Una vida subterránea

LAURA FREIXAS
Una vida subterránea es el último libro publicado de la escritora catalana Laura Freixas. Se trata de un diario que abarca desde 1991 a 1994. Es decir, ese género tan caracterizado por el presente continuo que siempre está en pasado porque se publica en futuro, es aquí obra de una autora (mujer) de las letras españolas, que como condición para publicar sus diarios había impuesto, junto a otra, que hubiera transcurrido más o menos esta cantidad de años (veinte aproximadamente) para darlo a la luz. La otra condición era no publicarlo íntegramente sino gozar de la libertad de la escritura y la creación en ese presente continuo con la tranquilidad de que en el futuro quitaría lo que le pareciera demasiado íntimo o no quisiera publicar. Y así ha sido; el pasado editado.

Cuando Freixas escribió este diario tenía entre 33 y 35 años y básicamente eran dos sus grandes temas: la escritura y la maternidad. Da mucho juego… «plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro», qué curioso, porque la dedicación de Laura a sus plantas en el diario aparece con frecuencia. Otro: dar a luz un niño, dar a luz un libro. Y los juegos con el verbo «parir»: «esto es un parto» si algo se está volviendo complicado o se está demorando. En estos diarios esos dos temas compactados en uno es ahora la demora: se demora un bebé por dificultades a la hora de quedar embarazada (luego se demora porque siempre se demoran nueve meses); se demora la publicación de una novela porque hasta se demora su corrección (e incluso los amigos que van a dar opinión también se demoran, maldita hora). Y la demora coloca al sujeto (que la padece) en situación de espera, por ende, de imprecisión, de incertidumbre. Sobre estos pilares (como raíces del tema) se construye este diario.

Pero además otra cosa: un personaje (también femenino) titila permanentemente en el diario. Está y no está. Condiciona y no condiciona. Compite y no compite con el propio diario: la psicoanalista. Laura Freixas dice, hay un lenguaje operando, hay un otro que recibe ese discurso: el diario, la psicoanalista. Hay una materia prima de trabajo: la palabra, que es común en ambos trabajos, en el trabajo de análisis y en el trabajo de escritura. ¿Es la escritura y el psicoanálisis curación por (medio de) la palabra? En la demora, en ese tiempo demorado, hay algo que se puede hacer mientras porque se dispone de la materialidad de la palabra: se puede decir. Decir es escribir el diario, evidentemente, pero qué simpático cuando el diario habla de las posibilidades de decir y no decir a la psicoanalista cosas como cuántas veces por semana quiere empezar a ir… (¡qué graciosas, casi woodyallianas, las dificultades del decir a la psi!). Todo es lenguaje, la acción es dicha. El diario no sabe hacer más que decir acciones y nombrar la insatisfacción perpetua, ¡claro!: la incompletud, los fantasmas profesionales y como mujer. La necesidad de ser escritora y madre y el miedo al fracaso en ambos aspectos, sobre todo en el primero. La vida fácil y cómoda en términos económicos y sin embargo la culpa o la incapacidad de hacer de eso una ventaja (y la reiteración de este tema molesta bastante, o molesta mucho más cómo lo trata, con mezcla de culpa y vergüenza pero gozosa al mismo tiempo). Más temas: los otros escritores, quiénes son de su agrado y quién no, dichos algunos con nombre y apellido reales. El consumo cultural. La vida editorial. La vida burguesa. El mandato paterno. La virilidad versus la feminidad. La problemática de toda una generación. Madrid como ciudad ajena (y un poco fea). Tantas, tantas, cosas donde identificar a Freixas, algunas más que en otras.

Es un diario honesto, y no deja de serlo porque esté editado o podado. Es un diario de lo cotidiano y no solo de la pose intelectual a pesar de que aparecen mucho más sus amigos o enemigos escritores que su pareja. Es un diario crítico y reflexivo sobre la literatura española y sobre el propio género del diario probablemente también (sin dudas lo segundo lo es al menos en la «Presentación»), y es prolijo, y literariamente exquisito, refinado y hasta cómplice de una inocencia (aunque también, por supuesto, de una neurosis) al punto de que por momentos dan menos ganas de pensar que el síntoma es gozar de la queja y más ganas de recordar una cita de Ítalo Calvino: «A veces uno se cree incompleto y es simplemente joven». Aunque no sea el diario de una veinteañera (ni ya una vida tan subterránea), creo que igual merece (u ofrece) esa frescura.

Calificación: Prometedor
Tipo de lector: Introspectivo
Tipo de lectura: Introspectiva pero tolerante también con lo ajeno
Argumento: Diarios personales
Personajes: Personas
¿Dónde puede leerse?: De camino al psicoanalista