Visiones de la fascinación

Un viaje a través de las canciones que reflejan el espíritu de las ciudades que visitan sus letras y que evocan sus partituras. Casi 14.000 kilómetros se recorren en esta etapa a desde Panamá hasta Buenos Aires, cruzando el Ecuador de la serie y del planeta. La mitad sur del continente americano despierta pasiones en todo el mundo, como revela la colección de artistas que en esta entrega dedican su trabajo a los territorios latinoamericanos.
Al Norte, el Caribe. Al Sur, el Pacífico.En el horizonte, Colombia y más de treinta minutos de música que recorren todo un continente, hasta la Argentina.
Un canto de besos en una playa de Cartagena de Indias es el primer destino de cumbia y desenfreno. Recibimiento de calor en la América más auténtica. Canción de gente en la calle y de bares donde se ahoga el día.
Desde España llegó la lengua que hoy se habla en el continente y desde España llega la música que describe con percusiones y guitarras eléctricas la Maracaibo venezolana, pintada por las notas como ciudad de retiro y descanso. Desierto de amor donde se juntan selva y mar.
Vistiendo ropas de verano en mitad del invierno, Paul Simon desvela su fascinación por Puerto Rico describiendo un paseo por la ciudad en la que imagina haber nacido. Letanía de niños que crecen tratando de evitar un rumbo marcado por el destino de la calle. Español e inglés se mezclan en los gritos de desesperación, de lucha, afilados por las estridencias de los teclados de la canción.
Fiesta isleña de fascinación en Bridgetown. Un mito como Dizzy Gillespie se deja atrapar también por los ritmos afroamericanos transportados por las mareas al lugar en el que el Atlántico se diluye en el calor del Mar Caribe.Es Carnaval en Barbados, y los coros de las voces negras se convierten en un instrumento más.Contrapunto de tonos a los platos omnipresentes de la batería.
Hasta las playas de Ipanema llega también una voz desgarrada, la de Amy Winehouse, fascinada por una canción que es una bandera y que describe el paseo de una chica hermosa que enamoró a Vinicius de Moraes.
Un latino, de Uruguay, también se deja atrapar por una ciudad latina, la capital boliviana, a la que retrata en una época convulsa que le otorgó un carácter alejado del optimismo y de la luz que ha recuperado volviendo a su esencia sureña.
Hasta el Uruguay de Drexler se llega con el transporte de una de las verdaderas canciones de amor que recopila LeónGieco, y que arranca con una grave sucesión de coros vocales que aportan severidad a lo que se está a punto de exponer:«Cada vez que el mundo mueve su gran corazón toda su inocencia rueda bajo el sol».
El final del trayecto llega con dos nombre icónicos de mujer, que son la misma en el film de 1996:Eva Perón y Madonna.La voz de la norteamericana transporta al viajero por la música hasta el Buenos Aires que dolía a la líder del pueblo argentino. Evita pide a la gente a la que quiere devolver justicia que la esperen cada noche, mirando al cielo.