Violencia del objeto y residuos de una combustión social

manuel casellas

Reciente ganador de la beca Sevilla es talento, que otorga el Ayuntamiento de Sevilla en colaboración con la Fundación Valentín de Madariaga, Manuel Casellas presenta su primera exposición individual en Sevilla en la galería Weber-Lutgen. Una ocasión excepcional para acercarse al trabajo de uno de los creadores andaluces más interesantes y sorprendentes.

Manuel Casellas es un tipo muy «sevillano» en la mejor acepción del «adjetivo», desprendido de cualquiera de los tópicos que a menudo nos identifican en esta ciudad (excepto de un beticismo que comparte quien suscribe), pero con la cercanía, desparpajo y accesibilidad que también nos define. No es la primera vez que hablamos de arte en torno a un café, pero aun así resulta extraño tratar de entrevistarlo. Son muchas las cosas en Casellas que se apartan del estereotipo, desde su trabajo, desconcertante en el panorama escultórico sevillano, hasta su primer acercamiento al arte y la educación artística, tardía según cánones, aunque quizás por ello madura desde el comienzo.

«Podría acudir al tópico de que mi padre dibujaba mucho, es lo cierto, pero no creo que aquel fuera el origen de nada. Pasé por estudios de todo tipo y siempre me atrajo el dibujo técnico, por el orden, cuidado y limpieza que requiere. Acabé en la facultad de bellas artes de Sevilla, pensando en hacer diseño, pero allí contacte por primera vez con la escultura. Tenía 25 años y las ideas muy claras. Mi acercamiento al arte se produce a través de la materia y mi interés por las formas, siempre he tenido facilidad por el diseño  y quería investigar  desarrollándolo en el espacio, por ello me acerqué muy pronto a la obra de Oteiza y Chillida».

Hemos bromeado alguna vez con que su obra no parece provenir de una ciudad en la que el peso de la imaginería no ha permitido desarrollarse a la escultura con la efervescencia creativa que si permite a la pintura. Puedo  imaginar, sin embargo,  a Manuel, experimentando por primera vez un medio y unos materiales, asumir perfectamente el academicismo, aunque, inevitablemente, terminará marchándose en busca de páramos mas fértiles para el medio escultórico.

Work in progress

«A pesar de que aprecio en su medida la formación académica, de la que retengo cierta metodología a la hora de desarrollar cada proyecto, de extrapolar, por ejemplo, la composición medida en un dibujo hacia una instalación, la tradición escultórica sevillana estaba muy lejos de mis intereses. Cuando tuve la oportunidad de viajar con una beca al País Vasco la aproveché. En Bilbao me enseñaron a no diseñar las piezas, que la escultura debe tener vida y desarrollarse sobre ella misma, ser ajena a uno mismo. Soy minucioso y obsesivo en el trabajo pero mi obra está abierta al acontecimiento. Lo no pensado es lo más interesante y lleva al arte mas allá de la pieza, hacia el proceso, el descubrimiento y una forma de acontecer a través de la creación».

A pesar de su formación cuesta entender que él mismo se defina tan categóricamente como escultor, sus piezas desbordan continuamente nuestra concepción de esta disciplina, aunque al conocerlo ubico mejor esa reivindicación en una necesidad de estar en contacto con la materia, de experimentar el proceso de creación mas allá de ideas y conceptos, ambas inquietudes tienen mucho de labor escultórica.

«Yo provengo de la escultura, es mi formación y mi primera preocupación. Me apasiona la escultura de los años 50 y 60, siento una gran preocupación por el espacio, sus límites y nuestra relación con él. Pero entiendo la escultura es un sentido expandido. Normalmente cuando dices a alguien que eres escultor te pregunta si tallas madera, piedra… o modelas barro. Para mí la escultura es mucho más, más porosa a todo lo que sucede a nuestro alrededor, más versátil posiblemente, capaz de aprovechar, frente a otras disciplinas, cualquier material y técnica proveniente de cualquier campo de conocimiento».

En su muestra en la Galería Weber-Lutgen podemos ver piezas del proyecto Obsolescencia programada. Fotos y vídeos de esculturas que ya no existen. Resulta  perturbadora la dinámica de un escultor que destruye las piezas para mostrarnos solo el registro de esa desaparición.

«La mayoría de las obras de este proyecto están concebidas para que se autoejecuten, se autodestruyan. Algunas necesitan un primer movimiento humano, las electrónicas lo hacen por sí solas. Mi interés en la escultura parte sobretodo de cómo huye de la representación para acercarse a la presentación de las cosas. Me interesa lo que está presente, lo que te habla de tú a tú, mucho más que la ventana pictórica. En las piezas que se autodestruyen presento lo que acontece o lo que aconteció como vía de aproximación a la verdadera experiencia del Arte, que sucede y se va».

Imperfect lovers

Las piezas de Obsolescencia Programada dejan rastros de cristales rotos y fuego, presentan martillos y hachas. Nunca muestran el apagado de las luces, la maquina deja de funcionar de una forma tan premeditada como latentemente agresiva.

«En palabras de Richard Serra  ”el arte solo influye en los demás si consigues cambiar la percepción que tienen. Si hay una rotura formal, entonces se consigue que cambie la percepción y la forma de pensar”. Debe pues replantear cosas y ponerlo todo en duda. Yo no creo que mi trabajo sea mas original o atrevido que el de otros, pero si que tengo que experimentar determinados procesos y poner en entredicho lo asumido. El germen del proyecto Obsolescencia Programada surge tras ver un documental del mismo nombre, que habla de electrodomésticos que nos venden con fecha de caducidad para aumentar el consumismo, mi trabajo parte de esta idea extrapolada a todo, porque todo tiene fecha de defunción. Las sociedades, la burbuja inmobiliaria o nosotros mismos.  No intento hacer una crítica del mercantilismo,  solo constato lo evidente. Es la destrucción como algo implícito en la creación, y claro que puede resultar amenazante.»

Vida y muerte son temas fundamentales, los únicos dicen algunos, pero Casellas consigue bifurcar ese camino, ampliarlo hasta temas sociales de pertinencia actual. Sin dejar de cuestionar los límites de la escultura, Work in progress es una pieza contundente en este sentido.

«Work in progress se inicia con una falsa oferta de empleo, demandando el envío de Curriculums, que posteriormente son recibidos de forma automática por una impresora, sin yo tener acceso a estos en ningún momento, para ser destruidos también automáticamente. Puede resultar una empresa un tanto amoral, al no dejar de manipular sueños o aspiraciones, pero sentía la necesidad de hacerlo y era una forma de concretar de forma definitiva el paso de la representación a la presentación, con una obra que plantea una situación real en el propio espacio expositivo. El resultado es un volumen indefinido de papeles destrozados, un cúmulo tan fidedigno como los millones de parados que forman una masa difícil de concretar visualmente. ¿Cómo imaginas 6 millones de parados? ¿En fila?; son solo un cúmulo de gente, una cifra en un registro. También he pensado en hacer algo con lo que queda de los curriculums, como meterlos en cañones de confeti a repartir en un campo de fútbol…»

Nos reímos juntos, ambos somos aficionados, pero es siniestramente divertida la idea de convertir un anestésico espectáculo de masas en lugar donde celebrar el paro en España. Hablamos de lo difícil de la situación actual y su incidencia en la cultura, hablamos de Sevilla y de una nueva generación de artistas que parecen querer trascender la excelencia pictórica que nos caracteriza en busca de otros medios y lenguajes. Warranty Void  es una exposición que participa de este acontecimiento y promete sorpresa, atrevimiento y honestidad. No soy  tan ingenuo como para pensar en cierto cambio de paradigma para la escultura sevillana, pero les aseguro que podrán ver parte de lo que, tarde o temprano, llegará.

Un camino poco habitual

El reciente y refrescante proyecto Plan Renove regresa, esta vez inmerso en el circuito más oficial a través de la galería Weber-Lutgen, con la primera muestra individual en Sevilla de Manuel Casellas, que recoge obras realizadas durante su residencia en la Fundación Bilbao Arte, junto a otras de reciente creación y que presenta por primera vez.

El trabajo de Casellas discurre en el campo de la escultura, entendida en un sentido amplio que incluye la instalación, la construcción de objetos  y medios paralelos como la fotografía y el vídeo. Su proyecto huye de la representación para ahondar en el carácter concisamente presencial de la escultura, partiendo habitualmente de materiales livianos o de carácter industrial y llegando, a veces, a reducir lo escultórico hasta simple idea de lo que está presente, no solo frente a nosotros, sino en el mundo.

En Work in progress y Obsolescencia programada  encontramos instalaciones que parecen haberse generado por su propia inercia y se desarrollan frente al observador (aunque a veces solo tengamos un registro en video), permitiendo desde una lectura sobre los límites de la escultura  hasta otra diáfanamente social y política, consiguiendo incluso el milagro de  hacer permeable al exterior el propio espacio expositivo.

En Casellas, la escultura recorre caminos inhabituales y se llena de ideas que recogen  otras ideas. Las obras que forman parte de Warranty Void sugieren un juego casi infantil con trastos de todo tipo en la que la creación es indisoluble de la destrucción, una necesidad de elaborar  cosas a partir de la vida y dirigirlas, bajo la mirilla de un fusil, hacia la misma.

WARRANTY VOID
Manuel Casellas
Galería Weber-Lutgen (Sevilla)
19/02-27/03