Una herencia macabra

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Una mujer de raza negra publica un libro con sus reflexiones tras conocer que su abuelo fue Amon Goeth, el oficial del campo de concentración nazi que aparece en ‘La lista de Schindler’.

Un oficial nazi descamisado se asoma al balcón de su residencia en un campo de concentración con un rifle de caza al hombro. Desde la balaustrada, su visión a través de la mira telescópica domina las calles terrizas que separan los barracones en los que los presos judíos dormían hacinados hasta hacía unos minutos. Apoya sobre el quicio el cigarrillo que fuma en ese instante, para dedicar toda su atención al arma de fuego. Dispara. Una nube de polvo se levanta detrás de una mujer que se desploma sobre su costado, con la cabeza abierta por un balazo certero. Objetivo inmóvil, indefenso. Una ejecución sencilla para un cazador experimentado. El criminal busca otro blanco, esta vez en movimiento, más lejano y parcialmente cubierto por uno de los barracones… Fuego. Otro cadáver sobre la tierra encharcada de sangre limpia, inocente. Pasos apresurados, temerosos, en medio de un silencio de angustia se acercan al cadáver que escupe sangre por sus heridas frescas…

Antes de ser una escena recreada por Spielberg en La lista de Schindler, la cruel escena formó parte de la colección de atrocidades que firmaron los oficiales fieles a la locura de Hitler que participaron en el holocausto judío. Amon Goeth existió antes de que Ralph Fiennes le encarnara en una de las películas que ha retratado con mayor precisión la barbarie nazi, a decir de quienes la sufrieron.

Pero esta no es la historia de Schindler, ni la de Goeth, sino la de Jennifer Teege, una ciudadana alemana que contaba con 23 años cuando fue al cine en Tel Aviv, su ciudad de residencia entonces, para enfrentarse a la dureza de la escena en la que el comandante del campo de concentración de Plaszow, en la Polonia ocupada, se entretenía jugando al tiro al blanco con los prisioneros.

Jennifer nunca pudo imaginar que aquel ser por quien sentía tanta repulsión, debida a la constancia de que la cinta de Spielberg refleja realidades fieles a la brutalidad con la que eran tratados los confinados en los campos de exterminio, se vería matizada con el paso del tiempo, cuando descubriera por casualidad que aquel monstruo que enviaba almas humanas a otro mundo como divertimento después de la siesta fue su propio abuelo.

Teege, que fue abandonada cuando solo contaba con un año de edad, descubrió su verdadero origen gracias a un escrito que su propia madre había dejado. Leyéndolo, descubrió que Goeth había tenido un hijo ilegítimo con una secretaria de la Wermacht a la que por otra caprichosa vuelta del destino le había presentado el propio Oskar Schindler, el héroe que puso en peligro su propia vida y que condenó su fortuna a la salvación de millares de ciudadanos judíos.

Monika, la hija de Goeth, tendría años más tarde una relación fugaz con un hombre de origen nigeriano, de la que finalmente nació la verdadera protagonista de esta historia, en su condición de heredera de un sádico linaje.

El descubrimiento sumió a Jennifer en un conflicto interior para el que tuvo que solicitar la ayuda de un profesional de la psicología, que le confesó que era uno de los casos más difíciles a los que se había enfrentado a lo largo de su carrera. Para catalizar el dolor, la incomprensión, la ira hacia su propia sangre, decidió entonces investigar la vida de su abuelo, y publicar un libro que apareció en 2013 en Alemania bajo el título de Amon, el nombre de pila de su abuelo.

También visitó Plaszow, el campo de exterminio construido sobre un cementerio judío al sur de Cracovia en el que Goeth fue el responsable directo de la muerte de más de ocho mil personas. Probablemente derramó una lágrima por cada una de las víctimas… probablemente lloró su inocencia, y mirando el balcón desde el que su abuelo disparaba a los prisioneros llegó a una conclusión, que se convertirá el próximo mes de abril en el título de la traducción al inglés de su libro: Mi abuelo me hubiera disparado.