VIVIR CON UN ICONO

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Charles Eames definió el diseño como un plan que dispone elementos de la mejor manera posible para llegar a un fin específico; una expresión de propósitos que puede, si es lo suficientemente bueno, llegar a ser considerado como arte posteriormente. Desde primeros del siglo XX, mucho del diseño que nos rodea ha sido una expresión de ingenio que dio solución a problemas cotidianos; pequeñas revoluciones en la era industrial que han cambiado, en ocasiones para siempre, nuestra manera de vivir. Siempre que se habla de objetos de diseño nos viene a la mente mobiliario complicado, difícil de entender, elitista, pensado por y para una minoría moderna e intelectual. Entonces, ¿podría ser un vaso de agua un objeto de diseño? ¿Y la cafetera más vendida en el mundo? ¿Y un exprimidor de naranjas? La respuesta es un sí rotundo. Arquitectos, diseñadores e ingenieros crearon piezas que hicieron de nuestros hogares y lugares de trabajo sitios más bellos y cómodos.

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La exposición Vivir con un icono lo ha demostrado en el COAM (Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid). Cincuenta objetos que ya pertenecen al imaginario del siglo XX, expuestos sobre cajas de cartón de embalaje, como si un camión de mudanza acabara de llegar y hubiera que colocarlos en el lugar que corresponde. Porque sí, esto es arte, pero arte al servicio de nuestras necesidades más mundanas; desde sentarnos a trabajar, a echarnos una siesta, fumar un cigarrillo o desayunar un zumo de naranja y un café. Hagamos del mundo un lugar más bello y a la vez útil. Y también ecológico. Convirtamos una bicicleta en una confortable silla, la icónica Wassily de Marcel Breuer. Busquemos soluciones para cualquier espacio, como hizo el gran Lecorbusier; quien, por lo visto, era también muy austero y vivía en una casa de tan sólo 26 metros cuadrados; así que inventó una serie de cajones versátiles que servían tanto para comer, como para sentarse o apoyar los pies. Democraticemos el diseño, así nació el imperio Ikea y uno de sus clásicos, la mesa Lövbacken, que hace poco se ha reeditado. ¿Quién no se ha sentado alguna vez a comer y ha tenido la mala suerte de tener la pata de la mesa en medio de las piernas? Esto puede dar al traste con la mejor comida de todas; así debió pensar Eero Saarinen y así nació la mesa Tulip, con un único pedestal, visualmente perfecta. Sentémonos a desayunar: rara es la casa que no tiene la clásica cafetera italiana o moka, diseñada por Alfonso Bialetti en 1933 e inspirada en una antigua lavadora. Y un zumo natural recién hecho en el exprimidor Juicy Salif de Philippe Starck; una pieza escultórica y emocional, que Starck dijo que más que pensado para exprimir limones, estaba pensado para iniciar conversaciones. Aunque los exprime perfectamente. Tampoco el cine se olvidó de usar piezas de diseño, y sí, fue Kubrick en 2001: Una odisea del Espacio quien se enamoró de alguna de estas piezas, como el sillón Djinn, de Oliver Mourgue, primero en usar espuma de poliuretano.

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Mirando alrededor, uno se da cuenta que vive rodeado de más diseño y belleza de la que cree. Eso tan cotidiano, con lo que uno convive y piensa que siempre estuvo allí, puede ser una gran pieza de diseño industrial del siglo XX, algo que en su momento revolucionó e hizo la vida más fácil. Y si se mira bien, estaremos ante una bella pieza. Sólo hay que estar un poco atentos.