UN MUNDO EN CLAROSCURO: DIEZ GRANDES CLÁSICOS DEL CINE NEGRO Sep26

UN MUNDO EN CLAROSCURO: DIEZ GRANDES CLÁSICOS DEL CINE NEGRO...

El cine negro o film noir comparte elementos con otros géneros afines como el de gánsters o el de suspense, pero tiene ciertos rasgos propios. Mediante una fotografía expresionista,  retrata con un tono desencantado a una sociedad que, a raíz de la segunda guerra, vio crecer la delincuencia y difuminarse la línea que separaba los dos lados de la ley. En este artículo, damos unas cuantas pinceladas sobre diez grandes clásicos del género. LAURA (Otto Preminger, 1944) Relata la investigación del asesinato de una bella mujer (Gene Tierney), de cuya imagen idealizada se enamora el policía encargado del caso (Dana Andrews). El director consiguió una conjunción perfecta de forma y contenido. Creó una atmósfera de ensoñación gracias a  una envolvente partitura, al magnético retrato al óleo de la protagonista y a una iluminación llena de matizados contrastes. Estos elementos evocan a Laura de una forma tan obsesionante para el público como para el detective. Fue un milagro que esta obra maestra llegara a buen puerto porque sólo su creador tenía fe en ella. Afortunadamente,  Otto Preminger era tan testarudo como su nombre sugiere y logró hacerse con las riendas del proyecto y plasmar su visión. Uno de sus mayores aciertos fue apostar por el peculiar Clifton Webb para dar vida al mentor de Laura, ya que sus cínicos comentarios y su petulancia aderezan la función. PERDICIÓN (Double indemnity, Billy Wilder, 1944) Un vendedor de seguros se enamora de una mujer casada y juntos traman el asesinato del marido para cobrar su póliza de vida. La historia no es el colmo de la originalidad, pero Wilder supo contarla a su manera, luciéndose en lo que mejor se le daba, el guión. Colaboró a este fin con Raymond Chandler, el rey de la novela negra. Escribieron...

SÓLO DOUGLAS SIRK Y EL CIELO LO SABÍAN Sep13

SÓLO DOUGLAS SIRK Y EL CIELO LO SABÍAN...

El realizador alemán Douglas Sirk fue capaz de captar y de retratar con visión crítica las características de la burguesía norteamericana de los 50. Así lo hizo entre otras en Solo el cielo lo sabe, una de sus grandes películas. Podemos apreciar su legado en obras contemporáneas como Las Horas, Lejos del cielo, Revolutionary Road o Mad men ya sea por la aproximación al tema de la frustrante situación del ama de casa en la postguerra o por el tratamiento estético. En Sólo el cielo lo sabe (All that heaven allows, 1955), una viuda de mediana edad de un barrio residencial norteamericano (Jane Wyman), se ve presionada para asumir una vida solitaria y convencional porque sus hijos y su entorno no toleran que se haya enamorado de un jardinero más joven que ella (Rock Hudson). Por su parte, él es afín a los postulados de Thoreau sobre la conveniencia de una existencia sencilla y en contacto con la naturaleza y trata de animarle a casarse con él y vivir lejos de la ciudad. La protagonista se debate angustiada entre las voluntades de unos y otros sin saber qué hacer, porque no le han educado para adoptar decisiones en las que pueda tener en cuenta sus propias necesidades. Desde la distancia de su Alemania natal, el realizador Douglas Sirk admiraba profundamente los Estados Unidos. No obstante, cuando se vio obligado a emigrar a dicho país huyendo de la persecución nazi dada su condición de judío, acabó llegando a la conclusión de que el sueño americano, sin ser una quimera, se había ido parcialmente resquebrajando. Le resultó duro empezar a trabajar casi de cero en su país de acogida cuando ya era un conocido director en Europa. Pero aunque durante una década sufrió humillaciones y reveses, gracias...

HISTORIA DE UNA MONJA Jul27

HISTORIA DE UNA MONJA...

Antes de Historia de una monja, Audrey Hepburn había dado vida a jóvenes ingenuas, encantadoras y elegantes. En esta película y gracias a la brillante dirección de Fred Zinnemann, demostró que era capaz de bordar un complejo personaje de agitada vida interior. Fred Zinnemann fue uno de los numerosos judíos centroeuropeos de gran talento que aterrizaron en Hollywood en la época dorada. En la obra de este suave pero tenaz austriaco apreciamos que le interesó tratar la resistencia en dos acepciones. Tanto en cuanto fortaleza del individuo que trata de preservar su integridad frente a la presión social o de las instituciones para amoldarle a determinados patrones, como el fenómeno histórico de la Resistencia frente al invasor nazi durante la II Guerra Mundial. En Historia de una monja (The Nun’s Story, 1959) el director aunó ambas temáticas, narrándonos los avatares de una religiosa belga, la hermana Lucas, que en un periodo entre la década de los veinte y los comienzos de la II Guerra, vive entre Bélgica y el Congo Belga. Su vocación por la atención a los enfermos supera con creces su compromiso con los ritos eclesiásticos. Por ello, se debate desesperadamente a lo largo del metraje, tratando de conciliar las exigencias de su conciencia con el voto de obediencia, hasta que dicha lucha culmina cuando debe decidir si permanecer neutral ante la invasión nazi, como le demandan sus superiores, o unirse a la Resistencia. La novela en que se basó la película, inspirada a su vez en una mujer real que finalmente decidió volver a la vida secular, abordaba una cuestión delicada para la década de los 50. La productora Warner Brothers contrató a Zinnemann porque tenía justa fama de tratar con honestidad combinada con diplomacia materiales controvertidos. Así, años antes, había...

DE LA RIVIERA FRANCESA  A LA CAMPIÑA INGLESA Jul03

DE LA RIVIERA FRANCESA A LA CAMPIÑA INGLESA...

La octava mujer de Barba Azul y El pecado de Cluny Brown son dos obras menores de Ernst Lubitsch pero aun así tocadas por la varita de su ingenio. En ellas se aprecia que el realizador alemán contemplaba Europa con una mezcla de añoranza e ironía. La Europa que retrataba Lubitsch brillaba de sofisticación y elegancia pero también padecía un obsoleto clasismo al que el cineasta sabía sacar punta. Frente al viejo continente, mostraba a Norteamérica como un lugar en el que, pese a que la clase y la educación eran bienes escasos, florecían las oportunidades y cualquier individuo con astucia, capacidad de trabajo y ambición podía labrarse un provenir, con independencia de sus orígenes. Dos de las películas consideradas menores del realizador que ponen en evidencia esta contraposición son La octava mujer de Barba Azul (Bluebeard’s eigth wife, 1938) y El pecado de Cluny Brown (Cluny Brown, 1946) En La octava mujer de Barba Azul, Gary Cooper es un multimillonario norteamericano de paso por la Riviera, que se siente atraído por una noble francesa venida a menos, dotada del irrepetible encanto de la gran Claudette Colbert. Ella es la encarnación del chic continental y él es brusco y arrogante pero indiscutiblemente apuesto. La batalla de sexos comienza. En esta ocasión, Lubitsch no fue capaz de mantener el “crescendo” de sus mejores obras y tras una hilarante primera parte, la segunda mitad de la comedia decae. Sin embargo, hay bastantes componentes de esta película que valen la pena. Lo mejor de este divertimento se concentra en la primera escena, en la que la pareja se conoce en una tienda cuando él pretende comprar la camisa de un pijama y ella se conforma con los pantalones. La ocurrencia fue de Billy Wilder, que fue coguionista...

EJEMPLOS DEL TOQUE LUBITSCH, SU HUELLA EN LA COMEDIA  Y ELOGIO FINAL Jul03

EJEMPLOS DEL TOQUE LUBITSCH, SU HUELLA EN LA COMEDIA Y ELOGIO FINAL...

El ingenio de Ernst Lubitsch trascendió su obra y sus recursos humorísticos inspiraron la filmografía tanto de grandes realizadores del cine clásico como Billy Wilder o Preston Sturges como la de cineastas contemporáneos como Woody Allen o Nora Epfron. EJEMPLOS DEL TOQUE LUBITSCH El “toque Lubitsch” tenía distintas manifestaciones, desde la pura metáfora o elipsis visual hasta la reiteración de situaciones absurdas con giros inesperados a medida que se repetían. Era habitual que se remataran con un genial “top the topper”, que significa algo así como “poner la guinda sobre lo mejor”. Consiste en sacar el máximo partido a una situación cómica de forma que, cuando parece que ya se ha acabado, se logra la nota final para provocar la máxima hilaridad del espectador.  En “La octava mujer de Barba Azul”, un millonario caprichoso quiere comprar sólo la parte superior de un pijama y su estrambótica petición genera una divertidísima crisis en la tienda. El dependiente pregunta qué debe hacer al jefe de sección y éste al responsable de la tienda. La culminación final se produce cuando éste llama al dueño. El mismo atiende enfadado al teléfono porque se encontraba durmiendo. Se indigna aun más ante la extraña solicitud y se niega a acceder a la misma. Cuando cuelga el teléfono, la cámara nos permite ver que no lleva los pantalones del pijama… Dados sus comienzos en el cine mudo, Lubitsch empezó dominando el gag visual, que incorporó luego a sus películas sonoras. Dentro de éstas, podemos encontrar  escenas silenciosas cargadas de insinuación, como los planos de puertas cerradas tras las cuales se adivina un encuentro amoroso o se destapa un triángulo. El realizador fue sumando el humor verbal, para acentuar el divertimento. Así, orquestaba escenas en las que lo que veíamos y escuchábamos...

ERNST LUBITSCH: SU TOQUE Y SU OBRA Jun27

ERNST LUBITSCH: SU TOQUE Y SU OBRA...

Lubitsch era un mago con la chistera llena de ingenio. Su legendario “toque” es junto con el “MacGuffin” de Hitchcock, el único recurso cinematográfico que ha generado un concepto específico para designarlo, que permanece eternamente vinculado a su creador. Cuando Ernst Lubitsch murió prematuramente de un ataque al corazón en 1947, otros dos grandes directores de cine se lamentaban: “Se acabó Lubitsch” dijo Billy Wilder y William Wyler repuso “¡Peor aún! ¡Se acabaron las películas de Lubitsch!”.Billy Wilder no era precisamente sospechoso de benevolencia en  las opiniones que profería sobre el prójimo, pero su mordacidad habitual desaparecía para dejar paso a la más absoluta admiración cuando hablaba del ingenio inagotable del que siempre consideró su maestro. Enst Lubitsch era judío alemán. A diferencia de numerosos compatriotas suyos del medio cinematográfico que, en la década de los 30, acudieron a Hollywood huyendo  del nazismo, él emigró a principios de los felices veinte, porque había llegado a lo más alto como director en Alemania y quería probar fortuna en aquella ebullición de talento que fue el Hollywood de los años dorados. No tardó en ponerse en evidencia su arte y fue uno de los primeros realizadores que, al combinar dirección y producción, llegó a tener un control absoluto de sus películas. Nos legó algo tan valioso como el mítico “toque Lubitsch”, sofisticado elemento cuya naturaleza es tan rica, vaporosa e inaprensible, que ha dado lugar a infinidad de definiciones. Aunque reconocerlo en sus películas es mucho más sencillo que verbalizar su esencia, haremos un intento más…Consiste en un recurso humorístico basado unas veces en un solo plano que condensa una metáfora muy aguda o una elipsis y otras veces en la reiteración de un gag, de forma que una escena sutilmente divertida se va repitiendo en...

SER O NO SER LA GRAN SÁTIRA SOBRE EL NAZISMO Jun27

SER O NO SER LA GRAN SÁTIRA SOBRE EL NAZISMO...

Máximo exponente del talento de Ernst Lubitsch. Reina de las sátiras. Genialidad sin precedentes ni sucesoras. Indiscutible obra maestra. Todos los elogios son pocos para una película que rebosa de ingenio en cada fotograma, dejando atónito al espectador. La comedia más divertida y satírica de Ernst Lubitsch fue Ser o no ser (To be or not to be, 1942). La historia gira alrededor de una troupe de actores de teatro polacos que preparan una comedia llamada “Gestapo” que ridiculiza a los nazis y que es cancelada por la censura, por lo que deben seguir representando Hamlet. Al producirse la invasión de Varsovia en septiembre de 1939, el vestuario de la frustrada “Gestapo” permitirá a los intérpretes disfrazarse de altos mandos alemanes, engañar a los nazis y salvar a la Resistencia polaca. Los protagonistas son el vanidoso matrimonio Tura, compuesto por Joseph (Jack Benny) y María (Carole Lombard), primeras figuras del teatro polaco y habituales intérpretes de Hamlet y Ofelia. Ambos rivalizan por encabezar la cartelera y mientras él declama, ella coquetea. Cada vez que él inicia el famoso monólogo que da título a la película, ve estupefacto como un galán se levanta del público y deja la sala. Se siente devastado creyendo que su interpretación ha decepcionado al espectador, cuando lo cierto es que el joven cumple la consigna de María Tura para acudir a flirtear a su camerino. La situación se repite hasta cuatro veces, con un giro diferente cada vez que intensifica nuestra diversión.  La última vez que se produce la escena, ya no es sólo el protagonista el que contempla a un joven abandonando el patio de butacas, sino que el amante habitual se queda estupefacto, ya que él está sentado esta vez, observando el mutis de su nuevo rival. De...

UN LADRÓN EN LA ALCOBA: LUBITSCH NOS ROBA LA RESPIRACIÓN Jun27

UN LADRÓN EN LA ALCOBA: LUBITSCH NOS ROBA LA RESPIRACIÓN...

“Un ladrón en la alcoba” es la comedia sofisticada que representa la máxima expresión del estilo de Ernst Lubitsch. Su famoso toque aparece en casi cada escena y Herbert Marshall y Miriam Hopkins se compenetran a la perfección en una trama entretenidísima. Un ladrón en la alcoba (Trouble in Paradise, 1932) es además de una de las mejores comedias sofisticadas de Lubitsch, la que atesora más “toques” y contiene la puesta en escena más representativa de su estilo. El irrepetible guión fue obra del colaborador preferido del cineasta, el genial Samson Raphaelson. Al comienzo de la narración, dos ladrones de guante blanco (Herbert Marshall y Miriam Hopkins) se encuentran en Venecia, se reconocen como almas gemelas y se enamoran en una de las escenas cómicas más perfectas de la historia del séptimo arte, por su combinación de diálogos agudos y gags visuales. Mientras que ambos se ofrecen educadamente la sal y la pimienta, se echan en cara sin inmutarse sus respectivos latrocinios. En un momento, él le sacude aparatosamente a ella agitándole los hombros, para que caiga al suelo la cartera de él que ella oculta en su vestido. A continuación, los dos se sientan y siguen cenando con total flema, como si no hubiera pasado nada… La trama lleva a nuestros enamorados cleptómanos a París. Lubitsch siempre dijo que él conocía el París real y el de la Paramount y que éste era aun mejor que el original. Si él lo dijo, seguro que era verdad. Nuestra pareja de maleantes tiene una nueva víctima a la vista. Es la bellísima, frivolísima, riquisísima y todo lo ísima que se les ocurra, Madame Colet (Kay Francis). El protagonista conseguirá ser contratado como su secretario, iniciando un descarado flirteo con la millonaria, orientado por supuesto a...

EL BAZAR DE LAS SORPRESAS: EL ESCAPARATE DE LA VIDA Jun27

EL BAZAR DE LAS SORPRESAS: EL ESCAPARATE DE LA VIDA...

Lubitsch declaró en alguna ocasión que su mejor película fue El bazar de las sorpresas. Fue desde luego una de las joyas de su impresionante corona y una de las comedias románticas más entretenidas, entrañables, profundas y logradas del séptimo arte. El bazar de las sorpresas (The shop around the corner, 1940) es muchas cosas a la vez. Es probablemente la más bella historia de amor que dirigió Lubitsch. También es una comedia de costumbres que ilustra las estrecheces de la clase media en el periodo de entreguerras en una capital centroeuropea (Budapest). Es un esperanzador cuento navideño con ecos de Dickens. Y es además un acertado retrato de las relaciones de poder, compañerismo y rivalidad que se producen en una empresa. Lubitsch y el que fue su mejor guionista, Samson Raphaelson, se basaron en una pequeña pieza de teatro húngara. Desde la primera secuencia a las puertas de la tienda de regalos sobre la que pivota la trama, el realizador nos va haciendo una magnífica presentación de todos los prototipos que concurren en un microcosmos empresarial: el empleado honesto que se atreve a decirle al jefe lo que piensa aun a costa de llevarse más de una colleja, los compañeros menos osados pero leales a su manera, el trepa que no da puntada sin hilo, la marisabidilla que disfruta dando lecciones, el cizañero liante sin escrúpulos. Y por supuesto, el complejo jefe y dueño del negocio, que es amable o despótico con sus empleados en función de cómo vaya la caja registradora o de cómo le haya sentado la cena de la noche anterior. Lubitsch tardó menos de un mes en rodar esta maravilla. Habituados a que ambientara sus películas en palacios, mansiones y otros suntuosos lugares, resulta emocionante imaginarnos que también pudiera...

LO QUE NOS CONTÓ VINCENTE SOBRE VINCENT May07

LO QUE NOS CONTÓ VINCENTE SOBRE VINCENT...

El cine de Vincente Minnelli nos deslumbra por la plasticidad, colorido y belleza de sus imágenes. Por eso, resulta particularmente acertado que fuera este realizador quien se ocupara de llevar al cine la vida y obra de su homónimo Vincent Van Gogh. La trágica vida del genial holandés fue rodada en escenarios reales como Auvers-sur-Oise o Arlés. Kirk Douglas, adecuadamente teñido de pelirrojo, se asemejaba tanto al pintor, que algunos habitantes de aquellos lugares se sobresaltaban cuando se lo encontraban. Vincente Minnelli es principalmente recordado por los novedosos e imperecederos musicales que dirigió, como Cita en San Luis, Un americano en París o Gigi. No obstante, su gran talento trascendía los géneros y fueron también esenciales sus aportaciones a la comedia (por ejemplo  Mi desconfiada esposa), al drama (como fue Cautivos del mal) o al melodrama (caso de Como un torrente). “Lust for life” fue el deslumbrante biopic que realizó en 1956 sobre Vincent Van Gogh. No sabemos por qué, en España evitaron la traducción literal del título (“Anhelo de vida”) y recurrieron al desafortunadísimo “El loco del pelo rojo”, lo que podemos imaginar no sería precisamente un estímulo para la venta de entradas. Los antecedentes de Minnelli como diseñador de decorados y vestuarios y luego director de escenarios en el teatro neoyorquino, explican en parte su fama de esteta obsesionado por el aspecto visual de sus películas. Era un maestro en el dominio del color y no lo trabajaba sólo desde la iluminación y la fotografía, sino que cuidaba hasta el último detalle la selección de localizaciones, la dirección artística y el vestuario para que todo realzara los tonos y aportara  textura a las escenas. Por eso, cuando nos viene a la memoria una de sus obras, solemos recordar imágenes de impecable factura en...

Veredicto Final: No hay otros casos, este es el caso Ene13

Veredicto Final: No hay otros casos, este es el caso...

Sidney Lumet como director, David Mamet como guionista y Paul Newman como actor, dieron lo mejor de sí mismos en Veredicto Final, historia de redención de un personaje hundido moralmente, que bucea desesperado por salir a la superficie. Nunca llegó Newman tan lejos en su búsqueda de la verdad de un personaje, proyectando su miseria, su zozobra interior y su tenaz lucha. Lumet le quedó eternamente agradecido por ello, como explicó en su libro “Así se hacen las películas”. Sidney Lumet y David Mamet, director y guionista de Veredicto final (The verdict, 1982) eran creadores muy inteligentes, capaces de elevar lo que podría haber sido una historia más de abogados y hacer de ella una película sustancial e imperecedera sobre el anhelo de redención de un hombre acabado que quiere recuperar su dignidad perdida. Nos ayudaron además a entender que parte de nuestro proceso de crecimiento personal radica en aceptar que la vida no es justa, pero que sin embargo, tenemos la responsabilidad individual y colectiva de luchar porque lo sea. Frank Galvin (Paul Newman) es un abogado alcohólico, que ha caído tan bajo, que visita los velatorios de los fallecidos por posibles negligencias médicas, para intentar captar como clientes a sus familias. Lumet fotografió la película en colores otoñales (rojizos, ocres…) para reforzar la idea de que estamos ante un personaje caduco. La oportunidad de salvación aparece en forma de un caso contra dos prestigiosos médicos que han dejado en coma a una mujer en la mesa de operaciones. En principio, el plan de Galvin es negociar una buena indemnización y cobrar así rápidamente sus honorarios. Sin embargo, toma conciencia de que la enferma merece que se haga justicia y resuelve ir a pleito. El momento de su “revelación” es una escena muda, que...

LA LOBA: A DENTELLADAS ENTRE BETTE DAVIS Y WILLIAM WYLER Dic09

LA LOBA: A DENTELLADAS ENTRE BETTE DAVIS Y WILLIAM WYLER...

Lillian Hellman realizó el guión de La loba en 1941, adaptando su propio drama teatral sobre la capacidad destructiva de la codicia. La autora sureña se inspiró en sus recuerdos sobre algunos de sus avaros familiares de Nueva Orleans. Wyler dirigió a la gran Bette Davis en una de sus interpretaciones más recordadas, como la implacable Regina, personaje alrededor del cual gira este clásico. El distinto punto de vista de ambos sobre la protagonista, dificultó su colaboración. Uno de los mayores éxitos de Lillian Hellman fue La loba, drama teatral ambientado en el Sur de Estados Unidos en 1.900. Los hermanos Hubbard, Ben, Oscar y Regina (Bette Davis), son propietarios a los que sólo mueve el afán de dinero y que explotan a sus trabajadores de color. El hijo de Oscar, Leo, está hecho de la misma madera, pero carece de la astucia de sus mayores. No todos en la familia son verdugos. Birdie, la mujer de Oscar, es víctima de maltrato y Horace, el enfermo marido de Regina, padece su menosprecio. Alexandra, la hija de ambos, pese a tener el germen del arrogante desdén de su madre, se beneficia del afecto y principios que le transmiten su progenitor, su tía y la maternal empleada que le crio. El título en inglés de la obra, The Little foxes –“Las pequeñas raposas”- es más acertado que La loba. Aquel alude al pasaje de El cantar de los cantares que insta a guardarse de los zorros por ser depredadores y refleja la codicia como mal endémico del astuto clan Hubbard, mientras que el título español se centra sólo en la dureza del personaje principal, Regina. Wyler llevó al cine la historia, a partir del guión elaborado por la propia Hellman. Además de respetar la férrea estructura y...

MATAR A UN RUISEÑOR: CUIDEMOS A LOS INOCENTES Nov11

MATAR A UN RUISEÑOR: CUIDEMOS A LOS INOCENTES...

Matar a un ruiseñor es una película inolvidable que adaptó una novela que defiende valores eternos. En un número dedicado a apoyar obras solidarias por su labor esencial para nuestra sociedad, era difícil olvidarse de una historia sin pretensiones, que puso sobre la mesa que lo que da sentido a este loco mundo es que nos cuidemos los unos a los otros. Harper Lee escribió una única novela en su vida, Matar a un ruiseñor (To kill a mockingbird), con la cual obtuvo el Pulitzer y alcanzó tanta notoriedad, que no fue capaz de atreverse con una segunda obra. Tal vez nos perdimos lo que pudiera haber sido la producción prolífica de un genio o tal vez esta tímida sureña agotó en esta excepcional novela toda su capacidad creativa. Nunca lo sabremos. Nos debe bastar el hecho de que su legado, contenido en un pequeño tomo, fue en realidad muy grande. Relato de iniciación, nos cuenta cómo dos niños abren los ojos a los abismos de crueldad y belleza que pueden anidar en el corazón del ser humano, aprenden que todos tenemos el deber de proteger a los seres más indefensos y descubren cómo un hombre sencillo y sin pretensiones puede esconder al mayor de los héroes. Ese hombre es Atticus Finch, uno de los personajes más queridos de la cultura norteamericana, tanto de las letras como del cine. Harper Lee puso mucho de sí misma en el relato aunque no se trate ni mucho menos de una autobiografía. La voz narradora es la de una mujer, Scout Finch, que describe en primera persona sus recuerdos entre los seis y los ocho años, reproduciendo las sensaciones y emociones que experimentó entonces. Había coincidencias entre el padre de Harper Lee y Atticus Finch, pues ambos...

La última batalla de los soldados Oct28

La última batalla de los soldados...

En un especial sobre la violencia en el arte, queríamos hablar del tratamiento cinematográfico de las secuelas de la guerra en los veteranos. Con una combinación de lirismo y crudeza, el énfasis se pone unas veces en los cuerpos o almas mutilados, otras en el cuestionamiento sobre el sentido de lo vivido y otras en la inadaptación a la vida civil. Nos centramos en dos películas muy distintas separadas por tres décadas, pero que coinciden en desgranar el duro retorno de tres veteranos, con una mirada cargada de respeto: Los mejores años de nuestra vida y El cazador. Una de las maravillas de la narrativa, en cualquiera de sus manifestaciones artísticas, reside en la posibilidad de acercarnos a lo que han vivido personas de otras épocas y otros ámbitos. Así, a través de películas como Los mejores años de nuestra vida (The best years of our lives, William Wyler, 1946) y El cazador (The deer hunter, Michael Cimino, 1978) hemos podido asomarnos a entrever los sinsabores de los veteranos de la segunda guerra mundial y de la guerra de Vietnam. Ambas coinciden tanto en presentar a tres hombres que viven de diversa manera las secuelas de la experiencia bélica, como en ofrecer un enfoque lleno de compasión por cada uno de ellos. Si bien se tiende a veces a descalificar la compasión, como si necesariamente contuviera una cierta condescendencia que incomoda al que sufre, no tiene porqué ser así. Lo cierto es que en las miradas de Wyler y Cimino, la compasión está revestida de un enorme respeto por los personajes retratados. Y es precisamente en esa mirada donde reside parte de la belleza de ambos largometrajes. En “Los mejores años..” tres veteranos coinciden en el viaje de vuelta a casa, aprensivos ante lo...

NUEVE CLÁSICOS Y UN NEO-WESTERN Oct14

NUEVE CLÁSICOS Y UN NEO-WESTERN...

Creadores de inagotable talento como John Ford, Anthony Mann o Fred Zinemann nos han regalado obras de arte que unas veces ensalzan la leyenda del Oeste americano y otros la cuestionan, pero siempre nos cautivan por la fuerza de las tramas, personajes e imágenes. Desde La diligencia hasta Breaking bad, la lista de estos diez westerns favoritos no sigue un orden de preferencia sino meramente cronológico. Este número de Aladar, tan próximo al extraño vínculo que siempre existió entre el arte y la guerra o la violencia de todo tipo, entre el arte y la supervivencia del ser humano sea como fuere, no podía omitir un género como el western. Al fin y al cabo la condición humana es la que es y, aunque nos perturbe, debemos tenerla presente en toda su amplitud. El western nos ha regalado historias sobre hombres solitarios que sobreviven en entornos majestuosos y hostiles, sobre la violencia de la frontera, sobre el esfuerzo de los pioneros, sobre la brutalidad y la sabiduría del pueblo indio, sobre el afán de venganza o el coraje como motores de cambio, sobre la fuerza civilizadora de las mujeres, sobre la codicia, la ira y el perdón. Voy a hablarles de las diez películas de este bellísimo género que personalmente más emoción y admiración me han provocado. Habrá lectores que echen en falta obras de Hawks, de Leone o Eastwood, pero este tipo de rankings deben servir para despertar debate y además, les recordaré algo con asertividad no exenta de amabilidad: esta es mi lista. La diligencia (Stagecoach, John Ford, 1939) Es una obra llena de la humanidad profunda y la poesía que caracterizaba el cine de John Ford, ese artista de sentimientos contradictorios, por cuyas venas, más que correr la sangre, galopaba el...

Sin novedad en el frente: Cine bélico… antibélico Jul22

Sin novedad en el frente: Cine bélico… antibélico...

«Sin novedad en el frente», excelente película de Lewis Milestone sobre la Primera Guerra Mundial, mostró el sufrimiento de los militares del bando alemán, lo cual resultaba inusitado en el cine norteamericano, que habitualmente les representaba como seres deshumanizados. Generó sorpresa, pero también un gran reconocimiento y obtuvo los Oscars a la mejor película y dirección de 1930.   Mientras que la lucha en la Segunda Guerra Mundial se nos antoja inevitable, como única vía para parar los pies a Hitler y su voluntad de transformar el mundo según su espantosa concepción, la Primera Guerra Mundial puede resultar innecesaria según la sensibilidad actual, al tratarse esencialmente de una colisión entre imperios expansionistas para mejorar sus posiciones geopolíticas. Por eso, la I Guerra es un trasfondo mucho más propicio para proyectar un mensaje antibelicista que la segunda, como evidencia Sin novedad en el frente (All quiet on the western front), extraordinario largometraje norteamericano de 1930 sobre los soldados alemanes en la batalla, dirigida por un emigrante ruso judío (Lewis Milestone). Lo original de la historia radica en que fue la primera película producida en Hollywood que estaba narrada desde la perspectiva alemana y que no presentaba a los militares teutones como máquinas de matar, sino que ofrecía una visión profundamente humana de los mismos, mostrando su miedo, su desconcierto y su dolor. Curiosamente, mientras que algunos países que habían luchado en el bando Aliado se indignaron porque tacharon la película de germanófila, el régimen nazi la condenó años después por su potencial para desalentar a sus tropas. Lo cierto es que el mensaje pacifista de la historia era universal, por lo que era irrelevante de qué nacionalidad fueran los soldados que protagonizaban la trama. El guión de Maxwell Anderson se basó en la novela más...

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD: ZINNEMANN Y CLIFT TOCAN EL CIELO Jul09

DE AQUÍ A LA ETERNIDAD: ZINNEMANN Y CLIFT TOCAN EL CIELO...

De aquí a la eternidad es una de las películas más hermosas de la década de los 50. Todos recordamos la emblemática escena de Burt Lancaster y Deborah Kerr besándose en la playa, pero merece la pena volver a ver esta gran obra por muchas otras razones. Fred Zinnemann dirigió con maestría una fascinante trama ambientada en los albores de la segunda guerra mundial y logró extraer de Montgomery Clift una interpretación absolutamente memorable como el soldado Prewitt. Fred Zinnemann dirigió algunas excelentes películas que tenían en común un tema persistente: el individuo fiel a sí mismo en un entorno que intenta hacer tambalear su esencia. El sheriff abandonado a su suerte en Sólo ante el peligro, la religiosa que se rebela contra el voto de obediencia en Historia de una monja… Y sobre todo, Prewitt en De aquí a la eternidad (From here to eternity, 1953), el soldado que se atreve a desafiar la arbitraria voluntad de sus superiores y lleva hasta las últimas consecuencias el principio que guía su vida: «Un hombre que no sigue su propio camino no es nada». La fijación temática de Zinnemann tenía mucho que ver con su experiencia personal. Bajo unas formas suaves, atípicas en un Hollywood poblado de directores de rudo trato, yacía un fondo sólido de convicciones creativas, que él defendía con contundencia frente a los poderosos productores de los estudios. De aquí a la eternidad, escrita por un veterano de la segunda guerra mundial, James Jones, fue un clamoroso éxito de ventas y el presidente de Columbia, Harry Cohn adquirió los derechos para llevarlo al cine. La historia, ambientada en un cuartel de infantería en Pearl Harbour, justo antes del ataque japonés, relata la llegada al regimiento del soldado Prewitt (Montgomery Clift), al que...

Diez grandes actrices en diez grandes escenas Jun24

Diez grandes actrices en diez grandes escenas...

Ingrid Bergman, Bette Davis, Barbra Stanwyck, Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Gene Tierney, Katherine Hepburn, Rita Hayworth, Deborah Kerr y Claudette Colbert, son los nombres de diez mujeres que han pasado a la historia del cine por méritos propios. Y han protagonizado escenas inolvidables junto a otros actores y actrices de gran fama que los amantes del cine conservaran siempre en la retina. Aquí se recuerdan diez de esas escenas que, sin ser excluyentes con muchas más que protagonizaron distintas actrices, sirven de repaso al cine anterior al de los años sesenta. Es una selección que trata de homenajear a esas actrices, pero, también, al resto que, por razones obvias de espacio, no están. En cualquier caso, lo que es seguro es que estas diez mujeres rompieron el molde. 1)     Ingrid Bergman: siempre verdadera Cuando Ingrid Bergman le pide a Sam que toque de nuevo As time goes by en Casablanca, cuando se despide de Rick o cuando le mira a Gary Cooper en Por quién doblan las campanas, resplandece con una luz que parece proceder de su interior. Era infinitamente más auténtica y cercana que su compatriota, «la Divina» Garbo y creo que fue con diferencia la mejor heroína de Hitchcock. Colaboró con él en una obra maestra (Encadenados, Notorious), en una buena película (Recuerda, Spellbound) y en una mediocre (Atormentada, Under Capricorn). En la primera, interpretó el papel de la germano-americana Alicia Hubermann, hija de un hombre condenado por traicionar a EE.UU durante la segunda guerra mundial. Ahoga sus penas en alcohol y hombres hasta que un agente de la CIA, Devlin (Cary Grant), le convence para prestar un servicio a la patria: descubrir los planes de una célula nazi en Brasil. Para ello debe seducir al cabecilla, Alexander Sebastian, un Claude Rains...

El toque Lubitsch May28

El toque Lubitsch

Cuando Ernst Lubitsch murió prematuramente de un ataque al corazón en 1947, otros dos grandes directores de cine se lamentaban: «Se acabó Lubitsch» dijo Billy Wilder y William Wyler repuso «¡Peor aún! ¡Se acabaron las películas de Lubitsch!». Billy Wilder no era precisamente sospechoso de benevolencia en  las opiniones que profería sobre el prójimo, pero su mordacidad habitual desaparecía para dejar paso a la más absoluta admiración cuando hablaba del ingenio inagotable del que siempre consideró su maestro. Antes de ser director, Wilder fue guionista y colaboró como tal en dos comedias dirigidas por Lubitsch, la divertidísima «La octava mujer de Barba Azul» (Bluebeard’s eigth wife, 1938) y la recordada «Ninotcka» (1939). Una vez dio el salto a la dirección, trató de emularle en obras como «Ariane» (1957), «Con faldas y a lo loco» (Some like it hot, 1959) y «El apartamento» (The apartment, 1960). Enst Lubitsch era judío alemán. A diferencia de numerosos compatriotas suyos del medio cinematográfico que, en la década de los 30, acudieron a Hollywood huyendo del nazismo, emigró con anterioridad porque había llegado a lo más alto como director en Alemania y quería probar fortuna en aquella ebullición de talento que fue el Hollywood de los años dorados. Llegó, vio y venció, como Julio César…; y luego cayó…; como, como, ¡ah sí!, como Julio César. Los adjetivos ingenioso, sofisticado o creativo definen el cine de este director, que fue el único de su época que, al combinar dirección y producción, tenía un control absoluto de sus películas. Para el recuerdo ha quedado el denominado «toque Lubitsch», elemento presente en sus comedias, definido de diversas maneras, pero que puede condensarse en una broma elevada a la máxima potencia. Imaginemos algo muy gracioso, dotado de un humor muy fino. Ahora, mirémoslo...

Solos ante el peligro Abr29

Solos ante el peligro...

El valor del individuo que se enfrenta sólo a un colectivo moralmente deteriorado, ya sea una banda de delincuentes, un pueblo decadente o una institución corrupta, es una de las temáticas más fructíferamente tratadas por el cinematógrafo. Pocas profesiones son tan adecuadas como la de policía para profundizar en este tipo de material, por la combinación de rasgos de carácter que requiere este trabajo (coraje y conocimiento de las personas) con las circunstancias en que se desarrolla (contacto con criminales y proximidad a altas instancias de poder). En una de las mejores obras de Fritz Lang, Los sobornados (The big heat, 1953) Glenn Ford interpreta a un agente de la ley obsesionado con desarticular una banda de delincuentes que tiene sometidos mediante el chantaje o la violencia a numerosos habitantes de la localidad, incluidos algunos cargos públicos. Como consecuencia de ciertos acontecimientos muy dramáticos, Ford pasa a lo largo del metraje de ser un profesional íntegro y respetuoso con las normas a un justiciero sediento de venganza. De esta forma, Lang concentró en una misma película dos de los prototipos que más se han repetido en el género policíaco, el agente del orden ortodoxo y el que se basa en la premisa de que el fin justifica los medios. Tal vez el máximo exponente del policía honrado fue el que retrató admirablemente Al Pacino en Serpico (Sidney Lumet, 1973), basada en la historia real del italoamericano Frank Serpico, quien se atrevió a denunciar la corrupción generalizada en la policía neoyorquina de los 60 y principios de los 70. La institución estaba plagada de agentes que aceptaban sistemáticamente dinero de los delincuentes con la tácita aquiescencia de sus superiores. Cuando uno de los mandos que prefieren mirar hacia el otro lado, le afea al protagonista...