Una torre de Babel, un Big Bang y el Quijote

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Con motivo de la celebración de los cuatrocientos años de la publicación de la segunda parte del Quijote, el Instituto Cervantes ofrece, hasta el 4 de octubre, una exposición al público que propone a la obra como un viaje, homenajea a los traductores y muestra al Quijote traducido no sólo a otras variables lingüísticas, lenguas o dialectos, sino también al lenguaje cinematográfico, al de las ilustraciones, e incluso a las adaptaciones infantiles y juveniles.

Este cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote vino impregnado de la idea de traducción y comprendió la imposibilidad de homenajear la obra si no es a través de su condición de “obra más traducida después de la Biblia”. La Biblioteca Nacional (BNE) anunció el julio pasado que lanzó un portal con acceso a 3.300 ediciones del Quijote en más de cuarenta lenguas diferentes. El Instituto Cervantes, por su parte, acoge la exposición “Quijotes por el mundo” en la que se puede ver la obra adaptada al cine, escuchar un fragmento en diferentes idiomas y observar las tantas ediciones y traducciones que tuvieron lugar a lo largo de los siglos. No falta la posibilidad de admirar las ilustraciones que tradujeron al Quijote en imágenes (desde Doré hasta Rep, pasando por Dalí) ni de contemplar en una gigantografía del mapa mundial en qué siglos y a qué glotónimos ha sido traducida la obra.

David Pérez, diseñador de esta exposición y responsable del diseño y la maquetación del excelente catálogo que la completa, habla con Aladar sobre esta experiencia.
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La exposición “Quijotes por el mundo”, que se organiza con motivo de los cuatrocientos años que se cumplen de la publicación de la segunda parte del Quijote, se propone como un homenaje a los traductores. ¿Por qué se eligió ese enfoque?

El enfoque de la exposición, en cuanto a sus contenidos se refiere, siempre parte del comisario. Él es quien plantea la tesis y el punto de partida. Nuestra labor como diseñadores es la de entender ese enfoque y solucionar su implantación física en un espacio determinado. En mi opinión el enfoque del comisario es interesante y novedoso. Se han hecho multitud de exposiciones sobre el Quijote basadas, casi todas, en la edición. Pero creo que es la primera que se hace basada en la traducción. Teniendo en cuenta que el Quijote es el libro más traducido después de la Biblia, y que la traducción es mucho más que una mera traslación de las mismas palabras a diferentes idiomas, me parece muy acertado el enfoque propuesto por José Manuel Lucía Megías. Como resultado de este trabajo se ha presentado por primera vez una cartografía de las traducciones, en forma de gran “mapa mundi” en el que se recogen los datos obtenidos hasta ahora sobre las traducciones hechas en todo el mundo.

El catálogo de la exposición comienza diciendo: “El Quijote es un libro viajero. Un libro que habla de viajes, de un viaje por tierras manchegas y catalanas, y de un viaje interior. […]. Un viaje que no tiene fin. Ni en la lectura. Ni en la ilustración. Ni en las traducciones”. Y la exposición abre con un gran mapa mundi como mural donde se marcan las traducciones a diferentes glotónimos: cuántas y en qué siglos se realizaron. La idea de viaje está explícita desde el principio. Tú eres el responsable del diseño del mapa… ¿Cómo se sostiene esta idea-eje en el resto de la exposición?

Más que la idea de viaje en sí, como recorrido lineal, la exposición representa una especie de cuaderno de viajes, una recopilación de imágenes, textos, testimonios, fragmentos, detalles… El propio mapa se muestra como una explosión concéntrica de datos y no como un itinerario. Tanto el montaje como el catálogo se han concebido de esta manera; muestran el proceso de investigación del comisario, su recorrido conceptual, la acumulación de datos y de anécdotas. Podría decirse que más que el viaje, lo que mostramos es la consecuencia del viajar. También se podría interpretar como una especie de Gabinete de Curiosidades, en el que el comisario nos muestra todo aquello que él ha encontrado en su viaje particular, en su recorrido por el espacio y, claro, por el tiempo.

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Partiendo de esta idea-eje de viaje en sus múltiples sentidos, ¿cuáles fueron los conceptos que se dispararon para diseñar la exposición?

En este caso el montaje se ha basado en dos ideas básicas: por un lado el concepto de explosión, de Big Bang, representando el efecto que produjeron las primeras traducciones del Quijote; por otro lado, la imagen de acumulación, de Torre de Babel, de voces hablando lo mismo en diferentes idiomas y lenguajes.

El de explosión se evidencia en el mapa en el que se aprecia un obvio epicentro en Europa y una onda expansiva que llega hasta las lejanas tierras de Oriente. También una explosión parece la causante de la gran pira central, en la que cientos de páginas en diferentes idiomas y lenguajes vuelan por el espacio desde el simbólico epicentro. Esta pira, a su vez, representa una gran Torre de Babel invertida en cuya cúspide se encuentra el texto original y, camuflada, la figura de Cervantes. Y esa Torre de Babel también es el eje conceptual del audiovisual en el que se lee un fragmento del Quijote en diferentes idiomas y de manera simultánea.

La exposición ofrece una más que recomendable mediación para el público a cargo de “Pedagogías invisibles”. ¿Cómo funciona esta empresa mediadora y en qué punto le parece que cala y complementa a esta exposición que no estoy segura de que deje de hablar por sí sola?

Yo creo que la magnífica labor de “Pedagogías Invisibles” se basa en la creación de un metalenguaje que añade interés a la exposición. No se trata tanto de explicar lo que hay, que ya se explica por sí mismo, como de añadir puntos de vista alternativos, laterales. Son como una especie de “Pepito Grillo” que nos hace plantearnos preguntas y buscar caminos menos obvios que aquellos que a simple vista pueden percibirse. Una exposición es una suma de fragmentos diferentes y complementarios, y “Pedagogías Invisibles” aporta un valor añadido.

Flota una pregunta bastante perturbadora en el imaginario del mundo de las traducciones del Quijote que sería: ¿cuál es el texto base que se utilizó para las diferentes traducciones de la obra? La respuesta es larga y necesita recorrer las diferentes épocas (separar el siglo XIX en adelante de los siglos anteriores, sobre todo) y las distintas ediciones (en torno a las cuales no faltaron errores y enredos). ¿Le parece que la exposición (no su catálogo, que desde ya lo hace) es capaz de responder a esto de manera satisfactoria?

En la exposición se presta atención a esta y a otras muchas cuestiones. Pero el objetivo de la exposición es que el público, al terminar, tenga más preguntas que respuestas. Creo que una exposición debería ser un generador de inquietudes. No pretendemos que una exposición se convierta en una tesis doctoral. Por el contrario se trata de acercar al público a una temática a través de lo más llamativo, que son los objetos, y en un tiempo limitado. En el guión de la exposición quedan apuntadas las líneas generales de investigación, que luego se desarrollan con un poco más de profundidad en el catálogo.

¿Qué implica ser el diseñador de la exposición y también del catálogo? ¿Cómo se plasma lo mismo en dos soportes tan diferentes como son el libro y el espacio?

En este caso se ha producido la circunstancia, poco habitual, de que el catálogo se ha hecho una vez montada la exposición. En principio iba a ser un pequeño folleto que sirviera de guía, pero al final se ha convertido en una pieza muy completa. Al haber trabajado previamente en el lenguaje expositivo, nos ha resultado más fácil adaptar los conceptos a un lenguaje editorial. Además también me he encargado, junto con Ana Yedros, de la parte de comunicación gráfica de la muestra, por lo que el catálogo contaba ya con una imagen de partida muy definida. Ha sido un trabajo muy interesante y se ha generado con mucha fluidez.