Matadero Cinco

Novela antibelicista con ribetes de ironía y fino humor, en la que predomina la injerencia alternada con narración y testimonio. Y es que el autor parece ser consciente de sus limitaciones a la hora de contar una guerra, pues en ella sólo hay desesperanza y horror; de hecho cuando éste habla con un amigo sobre la necesidad de construir una historia sobre toda guerra, el amigo le contesta que esta necesidad no es tan fehaciente y productiva como la de realizar una novela antiglaciar, pues el frío en los polos quizás sea un reclamo igualmente justificado. Estas conversaciones que Kurt Vonnegut suele presentar como prólogo o declaración de intenciones de sus novelas (recordemos su tremenda visión de la vejez en Desayuno de campeones) sirven para jugar tramposamente a aleccionar al lector antes de leer y perderse por los múltiples y surrealistas caminos por donde habitan sus personajes, caminos de lo más insospechado y que recorren en este caso los avatares de un hombre que vivió la guerra en Dresde, desde un viaje en el tiempo por el que se ven sus precuelas y secuelas y donde queda demostrado que la tesis de Darwin, según la cual los hombres débiles está bien que perezcan, se hace palpable, patética y risible. El protagonista es Billie, un tipo que viaja durante sucesivas décadas a paisajes dantescos de horror, donde los destrozos de las ametralladoras le hacen velar por la utilidad inútil de objetos, trasladándose también en viajes en naves espaciales a Trafalmadore, planeta extraterrestre que utiliza como idioma un código ininteligible y por el que el protagonista descubre que en literatura, cuenta más la belleza de lo soñado o vivido (esto es, las pequeñas cosas), que el malestar de lo vivido. Calificación: Interesante. Tipo de lector: Cualquiera que piense que...

FIGURACIONES MÍAS

Agrupados en tres partes, estos pequeños ensayos recopilan la producción última, como columnista de EL PAÍS, del filósofo y divulgador vasco; un intelectual que, en palabras de Vargas Llosa, resulta comprometido con sus propias ideas y discurso, a pesar de que las vivencias, si no a desdecirse, sí le han hecho desviar la atención de su pensamiento a distintos sectores sociales. Defensor del género fantástico y de ciencia-ficción en literatura (lector por ende antes de Bradbury que de Roth), de la escuela pública con sus pros y contras; aunque a este respecto más convencional y complaciente en según qué aspectos; en estos textos se ejerce, desde un ejercicio de libertad reconstruida; que tiene en cuenta no sólo la historia de la Filosofía, sino el arte de pensar por uno mismo; la libertad de cátedra que le dieron los años, una libertad lejana a la de expresión, por gozar en su autoridad de mayor prestigio que la del común de los mortales. Se agradecen la inclusión de artículos más largos, como el dedicado a George Orwell, El compromiso con la verdad, premiado con el Mariano de Cavia 2012, o aquél en el que homenajea a Charles Dickens, en su apartado Envueltos en la red. Tres partes tres, por tanto. En Admiraciones el autor nos habla de su amistad con Cioran, un filósofo y poeta cada vez más leído y considerado como necesariamente contradictorio; contando con reflexiones más generales en torno a temas como el Averno, que llevan a la idea de una reivindicación de lo volátil desde nuevas lecturas mitológicas. Figuras anónimas o poco conocidas como la de aquel vasco, Blas de Lezo y Olabarrieta, que en su reciedumbre nos hacen ver honestidad y valentía, un poco como esa recomendación a las siempre estimulantes lecturas...

Lo contrario de la soledad...

Cuando leí la introducción de Lo contrario de la soledad pensé que me encontraría con una genialidad de libro. La joven promesa de Marina Keegan que no pudo ser porque murió a los veintidós años en un accidente de coche me tentaba más tras la introducción que antes de ella, y eso que ya antes ciertas reseñas (que ahora me parecen absurdas), o comentarios, me habían despertado el interés (lamento no haber leído a tiempo la de Rodrigo Fresán). No es que su escritura no valga nada, claro que hay cierto potencial en ella, pero sus textos no están a la altura de los halagos de sus familiares, amigos y profesores de Yale. El libro que toda la gente que la quería mucho se propuso recopila textos de ficción y de no ficción que fueron escritos por Marina poco antes de su muerte. Personalmente, considero que los de no ficción carecen de valor o interés, y hasta dudo de si ella hubiera querido publicarlos. Los textos de ficción, en cambio, me parecen bastante más logrados. Aunque algunos son un tanto naif (bueno, ella era muy joven) o tocan temas que a uno pueden ya no inquietar demasiado, guardan cierta musicalidad y dejan tras su lectura, al menos, un halo de sonoridad o cadencia. Cinco días después de que Marina se graduara magna cum laude en Yale, murió. Impresiona saberlo y leer el artículo que da nombre al libro, pues allí habla precisamente de la juventud y de todo el tiempo que aún tienen (los jóvenes que están graduándose en Yale) por delante. Este artículo había sido publicado en el Yale Daily News con motivo de la graduación de su curso. Tras su muerte, en tan solo una semana, más de un millón de personas...

El cielo oblicuo

Ni el título ni la cita de Clarice Lispector al comienzo del libro me dejan leerlo de otra manera, no me permiten apartar La hora de la estrella, no me puedo borrar a Macabea. Macabea la fea. La casi no-mujer por tener un cuerpo sin curvas ni pechos. Macabea la enamorada, la que se pinta las uñas y los labios de rojo para ser más mujer pero causa gracia. Macabea muerta, aplastada. No puedo leer El cielo oblicuo, de Belén García Abia, y olvidar a Macabea. Mala suerte, el título me impone el recuerdo porque este título es re-escritura de la cita, la cita del comienzo. A El cielo oblicuo, después de la cita, viene un ángel a anunciar algo así como: te será dada la literatura, no la maternidad. Creación en cualquier caso, creación con el cuerpo en cualquier caso. Creación con las mismas partes del cuerpo, sobre todo: «En realidad, es mi vulva la que escribe, mi vulva y mi vagina y mi útero. Son ellos y no yo». «Escribo con mi útero, con mis ovarios, con mi vagina». O ni esa creación, ni la dada, esterilidad absoluta («Y tenía épocas de esterilidad narrativa»), ocasionalmente, en medio de una producción sobre la esterilidad: «Escribo sobre mi pequeño dando vueltas en mi sala de espera, sobre mi útero vacío, sobre mi no-concepción (…), sobre que hemos nacido para ser madres y no lo somos, que nos han parido para ser madres, y no lo somos». Y la cita de entrada al cielo es: «Sin duda, un día iba a merecer el cielo de los oblicuos, donde sólo entra quien es torcido». Luego de La Enunciación (con la imagen del ángel y una voluntad explícita de que el lector no confunda la voz de...

Antología de la poesía culterana...

No es necesario hablar aquí del culteranismo, un movimiento literario iniciado por Góngora en el siglo XVI, ni insistir en que sus características más acusadas convierten los versos en sujetos oscuros para el lector debido a los hipérbatos, la alteración del orden natural de la construcción de las frases; las metáforas que mutan el mensaje literario en un enigma, y la insistencia en los temas mitológicos, cuyas claves manejaban en la época las personas cultas y hoy casi nadie. A pesar de todo esto, la poesía culterana influyó definitivamente en la construcción de nuestro idioma castellano y exhumó e inventó palabras que han pasado al vocabulario habitual y que nosotros hemos heredado con comodidad. El ejemplo está en Quevedo: Poco, mucho, si no, purpurancia, neutralidad, conculca, erige, mente, pulsa, ostenta, librar, adolescente, señas traslada, pira, frustra arpía. La consolidación del lenguaje concebido como juego y divertimento de minorías. Señala Ángel Pariente en su prólogo que apenas existen antologías similares, que muchos de los poetas culteranos han sido olvidados, opacados por Góngora, y que cuando son rescatados en alguna recopilación, lo son con poemas de otro estilo. De ahí el interés de ésta que es una muestra destacada del movimiento. La guinda la ponen los críticos anti culteranos en sus impostaciones, como Lope de Vega (Conjura un culto…), o el mencionado de Quevedo (Quien quisiere ser culto en sólo un día), tremendamente divertidos gracias a su ingenio. La base del pastel es, por supuesto, don Luis de Góngora y Argote, con De la toma de Larache, fragmentos de las Soledades y de la Fábula de Polifemo y Galatea. Entre las capas hay de todo: autores con un solo poema, raramente publicados, como es el caso de Juan Bermúdez y Alfaro y su Narciso; clásicos como el Primero Sueño de sor Juana Inés de la Cruz; escritores incidentales, recordados hoy por otras cosas, como...

Calcetines

Especialmente apto para niños de 8 años en adelante, es este un libro divertido que seduce por su lenguaje y forma de mirar el mundo. Como estudiante de Publicidad que fue, su autor nos regala una fábula anti-marcas donde los objetos y en especial, la ropa de una muñeca de una niña de clase media, arma una pequeña revolución entre hermanos y padre. Cayendo a veces en el recurso fácil por nemotécnico, Felix J. Velando, que hizo ya nuestras delicias con Te vas a reír cuando te lo cuente, sabe adaptar con sencillez lo cómico a la infantil, construyendo una narración donde monopatines e inconscientes pinchazos de alfileres son más peligrosos y menos efectivos que la capacidad de los humanos para comunicarse a través de la vestimenta; que sabe aliarse entre bata, cordones, manoplas, bufandas y como no, los calcetines protagónicos, para lograr un fin común tan paralelo a lo imposible, que dará que pensar a muchos niños sobre cómo aliarse ante el mundo feroz que les ha tocado vivir, feroz por humano, por otra parte. Toda esta coralidad (están los que son, pero hay más) recuerda a la inolvidable película Moonrise Kingdom, tanto por la magia como por el público a quién por un momento va dirigido. Flix y Tol son dos calcetines hermanos que viven en concordia, aunque con sus piques diversos; como suele pasar en estos casos, Tol empieza a echarlo de menos en cuanto su hermano es llevado por confusión a la lavandería por la madre de Marta; más tarde descubrimos que no es la niña quién llora, sino su muñeca y lo hace simbólica y gráficamente (las ilustraciones de Marc Torrent son un complemento al texto perfecto). Calificación: Inteligente a pesar de su inocencia. Tipo de lector: Aficionado a...

Robinson Crusoe

Cuando sentimos nostalgia, a menudo recurrimos a libros que nos recuerden la urgencia de actuar, libros que cuentan vidas enteras llenas de incertidumbre y sinsabores. Para ello, decidimos acercarnos a los clásicos y en concreto a esta novela de aventuras escrita por Daniel Defoe del siglo XVI-XVII, en que se nos narra en forma de parábola la vida de un hombre rebelde (no me des consejos, que quiero equivocarme yo solo) que decide desoír las advertencias que su padre le hace por llevar una vida cómoda y práctica. El caso es que Robin, que así se llama el muchacho y aún a sabiendas de que su hermano perdió la vida en una expedición, decide hacerse marino, encontrando junto a un capitán de barco consuelo sólo cuando se emborracha con él celebrando su supervivencia, y es que de eso va esta novela, de la necesidad de regresar y a la vez de quedarse para demostrarse a sí mismo que en entornos hostiles, lo único que cuenta es uno mismo, y en esta evolución nos volvemos inevitablemente animales, fieras que no sucumben a las peores tempestades y que se adaptan a un sueño. Quizás por ello lo llamen novelas. África y una isla cercana a Brasil serán paraderos donde el buen salvaje Robin se adapte a su medio solo, con la única compañía de una caja de tabaco y unos granitos de soja, alejado de toda civilización y resto humano posible. Este momento resulta tan desasosegante como el hecho de imaginarnos a nosotros mismos en esa posición, por lo que la llegada de un barco maderero que le ayude a aprovisionarse no se hará esperar. Luego llega la socialización, cuando Robin salva a Viernes, siendo así convertido en su esclavo, amigo y señor, con quién presenciará...

¿Qué es la libertad?...

Este es un libro que se encuadra en la colección Súper preguntas de la editorial edebé. Podría parecer excesivo este título para niños de 9 a 12 años, pero no lo es porque las ilustraciones de Fréderic Rébéna ayudan a canalizar la atención con sus colores vivos y lo divertido del gráfico y porque el sistema de preguntas es ameno. Los textos los firma Oscar Brenifier. Se logra la atención del lector a base de plantear asuntos de interés y enseñando a tolerar lo que otros dicen. El libro se distribuye por temas y al final de cada uno de ellos se plantean ideas que deberían servir para que los lectores acomodasen su forma de pensar con criterio. Interrogar a los niños de esta edad sobre si pueden o no hacer lo que quieran o si el resto de las personas les arañan parte de su libertad no puede ser malo. Lo malo es que queramos (los adultos) que un libro forme a nuestros hijos sin nuestra ayuda. Es importante estar cerca e, incluso, compartir la experiencia de la lectura, intentar que comprendan (eso no significa imponer nuestra forma de ver las cosas y menos si se trata de un libro con una finalidad tan alejada de eso). La lógica de los niños no es tan sofisticada como la de los mayores, pero hay que respetar su estructura. No son más listos si piensan como los padres. Sólo son mejores actores o grandes repetidores de frases o viejos prematuros. Calificación: Bueno. Tipo de lectura: Entretenida aunque exige que el lector se centre en lo que está haciendo. Tipo de lector: Niños de 9 años. Hasta los 12. Argumento: La libertad personal. Personajes: El lector. ¿Dónde puede leerse?: Con papá y mamá. En...

El lector del tren de las 6.27...

Un hombre lee en voz alta, cada mañana, páginas sueltas. Lo hace sentado en un vagón del tren que le lleva a la ciudad. Como a todos los que comparten con él el medio de transporte. Van a ocupar su puesto de trabajo. Son personas normales que hacen cosas normales, que guardan secretos normales y que, por ello, son extraordinarias. Jean-Paul Didierlaurent firma este libro lleno de sorpresas y de amor por la literatura. Ya había destacado con sus relatos breves y no oculta en su escritura que se maneja con mayor soltura en las distancias cortas. De hecho, aunque la apariencia de El lector del tren de las 6.27 es el de una novela, en realidad es un grupo de relatos que el autor logra unir con gracia aunque sin poder ocultar que el recorrido de sus personajes y de las distintas tramas es limitado y, por tanto, tiene que buscar fórmulas para que progresen pareciendo que suman buscando un resultado único y extenso. En cualquier caso, la novela se lee bien y en algunos tramos encontramos literatura de buena calidad cargada de una finísima ironía que convierte la lectura en algo gratificante. El asunto que ataca Didierlaurent es muy simple: lo que llamamos normal puede ser extraordinario. Como ven nada del otro mundo. Pero es algo que nos gusta pensar a todos como cierto y, así, el atractivo aumenta. Tipo de lectura: Muy agradable Tipo de lector: El que quiere confirmar que el mundo es de todos Argumento: La máquina que mueve el mundo es la normalidad Personajes: Amables, entrañables ¿Dónde puede leerse?: Viajando en el cercanías,...

Personal & político...

Aurora Luque (Almería, 1962) es una de las voces indiscutibles de la poesía española contemporánea. Ahora que se abrió un debate, un tanto extraño, en torno a la poesía escrita por mujeres, que la prestigiosa colección Vandalia traiga a manos del lector Personal & político (Sevilla, Fundación José Manuel  Lara, 2015) es un buen argumento para no debatir más, sino para afirmar, sin duda alguna, que mucha de la mejor poesía escrita en las diversas lenguas peninsulares suena hoy con voz de mujer. No seguiré en la defensa de lo obvio, pues merece la pena que nos centremos en el último poemario de Aurora Luque, donde esplende sobre la superficie de lo cotidiano la hondura de su discurso clásico, forjado entre antiguos y modernos, que huele a Mediterráneo, a Safo, a Hölderlin, a Juan Ramón, a Cernuda, a Caballero Bonald, a Anne Carson… y a viñas soleadas. Pero aquí, en Personal & político, el lema feminista (“todo lo personal es político”) que se toma como punto de partida, inspira una colección en la que la poeta busca el mito y la trascendencia en la vida humilde de cada día. El poemario se divide en dos secciones, “Cuaderno del sureste” y “Cuaderno vieja América”, nutridas de la propia experiencia vital de la autora; dicho sea esto con toda la reserva necesaria, pues el discurso lírico es siempre un discurso de ficción: la verdad de lo poético no se halla en la anécdota, ni en el episodio más o menos autobiográfico que sirve de espoleta a la escritura, sino en la (re)creación del mundo a través de la palabra. Así, en estos dos cuadernos de viaje, lo mismo salta el recuerdo del desierto almeriense de su infancia al contemplar unas fotografías, que se reflexiona sobre el...

Hotel Origen

(Imagen tomada de: http://www.notodo.com/libros/7299_javier_vela_hotel_origen.html) El premio de poesía Emilio Prados va ya por su décimoquinta edición, consolidado como uno de los referentes más fiables para saber por donde va la poesía más sugerente del panorama literario español. El pasado año se le concedió al joven, pero muy reconocido poeta, Javier Vela por un poemario impresionantemente bello, Hotel Origen, que acaba de salir en librerías coeditado, como siempre en colección propia, por la Diputación de Málaga, a través del Centro Cultural de la Generación del 27, y la exquisita editorial valenciana Pre-Textos. Al modo de los stilnovistas del renacimiento italiano, Hotel Origen es la crónica poética de una pasión amorosa y la donna angelicata es aquí nombrada como Amara. Lo angélico de este hotel lírico donde se viene a nacer es carne abrazada, no espíritu inalcanzable; el esforzado amante nos ahorra los trabajos de merecimiento del amante cortés y se centra en construir un fascinante tema con variaciones sobre los goces del amor. Poemas que brillan como luminarias en la noche, contrapunteados por pequeños poemas de un sólo verso largo (a veces organizado por la pausa en dos hemistiquios, un octosílabo más un endecasílabo) que funden la tradición del aforismo, de la imagen surrealista, de la iluminación casi de greguería y del afán del haiku por atrapar el instante en su huida, eso que algunos llaman inspiración. El libro tiene una fuerte unidad en su arquitectura, que gira en torno al misterio de Amara, una mujer con un país propio que el yo poemático explora en su geografía de piel y besos, mientras aprende la enigmática lengua con la que Amara nombra el mundo. O, dicho de otra manera,  Hotel Origen es el lugar de encuentro de un poeta con la poesía. Versos en estado...

EL SUEÑO DEL CELTA

Novelar una vida, documentar unos acontecimientos biográficos y convertirlos en una ficción, oscureciendo o aclarando algunos de los hechos en beneficio del mensaje y de la trama no es una labor grata, ni sencilla, ni prudente. Se arriesga a la crítica y a la impostura. Adquiere una responsabilidad con la sociedad para la que se escribe y con las generaciones futuras. Precisa de calcular una ambigüedad que no vale para el documentalista o el historiador y –al mismo tiempo- un uso limitado de la imaginación. Cuando quien emprende esta tarea es uno de los más importantes escritores vivos, laborioso trabajador, incansable investigador de las estructuras literarias, pensador de los tiempos pasados dentro de su propio tiempo, como es el caso de Mario Vargas Llosa, el resultado debe de ser satisfactorio. Y lo es. El sueño del celta es la historia de Roger Casement, adalid de los derechos de los nativos del Congo y de la Amazonia frente a la explotación colonial, polémico precursor de la independencia de Irlanda. Idealista, pecador, traidor. Una vida con la complejidad de sus numerosos viajes –físicos y mentales- en torno a la libertad de los oprimidos y a la suya propia. La novela, como no podía ser de otra manera, tiene ecos de El corazón de las tinieblas, de Conrad, de otras novelas de Vargas Llosa como La casa verde o El hablador  en las que ya se preocupó por el encaje de las culturas primigenias en eso que llamamos civilización, donde investigó los sistemas de esas sociedades y les infundió vida con su escritura prolija. La esclavización del hombre por el hombre, la violencia de los espacios naturales, las trampas del nacionalismo. El escritor peruano se enfrenta a estos temas con el pragmatismo de quien los conoce y...

La hermana menor

En Argentina dice mucho, pero el nombre Silvina Ocampo no llegó a ser internacionalmente conocido como el de Jorge Luis Borges, sin embargo, fue una gran autora y amiga íntima de este escritor. Mariana Enriquez, la escritora y periodista también argentina, ofrece en La hermana menor lo que el subtítulo del libro enuncia literal: Un retrato de Silvina Ocampo. ¿Por qué «la hermana menor»? Porque Silvina Ocampo siempre quedó en la sombra (imaginemos: de un cedro): la hermana de, la esposa de, la amiga de: de Victoria Ocampo, de Adolfo Bioy Casares, de Borges (respectivamente). Miembros de una de las familias más ricas de la Argentina, las Ocampo fueron figuras fundamentales de la literatura argentina del siglo XX: Victoria fundó la revista Sur, que hizo conocido a Borges. Luego abrió una editorial con el mismo nombre, que publicó a Sarte y Camus, entre otros. Era antifascista, feminista, antiperonista, escritora y hermosa. De Silvina no está tan claro: también antiperonista aunque comprometida mucho menos políticamente (o activa desde la sombra -del cedro de un jardín-). Lo de hermosa está muy en duda: se caracterizaba por tener una voz muy particular que no se sabe si queda del lado del encanto o del ridículo; sus piernas parecen que eran preciosas pero no sabemos si eran suficientes para distraer de otros rasgos de dudosa belleza. El color de sus ojos -parecen azules- tampoco alcanza para pronunciar con quórum que Silvina fuera hermosa como su hermana. En cambio, Boy Casares sí que era un galán: atlético y musculoso, ojos claros… Y era, además del lindo, el escritor de la pareja. ¿Es todo esto muy injusto? ¿Una conspiración contra la pobre de Silvina? Más bien no, podríamos mejor pensar que este fue el personaje de ella: estar en un...

El francotirador paciente...

Arturo Pérez-Reverte nos obliga en <em>El francotirador paciente</em> a lanzar una mirada sobre el arte urbano, nos transmite su filosofía y su cultura, atisbamos sus tácticas de guerrilla, entendemos su proceso y comenzamos a mirar esos nefastos grafitis que nos acosan en las calles de nuestras ciudades en su auténtica dimensión creativa. Es cierto que el escritor está más ocupado en pergeñar una jerga con veleidades de conocedor, que de componer una narración de profundidad. También que es bastante tramposo porque su narradora nos engaña escondiendo burdamente sus ases en la manga. Tampoco esa voz femenina nos resulta demasiado creíble, quizás porque nos acerquemos a la lectura conociendo a su autor y por eso no nos extrañe su dureza emocional y su extraño proceder intuitivo escondido bajo el signo del lesbianismo. Pero todo lo perdonamos por el entretenimiento que consigue con su escritura sugerente, con sus puestas en escena cinematográficas, con singulares ocurrencias de anécdotas; más que por la creación magistral de una atmósfera de thriller que se mantiene bien, hasta que el final nos resulta desconcertante y hasta pobre. No hay que desdeñar, por otra parte, el proceso de investigación y acercamiento que el autor ha hecho con seguridad al mundo de los grafiteros. Suponemos que es la novela que todos los lectores de Pérez-Reverte, que son muchos, esperan con expectación y pensamos que no debería defraudarlos. Calificación: Bastante pobre. Tipo de lector: Fans del escritor. Tipo de lectura: Entretenida. Argumento: Convencional. Personajes: Bastante planos. ¿Dónde puede leerse?: En un banco de cualquier plaza...

VIAJE AL TIBET

La obra maestra de Robert Byron, Viaje a Oxana, ensombrece toda la obra de este aventurero británico, muerto prematuramente joven al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Pero sus crónicas sobre el Monte Athos y el Himalaya son también interesantes como apuntes del natural. En Viaje al Tíbet despliega el equilibrio justo entre una exposición inteligente y sabrosa, unos comentarios encriptadamente malvados y las informaciones interesantes y exactas, convenientemente expuestas. Se echa de menos la interacción con otros personajes, como en The Station, bien hubieran sido criticables congéneres o exóticos oponentes; también la brillantez de la descripción de los monumentos islámicos que es el hilo conductor de su viaje a través de Persia y Afganistán. Byron es un extraordinario observador, minucioso anotador, poco dado a las fantasías, realista y concreto. Sus líneas tienen el poder de una fotografía llena de recursos. Para alguien que ha recorrido a pié los reinos del Tíbet, como es el caso del que escribe estas líneas y salvando las distancias, su obra representa la evocación y el recuerdo de algo que efectivamente es así, y que no se puede retratar mejor. Destacan los inventarios de vestiduras y aderezos, la concreción del paisaje y de los meteoros mediante la palabra, y la minuciosa representación de las edificaciones. La prosa de Viaje al Tíbet es inseparable de cierta mirada británica sobre las cosas, así como de la modificación que el trayecto produce en todo viajero esforzado; y lo interesante es que este cambio en el carácter –el viaje interior- se va desarrollando poco a poco hasta llenar las páginas y transmitirse al lector. Calificación: Muy interesante. Tipo de lector: Aficionados a los viajes. Tipo de lectura: Amena. Argumento: Viaje. Personajes: Curiosos. ¿Dónde puede leerse?: En Laddak o en...

La lenta furia

El oxímoron del título del libro atraviesa el estado de todos los cuentos. Frente a lo lento, la rapidez violenta e instantánea de una sacudida. Ante la furia, la calma de la hora de la siesta, de la pulcritud impensada y obsesiva de una verdulería. Esto es Fabio Morábito: «Hay un terremoto de paso. Está esperando que se abra una falla», excelente metáfora de la vida humana, la actitud de todo lo que nos pasa, de todo lo que somos (temblor). «Oficio de temblor» es el último de los cuentos. La materialidad del espacio y la materialidad del cuerpo humano se ponen al servicio de la sacudida. Cuando suceda, habrá golpe («¡Pum! ¡pum! ¡pum!», dice) o se percibirá lo más ínfimo. Pero el espacio ruinoso, la materia resquebrajada, desarticulada, descascarada de los espacios de cemento, los subsuelos que esconden la ruina, y el polvo, y la tierra, son los elementos que organizan el universo del cuento «Mi padre» pero también la materia de un muro que en «De caza» funciona para dividir lo real de lo imaginario, la verdad de la traición, el hastío por la realidad de la fantasía. En ese mundo también se abre una falla. Si todo cuento cuenta dos historias (pienso en la idea de Ricardo Piglia), una visible y otra que transcurre en los silencios y los intersticios, me parece que La lenta furia es en su totalidad una metáfora de esta idea del cuento. Cada historia guarda o debajo del mantel o en un subsuelo, o en cualquiera de estos espacios que lo cotidiano y lo visible ofrecen para silenciar u ocultar, la verdad de algo que no podría resolverse solo desde la superficie. En el lenguaje de Morábito se nota su oficio de poeta. Acude a las...

Lo que importa

Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) ama la palabra, de eso no cabe duda si uno ha frecuentado sus traducciones de Shakespeare, Milton, Marlowe, Tennyson, Yeats o Pound, si se sabe de su fidelidad al estudio de las letras irlandesas y de su labor al frente de la revista sevillana Estación de poesía, pero su amor a la palabra de los otros no debiera ocultar al lector el disfrute de la que escribe en nombre propio. Lo que importa (Sevilla, Renacimiento, 2015) es su quinto poemario y no dudo en calificar el libro como un encuentro feliz para el lector que se tope en el anaquel con un ejemplar sevillanamente encuadernado en albero y granate. Feliz, porque Rivero Taravillo escribe una poesía que recubre el mundo de luz y abre sentidos donde se espera la rutina, como en la espléndida oda a la ciruela que viene a la boca “del cesto de frescor del diccionario” y se derrama en jugos como una “constelación de asombros”. No es que falte el tono amargo y el recuerdo de la vida canalla sepultada en el pasado, la culpa o el olvido que no llega, pero la mirada del poeta se resiste a las visiones negras y encuentra siempre una metáfora para salvar la inocencia. Es una mirada adánica, en cierto modo, que descubre cuánto mira como recién nacido. “Qué concordancia, / mi corazón y el trino”, dice desde el jardín cuando el yo se pierde entre las hojas y la brisa. Su oficio es pulcro y bien medido, pero busca la naturalidad del curso del pensamiento, centrando su labor en la construcción de metáforas que recubren la anécdota y la visten de atardeceres serenos. No es un poeta neomodernista el que asoma en esta miscelánea de versos soplados...

AUGUSTO, DE REVOLUCIONARIO A EMPERADOR...

La biografía de Augusto se publica como una obra de divulgación, va destinada por lo tanto a un público culto pero generalista, que exige rigor científico pero también cierto estilo literario; esto es importante no solo por la forma, sino también por la manera en que se vehicula la información, por la capacidad de tocar emocionalmente, de pulsar determinados resortes en la mente lectora. Su autor es sin duda un experto en la materia, ha escrito ampliamente sobre la época –César, Antonio y Cleopatra, La caída del Imperio Romano– seguramente sus análisis son exactos, pero falla en el momento de poner ante nuestros ojos al hombre de carne y hueso, no consigue sostener el pulso narrativo en la construcción de un personaje magnético -Augusto sin duda lo fue- y el libro desprende cierto tufo académico. Tampoco como fuente está demasiado bien estructurado. Augusto fue un político prudente y astuto, general precavido, fiel a sus amigos, a su esposa y al poder; su camino fue trazado por la suerte y por su gran capacidad para aprovechar las oportunidades. Fue un hábil propagandista de sí mismo, la mejor muestra de ello es el peso de su nombre y su iconografía dos mil años después. Para él, una retirada era el inicio de un gran paso atrás para tomar impulso. Una de las virtudes de Goldsworthy es la contribución a desdibujar al héroe divinizado y subsumirlo en su humana mediocridad. Su principal error, pretender explicar cada uno de los entresijos de la época y repetirse en detalles, que además de no aportar nada al biografiado distraen al lector. La costumbre romana de prohijar, las modificaciones de los nombres propios, los divorcios y los cambios de familia tampoco ayudan a que fluya la Historia. Reflejar prolijamente estas metamorfosis...

La gente no es como tú...

En la contraportada de este libro de Sloper, dentro de la fabulosa colección “La noche polar” se advierte que su autor es y ha sido diseñador de notable éxito en España y Estados Unidos y que se estrena en las letras con esta colección de arte-factos en forma de cuentos e hiperbreves. Son piezas que entienden el riesgo en literatura desde un alto estado de gracia que los hace particularmente contrastados y punk entre sí. Apenas detrás hay un personaje o una línea de acción, pensamiento y conflicto comunes, la de un perdedor que siente haber nacido desde una rebeldía necesaria y adolescente que le hizo madurar demasiado pronto. Hernán Migoya dice que hay mucho de él mismo en la apuesta; los que creemos en la literatura como disfraz (que no tiene por qué ser deshonesta) aplaudimos igualmente. Porque sabemos que tras estos relatos y aforismos no sólo hay una tremenda libertad, sino ese humor que tanto nos gusta. Las repugnantes gaviotas hacen moverse de sitio al más pintado. Eso y su sorpresa. Agujeros también va de emociones, que son como trozos viscerales que terminan en Grúas, un relato del paisaje que no abandona todo lo anterior. Fiebre y Heridas son dos piezas que siguen hurgando desde el atractivo formato escogido. Sin embargo, es a partir de Hugo Boss on the beach, donde el personaje se queda en pelota picada ante su lector y lo hace con altos vuelos, como poca gente se atreve, consiguiendo que la vergüenza aunque le pueda, le convierta en autoinmune. Recuerda más este recorrido por el lado salvaje a En el camino que a cualquier libro de Bukowski o Fante, novelas y cuentos éstos, muchos hilvanados desde la necesidad de escribir honestamente sobre el trabajo y devenir cotidiano. Anfetas,...

La rosa ilimitada

Un libro arriesgado desde lo gráfico en su portada y hasta censurado en Facebook por la imagen que muestra.: una mujer desnuda de la cintura para abajo, a la que encima le falta una pierna. Pero desde la portada ya otra cosa, no solo riesgo: homenaje. Homenaje con su título a Roberto Bolaño, el escritor chileno que en 2666 creó un personaje escritor (Benno von Archimboldi) que escribe entre otros el libro La rosa ilimitada. En La rosa ilimitada de Carlos Maleno, el personaje-escritor/editor (Roberto Fate, sí, Fate, como el periodista de 2666) también escribe un libro. ¿Y a que no imaginan cómo se llama? Pues sí, La rosa ilimitada. Roberto Fate se obsesiona con una escritora argentina llamada Paula Boccia a quien, junto con su socio, deciden publicar. La invitan a Almería para firmar contrato o hacer los arreglos necesarios pero allí, además, se entretienen los tres yendo a un recital de poesía de Houellebecq, claro, ese escritor francés desgarbado que se refugia en su casa del sur español de cuando en cuando. Entonces Houellebecq es un personaje de Carlos Maleno y es también el título de uno de los capítulos de La rosa ilimitada. ¿De cuál de las rosas? Pues ese es el juego preferido de Maleno, me atrevo a pensar: desconcertar al lector con un juego permanente de ficción dentro de la ficción donde nunca se acaba de saber si los acontecimientos y sucesos que se narran, se narran en la “macro-novela” o en la novela dentro de la novela o acaso en recovecos o resquicios de alguna de ellas. Porque además de ficción y metaficción hay ensoñaciones, supuestos, presagios, sueños repetitivos, alucinaciones, que siguen estando en el universo de lo no-real incluso dentro de la propia ficción (porque siempre hay...

Salinger

En un tono periodístico, muchas veces testimonial (hay más de doscientas personas participando en un proyecto de investigación que llevó nueve años y medio el realizarlo), se entregó el año pasado, aprovechando la reciente desaparición del homenajeado, la última biografía, que se pretende rigurosa, en cuanto a multifocal, del autor de El guardián entre el centeno, aquella novela considerada por muchos algo más que un adalid de la contracultura norteamericana y por otros, como novela antisistema contada por un niño pijo. Salinger es Salinger, sí. Y no lo sería tanto si no se hubiese alistado antes de los dieciocho en el Ejército y no hubiese participado en hechos tan trascendentes como el desembarco en la playa de Utah en Francia o la batalla de las Árdenas, cerca de Alemania. También es verdad que lo hizo desde el contraespionaje, pero ello no le salvo de ser un especial testigo de aquella masacre. Al final del libro se insiste también en un dato interesante y es que Jerry tenía un único testículo y esa tara, al parecer de nacimiento, producto de un problema genético adquirido de su familia, le hizo estar a conciencia en segundo plano, más de lo que hubiese podido imaginar. Antes de llegar al Frente, J.D. vivió una vida intensa en el Upper East neoyorkino; las contradicciones religiosas de sus padres (ella católica, él judío) hicieron que conociese a través de su afición escolar al teatro, a Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene, que tras probar su elegancia en paseos que a él deslumbraron, acabó primero exhibiéndose en clubs que Jerome consideraba desaconsejables y luego casándose nada más y nada menos que con Charlie Chaplin. Esto causaría un trauma en nuestro escritor, pero hubo otras muchas chicas en su vida. El asunto de...

Plataforma

Plataforma es esa novela de Michel Houellebecq que produjo ciertas reacciones en la crítica y los lectores, quienes no elogiaban precisamente ni a la obra ni a su autor. Es que Plataforma puede ser leída como un bodrio pornográfico. El bodrio de un misógino; también podría ser. Más de doscientas páginas son un bodrio que se salvan espaciadamente por algunas frases para subrayar. Sin embargo, no se puede negar que es una novela inteligente y valiente y que eso la hace muy propia de la voz, de la marca a esta altura, de su autor. Houellebecq dice lo que quiere y bravo. El problema no es él, creo yo, es que esta novela en particular realmente se siente como un bodrio por momentos. Habrá a quien le encante, claro. El tema central de la trama es el turismo sexual. Si bien la novela es (lo creo con convicción) una denuncia a la explotación sexual en el tercer mundo, sus personajes principales (Michel  y Valérie) viven de eso, explotan eso mismo, lo llevan al máximo, lucran con ello. Mientras tanto, se aman, y sobre todo, tienen sexo permanentemente; sí, sobre todo y no a solas, en muchas ocasiones en orgías o al menos una persona más. Páginas y páginas de descripciones explícitas de actos sexuales que se suceden uno tras otro sin descanso como si la esencia de la condición humana estuviera en la actividad sexual. Algunos encuentros rozan lo inverosímil o al menos parecen de película pornográfica de clase B o Z. Ellos se aman, pero de ese amor se habla a través de la carne. Veinte páginas antes de que termine el libro, la novela da un vuelco impresionante y ahí yo me recompongo, reconozco que mereció la pena todo el bodrio de...

El forzado inocente

El forzado inocente (Madrid, Pre-Textos, 2014) es el poemario clave de la carrera del poeta franco-uruguayo Jules Supervielle (Montevideo 1884–París 1960), en su día amigo inspirador del gregueriante Ramón Gómez de la Serna y, como él, escritor único e inimitable. Publicado en París en 1930, en plena efervescencia surrealista, El forzado inocente es un triunfo de la inteligencia, de la necesidad sobre el azar. En una línea de búsqueda parecida a la surrealista, Supervielle nunca aceptó la escritura automática propugnada por André Breton y sus seguidores, aunque navegó las aguas del momento de duermevela en el que la razón empieza a anegarse en el mundo de los sueños. Casi un hierofante, invocaba la magia en la espuma de lo cotidiano como el que convoca los espíritus ancestrales para encontrar el sentido trascendente que anida en el corazón de los hombres. No tengo noticias de que frecuentara los paraísos artificiales, pero la alucinación es la pauta de su discurso lírico. Y, sin embargo, la metáfora deslumbrante no era su camino, prefería la construcción de un universo de imágenes extrañas por asociación improbable de ideas comunes, no por la superficie irracional de un lenguaje violado por el inconsciente (“Olvida ya las manos y los ojos del viaje, / escucha las razones de tus muros sensatos, / es por aquí, te digo, es por aquí”). Supervielle nunca fue un poeta a la moda, ni ahora en estos tiempos postmodernos anda de moda. Poeta a la antigua, no por su clasicismo formal, ni por la exhibición de una retórica ampulosa, sino por creer aún que la poesía era una forma de conocimiento capaz de elevar al ser humano por encima de la vulgaridad. Poeta suprarrealista, no por despreciar la realidad, sino por querer asirla entre sus manos más...

UN DÍA EN LA FERIA DEL LIBRO DE SEVILLA...

Desde el 7 al 17 de mayo, en la Plaza Nueva (Sevilla), 39 expositores de editoriales, librerías y autores entrarán en diálogo con los ávidos lectores. A esta cita acudirán personas para que les firmen libros de autores a los que quieren conocer; expertos para hablar de escritoras y escritoras para dar charlas; cantautores, pasacalles; y, para profesar respeto a la vida y obra de un héroe cultural, como Rafael de Cózar. ¿Yo? Para comprender el ambiente respirable entre billones de hojas de papel. Fui acompañada. No me costó convencer a mis compañeras de periodismo, Isabel, Ángela, Cristina y Sara, cuando les dije que a las 18.30, en la caseta nº7 de Ediciones En Huida, habría un coloquio, Relatos y mujer. Llegamos tarde a la cita, pero el joven que detentaba la editorial se percató de nuestra desazón y tuvo el gesto de llamar a la autora de la tercera edición de un libro que apareció en septiembre de 2014. Amablemente, nos concedió unos minutos y desordenamos las sillas, para formar un pequeño círculo. Carmen Bretones, siendo almeriense, profesora de Instituto, en un pueblo de Sevilla, y doctora en Literatura Inglesa, es éste su primer libro de literatura de  ficción, Once relatos de mujeres de hoy. Comenzó a preguntarle Isabel Lara, ¿consideras que las cosas que le ocurren a las protagonistas tienen su causa en las condiciones sociales en las que viven? «Son las cosas que nos pasan a todos, gente trabajadora, con sus traumas. Son personas en las que se ven reflejadas o dicen “¡si ésta es mi vecina!, o ésta soy yo o es mi madre o es mi tía”. Los personajes son gente normal frente a situaciones de la vida que nos unen a todos y a todas». ¿Qué hizo “click”...

EL PRIMER CASO DE MONTALBANO...

La editorial Salamandra es responsable de la publicación en España de los veintidós libros que tienen como protagonista a Salvo Montalbano; criatura inventada, con sapiencia y cierto humor corrosivo, por Andrea Camilleri; escritor siciliano que conoce la gastronomía de las trattorías o los textos de Borges de un modo tan sumamente fino y sutil como lo son los tres casos que nos presenta, todos ellos de una actualidad pasmosa. Apuesta por los personajes y la trama; una trama que en los tres casos opta por finales que se desinflan como buñuelos de viento, buscando una interpretación de lo que ocurre cuando no sucede más que el choque de caracteres tan latino del quién es más, lo que lleva a su vez al pensamiento catastrofista, al qué pasaría si. El autor utiliza premeditadas y jugosas elipsis que, lejos de alejarnos del entretenimiento dan calidad literaria a un universo y a un personaje que no sabemos (sobre todo si llegamos sin conocimiento previo a su encuentro, como es el caso) si se trata de un gandul, un pedante o un comilón que necesita sestear antes de meterse al ajo; su lado oscuro está tan cerca de los detectives de Mendoza como a veces del Carvalho de Vázquez Montalbán. En Siete lunes, a partir del descuartizamiento de cuatro animales (los tres primeros Pez-Pollo-Perro) se inicia un supuesto jeroglífico cuya posible solución está en la Qabbalah. Se reflexiona sobre la inutilidad de todo conocimiento metafísico y hasta patafísico, para resolver un enigma en lo intrincado y conflictivo de la condición humana. El primer caso de Montalbano narra la asignación de plaza de Salvo; él no quiere ser destinado a un pueblo de montaña perdido de la mano de Dios, por lo que consigue que un inspector traslade su...

Ética para Amador

Han pasado muchos años desde que Fernando Savater escribió su Ética para Amador, y, con ellos, son muchas las cosas que han cambiado. Amador, su hijo, ya no es ese chaval de 17 años perteneciente a esa generación bien o mal llamada X, que pasaba de la política y los políticos, que consideraba que ese rollo era muy chungo, que no había más que chorizos, que mienten hasta cuando duermen, y que tenía, en líneas generales, una actitud más que pasiva hacia ella. Que pensaba que más valía dedicarse a vivir lo mejor posible y a ganar dinero, en vez de perder el tiempo en tonterías como cambiar el mundo. Que tenía como referente vital a Mario Conde. Amador es ahora un conocido pensador, más que interesado por la política, a cuyo análisis dedica buena parte de sus estudios; su generación (la mía), está ahora abrumado por la situación, la crisis generalizada, las hipotecas y las responsabilidades propias de la edad adulta, y, lo que es aún más importante: esa apatía generalizada, esa abulia social, ha desaparecido por completo. No hay bar ni parada de autobús en que no haya conversaciones (y discusiones) acerca de lo que está haciendo o dejando de hacer el Gobierno, se conocen los nombres, vidas, hechos y milagros de los candidatos a mantenerse en su puesto o a reemplazarlo, y la sociedad, en su conjunto, no ha tenido más remedio que reaccionar. La percepción puede que no haya cambiado en exceso, pero sí la manera de vivirla. Y, en estas circunstancias, Política para Amador, ese texto que Savater escribió alarmado y lleno de cariño hacia su hijo, y, por extensión, hacia toda una generación, se hace imprescindible. Cierto es que tanto este como su antecesor, Ética para Amador, se ...

EL ASESINO DENTRO DE MI...

Jim Thomson es un autor de novela negra cuyos protagonistas muestran siempre una inclinación escabrosa por el lado oscuro del ser humano. Sin embargo, sus héroes o antihéroes tienen bastante que ver con los de Hammett y Chandler, en el sentido en que si no es que fracasen en sus hazañas, sí se sienten perdedores e incomprendidos. Esta novela, comparada por la crítica del momento con 1800 almas, nos ilustra sobre el personaje de Lou Ford, un tipo de apariencia amable y hasta amigable que se esconde bajo una enfermedad que es su propia camaleonicidad y por la que vamos descubriendo su secreto. Y es que Lou es un tipo violento, capaz de escurrir el bulto, provocar el suicidio de los débiles y enfrentarse a situaciones que le hacen ver el mundo desde su revés más perverso. Ahora que se está empezando a poner de moda la extimidad gracias a algunos autores nórdicos; el personaje de Lou, siempre desde el american way of life, juega a contarnos también su vida y lo hace sin concesiones, rodeando la acción para acotarla en su prosodia, dando a entender que la realidad es simple, pero lo que ronda dentro de su cabeza, no tanto. Cuando Joyce, la prostituta que luego desaparece y a la que dan por muerta (siendo Lou el principal sospechoso) provoca ante sus inocentes ojos, un escarceo que es todo menos agradable, nos encontramos con una visión que nos muestra a Lou desde una asexualidad que le hace incapaz de relajarse en el cortejo; si a esto sumamos cierta misoginia, que le hace mentir a Amy, su legítima novia con la que está a punto de casarse, tenemos a un tipo atractivo, pero ciertamente perturbado, más psicópata que loco (de hecho, consigue ingresar en...

La jungla de asfalto

La confirmación de que de malas novelas salen buenos guiones, hecha por Linda Seger en El arte de la adaptación, es en este caso, si no fehaciente, sí relevante. Esta novelita pergeñada por el autor oriundo de Ohio, W. R. Burnett, responsable entre otras de El último refugio o El pequeño César, carece aquí de su mejor baza y no precisamente por el uso de unos diálogos esquemáticos en su mayor parte, pero resolutivos en el nudo de la acción; sino por la existencia de unas descripciones torpes o poco brillantes, para lo que da de sí el género. Sin embargo, al ser publicada en 1949, fue un éxito de crítica en Estados Unidos, lo que hace que tal vez sea más que necesario un replanteamiento de traducción en la edición manejada (El País). La corrupción del estamento policial empieza siendo el planteamiento que va dejando paso a la existencia del peligro latente a través del personaje, hampón privilegiado, de Erwin Riemmenscneider, envuelto en planes de robo, junto a dos mensajeros del miedo azotados por el crac, de una joyería, Pelletier & Co., sita en un lugar asfixiante del que no se hace metáfora local alguna. Si cuando los planes salen mal, la irritación que ocupa a sus artífices puede ser grande; cuando salen bien, el asunto no es para menos y así vemos como el abogado Emmerich, que juega a ser el que paga por las joyas, no sabe guardar promesas y es un desecho humano que sólo conoce de cerca la hipocresía. Se agradece la ausencia final de moralejas, así como la agilidad de los diálogos. La película de Huston no sería igual sin muchos de ellos. Pero otra cosa es la literatura. Queda tan hibridizada por el cine que el lenguaje...

Una vida subterránea...

Una vida subterránea es el último libro publicado de la escritora catalana Laura Freixas. Se trata de un diario que abarca desde 1991 a 1994. Es decir, ese género tan caracterizado por el presente continuo que siempre está en pasado porque se publica en futuro, es aquí obra de una autora (mujer) de las letras españolas, que como condición para publicar sus diarios había impuesto, junto a otra, que hubiera transcurrido más o menos esta cantidad de años (veinte aproximadamente) para darlo a la luz. La otra condición era no publicarlo íntegramente sino gozar de la libertad de la escritura y la creación en ese presente continuo con la tranquilidad de que en el futuro quitaría lo que le pareciera demasiado íntimo o no quisiera publicar. Y así ha sido; el pasado editado. Cuando Freixas escribió este diario tenía entre 33 y 35 años y básicamente eran dos sus grandes temas: la escritura y la maternidad. Da mucho juego… «plantar un árbol, tener un hijo, escribir un libro», qué curioso, porque la dedicación de Laura a sus plantas en el diario aparece con frecuencia. Otro: dar a luz un niño, dar a luz un libro. Y los juegos con el verbo «parir»: «esto es un parto» si algo se está volviendo complicado o se está demorando. En estos diarios esos dos temas compactados en uno es ahora la demora: se demora un bebé por dificultades a la hora de quedar embarazada (luego se demora porque siempre se demoran nueve meses); se demora la publicación de una novela porque hasta se demora su corrección (e incluso los amigos que van a dar opinión también se demoran, maldita hora). Y la demora coloca al sujeto (que la padece) en situación de espera, por ende, de imprecisión,...

Las ciudades invisibles...

No sorprende que un libro de Ítalo Calvino lleve el adjetivo «invisible» en el título modificando a un sustantivo como «ciudades». Justamente, las ciudades, esos sitios que se visitan y se miran, pero no, no sorprende, porque Calvino nunca olvidó que los sentidos son cinco y no solo uno, que hasta una ciudad no se la conoce o se la reconoce por el sentido de la vista necesariamente, que quedan otros cuatro. De Calvino, que comenzó a escribir un libro sobre los cinco sentidos en 1972, pero que no llegó a terminarlo (le faltó un cuento sobre el sentido de la vista y otro sobre el del tacto) no, no sorprende. Al final, quedaron recopilados en un libro titulado Bajo el sol jaguar tres cuentos sobre tres de los sentidos: el olfato, el oído y el gusto. Pero Las ciudades invisibles es otro libro, uno que a diferencia del recién mencionado no fue publicado de manera póstuma, pero que sin embargo ya trabaja algo de los cinco sentidos, ¿o acaso no? Que ya declaraba que para las ciudades no se trata solo del sentido de la vista. Marco Polo, mensajero y explorador veneciano, viaja y le cuenta al emperador de los tártaros, Kublai Jan, cómo son las ciudades. Pero el título ya lo dice: son invisibles. Ahí, en lo invisible, radica lo más narrable de las experiencias de Marco Polo. Por ejemplo, una ciudad de truque no lo es solo de mercancías; los trueques lo son también de deseos, de recuerdos… ¿A qué género literario pertenece este peculiar libro de Calvino? Podría leerse como un libro de poemas, pues el propio autor dice en la nota preliminar: «Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez...