Universidad: cultura de la cultura

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La universidad, como toda propuesta educativa, siempre debería ser un experimento que conduzca a construir un mundo nuevo, mejor. Pero es su potencial y su capacidad de ser mediadora en la construcción de cultura, lo que la coloca en una posición privilegiada para favorecer el desarrollo humano.

El departamento de Comunicación y Educación de la Universidad Loyola Andalucía viene trabajando desde sus inicios en aspectos tan vitales para la sociedad del siglo XXI como la comunicación positiva, los mass media y el cambio social y la innovación en la enseñanza. Para este joven grupo de investigación, la universidad no tendría razón de ser sin estar al servicio de la cultura, porque la cultura es un elemento esencial de convivencia y sin cultura, la sociedad —y con ello la universidad—, dejarían de ser viables.

José Antonio Muñiz, director del departamento, se remonta a los orígenes de la institución educativa para recalcar su papel como mediadora cultural: Hace ya varios siglos, en una Europa aún inmersa en el Medievo, veía la luz una institución destinada a cambiar el mundo: la universidad. Desde entonces, la misión para la que nació sigue siendo más necesaria que nunca, misión que no es otra, o debiera ser, que el progreso en el bienestar y la transformación social. Para ello, además de velar por la excelencia docente e investigadora, y estar en continua comunicación con la sociedad que le cobija, no puede olvidarse de la promoción de la cultura. En estos tiempos en los que confluyen, cual tormenta perfecta, el utilitarismo excesivo y los recortes financieros públicos y privados, es fácil caer en el error de pensar que la cultura es algo superfluo y prescindible, también en las universidades. Sin embargo, como denuncia el profesor italiano Nuccio Ordine en La utilidad de lo inútil, «la cultura es útil en sí por una razón muy sencilla, porque sin la cultura, que es la esencia del alma tanto de las personas como de los pueblos, solo queda la barbarie».

La profesora Cristina Pulido por su parte, habla de democratizar la cultura a través de la universidad: La relación entre universidades  y sociedad es efectiva cuando promueven la cultura como un derecho humano básico para toda la ciudadanía y  la hacen partícipe de ella.  Las universidades internacionales con mayor prestigio consiguen la participación de personas de diversas culturas, religiones,  orígenes, orientaciones sexuales, así como niveles socioeconómicos y educativos. Abren sus puertas desde el convencimiento de que solo así se puede lograr una mayor riqueza cultural.  En nuestro contexto es necesario estrechar lazos de colaboración entre la sociedad civil y la universidad, promover además de la democratización de los bienes culturales de élite,  la creación y promoción  de nuevos talentos creativos  e iniciativas culturales. Solo así se puede dinamizar una creación cultural constante y viva en nuestras sociedades.

Paula Herrero es doctoranda y actualmente se encuentra de estancia de investigación en Inglaterra. Allí ha podido constatar cómo el concepto de cultura global y el rol de los jóvenes en su desarrollo varía de unas sociedades a otras: El campus de la Universidad de Bournemouth en el sur de Inglaterra es de los estudiantes. Y aunque esto sea una obviedad, hay que explicarla. No hay semana en la que no se celebre un mercadillo, un evento relacionado con la gastronomía o la lectura, una exposición o  una venta de pósters que es la actividad más reciente que he podido disfrutar. Y todos los miércoles son los miércoles creativos donde se concentran las obras de los alumnos en los pasillos, independientemente de la disciplina de la que procedan. Observar la vida que hay en estos espacios y cómo los estudiantes lideran la cultura de la universidad, me produce cierta envidia comparando la situación con España donde, quizás necesitamos crear esta “cultura de la cultura”, dejando hacer a los alumnos y facilitando la promoción y el desarrollo de ésta. ¿Qué mejor aliado podría tener la universidad para el fomento de la cultura, que quienes viven la experiencia de formarse y crecer en ella? El ejemplo de Bournemouth es una visión integradora de los alumnos comprometidos con la vida cultural universitaria, a veces diseñada en exceso más para el personal docente, o siguiendo patrones aburridos y convencionales.

Francisco Cuadrado, músico y docente del departamento de Comunicación y Educación, afirma que como se ha constatado científicamente, actividades como la música, la literatura o el teatro potencian el desarrollo cognitivo, las habilidades comunicativas, la empatía o la autoestima: Nos encontramos en un momento en el que la velocidad a la que se producen muchos de los cambios que sustentan una sociedad genera cada vez más incertidumbre sobre el futuro de la formación universitaria. Muchas de las profesiones a las que se dedicarán nuestros hijos dentro de diez o quince años simplemente aún no se han inventado.  Si queremos formar profesionales que sepan adaptarse a un entorno laboral cada vez más cambiante, más versátiles, y que puedan mantenerse subidos a un tren que va cada vez más rápido, es necesario volver la vista hacia la cultura, y entenderla como el verdadero eje para articular un aprendizaje integral. Se trata de actividades consustanciales al ser humano, que durante siglos han sido la base de la construcción y la definición de las sociedades. Como afirma el periodista Philip Ball, «la música es una parte de lo que somos y de cómo percibimos el mundo». Lo mismo se podría decir de cualquier otra manifestación cultural.

 

Emma Camarero, José Antonio Muñiz, Cristina Pulido, Paula Herrero y Francisco Cuadrado / Departamento de Comunicación y Educación de la Universidad Loyola Andalucía.