NUEVE RELATOS, “NUEVE”...

Zonas de sombra y secretos inconfesables, pasiones que redimen o esclavizan, familias que arropan o acentúan la soledad, la vergüenza y el miedo. La prosa de Rodrigo Hasbún busca qué es eso que esconden tus amigos, qué ocurrió en la escuela o bajo tus sábanas. Te busca a ti. Por eso perturba, por eso engancha. Según refiere una nota al pie de la página 168 del libro editado por Demipage, en “Nueve” de Rodrigo Hasbún (nacido en Cochabamba, Bolivia, en 1981), se reúnen algunos de los cuentos que ya formaron parte de tres de sus libros anteriores: Carretera y Reunión, que se publicaron originalmente en “Cinco” (2006), Familia, El futuro y Larga distancia, en “Los días más felices” (2011) y La mujer y la niña, Sryacuse, Los nombres y Tanta agua tan lejos de casa, publicados en “Cuatro” (2014). Si tuviera que resumir en una frase mi impresión después de leerlo, diría que “Nueve” es un libro incómodo. Con un título breve –que alude al número de relatos que contiene-, una cubierta eficaz pero vacía, teñida tan solo de rojo cereza y una prosa directa, sin adornos, a veces delicada y en ocasiones infiltrada de cierta sordidez, los personajes de “Nueve” exhiben sus contradicciones con una palmaria falta de pudor; se saben perdidos, frágiles, fallidos, pero aun así se muestran. De una manera imprecisa, todos ellos se parecen entre sí, no porque carezcan de perfiles propios y diferenciados, sino por la enorme potencia de todo aquello que comparten: nostalgias sin resolver, familias que nunca lo fueron del todo, el sexo como único vínculo posible y como intensa desazón, el paso del tiempo y la incertidumbre de sus consecuencias, la conciencia de la muerte. Todo ese inabarcable galimatías al que llamamos humanidad. Por razones diferentes,...

LO QUE NOS CONTÓ VINCENTE SOBRE VINCENT May07

LO QUE NOS CONTÓ VINCENTE SOBRE VINCENT...

El cine de Vincente Minnelli nos deslumbra por la plasticidad, colorido y belleza de sus imágenes. Por eso, resulta particularmente acertado que fuera este realizador quien se ocupara de llevar al cine la vida y obra de su homónimo Vincent Van Gogh. La trágica vida del genial holandés fue rodada en escenarios reales como Auvers-sur-Oise o Arlés. Kirk Douglas, adecuadamente teñido de pelirrojo, se asemejaba tanto al pintor, que algunos habitantes de aquellos lugares se sobresaltaban cuando se lo encontraban. Vincente Minnelli es principalmente recordado por los novedosos e imperecederos musicales que dirigió, como Cita en San Luis, Un americano en París o Gigi. No obstante, su gran talento trascendía los géneros y fueron también esenciales sus aportaciones a la comedia (por ejemplo  Mi desconfiada esposa), al drama (como fue Cautivos del mal) o al melodrama (caso de Como un torrente). “Lust for life” fue el deslumbrante biopic que realizó en 1956 sobre Vincent Van Gogh. No sabemos por qué, en España evitaron la traducción literal del título (“Anhelo de vida”) y recurrieron al desafortunadísimo “El loco del pelo rojo”, lo que podemos imaginar no sería precisamente un estímulo para la venta de entradas. Los antecedentes de Minnelli como diseñador de decorados y vestuarios y luego director de escenarios en el teatro neoyorquino, explican en parte su fama de esteta obsesionado por el aspecto visual de sus películas. Era un maestro en el dominio del color y no lo trabajaba sólo desde la iluminación y la fotografía, sino que cuidaba hasta el último detalle la selección de localizaciones, la dirección artística y el vestuario para que todo realzara los tonos y aportara  textura a las escenas. Por eso, cuando nos viene a la memoria una de sus obras, solemos recordar imágenes de impecable factura en...