La pasión según G. H....

Otra metamorfosis, sí. Es completamente diferente. Son cucarachas en los dos casos, sí. Pero en un caso para enajenar, en el otro para liberar. Gregorio Samsa (G. S) ahora es la cucaracha, G. H ahora también es la cucaracha, los dos se transforman. Pero en G. S es más una condena y una muerte; en G. H, una liberación, no tanto para trascender sino más bien para transgredir la trascendencia: para ser ahora. H es G.H, sabemos solo sus iniciales. Es la protagonista-narradora de esta novela de la escritora brasileña Clarice Lispector. Una novela articulada en cuestionamientos de carácter ontológicos para servir a un planteamiento metafísico. Una mujer burguesa que no se transforma en cucaracha, se des-transforma para poder ser. Se disuelve lo individual y lo presente: es una mujer para ser la mujer de todas las mujeres en el transcurrir de los milenios. Es tan primitiva como la especie a la que pertenecen las cucarachas. H viaja del salón de su piso burgués hacia el cuarto de la criada (de raza negra) y allí encuentra dos cosas que no esperaba (G. H esperaba encontrar desorden): una pintura en la pared donde se distinguen una mujer, un hombre y un perro, y una cucaracha en el armario. Su viaje es como un viaje a las cavernas (no lo digo yo, lo sugiere la propia G. H, y se hace evidente). Pero el viaje no es de la luz hacia la oscuridad ni de la riqueza hacia la pobreza. Es al revés. Una vez que entra allí y descubre a la cucaracha, G. H se desheroiza, se des-transforma (y hasta se deshumaniza) para ir de la oscuridad a la iluminación: a aprender qué es ser, qué es vivir. Para ello, el camino es el despojo,...

EN DEUDA CON EL PLACER...

Algo que parece otra cosa y que se va convirtiendo en una novela poco a poco. Estamos En deuda con el placer. Con recursos que no son nuevos, pero que son utilizados aquí de una manera bastante eficaz: un narrador encubierto, convenientemente construido con detalles autobiográficos, aderezado con un relato de carretera coronado por la gastronomía. Hemos de recordar que John Lanchester fue crítico de restaurantes para el Observer de Londres. Un mezclum en el que los tonos de color de las diferentes hojas se alternan, y se aliñan con acierto. Pero con unas extrañas notas de fondo. En deuda con el placer es también un recetario, y en parte un análisis del gusto, que el autor confiesa influenciado por Brillat-Savarin. Trabado con divagaciones que llevan al narrador, a quien nos confiamos incautamente, de lo personal a lo histórico o lo antropológico, pero terminando siempre en el gusto, un sentido que participa como ningún otro de todos los demás, que son capaces de modificarlo. Engañándonos. Tarquin Winot, el narrador, es posmoderno en su manera de escribir, puntilloso, egocéntrico, capaz de unas asociaciones de ideas inesperadas, nos descubre su novela en marcha y sus mecanismos de ficción un poco a la manera de un cocinero estrella, con muchos aspavientos, mucha cacharrería y algún fogonazo repentino. Y como uno de esos grandes chefs, su mérito último reside en saber mezclar los ingredientes de siempre de una manera distinta a como los esperábamos encontrar. Y eso solo lo sabemos cuándo rematamos el almuerzo. Quizás John Lanchester haya sido un poco sobrevalorado por este libro desconcertante. Calificación: Curioso. Tipo de lector: Aficionados a la gastronomía. Tipo de lectura: Amena, a veces divertida. Argumento: curioso. Personajes: Familiares. ¿Dónde puede leerse?: En un viaje gastronómico por Francia. Uno de los...

MI PADRE Y YO

Joseph Randolph Ackerley fue gran parte de su vida editor de una revista de arte, The Listener, y mantuvo amistad con destacados literatos de su generación: Forster, Auden, Isherwood, Wolf. Memorias como ésta son la parte más importante de su obra. La idea de que el hecho de contar tu historia -o la de las personas de tu familia- es importante, diferente o singular; la sensación de que realmente pueda aportar algo a la Historia de la Humanidad, es el motor de toda novela autobiográfica. Novela porque los hechos son alterados por la parcialidad, las lagunas de la memoria y los resortes de la escritura. En sus momentos más gloriosos este género se sostiene en la elaboración literaria (Proust) o en lo excepcional de la memoria (Chateubriand). Aquí no se da ninguno de esos supuestos, aunque el escritor sí que tiene algo nuevo que aportar: lo interesante de este libro es que J. R. Ackerley era homosexual, y que muchas generaciones después de él han querido escrutar su vida para comparar las frustraciones y los deseos. Y Mi padre y yo adquiere el valor del coraje. La valentía de desnudarse delante de otros, sobre todo cuando no se tienen cosas bonitas que enseñar y los otros te miran sin disimulo. Cuando la sociedad no está preparada para ese striptease. Ackerley orbita alrededor de los espacios en blanco de la vida de su padre para reconstruir su propia personalidad, se introduce a través de grietas en lo convencional, analizando el mutuo desconocimiento. Luego se confiesa. Su prosa tiene un fondo ácido que estremece el humor, y una sencillez buscada y eficiente que en algunos momentos nos conmueve. Calificación: Muy interesante. Tipo de lector: Cualquiera, aficionados a las memorias. Tipo de lectura: Amena. Argumento: Biográfico. Personajes:...

EL HÉROE DISCRETO

En esta novela del Nobel de Literatura 2012, Mario Vargas Llosa, se nos dibujan unos conflictos a través de algunos personajes (unos nuevos, otros no tanto, como Fonchito, Rigoberto y Lucrecia) que sorprenden por su actualidad. Pintándonos en esta  ocasión un Perú próspero donde el capitalismo ya está plenamente instaurado, son Felícito Yanaqué e Ismael Carrera, algo más que víctimas sin dejar de serlo, ancianos resistentes a todo tipo de tempestades, incluyendo las familiares, que a veces son las peores en según qué casos. En el caso de Felícito se ha de enfrentar a la extorsión, incendio y chantaje de un grupo vinculado a la Casa Verde, liderado por un tal Miguel; gracias a la ayuda incondicional de uno de sus hijos, a una santera que le echa las cartas y perjudicado por los mass media que demuestran intenciones aviesas y torticeras, consigue gracias a una dama, quitarse de un problema que le podía haber supuesto la más absoluta perdición por más digno que se ponga. Por otro lado, Ismael, viudo y dueño de una próspera empresa de seguros, se ve amenazado por sus dos hijos, Miki y Escobita, dispuestos a enterrarlo en vida a cualquier precio con tal de heredar ya su parte e intentando torpemente ganarse la amistad con argumentos caducos de su tío Rigoberto. Ismael encuentra en otra mujer, también, la solución a sus problemas. Ocupa gran parte de la extensión del texto, las relaciones que en principio se suceden inseguras y dadas a la frontera entre realidad y locura, de Fonchito, a quién se le aparece el diablo a través de Edilberto Torres, una presencia que sólo él ve. Con la prestancia a la que nos tiene acostumbrados, el novelista nos regala una fábula menos contradictoria que otras veces y...

El amor conyugal

El amor conyugal es una novela corta de ritmo, trama y temática más bien clásica, frente a lo cual no está de más recordar que fue escrita en la década del cuarenta. El comienzo de la novela nos presenta a un feliz matrimonio burgués que goza de las comodidades del dinero y del amor correspondido. La historia es narrada por uno de ellos: el marido, Silvio. Por lo tanto, es al único punto de vista que como lectores podemos acceder. De ella no sabemos nada más que lo que él nos dice, aunque con descripciones demoradas: se trata de una mujer imponente, no por su belleza, dudosa, que se mantiene en el borde entre existir y no existir (una idea latente de la transformación y la deformación de la persona), sino por su fortaleza, por una presencia y una palabra sentenciosas. Y sin embargo, de ella todavía se puede saber algo más, de a poco, quizá antes que él, porque la novela es una trama con tensión in crescendo que nos arrastra a sospechar lo obvio. Tan obvio, que no voy a mencionarlo literalmente. Sin dudas, se trata de una trama pulcra: dos hilos -dos, ni más ni menos que dos- tiran de una misma marioneta. Son dos hilos que se entrecruzan si necesitan entrecruzarse, que van a darle movimiento a una misma figura. La figura es la trama, que baila por el movimiento acompasado y nunca independiente de los dos hilos. Si hubiera que otorgarles una palabra a cada uno de esos hilos serían «escritura» y «amor». El marido se propone (no sin presión por parte de su esposa Leda) escribir una novela basada en el amor de ellos a la que llamará El amor conyugal. Mientras tanto, o al servicio de ese...

Viaje al fin de la noche...

Tachado por muchos de misógino y racista, Louis Ferdinand Celine, autor de esta sombría y a su vez aplaudida novela, fue también, y en sus páginas y prólogo así se sugiere, colaborador del régimen nacionalsocialista alemán durante el conflicto armado más importante del siglo XX. Narrada con la existencia de un personaje a través de cuyos antecedentes, (podríamos averiguar qué facetas suyas predominan), entremezcla el estilo directo e indirecto mediante frases cortas e imperativas con otras más discursivas. A pesar de ello, la novela es todo menos un panfleto y en ella se narra desde la idea del infierno personal, propio y ajeno, los sufrimientos tanto de un soldado como de un médico. Situada cronológicamente en todo un punto geodésico tanto histórica como culturalmente, las reflexiones que se hacen a través de Ferdinand o León sobre la psiquiatría o diversas enfermedades terminales que conducen a la desaparición (ese fin de la noche, tantas veces sugerido, que no empieza con el día) son las de un superviviente a la barbarie, alguien que se alza desde su superioridad moral, sobre el resto de los mortales, para descubrir demasiado tarde que él también forma parte de la condición humana. En la manera en que la soberbia propia y ajena hace fenecer todo aliento, encontramos influencia o posible intertextualidad con el Calígula de Albert Camus, por mostrar un referente ideológicamente tan diferente. Pero se trata sin lugar a dudas de una megalomanía seca, en tanto que el lector que se precie disfrutar de su discurso lo hará entre líneas y a la vez sabrá dejarse llevar por el fluir de un texto que tiene también que ver con Marcel Proust y con otros autores de interés. A su vez, el texto es un juego de diálogos que forman...

SEIS TUMBAS EN MUNICH...

Escrita en su día bajo el seudónimo de Mario Cleri (Mario Puzo), el especialista en la Mafia desde que escribiese tanto la novela como el guión de El padrino, nos sitúa en la mente intrépida y vengativa de Mike Rogan, una suerte de matemático superdotado que trabaja descifrando mensajes de los países aliados a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. El desembarco de Normandía no juega a su favor, como tampoco lo hace la implantación del Telón de Acero en una Alemania devastada que intenta buscar culpables donde no los hay. Rozando la objetividad en el punto de vista, pero sin perder al personaje más en su periplo por la justicia (omertá) que por la supervivencia, la mayor parte del texto trata de mostrarnos cómo la inteligencia entendida como habilidad para respondernos sobre nuestros propios problemas, puede ser nuestro peor aliado. Somos pozos sin fondo y ya no sólo el tránsito a la locura nos hace diferentes por más insondables, también lo hace el sexo desde el que Rogan se rehabilita, primero pagando, luego buscando la coartada de sus dos primeras víctimas en un bar con su silencioso revolver Walther; la de los dos siguientes inyectando gas a otros tantos sicarios, aquellos que intentaron hacerle desaparecer sin éxito. Para todo lector que se precie, queda en la mente la ineludible elipsis de diez años que Puzo realiza; una elipsis que permite la reconstrucción de su cuerpo, así como el hecho de poder emplearse en una oficina realizando tareas administrativas que pasan por su perfil y le hacen menos peligroso a la vista. La obsesión del autor por la Mafia hace que se recree un pasaje en Sicilia junto a Guido, que lo mismo podría pasar por poderoso caballiere que por cómplice del nazismo;...

El desierto de los tártaros...

El desierto de los tártaros es ya prácticamente un clásico de la literatura universal; una novela fundamental del siglo XX, escrita durante los comienzos de la Segunda Guerra Mundial; es la novela más reconocida de Dino Buzzati, autor italiano que participó desde el periodismo en algunas batallas que tuvieron lugar en dicha guerra. Ya se dijo de esta novela que es kafkiana por su argumento opresivo, kafkiana por el absurdo de lo que inexplicablemente queda atrapado (en términos simbólicos) y no se resuelve, kafkiana porque lo incomprensiblemente irresoluto asfixia. También se puede hacer una lectura de la novela tomando el tema del Otro; la otredad como lo desconocido que amenaza. O bien, dejar de lado a Kafka y a Todorov y acordarse de Beckett por la espera interminable: no sucedió hoy, pero puede que ocurra mañana. Y el absurdo de nuevo, que cuestiona el sentido de la vida, en este caso en particular, el de la de Giovanni Drogo. Porque El desierto de los tártaros es la historia del teniente Drogo que llega a la Fortaleza Bastiani, una Fortaleza de segunda categoría que como frontera marca el comienzo del desierto que se extiende tras ella. El desierto de los Tártaros precisamente, pero no porque haya Tártaros sino porque puede que los haya habido antiguamente. Puede que: estamos ante una novela de la contingencia cuya trama se desarrolla en un lugar (en la Fortaleza, casi todo sucede ahí adentro) que empieza o acaba en el absurdo y el sinsentido (una Fortaleza para defenderse de un enemigo que tal vez es leyenda; una Fortaleza que se defiende de lo desierto). Desde la llegada de Drogo a la Fortaleza, muy joven, hasta sus últimos días transcurren años, durante los cuales desea o planea irse de allí antes...

Garra de la guerra

Decía Camilo José Cela sobre Gloria Fuertes que era «la angélica y alta voz poética a la que los hombres y las circunstancias putearon inmisericordemente». Y no le faltaba razón. La grandísima voz poética de esta autora no ha alcanzado nunca el reconocimiento debido. Pero, si hay una circunstancia provocada por los hombres que la puteó como ninguna otra, fue la terrible injusticia de la guerra. La guerra que le robó, como a tantos, la inocencia, que la dejó en un mundo despoblado de razón, poblado de dolor y de pobreza, en donde se prohibe comer pájaros fritos, y, en cambio, no se prohiben los niños (…), y se los sigue comiendo el hombre en salsa blanca. La misma que le arrebató al hombre que amaba, y con el que se iba a casar. A la que quiso ir, para pararla, pero la detuvieron en el camino. Aquella tragedia sin la que ella declaró que quizá no hubiera nunca escrito poesía. Puede que lo hubiera hecho igualmente, y puede que no. Eso es algo que no sabremos nunca. Pero lo que es innegable es que toda su vida, y, por tanto, su poesía, están profundamente marcadas por esa vivencia. Tanto en los poemas escritos durante, como sobre ella, como en aquellos que no tienen nada que ver, como su extensísima y magnífica producción destinada a los lectores más jóvenes (los depositarios de su esperanza en un mundo nuevo en el que no volviera a repetirse). Poemas alegres, surrealistas, llenos de vitalidad, no exentos de cierto poso de amargura, o de ironía, en ocasiones. A los que, sorprendentemente, las bibliotecas públicas (que lo tienen en la sección de préstamo infantil), y el Ministerio de Cultura (que le otorgó el Primer Premio en la categoría Infantil...

EL VIOLONCHELISTA DE SARAJEVO...

El hecho real del que parte e inspira El violonchelista de Sarajevo (El Aleph, 2008) es un puñal que se ensaña con el lector, apuñalando veintidós veces su conciencia. Una por cada muerto en un ataque con mortero a Sarajevo en el que murieron veintidós personas que hacían cola para conseguir pan, que ya se había convertido en un producto escaso en la ciudad sitiada, en 1992. Una puñalada por cada una de las veintidós ocasiones en las que el músico Vedran Smajlović interpretó el Adagio de Albinoni en veintidós días consecutivos, en memoria de cada una de las víctimas, justo sobre el cráter que había abierto el obús. La novela del joven escritor canadiense Steven Galloway traslada la cotidianidad de la guerra a las historias de tres personajes que bien podrían ser reales, y que de hecho se inspiraban en crónicas que los reporteros de guerra firmaron durante los días del asedio a Sarajevo. Kenan es un ciudadano sencillo y tranquilo que trata de conseguir agua para su familia, en una ciudad en la que acudir con garrafas a las fuentes se ha convertido en una aventura, en un acto heroico. Dragan es el personaje más reflexivo de la novela, que rememora continuamente a su familia, huida de la ciudad antes del estallido de la guerra mientras trafica con víveres y busca protección. Flecha es el nombre en clave de una francotiradora que protege al violonchelista durante los días en los que firma su hazaña de rendir tributo a las víctimas inocentes. Smajlović conoció la novela cuando ya estaba publicada, y arremetió contra su autor, del que dijo que se había aprovechado de su nombre, haciendo que estallará dentro de su conciencia «una bomba atómica de odio y dolor». El violonchelista vivía retirado...

EN TORNO A LAS EXCENTRICIDADES DEL CARDENAL PIRELLI...

Esta novela es un despropósito. Me reconozco como un aficionado a la literatura decadente y a los raros. Confieso haber encontrado méritos e interés en Lorrain, en D´Annunzio, en Hoyos y Vinent. Pero esto es demasiado. Firbank no entendió en vida que no lo comprendieran, y es que seguramente el público británico no estaba preparado para la intensidad barroca de una Sevilla inventada, a lo que se trasluce detrás de esas liturgias de la catedral y del coso, hechos ininteligibles para la moral anglicana desplegados bajo la violencia de un sol ajeno y excesivo. Pero tampoco desde España se entiende esa imagen adulterada de Andalucía. Con lo cual el relato se torna ilegible. Son personajes sin componer, conversaciones mezcladas con vaguedad dentro la narración, estampas exageradas y anecdóticas sin ninguna profundidad, tópicos malformados. Una escritura breve, sin enjundia de relato ni de novela en la que solo hay destellos de extravagancia de lo que comienza siendo una farsa, lo que no sería malo si no fuera porque su autor, poco a poco, va intentando endosárnosla con sus veleidades literarias. Y aun así nos deja frases célebres por lo demenciales. No tengo nada que declarar aparte de mí mismo. El hechizo de Sevilla le trastornó. Calificación: Exótico. Tipo de lector: Raro. Tipo de lectura: Extravagante. Argumento: Desquiciado. Personajes: Latentes. ¿Dónde puede leerse?: En un patio de Sevilla, una noche de...

Cómo viajar sin ver

Cuando en 2009 Andrés Neuman, escritor argentino-español, recibió el Premio Alfaguara por su novela El viajero del siglo, tuvo que salir de Granada a dar una gira al mundo para presentarla y hablar de esa obra. Durante ese viaje por Latinoamérica, que duró meses, Andrés crea otra obra, que no habla nunca de su Premio ni de esas causas editoriales del viaje, sino que habla del viaje solo, despojado de sus razones laborales. A este segundo libro, que podría haber llamado El viajero del libro si no se hubiera propuesto alejarse tanto del objeto premiado que hizo posible semejante gira, lo llamó, sin embargo, Cómo viajar sin ver. Bienvenidos a los viajes de Neuman. El escritor premiado se propuso tomar notas en los lugares que visitara durante la gira. Tomar notas «al vuelo», una escritura tan fugaz como su paso por las ciudades. Crear un diario de viaje que en su esencia de lo pasajero coincidiera con la forma misma del viaje. Neuman pasajero; en definitiva, estar y no estar era su destino, mucho más que todos los destinos que enumeraba el itinerario. Destinos (ciudades): Buenos Aires (Argentina), Montevideo (Uruguay), Santiago (Chile), Asunción (Paraguay), La Paz (Bolivia), Lima (Perú), Quito (Ecuador), Caracas (Venezuela), Bogotá (Colombia), Ciudad de México. Y luego, la segunda parte de la gira: Guatemala; Honduras no, aunque estaba en los planes, porque las cosas se pusieron ásperas con el golpe de Estado que depuso al presidente Manuel Zelaya; Miami; San Juan (Puerto Rico); Santo Domingo (República Dominicana); Panamá; San Salvador (El Salvador); San José (Costa Rica). Con un tono directo y a veces irónico, con mucho sentido del humor, y hasta con cierta poesía, el autor propone una mirada sociológica de cada lugar: los barrios peligrosos y los barrios de clase...

Mente animal

Mente animal (Córdoba, La Bella Varsovia, 2014) es una sorpresa, no así su autora, Pilar Adón, poeta, narradora, traductora de, entre otros, Henry James, que viene construyendo con calma y mucho tino una sólida carrera literaria a la que la crítica ha atendido convenientemente (no es por casualidad que el novelista Manuel Longares, salude el libro en la contraportada). Mente animal es un poemario fieramente escrito desde las entrañas del recuerdo, con un inesperado aroma a norte que al lector quizá le lleve a evocar los paisajes líricos del poeta sueco Tomas Tranströmer. El marco real del que nace la escritura puede ser el espacio rural castellano, pero el tono es de brumas frías, de bosques en sombras, de amenaza, de temores ancestrales. Con una escritura precisa que penetra como un bisturí en la carne de la vida cotidiana en la aldea, en los campos soberanos donde el hombre soporta una vida de lucha desesperanzada y de desgracia, Pilar Adón se enfrenta a los fantasmas del pasado, a un origen que no es celebrado sino con el abandono: “¿no es la retirada la actitud más noble?”. La suya es una mirada que contempla la tragedia con la naturalidad de lo que ya se entiende casi como una cruel e invencible rutina, por eso la visión que estructura los poemas es seca, sarmentosa y descarnada o como de piel vieja, casi en cueros; así que no, bucólicas evocaciones de una naturaleza esplendente no espere el lector aquí, no será el Virgilio de Las Geórgicas, ni el Fray Luis de los poemas de dones y gracia escritos en El Cigarral de Toledo lo que se va a encontrar en estas páginas donde siempre acecha la bestia. Otras son en Mente animal las viandas con la que...

A la sombra de las muchachas en flor...

Segunda parte de las siete de las que consta el conjunto En busca del tiempo perdido firmado por Marcel Proust; premiada en 1919 con el Goncourt francés. Retomo la lectura de este libro por dos evocaciones que me llevan a una nostalgia nefasta: la primera es Combray, en cuya playa sucede el segundo decisivo que arrastra hasta todo un paisaje mental en torno al amor; la segunda es que a pesar de que este miembro de la familia Guermantes que narra, me encandiló en Por la parte de Swann, lo cierto es que pensé durante no pocos años, que pecaba en exceso de yoísmo. Su lectura con la madurez mejora y uno entiende como ineludibles la enfermedad respiratoria del personaje, no provocada sólo precisamente por una indigestión con la dichosa magdalena. Al igual que entiende que muchas veces desde la pereza o la evocación de la misma, pueden salir enormes resultados. De las casi seiscientas páginas del texto, las primeras arrastran a Swann para convertirlo junto a Odette, en compañeros de confidencias hacia la quietud, algo necesario para escribir y pensar el mundo encapsulado en su cabeza. Existe, por otro lado, un sentimiento de frustración que lleva a no considerar al objeto lo mismo que el sujeto, de tal forma que el personaje, a pesar de narrar en primera persona, lo hace desde cierto distanciamiento. Se muestra lo risible desde objeciones a la aristocracia como clase social, sin tomar partido ni por la burguesía ni por los obreros. La nómina de mujeres evocadas lleva al personaje a un conflicto por no querer que una mancha quite la siguiente y esto es no sólo porque en todo el mundo no encuentre estímulos atractivos, que también. La forma de enamorarse Guermantes es plena y a la...

Cooltureta

Cooltureta no es un cómic. La portada ya lo deja bien claro. Tacha la palabra «cómic» e imprime «novela gráfica». Claro, no es de extrañar, es mucho más cool hoy en día hablar de novela gráfica que de ese género ya clásico del relato visual. ¿Pero qué es un cooltureta? Un cool de la cultura. Es decir, esos personajes que van por la vida haciendo alarde de lo cool que son, valiéndose para ello, sobre todo, del consumo de ciertos productos coolturales. Esos que viven en barrios cool (como Malasaña en Madrid), que comen comida cool (esa que parece escrita en otro idioma cuando la vemos en el menú del bar cool, el que tiene sillas que se usaban en otra época y una camarera que estudia teatro) y van a lugares cool (es decir, no van a sitios comerciales ni al bar de toda la vida). El protagonista de Cooltureta es un hombre, probablemente un treintañero, que se muda a un barrio cool, donde hay muchos negocios que venden ropa vintage, y bares-librerías. El treintañero va a un cine cool (porque quiere explotar la oferta cultural que le ofrece su nuevo barrio) que no es más que el Cine Doré, conocido también como «la filmo», y luego cruza a un reconocido bar de enfrente que ofrece tapas de autor. Esta es la entrada al libro, y las ilustraciones y el guión son tan buenos, que la verdad es que sentimos que estamos en esas aceras de la calle Santa Isabel junto a los personajes (estos, o los de la vida real). Luego, el treintañero, que quiere pertenecer al mundo cool, acudir a los sitios coolturetas, participa de algunos eventos, como una fiesta del coworking o un festival de cine independiente al que puede...

Liquidación

Editada en la sede mallorquina Sloper, su autor, que ha escrito tres ensayos anteriormente sobre cine y conoce de primera mano el tema y el campo de acción de su personaje Luis Dédalo, siembra controversias con ésta su primera novela que vende como de autodestrucción, siendo en este sentido la referencia, el género y modelo de autoayuda norteamericano, ya tan temiblemente agotado como lo está nuestra propia sociedad. En el libro aparecen sugeridos y narrados los mundos del 15-M y sus consecuencias, los comedores sociales pegados a los pocos y clasistas cines que aún existen en Madrid, el fin de una época que probablemente se clavó tanto en nuestra retina como una aguja hipodérmica. Porque también hay drogas, alcohol y vestigios, muchos vestigios de una época que fue sólo para algunos y en la que muchos de ellos fueron los cínicos que ahora enarbolan esas conciencias que quieren salirse del consumo y no pueden, obligadas a sobrevivir. Narrada en primera persona por este protagonista que no es más que un crítico del Séptimo Arte, cuya estela ideológica parece encontrarse entre el mejor Carlos Pumares y el elegante Antonio Gassett de Días de cine; su historia recuerda por lo de bajada a los infiernos a la de El crepúsculo de los dioses, aún a sabiendas de que no es el muerto en una piscina quién habla, sino el muerto en vida o el que no tiene donde caerse muerto, un inadaptado que somos todos, un desecho social que se empieza a ver a sí mismo como tal, a pesar del dinero que ganó, los polvos que echó o la droga que consumió. Porque el recuerdo que va de la retina al cerebro de aquel gran cine que tanto se reivindica, está hecho de pedazos, de...

Un belvedere y vistas al mar...

Este libro no es una, sino dos joyas, y hace un año que salió sin ser notado. Un belvedere y vistas al mar (Granada, Diputación de Granada, Colección Genil de Literatura, 2013), atribuido en la carátula al pintor, dibujante y diseñador gráfico granadino Claudio Sánchez Muros, es una auténtica rareza al alcance de cualquier bolsillo. Se trata de una edición facsimilar que la Diputación de Granada ha sacado a la luz en homenaje al que fuera uno de los maestros del diseño gráfico de nuestro país, fallecido en 2010. Ligado a la escritura poética desde sus colaboraciones con el grupo Poesía 70 hace más de cuarenta años, la escritura experimental y visualista fue una de las semillas de su concepción plástica y en Un belvedere y vistas al mar retorna Sánchez Muros a la relación entre discurso poético y discurso plástico. Por aquí se anda lo de las dos joyas, me explico: a comienzos de la década de 1990 el poeta Antonio Carvajal regaló al pintor un ejemplar de Extravagante jerarquía, libro en el que se recogían todos los poemarios que Carvajal había editado desde1968, cuando irrumpe en el panorama literario español con el excepcional Tigres en el jardín, hasta 1981 en que dio a publicación Sitio de Ballesteros. El pintor tomará el libro como cuaderno de dibujo y a lo largo de los años mantendrá un diálogo creativo con los poemas, iluminando las páginas de esa delicia para la inteligencia que es Extravagante jerarquía. No se trata de ilustraciones que más o menos pudieran representar gráficamente esta o aquella anécdota, sino de una obra convergente: los poemas incitan a la creación plástica de Sánchez Muros, que se derrama a capricho por la página. Casi siempre respeta el grafista el texto del poema, pero...

Volanderas

Volanderas es el último libro de relatos del escritor español Víctor García Antón, que nació en Teruel pero vive en Madrid. Son relatos como eslabones que enlazados en este libro conforman una cadena. Pero cada uno por sí solo es una pieza cerrada, si se quiere. Quiero decir: si rompemos la cadena, que en definitiva es el libro y su trabajo de recopilación y edición, igual quedan piezas que no necesariamente son para armar. Hablando de edición… La editorial que publica esta obra es Tres rosas amarillas, una librería imperdible del barrio de Malasaña que se aventuró también en el oficio de la edición. Al entrar en el local de la calle Espíritu Santo se nos estimula la vista con tanto libro álbum y libro objeto para niños -y no necesariamente para niños-, sobre todo importados. Pero volvamos a (las) Volanderas. Con ese título en el libro no podemos esperar de esta ficción nada fijado, nada establecido, nada anclado. Más bien algo efímero, algo improvisado. Son hojas volanderas, que en el relato «Las octavillas» son observadas por sus propios autores como hojas descartadas por los vecinos, hojas que éstos prefieren usar para avivar el fuego. Panfletos sociales, probablemente, que no interesan ser leídos. Son octavillas volanderas: tal vez unas propuestas sociales o de convivencia, escritas para compartir entre una comunidad, que seguramente se proponen organizar, establecer (algo), pero que se califican por lo accidental, por lo casual, por lo volandero. Todos los relatos nos hablan de una comunidad de habitantes que no participa del sistema. Una comunidad autogestionada, con sus propias reglas y juegos. Una comunidad habitada por personas que en la realidad de la ficción igualmente podrían llamarse personajes. Porque la vida cotidiana de esos personajes (ahora digo «personajes» desde aquí, desde este...

La vida dura

Flann O´Brien (seudónimo de Brian O’Nolan) es un escritor irlandés que vivió durante la primera mitad del siglo XX. Se caracteriza por ser uno de los mejores escritores de Irlanda según el canon occidental (que es casi lo mismo que decir: según Harold Bloom) y según la opinión de muchos escritores del siglo XX. Sus libros se reconocen por una prosa delirante, divertidísma y ocurrente, y por sus personajes insólitos. La vida dura es una novela satírica de la que brota, además, el absurdo que tanto caracteriza a las demás obras de este escritor, como El tercer policía y Crónica de Dalkey. Ya que la mencionamos, en Crónica de Dalkey, por ejemplo, teníamos un jugosísimo diálogo entre el personaje de De Selby y San Agustín. Aquí los diálogos (esos que no pueden faltar en una obra de O´Brien; esos que deberían servir de ejemplo de lo que es un buen diálogo en literatura), igual de contundentes, se dan sobre todo entre el señor Collopy y el padre Fahrt. De la misma manera que en Crónica… teníamos al padre Cobble, el jesuita de turno en La vida dura es el padre Fahrt, con ese apellido tan sonoro, que huele tanto a referencia semi-escatológica. Por su puesto otras constantes entre las obras son: el whisky (y las bebidas en general, y la cultura del alcohol y las borracheras), las conversaciones sobre el catolicismo, las ocupaciones misteriosas de algunos de los personajes masculinos, los diálogos intelectualoides… Un recurso interesante en La vida dura es el narrador: se trata de un narrador en primera persona pero que es mucho más testigo de los acontecimientos que protagonista, o siquiera participante. Quien narra es el menor de dos hermanos huérfanos que de pequeños pasan a estar bajo el cuidado del...

La casa verde

Compleja, remota a la vez que cercana, La casa verde se trata de una novela que tiene en William Faulkner su máxima inspiración. Una historia que representa el remoto boom latinoamericano y cuyos personajes son y fueron obsesiones del autor; sobre todo, dos: Lituma y la Chunga, a quién dedicó una obra de teatro, donde esta misma casa verde aparece como sociedad urbana frente a otro tipo de garitos que vemos menos distinguidos. Junto a Conversación en La Catedral se trata de su obra más minuciosamente epidérmica y rompedora. Tiene una estructura aparentemente sencilla (cuatro capítulos y epílogo) y utiliza un narrador pegado a los personajes que a veces desdobla su vitalidad o moribundez en monólogos que fuerzan el lenguaje de forma desacostumbrada. Empieza desde la religión y termina con su muerte y al mismo tiempo comienza desde lo marginal para autocelebrarse a veces en exceso. Los personajes nos resultan, como decía, familiares, si bien hay una sensación de claustrofobia a veces que la hace reductible en su disfrute leída hoy. El manejo de la violencia que en La fiesta del Chivo es manifiesto, aquí se contiene, pero permanece latente gracias a la fuerza de un lenguaje que a la vez abraza y defenestra, que mima y al mismo tiempo nos hace partícipes de esa tan bien pintada como siniestra Amazonía. Leerla pasada un tiempo y con la confrontación entre países posible puede llegar a suponer hasta un acto de venganza contra los más débiles. Lo realmente sobrecogedor es que mientras en España vivimos tiempos que a veces pensamos que son regresivos, el nivel de civilidad (que no civilización) nos hace menos mortales en una Santa María de Nieva o Piura donde aparentemente está todo por hacer. No aparece explícitamente Sendero Luminoso, al menos...

Poesía reunida. Philip Larkin...

Junto con el norteamericano Robert Lowell, el poeta inglés Philip Larkin (1922.1985) es quizá uno de los escritores extranjeros más leídos por las generaciones de poetas españoles que empezaron a salir a la luz a partir de la década de 1980. Puede que ello fuera debido a las coincidencias de visión estética entre la poética de lo cotidiano de Larkin y los intereses líricos de los entonces jóvenes ochentistas españoles que pasaban por las poéticas de la experiencia; o a algo quizá menos evidente, pero puede que más definitivo: la reinvención de la mirada realista que en aquel tiempo se empezó a fraguar tras el antirrealismo que dominó desde finales de la década de 1960. El caso es que el solitario y antipático poeta-bibliotecario encontró su sitio precisamente en la exploración de las vidas modestas, los aconteceres cotidianos y un discurso directo, natural y alejado de todo lo que no fuese una escritura antiornamental. A la altura de 1955, sus Engaños retaron a la santísima trinidad de la poesía en inglés (Yeats, Eliot y Pound) y buscaron el sentido precisamente al otro lado de la poesía, en la calle y en las vidas rutinarias de los habitantes de la ciudad. Poesía de clase media, sin alturas sublimes ni hondas simas de desesperación, sin otra aventura que no fuese la de seguir adelante con el día a día, sin más tragedias que las del vecindario, que curiosamente le llevó a la celebridad convirtiéndolo en uno de los escritores más leídos y populares de su tiempo. Hemos hablado de «reinvención del realismo» y esto de reinventar es más que evidente en la poesía que aspira a explorar la vida de la gente corriente y en el poeta que también construye su autoría como hombre corriente, sin...

Yo fui a E. G. B.

Son varios y distintos los fenómenos que, gracias a las redes sociales, han pasado de ser una idea a convertirse en producto con continuidad de followers en Internet. Este libro trufado de nostalgia y humor (firmado por Javier Ikaz y Jorge Díaz) es un claro ejemplo, que Plaza & Janés ha querido aprovechar y exprimir como un limón, llegándose en breve a la novena edición. La empatía e identificación en los capítulos está muy lograda, siendo el público objetivo no sólo la generación E.G.B., como el niño o niña que estudió gracias o a pesar de la LOGSE (ese plan de estudios por el que se educaba y jugaba a la vez). Nuestros padres, por entonces, tenían menos recursos; pero sí nos decían, y con eso también crecimos, que (a su edad) se jugaba más en la calle, que no había tiendas de golosinas (que empezaron a proliferar más en nuestra época); mientras éramos capaces de jugar con un Spectrum, hacer carátulas de discos o pelis sin necesidad de ordenador o reconocer (aún hoy lo hacemos) el chicle Cheiw Junior de fresa ácida a través de su olor. Viene ampliamente ilustrado con fotografías y dibujitos del momento, recreando desde nuestras series de televisión favoritas, hasta los prohibitivos dos rombos, que nos hacían meternos en la cama con curiosidad y miedo ante lo que pudiéramos ver, para contar al día siguiente en el cole. Esa memoria por la que hoy recordamos los diez primeros versos de la Canción del pirata de Espronceda, empezó a perderse y poco a poco nos hicimos adictos más a la imagen que a la fuerza de las palabras, sin embargo esta cultura de los iconos aún estaba medio en pañales y apenas nos sirvió para conocer una pequeña parte de...

Diario de invierno

«¿Y cuántas veces más contemplarás la luna llena?». Es una frase de Paul, pero de Bowles, no de Auster. Sin embargo, al terminar de leer Diario de invierno algo de este azar en los acontecimientos de la vida resuena y la cita se me vuelve inevitable. Paul Auster termina este libro de la misma manera que lo ha llevado a cabo: haciendo un recuento. En el inventario de sus películas favoritas aparece una de Bertolucci, quien llevó la novela de Paul Bowles, El cielo protector, al cine; pero Auster no la menciona porque no es su preferida. El escritor se refiere a El conformista. También hace un recuento de todos sus viajes, de los países por lo que pasó, de las ciudades, de sus traslados, de los aviones. No porque Auster sea un viajero en el sentido que lo era Bowles, sino simplemente porque ha vivido sesenta y cuatro años a la fecha en que escribe este diario. Y en sesenta y cuatro años se viaja muchas veces, y cuántas otras se frotará uno los ojos, se sonará la nariz, bostezará, se morderá los labios, o se pasará la mano por el pelo. Este es el recuento de acciones que hace Auster para cerrar su diario, y por supuesto, para saber que no hay manera de contarlo, solamente de saber que han sido muchas y que no le quedan infinitas, ni siquiera tantas. «¿Cuántas mañanas quedan?», se pregunta, como Bowles preguntó sobre la luna llena. «Has entrado en el invierno de tu vida» es la respuesta que Paul Auster se da en este diario donde se habla a sí mismo en segunda persona. Y entonces recobra sentido el título del libro que nos hace creer varias páginas que se llama así porque Auster lo...

La vida instrucciones de uso...

Una novela sorprendente. Abrumadora. Por algo consideramos a George Perec como uno de los gurús de las letras contemporáneas, y a ésta como una de sus obras más destacadas. El libro gira en torno a un puzzle, y un puzzle es. También lo podemos comparar con un tapiz, un trabajo de patchwork construido con las cosas -los objetos-, y en el que el decorado –la decoración- es una singular escenografía, pero también el reflejo de la personalidad de sus moradores; una mise en scène que es también la escena del crimen: el lugar en el que permanecen las huellas que pueden llevar al esclarecimiento de los hechos. La vida instrucciones de uso es un prodigioso despliegue de imaginación. Al final de la obra hay una extensa bibliografía, pero aun así es inimaginable como puede Perec manejar, retener y moldear semejante cantidad de información. Y son los detalles los que se sublevan y lo dominan todo con un imperio casi insoportable. Son los detalles los que van formando la novela por acumulación y dando paso a historias cada vez más sorprendentes y más inesperadas. Perec establece un canon cultural absolutamente alejado de lo habitual, que funciona, en ese sentido, como una enciclopedia. Sin que se parezca a ninguno de ellos, La vida instrucciones de uso nos hace pensar en el Decamerón y en las Mil y una noches por lo inagotable; en Tristam Shandy por su petulante sarcasmo; en el Ulises de Joyce por lo vertiginoso de su concepción global; y en los estudios del innombrable Mario Pratz por la intensidad de su mirada sobre la vida de los objetos y la trascendencia de la decoración. Pero sobre todo, ésta novela es una inmensa Rue del Percebe donde los pisos de un inmueble burgués pierden...

Trilogía mediterranea...

Bajo el título de trilogía mediterránea se vienen a publicar tres libros distintos de Lawrence Durrell cuyo nexo es la isla griega. Limones amargos son los de Chipre en los momentos de una revolución que llevó a la independencia del Imperio Británico. Es el texto más sólido de los tres, más interesante completo y cohesionado. Nos traslada desde la memoria del lugar, con anécdotas divertidas y retratos del paisanaje, al sugerente ensayo político cuyo valor es la inmediatez del autor a lo que cuenta, lo que lo convierte en una crónica. En Rodas se producen las Reflexiones sobre una venus marina. Durrell define la obra como un panorama. No es un relato de viaje sino los apuntes de una estancia, en los que el escritor intenta dar las claves de como la historia de un lugar, dispersa por el tiempo, pervive en la fábula, en los gestos, en la entonación, en las costumbres, con una mirada sentimental sobre el Sur. Culmina con un calendario de flores, algo que debería abrir cualquier guía de viajes. Corfú es La celda de Próspero. Para el autor es una guía, para el lector deviene una semblanza, el recuerdo de un tiempo pasado sobre un sustrato antropológico, tocado por la luz del sol y los colores del Mediterráneo. En las tres obras destaca el factor humano, el cariñoso acercamiento de un escritor británico a la luz y las costumbres griegas. También están marcadas por la guerra, a causa de la que Durrell abandonó Corfú, la misma que le llevaría a Rodas. Y otra guerra, demorada, que se gestó durante su estancia en Chipre. Lawrence Durrell habló griego, prestó importantes servicios al Imperio Británico en las islas y en Alejandría. Calificación: Curioso. Tipo de lector: Aficionados a Durrell y a...

Linterna Mágica

Ingmar Bergman hizo públicas sus memorias en 1988, el año en que nací, para que yo creciera conociendo sus más íntimas sinceridades gracias a esta afortunada casualidad. Y saber, así, de sus enfermedades indefinibles: los tartamudeos de un niño que no se decidiese a existir, para más tarde no dormir más de cuatro o cinco horas por su incontenible deseo de ser, considerándolo absolutamente todo como una cuestión de vida o muerte y a la vez sin demasiada importancia: pues, ¿qué puede significar ser director de 45 películas, 221 obras de teatro, 21 documentales, 11 dramas para televisión y escritor de 50 películas? Si Bergman señala, cuando asistió al discurso del abominable Hitler en Weimar, el «estallido de fuerza incontenible» como nunca antes había imaginado, hoy podemos citar sus propias palabras para aplicarlas a sí mismo. Una fuerza que se engendra por lo que él denomina relación erótica con el público, la cual trenza sus raíces en el amor como «el sentido profundo de la vida» pero, al mismo tiempo, su condición de dios iracundo y helado capaz de incendiar la cama de su propio hermano y que, aún aborreciendo su procedencia metafísica religiosa (¡qué pérdida para nuestros ojos que no filmase aquella película sobre Jesús para caer en manos de Zeffirelli!), no puede negar las trascendentales salvaciones heredadas: una perfección «que espanta la vida», una «autodisciplina de hierro» que se extasía con el orden, la puntualidad, el silencio y la letanía lírica de la repetición; todo lo cual aprendió arrodillándose para besar las manos de su padre, el pastor luterano, artífice de un amor áspero y teatral que señorea brutales castigos inclinados hacia «desmesuradas metas». En una atmósfera de soledad furiosa, fratricida y edipiana, que conducirá a Bergman a escapar de su estirpe...

El Plazo

El plazo (Madrid, Amargord, 2014) es un libro extraño, lo que no significa que sea de difícil disfrute. Todo lo contrario, apasiona. Olga Muñoz Carrasco (Madrid, 1973) ha explorado en su segundo poemario un territorio muy poco frecuentado por el discurso lírico y nos pone en las manos cuarenta y nueve poemas en prosa que dibujan la huella de un viaje iniciático al centro oscuro de la incertidumbre. Estos textos breves, tensos, elusivos, se nutren de una historia que bien pudiera haber imaginado el Conrad de The Heart of Darkness; tanta tiniebla, tanto corazón hay en El plazo, que uno piensa que casi se escribió escapando de la sombra de Kurtz. Olga Muñoz Carrasco nos ofrece la visión interior, subjetiva, de un sujeto poético (poliédrico, a veces una mujer sola, a veces acompañada de una pareja, a veces protectora y protegida de su familia) que escapa de algo nunca nombrado y busca una certeza que no encuentra, pues no hay sino camino en su peregrinaje y el final es comprender que no hay final: “Ahora nos hallamos en mitad del camino”, dice el último poema del libro. La historia de por qué la voz huye, busca, descansa, protege a sus crías, comparte con el otro, tiene miedo, parece haber encontrado un hueco de felicidad y luego la sospecha, pero conquista el camino y sigue adelante, esa historia, no se cuenta en El plazo. Está tan ausente en la trama que hilvana con hilo rojo los cuarenta y nueve fragmentos, como amenazadoramente  presente en cada palabra, en cada emoción, en cada gesto, en las acciones mínimas de los personajes que cruzan por estos poemas extraordinarios, que pueden leerse de manera independiente, como espacios textuales autónomos que son, pero que también admite (y a mí me...

Alexis o el tratado del inútil combate...

Cuando Margarite Yourcenar tenía 25 años escribió su primera novela: Alexis o el tratado del inútil combate. Como ella misma explica en el prólogo a este libro, que escribe en 1963, toma el nombre de Alexis de la segunda Égloga de Virgilio, y le hace eco al Tratado del inútil deseo de André Guide con la segunda parte del título. Treinta y cinco años después de escribir el libro, con ya 60 años, Yourcenar le agrega este prólogo explicativo y revelador a la obra. La escritura de la autora es críptica, pero ella misma le echa luz años más tarde. El formato de la narración en Alexis o el tratado… es una larga nota o carta que Alexis le deja a su mujer explicándole las razones por las que la abandona. Yourcenar prefiere decir simplemente que Alexis «es ante todo el retrato de una voz». Alexis abandona a Mónica porque son infelices antes y también después de tener un niño. Alexis no logra encontrar junto a ella ni el amor ni la pasión porque no está siendo fiel a sus verdaderas inclinaciones. Su vida profesional de músico también se ve obstruida a su lado. Entonces decide despedirse por escrito y marcharse. Alexis le explica las razones: es homosexual, aunque él nunca use esta palabra en su confesión. Recrea su infancia y su juventud para explicarle a Mónica quién es y cuándo tuvieron lugar en su vida experiencias que lo hicieron sentirse junto a la belleza. Pero evita la palabra que lo etiquete, conscientemente la evita: «Seguramente, me bastaría para hacerme comprender, con emplear unos términos precisos, que ni siquiera son indecentes porque son científicos. Pero no los emplearé. No creas que les tengo miedo: no se debe temer miedo a las palabras […]. Sencillamente,...

El ángel negro

La editorial almeriense Círculo Rojo promete.  Lo hace en esta ocasión, publicando el texto pergeñado por José Manuel Portero, escritor de El Rubio (Sevilla).Entrega una novela policíaca que, como debe ser en el siglo XXI, cuenta con comisarios cotillas que se fían más del WhattsApp o Internet que de sí mismos, así como un buen puñado de personajes, hijos de la crisis económica en que nos vemos envueltos. Existe elegancia en la propuesta, si bien muchas veces se rompe con la etiqueta de lo políticamente correcto. A su vez y sin caer en el galimatías, aunque echando de menos más precisión en el lenguaje de algunas partes, la obra de Portero recuerda a thrillers de acción como Grupo 7 y bebe en sus fuentes y argumentos de las tragedias intergeneracionales de las que se nutre Chirbes. Las pesquisas e investigaciones policiales, parecen querer dar un respiro al género negro como tal y, sobre todo, el autor parece sentirse cómodo describiendo y haciendo dialogar ágilmente sobre situaciones no sólo rocambolescas, sino con un punto de absurdo nada circunstancial. La elección de narradores es compleja y parece querer tomar esta vía con la intención de ir desnudando las aviesas intenciones de los personajes. Por ello, que empiece Ricardo contando qué sucedió al ver cómo unos neonazis trataron de quemar en el centro de Benalmádena a un mendigo inmigrante que duerme entre cartones en los bajos de una sucursal bancaria, nunca será casual para el lector; sobre todo cuando es en la segunda parte cuando Lino Ortega y su compañero toman las riendas del asunto. Planea sobre toda la trama la existencia de objetos relevantes por misteriosos, como son esas máscaras africanas, que el padre de Ricardo, Manuel, colecciona con ánimo de rendir homenaje no sólo a...

A puerta cerrada

Tres personas llegan al infierno: Garcin por haber maltratado a su esposa, Inés por haber provocado la muerte de un amante y Estelle por haber matado a su bebé. En ese infierno no hay hogueras sino sillones, no hay espejos ni ventanas, y no hay azar. Lo que hay es una situación planeada y calibrada. Son ellos tres, y no serán ni uno más ni uno menos. Esto es A puerta cerrada, obra teatral de Sartre. Sartre dice en La náusea: «Las tres, siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer». Inés dice en la obra: «Siempre se muere demasiado pronto o demasiado tarde». La náusea dice: «Los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos». Estelle dice en A puerta cerrada: «Yo tengo seis espejos grandes en mi dormitorio. […]. Me veía tal y como los demás me veían…».  La náusea: «Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar». A puerta cerrada, en boca de Inés: «Pueden coserse la boca o cortarse la lengua, qué más da: a pesar de todo, ¿no seguirán existiendo? ¿No seguirán pensando?». Y más y más paralelismos en frases. Son dos obras literarias diferentes, pero Sartre es uno. Es el intelectual que eligió la filosofía y la literatura para expresar sus ideas. No era solamente filósofo ni solamente escritor, era un pensador. Y en sus obras está el existencialismo desbordando a cada lado. Son ellas una excusa para abordar esta corriente filosófica. A puerta cerrada es una obra sobre el infierno. Cuando al final de la obra Sartre define lo que es el infierno en boca de su personaje Garcin, está creando una de...