El mundo a través de los ojos de una pandilla de críos...

Este año, Quino ha resultado galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, al considerar el jurado del certamen que en el 50 aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de su creador siguen vigentes a través de la sabia combinación entre la simplicidad en el trazo del dibujo y la profundidad de su pensamiento. Sin duda es esta una magnífica ocasión para recordar a nuestra querida niña porteña. Mi pasión por la lectura comenzó en las ya lejanas noches de verano de mi infancia, cuando con solo cinco o seis años mis padres me permitían apagar la luz a las tantas después de haber permanecido horas y horas enganchada a la lectura de las viñetas de Mortadelo y Filemón, Astérix el galo, Tintín y Mafalda. De ahí pasé pronto a leer las novelas que compraban mis dos hermanas mayores, de las que me separa justo una década; títulos tan variopintos como Nada, de Carmen Laforet, Las corrupciones, de Jesús Torbado, o Carrie, de Stephen King, lecturas absolutamente impropias de mi edad que, no obstante, estimularon mi curiosidad e inocularon en mi ADN, de forma silenciosa y definitiva, el placer por bucear en los libros, eso sí, siempre con la misma falta de método de los primeros años y con la contrapartida de esa gloriosa ausencia de prejuicios que, a la larga, me ha resultado tan enriquecedora. En la adolescencia, a punto estuvieron de alejarme de los libros las lecturas obligadas del colegio, imagino que porque a esas alturas, estaba tan acostumbrada a elegir por mi cuenta que el mero hecho de que alguien me impusiera un título era suficiente para empezarlo de muy mala gana. No obstante, cumplí en su día también con aquellas obligaciones, descubriendo por esta vía...

Cine y religiosos: Las amistades peligrosas Jun03

Cine y religiosos: Las amistades peligrosas...

Las relaciones entre los religiosos y el cine siempre han sido polémicas. Parece que la postura ante la realidad del Papa Francisco atestigua una mayor apertura de miras al respecto. En cualquier caso, siempre han existido películas que, bien referidas a textos sagrados, bien queriendo acercar a la sociedad una nueva forma de pensar y actuar, han cuajado de diferente forma entre el público. Yo confieso, De dioses y hombres y La duda, sirven de ejemplos para analizar brevemente esta relación entre religiosos y cinematografía. Si quisiéramos escribir un artículo sobre cine religioso al uso, ya sería triste tener que recurrir a los clásicos de Cecil B. De Mille, «La túnica sagrada» o «Los diez mandamientos», para hacerlo. Y digo esto no porque uno de sus artífices, Charlton Heston, fuera reconocido miembro de la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos (que también) sino porque, sinceramente, pienso que los filmes que aún se programan a diario durante la Semana Santa en España –por ejemplo, los citados anteriormente- muestran una tolerancia cero con algunas cuestiones que han evolucionado enormemente en la sociedad actual. Esto es algo que quizás provenga de una idea equivocada del mal; ese concepto hoy tan banalizado y extendido que ya no se esconde sino que se enseña y espectaculariza desde el morbo que generan conductas, inspiraciones y hasta esencias consideradas antaño desviadas o criminalizadas. Desde que Alfred Hitchcock filmase «Yo confieso» en 1953, la imagen de la Iglesia en el cine ha evolucionado no siempre a la par que la realidad o que a ciertos sectores reaccionarios de la misma. En este caso, el director británico afincado en Estados Unidos considerado por tantos como mago del suspense, ideó un guión en el que un sacerdote se hace cómplice (por encubrimiento) de...

Poesía en los tres amores de Cardenal...

Óscar Gómez / GRANADA, Nicaragua Cada mes de octubre, cuando la Academia Sueca anuncia el ganador del Premio Nobel de Literatura, la tierra tiembla en Nicaragua con su propia voz interior. No es uno de los sismos en los que manifiesta su energía telúrica la patria de Rubén Darío. Es el nombre vibrante y sonoro de otro de sus poetas, nacido en Granada hace casi noventa años, el que hace estremecerse al istmo, que reclama el máximo galardón de las letras para un Ernesto Cardenal que siempre suena en las quinielas. Cruza el jardín de hotel en el que se realiza la entrevista con la lentitud que el tiempo ha conferido a sus pasos pequeños y sin embargo ágiles, aunque las sandalias no lleguen nunca a levantar del todo de las baldosas de barro cocido. «No hablo sin necesidad. No me gusta hablar. Si puedo estar en silencio, lo prefiero», susurra, dando valor al esfuerzo con el que concede la entrevista. Los saludos respetuosos de quienes franquean su paso en la galería colonial empujan suavemente a Cardenal hacia su destino en un butacón de mimbre: «Poeta, bienvenido», «Buenos días, poeta». Siempre pantalón vaquero amplio, del azul oscuro del Lago Cocibolca que baña la orilla de la ciudad que le vio nacer y el archipiélago de islotes que inspiró una de sus obras más conocidas, El Evangelio de Solentiname. Siempre camisola que confunde su blancura con la de barba larga y la de la melena. Siempre boina negra. Siempre voz que agoniza en un lamento cavernoso e impostado de solemnidad. Siempre ojos pequeños llenos de vida. Siempre habla, y siempre escribe, del amor. De los tres amores que ha conocido en una vida que acaricia el siglo. «Mi primer amor fue cuando yo tenía nueve...

Misántropo: La puerta de atrás queda abierta Jun03

Misántropo: La puerta de atrás queda abierta...

Miguel del Arco se ha convertido en apenas cuatro años, con media docena de montajes, en uno de los renovadores indiscutibles de la escena. Lo hace desde la inteligencia de los textos, la habilidad al adaptar y el saber rodearse de actores eficaces. Todos ellos logran arrancarnos de la realidad para que podamos plantearnos el mundo sin el sometimiento que provoca la cantidad de información descomunal que recibimos a diario. El clásico de Molière, es atravesado por el viento fresco de una versión perfecta, limpia de impurezas, barrida en el sentido de la sociedad contemporánea. Es la clave de una función excelente. Todo es mentira. Las relaciones sociales y el sistema político están envueltos en un halo de falsedad al que denominamos «reglas de juego». Solamente el teatro, con su simulación, puede denunciar esta situación para que averigüemos si queremos cambiarla. Quizás no. Y por eso la crítica se sucede siglo tras siglo. Todos somos hechos presos, más tarde o más temprano, del desencanto y el pesimismo ante una hipocresía que, sin embargo, practicamos. Molière escribió este drama en verso en 1666, profundamente desengañado por un desencuentro amoroso, afectado de enfermedades -reales o imaginarias- que se lo llevarían a la tumba directamente desde el escenario. Miguel del Arco decide hacer suya la obra con una versión que traslada lo que es más decisivo en el texto hasta nuestro siglo XXI, conservando un tono ilustrado para los diálogos que, no obstante, fluyen dichos por los actores. Le añade los conceptos y los matices con los que otros pensadores han complementado las investigaciones del dramaturgo francés sobre la condición humana, a lo largo de trescientos años, elaborando así una especie de digestión del clásico para que el espectador lo pueda recibir y comprender sin interferencias. Será...

Quetzatcóatl

© De la imagen: Óscar Gómez = = = = = = = = = = = = = = = = = Quetzatcóatl Colección Visor de Poesía 69 páginas. 9,50 €. eBook 4,49 € = = = = = = = = = = = = = = = = = Ernesto Cardenal indaga en el mito para explicar lo que tenemos entre manos desde el principio de los días. La tierra tolteca que es la Nicaragua de hoy; los hombres y mujeres que siguen sufriendo la pérdida de Quetzatcóatl desde que el dios los hizo a su imagen y semejanza; la historia escrita por muchos que la interpretaron para fabricar un futuro inesperado por el propio Quetzatcóatl que, seguramente, no regrese jamás a poner orden, o la explicación de la materia prima generadora de vida que sigue siéndolo (ese maíz del que habla el autor y que el dios puso en los labios del primer hombre); son algunos de los materiales con los que el poeta busca explicaciones arrasadas en las viejas conquistas de pueblos extraños. Cada elemento con el que nos encontramos durante nuestra existencia se convierte en motivo de observación. Fue a finales de los años 80 cuando se editó este poemario como homenaje al autor que cumplía sesenta años. Pero la poesía tiene ese carácter eterno que nos hace volver a ella sea cuando sea. Quetzatcóatl es un poemario que se aleja de la métrica ortodoxa, de las formas clásicas del poema. Pero no por ello deja de ser un magnífico libro en busca de respuestas que el poeta ya había realizado anteriormente. Cardenal sabe que si la poesía está ligada a lo más esencial del hombre debe comenzar su búsqueda en ese entramado que teje lo mítico. Ni...