POESÍA DEL AMOR SECRETO PARA UN VERANO TÓRRIDO...

Una buena forma de pasar las horas más calurosas del día es leer a la sombra de algún árbol; en casa, dejando que el calor siga con su trabajo. Si nos acercamos a la poesía encontraremos alivio porque la poesía va más allá de lo mundano. Y si nos acercamos a los libros de Clara Janés encontraremos ese lugar reservado al progreso personal con dirección a uno mismo. La entrada hace dos meses en la Real Academia de la Lengua de Clara Janés (Barcelona, 1940) supuso para quien escribe un raro placer. Acostumbrado a no celebrar nombramientos que huelen por anticipado a pergamino ajado o a precipitación de afanes comerciales mal disimulados, aquella mañana del ocho de mayo en que supe por la prensa la noticia bebí mi primera copa de vino helado de la temporada. Una celebración secreta, tan confidencial como lo fue siempre la poesía de Clara Janés. Traductora reconocida, ensayista brillante de todo aquello que arrastra su pasión hasta casi la puertas del abismo (el eterno femenino, la música de Mompou, la poesía de Vladimir Holan, la cosmovisión sufí, la plástica del aire hecho piedra o Chillida…); mujer admirable, yo celebré en confidencias de jardín, el reconocimiento a la poesía de Clara Janés, una llama viva que humea a Hölderlin, tal es su arrebato, aunque las influencias literarias de la poeta catalana vayan más allá de la grandes elegías del poeta alemán. Y así, entre los espejismos de la calor de este julio ardiente, no se me ocurre mejor paralelo que un peregrinaje por los últimos poemarios de Clara Janés. Camino que empieza, con la recopilación de los poemas amatorios que la editorial Vaso Roto reunió en 2010 bajo título más que explícto: Poesía erótica y amorosa. Allí se recogían impresos...

50 años de una esencia exclusiva...

Hasta el próximo 30 de agosto, James Bond se ha instalado en el Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez de Madrid. Todo su glamour se celebra en la exposición Diseñando 007: Cincuenta Años de Estilo Bond. Una estupenda muestra de todo lo que ha influido en la creación de uno de los más importantes iconos del mundo del cine y la literatura. Los fans de James Bond están (estamos) de suerte. Hasta el 30 de agosto pueden disfrutar (podemos) de una exposición exquisita en la que se pueden ver gadgets originales con los que 007 era capaz de cualquier cosa imaginable; maquetas de esos aparatos tan imposibles en su época, de algunos escenarios; trajes y vestidos que utilizaron los artistas para interpretar sus papeles; bocetos y storyboards. La exposición traslada al visitante allá donde quiera. El buen aficionado al cine o a la literatura encontrará referencias a los mejores momentos del agente del MI6 británico. Los trajes espaciales de Moonraker, los coches preferidos de Bond, representaciones de escenas concretas de las películas. Tal vez, la más impresionante es la que encontramos al comenzar la visita. ¿Recuerdan esa mujer guapísima que es asesinada por asfixia cutánea en James Bond contra Goldfinger? Sí, Jill Masterson; el personaje encarnado por Shirley Eaton. Pues allí está para recibir al personal; sobre su cama giratoria. Cada cosa tiene su espacio. Los villanos y sus aparatos diabólicos; el casino en el que Bond jugó tantas partidas acompañado de hombres y mujeres a los que terminó arruinando; los dibujos que terminarían siendo un escenario colosal y las maquetas que se utilizaron para dar vida a las ideas. James Bond es un icono, pero, también, un mito. Para entender lo que representa hay que acudir a la simbología de lo que...

Nada y menos

Ediciones Liliputienses recoge los poemarios escritos entre los años 2002 y 2008 por Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz 1967), aunque han seguido un orden de publicación algo más dilatado en las ediciones exentas y queda fuera el excepcional Va verdad, publicado por Vaso Roto en 2013.  Sumado este volumen a Todo en el aire (Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2008), dispone el lector de la poesía reunida, casi completa hasta el momento, del poeta extremeño radicado en Valencia. Méndez Rubio es sin duda una de las voces más personales del panorama poético en lengua castellana. Su indagación en los límites del lenguaje sólo es comparable a la tensión de la palabra de Paul Celan, Emily Dickinson o Wallace Stevens. Solitario francotirador en la poesía española, el poeta entiende como nadie la máxima deleuzeana para el gran arte: labor de exilio en la propia lengua, pelea constante por el encuentro con una forma para el desvelamiento del ser. Y Méndez Rubio la encuentra, vaya si la encuentra, por eso su escritura es necesaria como el pan de cada día. Con el paso del tiempo, su obra se levanta como un edificio de sólida arquitectura, erguida sobre una conciencia de la escritura basada en la exploración de la materia del sentido a la que no estamos acostumbrados en la poesía española. Poeta metafísico, aunque de la noche oscura del alma, maneja el tono de tal forma en su escritura que es un prodigio cada poema y un milagro cada libro. Escritura meditativa, intempestiva, radical, pero no desolada ni solitario ejercicio de complacencia. Y es que toda batalla en el lenguaje es una batalla en la vida, porque la realidad es la realidad nombrada y la poesía de Méndez Rubio no es un juego estéril...

Una herencia macabra

Una mujer de raza negra publica un libro con sus reflexiones tras conocer que su abuelo fue Amon Goeth, el oficial del campo de concentración nazi que aparece en ‘La lista de Schindler’. Un oficial nazi descamisado se asoma al balcón de su residencia en un campo de concentración con un rifle de caza al hombro. Desde la balaustrada, su visión a través de la mira telescópica domina las calles terrizas que separan los barracones en los que los presos judíos dormían hacinados hasta hacía unos minutos. Apoya sobre el quicio el cigarrillo que fuma en ese instante, para dedicar toda su atención al arma de fuego. Dispara. Una nube de polvo se levanta detrás de una mujer que se desploma sobre su costado, con la cabeza abierta por un balazo certero. Objetivo inmóvil, indefenso. Una ejecución sencilla para un cazador experimentado. El criminal busca otro blanco, esta vez en movimiento, más lejano y parcialmente cubierto por uno de los barracones… Fuego. Otro cadáver sobre la tierra encharcada de sangre limpia, inocente. Pasos apresurados, temerosos, en medio de un silencio de angustia se acercan al cadáver que escupe sangre por sus heridas frescas… Antes de ser una escena recreada por Spielberg en La lista de Schindler, la cruel escena formó parte de la colección de atrocidades que firmaron los oficiales fieles a la locura de Hitler que participaron en el holocausto judío. Amon Goeth existió antes de que Ralph Fiennes le encarnara en una de las películas que ha retratado con mayor precisión la barbarie nazi, a decir de quienes la sufrieron. Pero esta no es la historia de Schindler, ni la de Goeth, sino la de Jennifer Teege, una ciudadana alemana que contaba con 23 años cuando fue al cine en Tel Aviv,...

Dos universos en una misma ciudad...

La caída del muro de Berlín, de la que Europa entera ha conmemorado su XXV aniversario, supuso en su momento un estallido creativo por el choque de dos culturas diferentes que convivían divididas por una línea que era imaginaria en algún sentido. Imprescindibles de la literatura alemana, como Günter Grass o Christa Wolf abordaron la temática de la reunificación, construyendo novelas a las que los ciudadanos se aferraron para iniciar un proceso de catarsis. Érase una vez una ciudad dividida por un muro. En realidad, no era un muro de hormigón, aunque lo pareciera. No era un muro opaco, y aunque su superficie se cubrió muy pronto de gritos de color proferidos por aquellos a los que el muro había dividido la vida, se podía ver de uno al otro lado a través de los ojos de la imaginación, a través de la literatura. Hubo niños que nacieron cuando el muro ya partía en dos su mundo, y que fueron padres de otros niños cuando el muro seguía dividiendo sus realidades, casi treinta años después. Las historias saltaban el muro, para asomarse al otro lado. Lo hacían en forma de novelas, de películas, de relatos, de pinturas, de canciones. Pero justo en el momento en el que las historias cruzaban de una frontera a otra, de uno al otro lado del muro, la realidad se imponía sobre la ficción, y contaba historias aún más inverosímiles que las que habían salido de la mente de un creador. Porque eran las auténticas emociones, los sentimientos, las pasiones, las que dictaban su composición. No había sido creada ficción alguna que superase el dramatismo o el esperpento que la vida diaria a uno y otro lado del muro era capaz de relatar. Ocurrió que un día el muro...

Los niños no son superhéroes...

En el mundo, por desgracia, ocurren todos los días, a todas horas, cosas espantosas. Hombres, mujeres y niños sufren la violencia de la guerra, la explotación, la pobreza, la discriminación, la soledad, la incomprensión. Tantas personas y tanto sufrimiento. Especialmente cuando son los niños, que no deberían preocuparse más que por jugar, y por aprender, por disfrutar de la vida, quienes lo sufren. Sin quitar un ápice a lo que pueda ser el dolor de un adulto, el de los niños afecta sobre todo lo demás. No podemos (y sin embargo, nos hemos acostumbrado a hacerlo), tolerar que mueran de hambre, de enfermedades provocadas por la falta de agua potable, o de vacunas y medicinas. Que no conozcan un momento para la risa. Que no sepan lo que es y significa la infancia. Hay situaciones terroríficas que conocemos de sobra. De otras nos vamos enterando. Como lo del abuso legalizado, en forma de matrimonio con niñas que deberían estar muchos años aún jugando con muñecas. Casadas, y con matrimonios (!!!!) consumados a los 5 años. La edad que tiene mi hija. O las condiciones de los orfanatos en muchos sitios del mundo. Algunas las sabemos cuando un día un documental de investigación, o un libro, nos abre los ojos ante ellas. Con todo lujo de detalles. Capaces de hacernos estremecer el corazón. Otras las conocemos, las sospechamos, las intuímos. Corren a voces sin que nadie haga o diga nada. Se atreva a levantar la tapa de la caja de los truenos. Como el maltrato, las vejaciones y los abusos cometidos en internados, no tan lejos. Durante muchos años, ha sido algo de lo que ni se hablaba. Afortunadamente, esto va cambiando. Y aparece una denuncia, que lleva a otras. Un titular que nos despierta,...

El catcher en Normandía...

La última biografía de Salinger revela detalles como que el escritor continuó con su producción literaria hasta el fin de sus días, y otros curiosos como el que cuenta que el manuscrito de El guardián entre el centeno le acompañó durante su participación en el Desembarco de Normandía. «Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es» cómo surgió. Todo ese rollo de cuando decidí que iba a escribir este artículo sobre un tipo huraño,  uno de esos escritores de culto, raros y herméticos. Pero la verdad es que no tengo ganas de extenderme mucho en esas gilipolleces. Aún así tengo que hacerlo, para justificar esta forma de escribir, esta voz, que no es la mía, sino una burda imitación de la del propio Salinger. O más bien la que Salinger adoptó para meterse en la piel de su personaje. Estaba viendo en la televisión un documental sobre el Desembarco de Normandía. Uno de tantos, pero uno bueno, con imágenes reales. El narrador contó que uno de los soldados que participó en la operación era Jerome David Salinger, el autor de El guardián entre el centeno. Y también contaba que llevaba el manuscrito de la obra en la mochila. Sentí vértigo. Me interesa todo lo que tenga que ver con esa obra, imprescindible en la literatura del siglo XX. Quizás debería contar que me interesa todo lo que tiene que ver con John Lennon. Y aunque la novela de Salinger fuera una mierda, el hecho de que el asesino de Lennon la llevara encima cuando fue detenido, ya me habría hecho interesarme por ella. También me interesa todo lo que tiene que ver con el desembarco en Normandía. Es el día en el que la historia comenzó...

Sobre la buena salud de las «vírgenes consagradas»...

Hace ya más de trescientos años de la primera edición del Tratado de las enfermedades de los artesanos de Bernardino Ramazzini. Una obra exhaustiva, magnífica, que ilustra como pocos la vida y las costumbres de esa época. Minuciosa, tremendamente descriptiva y agudísima en sus observaciones, deja traslucir en sus páginas no ya la preocupación de un médico por sus pacientes, sino una concepción auténticamente social de la medicina. Avanzadísimo para su época (y para esta) estudia pormenorizadamente todos los aspectos relativos a la salud, vinculados con el ejercicio de cada oficio y forma de vida de quienes lo ejercen, preocupado no solo por sanarlos, sino por procurar que vivan lo mejor posible. Más de 50 profesiones, desde los cloaqueros hasta los hombres de letras, a las que se añadieron las vírgenes consagradas en su segunda edición. El primer tratado de medicina del trabajo. Hasta 1999, el único en el que se abordaban las condiciones de trabajo de las religiosas. Ese año, la Prevención llegó al convento. Tengo que reconocer que, cuando me prestaron el «Tratado de las enfermedades de los artesanos», no imaginaba hasta qué punto tenían razón al decir que me iba a gustar. Con ese título, y habiendo sido publicado en 1700, suponía que iba a resultar una lectura instructiva, pero no estaba nada convencida de que pudiera resultar amena. A fin de cuentas, yo no soy experta en la materia. Desde la visión profana, imaginaba un tomo en el que se enumerasen las enfermedades, definición de las mismas, síntomatología, diagnóstico y tratamiento. Un libro para médicos, escrito por un médico. De hace tres siglos, eso sí. Pero, como neófita y todo, reconozco que es un tema que me atrae, lo cogí encantada. Además, uno de sus capítulos tenía relación con un...

No mires, lo esencial es invisible a los ojos...

El Museo ABC de Dibujo e Ilustración de Madrid, construido en la calle Amaniel sobre lo que fue la primera fábrica de cerveza Mahou, expone hasta el 6 de septiembre el trabajo de dos grandes artistas: Rébecca Dautremer y Ana Juan. Con esta exposición titulada «No mires, contempla» se inaugura el nuevo Espacio Edelvives instalado de manera permanente en la planta baja del Museo. Se trata de un espacio cedido a la editorial para exponer, vender y presentar sus libros, con amplios pufs y sillones que invitan a la lectura. En esta primera exposición se puede dejar de mirar para en cambio contemplar los originales de algunas de las ilustraciones que conforman los libros Seda, de Alessandro Baricco, ilustrado por Rébecca Dautremer, y Amantes, escrito e ilustrado por Ana Juan; ambos publicados bajo el nuevo sello editorial Contempla Edelvives, que se propone acercar libros ilustrados al público adulto, y que así se lanza al mercado, con estas dos joyas. «No mires, contempla» expone dieciocho de los originales que ilustran la reconocidísima novela del italiano Alessandro Baricco, y quince originales de la obra Amantes de la española Ana Juan. Si algo tienen en común las dos obras ilustradas es que hablan sobre el amor. Por eso, el resultado de la exposición es una armonía que lejos de estar dada por una coincidencia en estilos o técnicas empleadas por las artistas, radica en una sintonía melancólica que cuando hablamos de amor a todos nos suena. Rébecca Dautremer, la ilustradora francesa que algunos niños quizá ya reconozcan por las Princesas olvidadas o desconocidas, Elvis o Babayaga (todos álbumes publicados por Edelvives), es la responsable de las ilustraciones de Seda, publicada en su momento por Anagrama en español. Gracias a este trabajo, que parece haber sido idea de...

Absolución

=================================== TUSQUETS EDITORES. Colección Andanzas. 2012. 320 páginas. 19 € e-book: 12,99 € ================================== Como todos los que nos hacemos propósitos para el nuevo año o curso, actúa Lino, de la misma forma. Propósitos o despropósitos que se acumulan como bonanza o crítica del metrosexual que algunos llevan dentro en tanto que come, se viste, toma analgésicos o hace cualquier actividad cotidiana. Es el protagonista de esta novela, firmada por el escritor extremeño Luis Landero, que se dio a conocer con “Juegos de la edad tardía” hace, ahora, veinte años. El autor hace una sátira de los hombres y tiempos veletas en que vivimos y lo hace no sólo desde la novela, sino también desde el teatro (no en balde ejerció de profesor en la Escuela de Arte Dramático de Madrid), esa disciplina tan bien adaptable a algunos de sus diálogos. El texto, con narrador no identificado (lo que se conoce como tercera persona) pegado al protagonista como única opción posible, es una historia cómica, pero identificable y en ella vemos ecos no sólo del ya señalado por muchos Miguel de Cervantes, sino también de Oscar Wilde, pensando más en “El fantasma de Canterville”, dadas las desventuras que en ambos casos el autor hace pasar a sus personajes. También lo es porque el protagonista se convierte a su pesar en un espectro de la omisión o la pasividad, como lo es también Holden Caulfield y tantas criaturas literarias. Concebida desde un reflejo contumaz del paisaje cotidiano más delirante, la novela no empieza, como indica su contraportada, con la boda de Lino con Clara, siendo este enlace no más que una excusa para contarnos el camino que lleva a su absolución desde que sabemos que su padre fue un afectado por el caso del aceite...

Nuestro tiempo y el lenguaje...

============================ HABLANDO PRONTO Y MAL AMANDO DE MIGUEL Espasa, Madrid, 2013 216 páginas. 19,90 € / e-book 7,99 € ============================ Amando de Miguel aborda nuestros usos del lenguaje de forma divertida y amena. Aunque advierte de los peligros que corremos con perversiones lingüísticas que se extienden con fuerza en nuestra sociedad. El lenguaje es algo que tiende a evolucionar siempre. El proceso comienza en el uso que hacemos de él al hablar entre nosotros, al comunicarnos. La adaptación de las formas es rápida independientemente de si las nuevas palabras, las expresiones nuevas o las nuevas acepciones quedan fijadas de manera definitiva. Y esto es algo estupendo. Lo que no lo es tanto es el uso incorrecto del lenguaje, el maltrato al que le sometemos día a día. Amando de Miguel siempre ha tenido una relación interesante con el uso que hacemos los españoles del lenguaje. En este libro, apunta errores comunes, formas nuevas que se adaptan a los tiempos nuevos, significados olvidados y construcciones absurdas que podemos escuchar o leer a diario en cafeterías, oficinas, programas de televisión o emisoras de radio. Una de las gracias de este libro es que, el más pintado, se encuentra en él, antes o después. Hablar castellano es muy difícil y es, por ello, por lo que cometer equivocaciones es muy habitual. Cómo no, el politiqués (término acuñado por el autor hace algunos años) tiene un lugar privilegiado en el libro. Le acompaña la demotización como segunda estrella invitada. Y una larga nómina de aspectos divertidos, vergonzantes o sorprendentes. El libro está editado por Espasa, es manejable y debería leerlo más de uno. Desde luego, los jóvenes encontrarán un apoyo magnífico en él para no terminar como buena parte de los españoles maduros; eso si es que aún...