Un Óscar para Lennon

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Vivir es fácil con los ojos cerrados aspira a convertirse en la mejor película de habla no inglesa en la próxima edición de los Óscar. Si lo obtuviera, de alguna manera sería un premio para la memoria de un John Lennon que es el protagonista elíptico de la cinta de David Trueba, y también para su pacifismo militante.

Algunos imprescindibles de la historia del rock, como Bob Dylan, Bruce Springsteen o Phil Collins tienen un Óscar en sus vitrinas, como reconocimiento a sus aportaciones musicales a grandes producciones cinematográficas, o a otras que no lo habrían sido tanto de no contar precisamente con su música. Probablemente, John Lennon también lo habría obtenido si hubiera podido componer unos años más. O si canciones como Instant Karma o Working class hero hubieran sido concebidas como tema principal de una banda sonora. Pero el caso es que la academia norteamericana de cine nunca pudo darse a sí misma el homenaje de entregar su mayor premio a toda una leyenda de la música como Lennon, ya que el que consiguió el tema Let it be, en la categoría de mejor adaptación musical, y aunque acreditado en su composición como Lennon/McCartney, sólo fue recogido por Paul, quien era su verdadero compositor.

Lennon también flirteó con el cine, y no sólo con las películas protagonizadas por The Beatles, sino que Richard Lester, el mismo director de A hard day’s night (1964) y Help! (1965) le propuso participar como actor en una comedia negra ambientada en la Segunda Guerra Mundial. How I won the war contaba la historia de un caricaturesco pelotón británico de ‘mosqueteros’ que tenía como una de las principales misiones encomendadas por el alto mando la de la construcción de un campo de cricket a cien kilómetros de las líneas enemigas en Túnez. La película tuvo un recorrido comercial corto, ya que el único interés que suscitaba en el público era, precisamente, la aparición del Beatle. Tampoco la crítica trató bien a un film de narración excesivamente parsimoniosa, en el que los exteriores tienen un sobredimensionado protagonismo, con unos actores que entran en plano como si estuvieran sobre las tablas de un teatro y al que le cuesta provocar la hilaridad desde el absurdo planteamiento de la novela del periodista Patrick Ryan, en la que se basa la película. El libro, que tampoco obtuvo el éxito esperado, pretendía ser al igual que la película, un manifiesto antibelicista sustentado en las situaciones ridículas que se producen en el entorno de los campos de batalla. Tal vez, el ambiente contrario a una guerra ridícula durante seis semanas de rodaje en el Desierto de Tabernas hizo germinar en un Lennon que acababa de cumplir 26 años un germen pacifista que floreció definitivamente dos años después, durante su luna de miel con Yoko Ono, en la que firmaron el famoso episodio de su encamada por la paz en la suite presidencial del Amsterdam Hilton.

Pero al margen de la escasa calidad cinematográfica de la cinta, la participación de John Lennon supuso grandes beneficios para los seguidores de The Beatles, e incluso en términos económicos para la banda. En primer lugar porque durante su estancia en Almería para el rodaje, el músico alquiló una casa cuya cerca exterior le recordaba a la de la parcela del barrio de Woolton en la que jugaba a menudo a pesar de la prohibición de su tía. La teoría, apoyada apasionadamente por los fans almerienses de The Beatles, cuenta que en esa casa encontró la inspiración para componer Strawberry Fields Forever, una de las cien mejores canciones de la historia, según Rolling Stone. También se dice que en ese mismo lugar, entre los muros de la extraña mansión, se grabó la primera maqueta del tema, con una guitarra española y un magnetófono doméstico. La atmósfera húmeda y densa del jardín de la residencia del Ejército de Salvación, escenario de los juegos de un Lennon huérfano y preadolescente, está presente en los versos oscuros, crípticos, trágicos de una canción incomprensible sin una guía de escucha.

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También destaca de la cinta la interpretación del célebre cómico británico Roy Kinnear, que no tuvo sin embargo guión sobre el que desplegar su talento, y los registros vocales de Lennon, que musicalizaba sus frases con las mismas tesituras con las que cantaba las composiciones de The Beatles: desde los graves vibrantes y metálicos que le dejaban casi afónico  hasta los agudos histriónicos. Por otra parte, a la película dirigida por Lester, que más tarde firmaría la segunda y tercera secuela de Superman, le debe la iconografía del siglo XX uno de sus más reconocibles símbolos: las gafas redondas de Lennon, que usó por primera vez como parte de la caracterización del soldado Gripweed, su personaje en la historia, y que llevaría hasta su asesinato en 1980.

En 2013. Gripweed y Lennon resucitaron para el cine. Lo hicieron de la mano de David Trueba, que rescató una historia real para convertirla en un hermoso homenaje a los maestros de escuela comprometidos, en la película que tomaba su título de uno de los versos de Strawberry Fields Forever. Lennon vuelve a la carrera de los Óscar, pero no como compositor de bandas sonoras, ni como actor, sino como protagonista de una historia relacionada, precisamente, con la película que rodó en el momento en el que incluso pensaba en dejar la banda y dedicarse al cine, y en el que sin embargo escribió uno de los temas imprescindibles de su carrera.

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Vivir es fácil con los ojos cerrados aspira a llevar a David Trueba a la alfombra roja en Los Ángeles el próximo 22 de febrero, pero antes, la academia hará dos cribas de las que saldrán los cinco finalistas un mes antes de la entrega. Al menos tres veladas de nervios esperan por tanto al equipo de producción de la cinta española, hasta que escuchen el tópico «and the winner is». Si la película rodada en los mismos escenarios en los que Lester filmó How I won the war, con banda sonora del mismísimo Path Metheny, se hace con el premio de la Academia, será también de alguna forma uno de esos célebres ajustes de cuentas con el talento a los que acostumbra la casa grande del cine norteamericano con sus Óscar honoríficos. Como si el propio John Lennon acudiera a recogerlo en un paseo etéreo por entre las filas de butacas. Melenudo. Con gafas redondas. Vestido del blanco de la paz. Dibujando con los dedos el símbolo de la victoria, que es el mismo que el de la paz.

@oscar_gomez