuberancia de los poemas de Carvajal, heredero directo del mejor Barroco andaluz y dueño de una de las escrituras más fascinantes que hoy puedan leerse en lengua castellana.

Un tratado de belleza, de ingenio, de creación pura, donde el postmodernismo lo es porque asume la modernidad junto a la tradición viva del pasado, un goce sin fin para los ojos y luz que no se apaga para la inteligencia sensible. A la increíble variedad de tonos y motivos de la obra gráfica de Sánchez Muros, hay que añadir el hecho de que hace años que no se consigue en librerías la Extravagante jerarquía de Carvajal, así que no hay mejor manera de hacerse con ella que esta edición del cuaderno de Claudio Sánchez Muros, pues se reproducen hasta la portada y la contraportada originales de la edición de 1981 (Madrid, Hiperión).

El Premio Nacional de Poesía de 2012 que obtuviera Carvajal por Un girasol flotante (Oviedo, KRK Ediciones, 2011) no hizo mella en su modestia ni agostó su generosidad: su nombre no aparece en la portada como responsable del libro; sólo Claudio Sánchez Muros es nominado aquí como autor y de título únicamente se ofrece el que él mismo le diera a la obra gráfica que se abraza al poemario, Un belvedere y vistas al mar. Sin embargo, dos son las joyas que se le dan al lector.

El volumen cuenta con una magnífica introducción del también pintor y también granadino Ricardo García que esclarece la relación semántica entre los motivos poemáticos y plásticos. Una interpretación valiosa para iniciarse a leer doblemente con los ojos un libro que es casi un universo, casi imposible de agotar por el viajero.

Calificación: Una maravilla.
Tipo de lectura: Fascinadora.
Tipo de lector: El que navega hacia la isla del tesoro.
Dónde puede leerse: En cualquier lugar recogido, pero a la luz de una lámpara modernista.