Epistolario I (1873-1890), Sigmund Freud...

Este epistolario de Freud reúne las cartas que el padre del psicoanálisis envió entre los años 1873 y 1890. La gran mayoría (95 sobre un total de 106 cartas) están dirigidas a su mujer (entonces todavía novia) Martha Bernays; el resto, a colegas, familiares y amigos. El prefacio del libro, que fue escrito por Ernst L. Freud, hijo de Sigmund, en 1960, ya nos advierte lo meticuloso, dedicado y apasionado que era Freud con las cartas. Para él la actividad epistolar era una dedicación. Y se nota: ha dejado miles de cartas tras su muerte. Con este epistolario, el hijo de Freud se propone sacar a la luz las cartas de carácter más personal y se abstiene de incluir las de carácter netamente científico. El resultado del libro es la voz de Freud hablando de sus emociones, sentimientos, inquietudes, preocupaciones, viajes, ciudades, obras de arte, enfermedades, estados de ánimo, investigaciones, pacientes y hospitales, y opinando sobre la función de la mujer y el rol de la esposa (de un modo que no suena nada bien ahora en el siglo XXI), de una manera más cercana a la propia persona que fue Sigmund, imposible. En dos de las cartas que reúne este epistolario leemos a Freud recomendando a su destinatario que conserve las cartas que le envía puesto que «nunca se sabe lo que puede pasar». Es decir, se asoma un Freud que sospecha muy tempranamente que sus cartas serán de interés, a pesar de que es un Freud que todavía no vislumbra el Complejo de Edipo, que está aprendiendo y admirando maestros, que pelea por un puesto en el hospital, y que está rascando las posibilidades de publicación de artículos científicos para obtener algo de dinero, que es de lo que realmente carecía este...

Según la costumbre de las olas...

Casi desde el principio mismo de su fecunda carrera, Jenaro Talens nos viene ofreciendo de tanto en tanto libros en donde la poesía dialoga con la imagen. Esta aventura de libros compartidos, comenzó en 1970, en la edición ilustrada por Tomás March de Una perenne aurora, el tercer libro de un joven poeta que empezaba así a construir una de las obras más sólidas de la poesía española contemporánea. Su última incursión en la conversa de palabra e imagen (a la espera de la anunciada publicación del libro a medias con Alberto García Alix) es el musical Según la costumbre de las horas (Madrid, Salto de Página, 2013), sorprendente por la colaboración en los fotomontajes de la también excelente poeta y compañera de generación, Clara Janés. ¿Cómo decir? ¿Dos clásicos afinados en un concierto íntimo? Podría ser un intento de aproximación a la lectura de este libro. Cierto es que Talens y Janés son clásicos modernos y que los motivos que animan los textos son musicales. Marca la pauta una idea de convergencia poética a través de dos lenguajes diferentes, que ofrecen, por este orden, una obertura, un dúo, un «trío transfinito», un quinteto, un cuarteto, una fuga y un «encore» de cierre. No hay preeminencia de la palabra sobre la imagen o viceversa, los fotomontajes de Clara Janés no son ilustraciones de los poemas, ni el poema intenta descifrar la imagen, no son sino dos formas acompasadas de interpretar el mismo tema. Como aclaran los autores en las notas que cierran el volumen, el diálogo entre imagen y texto verbal surge de propuestas casuales: una ilustración de Janés da pie a un poema de Talens y poco a poco los poetas se van intercambiando intuiciones, pálpitos, que poco a poco se entrelazan sobre...

Luz de agosto

Leer a William Faulkner es encontrarse con la literatura, con el auténtico arte de escribir. Tal y como están las cosas, es reconciliarse con todo ello. Creo que fue Arturo Pérez Reverte el que acusó -a los escritores españoles de una época concreta- de seguir a Faulkner para quedar bien, de leer sus novelas y cuentos porque así quedaban dentro del círculo de los escritores de alto copete. Digo acusó porque lo afirmó con bastante mala baba. Y, una de dos, o no ha leído a William Faulkner o, si lo ha hecho, no se ha enterado de nada. Leer a este autor es un trabajo duro, entenderle todavía lo es más, comprender el sentido del humor que utiliza este autor sólo está al alcance de los que no se toman en serio ni el mundo ni a sí mismos ni, por supuesto, la literatura. Porque el mundo construido por Faulkner es grandioso, es gracioso, es profundo, es odioso. Es nuestro mundo disfrazado con harapos. Un universo atrapado por un aliento en la escritura difícil de seguir, por un tono altísimo en el que cada palabra elegida parece que estuviera allí esperando a ser utilizada; un universo plagado de personajes llenos de aristas, de escenarios retorcidos sobre su propia decadencia, de muerte, de ignorancia, de desidia. Luz de Agosto no es el libro más difícil de Faulkner. Ni el mejor. Pero en cada página se puede encontrar más literatura que en libros enteros. La trama policial ayuda a que el ritmo de lectura no sea duro en exceso y, sobre todo, la voz creada por el autor nos lleva de un lugar a otro sin esfuerzos añadidos. Una voz de alternancia limitada que va de personaje en personaje para que, desde el núcleo argumental, crezca un mundo entero en el que cada cosa...

El orden de las cosas (poemas escogidos 2000-2013)...

Siempre es bienvenida la poesía de Nuno Júdice, uno de los mejores escritores europeos y sin duda el más brillante de los que escriben hoy en lengua portuguesa, así que no queda sino celebrar la edición de la antología bilingüe El orden de las cosas (Poemas escogidos 2000-2003), que ha publicado la editorial valenciana Pre-Textos, al cuidado de Juan Carlos Reche. De obra caudalosa, que abarca la poesía, la novela, el teatro y el ensayo, Nuno Júdice (Mexilhoeira Grande, Algarve, 1949) ha alcanzado una merecida notoriedad en los círculos poéticos nuestro país gracias a haberse alzado el pasado año 2013 con el XXII Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más alto galardón que un poeta de lengua española o portuguesa puede recibir a los dos lados del océano. Una suerte para los lectores españoles, que seguramente irán viendo con más frecuencia en los estantes de novedades la firma de Júdice. Pero lo cierto es que, poco atentos a lo que se escribe en el país vecino, no suelen encontrarse con la normalidad deseable en los suplementos culturales españoles reseñas de la actualidad literaria portuguesa (amén de los nombres consabidos, por supuesto) y Nuno Júdice ha sido casi un secreto hasta no hace tanto. De hecho, aún queda por traducir al español la mayor parte de su producción, tarea muy necesaria, dada la originalidad de su escritura que desde una concepción contenida del estilo, siempre ajustado a un ritmo de naturalidad discursiva, que en poesía casi le acerca al tono conversacional en sus últimos libros, explora el caleidoscopio de las experiencias y las sensaciones con una hondura que produce simplemente pasmo. Tiempo habrá de comentar cómo se fragua esto en sus novelas, porque lo que nos llama hoy es la acertada selección de Juan...

Renacida – Diarios tempranos, 1947-1964...

David Rieff, ese hombre que escribió: «En retrospectiva, me doy cuenta de que mi madre nunca hablaba mucho sobre la muerte», tuvo que tomar una decisión: qué hacer con los escritos que su madre, Susan Sontag, dejó inéditos tras su muerte y sin instrucciones de cómo proceder ante ellos cuando ya no estuviera en este mundo. La escritora y ensayista no había dicho nada al respecto precisamente porque ella no asumía mucho su muerte, y en lugar de dar indicaciones sobre su obra en la etapa avanzada de su enfermedad, se encargó de pelear por vivir. Hasta el último día Sontag «inhaló con fuerza», y lo sabemos gracias al conmovedor relato que su hijo publicó tras la muerte de ella en The New York Times Magazine, titulado «Nadando en un mar de muerte». Susan Sontag comenzó en su adolescencia temprana a llevar un diario y es una costumbre que nunca la abandonó. Cuando su vida llegó al final, había alrededor de cien cuadernos que le habían servido de diario íntimo. David Rieff supo que si él mismo no decidía publicarlos, alguien lo haría por él. Renacida -Diarios tempranos, 1947-1964- es el primero de tres volúmenes que integran la selección de los diarios de Sontag. Por ser un diario, es un libro descarnado y sin filtros. No está medido, es explosivo, aunque por supuesto entre el original y esta publicación que le llega al lector media una edición, entre otras cosas, seguramente, para evitar aquellos pasajes irrelevantes como descripciones de las tareas cotidianas que ocupaban muchas páginas. La Susan de estos diarios tempranos es la mujer que no habla de la muerte pero por juventud, no por evasión. Es la que aún no sufrió su primer cáncer ni reflexionó sobre las metáforas del sida, ni...

666

Si la venganza es un plato que se sirve frío, lo maligno es un licor que se bebe a pequeños sorbos. Al menos así lo demuestra 666, un libro que, con menos de 100 páginas, engaña al lector que pretende devorarlo, pues con el punto final de cada uno de sus 6 relatos, la narración termina, pero el mal sigue al acecho y es necesario tomarse un tiempo para sacudir el espanto. Las autoras son seis escritoras españolas nacidas entre 1957 y 1971 que aportan igual número de miradas sobre el demonio y los artilugios usados para capturar y esclavizar a sus víctimas. Carmen Jiménez Gómez, editora de esta selección consiguió reunir tan variadas visiones como estilos narrativos para expresarlas. Historias que desvelan los más íntimos miedos y obsesiones de la sociedad de este milenio. Satán convertido en empresario que compra almas a cambio del éxito y la belleza que exigen las reglas de consumo; camuflado en el amor filial y sus cadenas de culpabilidad; habitando las sombras de una negada enfermedad mental o escribiendo cartas de amor a su esposa mientras dirige la construcción de campos de concentración. Al poner en la misma copa, la progresiva sensación de angustia que genera Elia Barceló con giros narrativos inesperados; el realismo escalofriante de Marta Sanz que sin conjuros ni apariciones impregna de terror la vida cotidiana, y añadiendo además la desconfianza y el rechazo que se producen al reconocer la cara buena del mal en el texto de Susana Vallejo, se logra ya una pócima infernal. Si a esto se agrega ese fragmento de vida de personajes cuya procedencia y destino se desconocen en la historia escrita por Esther García Llovet; la precisión extrema en el uso del lenguaje, sin sensiblerías ni manierismos que hace...

Estética fotográfica...

Conjunto de ensayos reunidos en orden cronológico por parte del comisario Joan Fontcuberta, fotógrafo y artista de la apropiación catalán, supone en su conjunto un volumen indispensable no sólo sobre historia de la fotografía, sino también acerca de las inquietudes que desde 1846 a 1965 ha llevado a artesanos, discípulos y maestros a definir el medio como campo sobre el que estudiar desde el arte y la ciencia a lo postmoderno. Desde William H. Fox Talbot, que ya hablaba de la dependencia con la pintura, pasando por Robert Demachy que empieza a diferenciar entre pictorialismo y pictoricismo, Henry Emerson o Peach Robinson. Al igual que le pasó al cine con el teatro, el hecho de que un día llegara Eastman Kodak a democratizar un terreno sólo vedado a unos pocos, hizo que en torno a esta disciplina se formasen alumnos aventajados y diletantes de toda especie. Esto explica la necesaria actitud de estudio y profundización que empezamos a notar en el texto de Paul Strand que saca a colación al primer fotógrafo reconocido que no quiso ser pintor: Alfred Stieglitz, alguien que demás quiso ser imitado por artistas al óleo. Especialmente poético es el de Salvador Dalí, que entronca con la tradición de Henri Cartier Bresson a través de Carl Georg Heise o Werner Graff. En un paso intermedio destacar la labor realizada sobre publicidad y fotoperiodismo, que tratan de no cargar en exceso las tintas sobre la ingenuidad en la composición y sí sobre la llegada de una especialización técnica, que sin obviar la visión psicológica en el retrato, profundice en algo más que una visión que desnaturaliza lo que toca (véase por ejemplo en el retrato de la mujer con Leica presente en el capítulo de Laszlo Moholy Nagy). Calificación: Muy interesante....

Amores minúsculos

Decir de este cómic que es una buena clase práctica sobre el aprovechamiento y diseño de páginas, que los gráficos tendentes a la caricatura que utiliza el autor son idóneos para lo que quiere contar, que está lleno de ironía y de sugerencias o que la tendencia hacia lo original está presente de principio a fin; decir esto, adelantaba, es quedarse en la superficie. Porque todo ello es verdad, pero sería, algo así, como quedarse en la cosmética sin rascar buscando tesoros. De entrada, el asunto con el que se enfrenta Alfonso Casas y con el que nos enfrenta a los lectores, es el amor. No como concepto o idea, no como búsqueda filosófica; nos pone delante de eso que nos pasa todos los días y evitamos o agarramos como si nos fuera la vida en ello. El amor como parte de nuestra frustración, de nuestros desayunos, de nuestros secretos, de nuestros errores o nuestra fortuna. Sin obligar narrativamente, sin vueltas de tuerca que busquen festivales de luz y de color. La vida es lo que es. La ficción es una representación de esta. Cada una tiene su propia coherencia. Pero no todo vale. Ni en una ni en otra. Por otra parte, los personajes crecen con cada frase, con cada gesto dibujado. Se perfilan bien desde el principio para que todo sea relevante y encuentre un sentido solvente. Ya con todo lo apuntado se intuye que este Amores Minúsculos es un buen cómic. Pero, además, el juego de Casas con el color y con los tonos es espléndido. Sin leer una sola frase podríamos saber el estado de ánimo de los personajes, qué relación tienen con el universo en un momento concreto. Esta es la primera obra en solitario de un autor que habrá que seguir con atención....

EL CASO DE LA MUJER ASESINADITA...

Construida en torno a una idea fantasmagórica y estrenada, por vez primera, en el Teatro María Guerrero de Madrid en 1946, el dramaturgo madrileño Miguel Mihura nos sitúa esta vez en un chalet de las afueras, una casa aristocrática parecida a la que fotografió Capra en Arsénico por compasión, aquella comedia negrísima protagonizada por Cary Grant. Escrita al alimón junto a su compañero de La Codorniz, Álvaro de la Iglesia, lo primero que confiesa el autor en una primera declaración de intenciones es que bajo el manto de comedia hay mucha tristeza. Tierna en muchos casos y escrita desde el ingenio y la desmesura, narra el deja-vú de un sueño, el de Mercedes, una mujer de alto copete a la que le gusta ver cómo sus criadas fuman Camel en su presencia, alguien capaz de detectar algo más que la realidad a través de ese sueño que simboliza la inútil y desesperada búsqueda de felicidad de las personas aburridas. Aficionada a la lectura de novelas que la convierten en una suerte de Bovary desclasada a la española, Mercedes recibirá la visita de extraños a su casa, no sin antes enterarse de que ha sido asesinada por un asunto de cuernos de su maridito Lorenzo con su mecanógrafa Raquel; el móvil es perfecto, si no es porque está allí Norton, un tipo que simboliza el progreso de los países anglosajones y que se nos aparece de primeras vestido de piel roja para, más tarde, convertirse en el jefe de Lorenzo y embaucador post-mortem de la misma Mercedes. La obra funciona como un mecanismo de relojería en cuanto a precisión y recurre a temas experimentados en otros medios por gente como Buñuel en El discreto encanto de la burguesía. Resulta, a pesar de ello, escénicamente muy...

El País del miedo

En El país del miedo, novela de Isaac Rosa, lo que hay para que ese miedo sea posible es un otro. Podemos tomar la tipología de las relaciones con el otro que propuso Todorov en La conquista de América. El problema del otro e identificar los tres ejes de los que él hablaba: el plano axiológico (juicios de valor acerca del otro: bueno o malo, superior o inferior…), el plano praxeológico (acercamiento o distanciamiento para con el otro: la sumisión al otro o la sumisión del otro) y el plano epistémico (conozco o ignoro al otro). En la novela de Isaac Rosa no hace falta rastrear con lupa para advertir este tipo de relación con o percepción del otro, pues ahí radica un poco el quid de la cuestión. Veamos… Carlos, el personaje principal de la novela, es uno y se la tendrá que ver con el otro al que teme. Ese otro se encarna en un sujeto concreto: un compañero del colegio de su hijo Pablo, que lo extorsiona con el propósito específico de obtener dinero. Pero también el otro son los grupos. Podemos hacer un listado de ellos, de a lo que Carlos teme: a los resentidos, a los pobres, a los mendigos, a los despojados (todos estos conforman lo que el narrador engloba bajo la etique de miedos clasistas), a los colectivos de inmigrantes (magrebíes, rumanos, albaneses, mafiosos rusos, gitanos… y la lista sigue), a los niños pobres, a las tribus adolescentes. Mientras tanto, en casa, su mujer echa a la empleada doméstica porque la declara responsable del robo de todos los objetos de valor o sin valor que han desaparecido y siguen desapareciendo día a día: películas, pendientes, dinero en efectivo. Y para completar la familia, Pablo, el hijo: un niño, no tan niño (aunque se lo trata como tal al punto de resultar ciertos pasajes de la novela no solo inverosímiles sino tediosos), víctima de una...

La vida en los ramajes...

El Premio Nacional de Poesía que concede cada año la Fundación Cultural Miguel Hernández es un buen termómetro para medir el pulso con el que escriben las voces jóvenes de nuestra lírica; el último ha sido concedido al primer libro de Olalla Castro, cantante y columnista del diario La Opinión de Granada. Parece que su pulso es de la mujer comprometida. La vida en los ramajes (Madrid, Devenir, 2013) es, en efecto, una clara expresión de ese giro de retorno hacia una conciencia social activa que se deja ver en algunas de las múltiples líneas poéticas de nuestra literatura más reciente. En el caso de Olalla Castro, su compromiso social nace de una mirada de mujer, de una autoafirmación de la mujer como sujeto deseante y de una exploración de las maneras de ser mujer en el mundo. Diríase más bien que en este poemario asistimos al desgranarse de una voz que se vive plena en femenino. La sección titulada precisamente «Los modos del deseo o la mujer-sujeto» es la que se levanta como el centro desde el que aquí se mira el mundo: el amor. El amor vivido como una elección de la que la mujer es la única dueña: «Casi con rabia horado tu perfil / dejo caer espuma en tus pestañas», dice quien en otro lugar titula un poema –reverso del tópico descanso del guerrero- «Hombre-oasis». Libre de toda atadura que no sea la voluntad deseante, en los poemas de Olalla Castro escuchamos una voz que rinde culto a las hermanas mayores, no faltan Emily Dickinson y Virginia Woolf y se agradece el recuerdo a Carmen de Burgos, Colombine, periodista, novelista injustamente olvidada y feminista que rehuía etiquetas fáciles. Desde aquí, desde la herencia del pensamiento de mujer, la autora de...

Estambul

Orhan Pamuk, Premio Nobel de literatura en 2006, confiesa -en Estambul– lo evidente: que la ciudad es un pretexto para hablar de su vida. De los recuerdos de la infancia y los afanes de la adolescencia. Esto no desmerece el retrato de la ciudad. Un retrato penetrante, nostálgico y parcial, demasiado repetitivo con algunos temas, demasiado cargado de topografía, pero hermoso y evocador. El escritor turco trabaja sobre la melancolía, sobre los objetos y los lugares, para relatar un despertar de los sentidos a caballo entre dos mundos: Oriente y Occidente, Asia y Europa, lo tradicional y lo moderno, lo religioso y lo secular, la pobreza y el bienestar, lo popular y lo burgués. Se aprovecha de un tono –no de una forma- proustiano en lo que es, en fin, un viaje a su propia infancia, al mundo de lo recordado; a Estambul, la ciudad añorada, soñada y querida. En algunos momentos nos interesa, o nos informa; en otros, y según va a avanzando la lectura, nos satura con sus propios fantasmas, con sus repeticiones y sus obviedades, aunque reconozcamos en sus líneas todas las infancias y todas las adolescencias. En todas las ciudades. Para Orhan Pamuk, Estambul es la ciudad visitada por los viajeros europeos. La mirada sobre la mirada en una especie de visión cruzada. Con Nerval, Gautier, Flaubert, d´Amicis. El basurero con los detritus del Imperio Otomano y de Bizancio. La gran urbe en construcción-destrucción de los años cincuenta. No existe visión alguna de la ciudad contemporánea si no es como el negativo de su relato. Como lo que ya no es. Y echamos de menos que ese hombre de cincuenta años, que confiesa ser incapaz de moverse de los espacios que habita desde pequeño, se asome a la ventana para...

Nada es verdad. Todo está permitido...

Nada es verdad, todo está permitido son, según parece, las últimas palabras que pronunció Hassan i Sabbah (precursor del terrorismo islámico y posiblemente el primer distribuidor de hachís como sustancia estupefaciente), de cuyo nombre se deriva la palabra Hassishem, consumidores de hachís pero también asesinos, una doble lectura que fue muy bien aprovechada en el célebre verso de Rimbaud, Voici le temps des Assassins. Nada es verdad, todo está permitido es también el titulo de un extenso volumen publicado recientemente por Alpha Decay en su siempre interesante catálogo, y en el que Servando Rocha realiza un recorrido por la otra historia del arte y la cultura, la menos oficiosa y más maldita, a partir del encuentro entre un octogenario William S. Burroughs, profundo admirador de Sabbah, y Kurt Cobain, veintañero rockero y profundo admirador de Burroughs, iconos de distintas épocas que compartían un espíritu inquieto y profundamente antisistema, cierta animadversión por el género humano y una prolongada etapa de autodestrucción, que si bien el escritor logró trascender hasta los 84 años, acabaría prematuramente con la vida del cantante cuando se suicidó, meses después de conocer a su ídolo literario El episodio en cuestión  le basta al autor para establecer una genealogía de la contracultura, rastreando las pocas fotos que se conservan de aquel encuentro y analizando los mas nimios detalles de las mismas para encontrar vínculos entre dos creadores tan generacionalmente alejados como espiritualmente afines, detalles que a priori pueden pasar desapercibidos, pero que una vez leídos resultan inusitadamente convincentes. Rocha se sirve incluso de los mas anecdóticos elementos, como el disco de Leadbelly que Cobain regaló a Burroughs (que alarga la sombra de su respectivo malditismo hasta la locura alcoholizada del legendario músico blues), para realizar un recorrido por la América mas salvaje...

Las vírgenes de las rocas...

Esta novela nace con una vocación leonardesca: Yo haré una ficción que significará grandes cosas. Esta cita del polímata -luz del Renacimiento- y las sucesivas que encadenan los capítulos, denotan la intención desmesurada de su autor. Grandes cosas son para Gabriele D´Annunzio el sentimiento amoroso y la emoción, las sitúa por encima de todo, y las trabaja mediante su hiperestésica manera de narrar. Pero Las vírgenes de las rocas es, sobre todo, la historia de una frustración. D´Annunzio quiere ser enciclopédico, académico, grande. Busca la trascendencia. De alguna manera la consiguió para su vida y, en consecuencia, para su obra. Como casi todas las novelas modernistas, ésta trata de la melancolía, de la decadencia de las grandes estirpes, de la morbosidad de las antiguas familias. Bebe en la novela y en el arte clásicos. En la Historia. Pero todo en Las vírgenes de las rocas está supeditado a la puesta en escena hasta quedarse prácticamente solo en eso, en un hermoso aparato escenográfico. Gabiele D´Annunzio fue un iluminado poeta, excesivo y excéntrico, aristocráticamente italiano, en el sentido en el que se sintió heredero de glorias inciertas y perdidas. Su lenguaje de bardo es sonoro, colorista y brillante como un fuego de artificio. El escritor merece ser redescubierto, sobre todo en España, donde es desconocido o denostado. Sus veleidades políticas empañan su trabajo. Calificación: Muy curiosa. Tipo de lector: Aficionados al decadentismo. Tipo de lectura: Espesa. Argumento: Intenso. Personajes: Excesivos. ¿Dónde puede leerse?: En un viejo palacio...

Pobreza

Suele decirse que el estado perfecto del ser humano es tener los pies bien plantados sobre la tierra, mientras la cabeza vaga por las nubes. Víctor Gómez Valentinos, poeta y agitador cultural, valenciano de adopción nacido en Madrid en 1967, no viola el adagio. Su poesía nace pegada al suelo de la realidad, porque sólo desde ahí es posible levantarse, erguirse orgullosamente entre la tormenta y mirar a los otros hombres con dignidad. Así ha venido siendo desde que en 2010 comenzaran a llegarnos sus poemarios, tres casi al mismo tiempo en ese año: Detrás de la casa en ruinas (Valencia, Amargord), seguido de Huérfanos aún (Madrid, Santa Cruz de Tenerife, Baile del Sol) y, cerrando la temporada, Incompleto (Logroño, Ed. 4 de Agosto). Luego vendría Trazos del calígrafo zurdo (Toledo, Bucca&Neers, 2013) y pocos meses después su último libro de poemas, el sorprendente Pobreza (Madrid, Calambur). Pobreza, la mirada escrita de Víctor Gómez Valentinos, no se conforma con crear ilusiones, espejismos, simulacros de la materia de vida que atraviesa los días, no usa el lenguaje como superficie reflectante. No, el lenguaje no es inocente, aunque nos venga dado como si lo fuera; de manera que no hay otro remedio que torcerle el cuello al lenguaje, tartamudear en la propia lengua hasta reinventarla,  que sentenciaba G. Deleuze como lo propio de todo arte digno de llamarse arte. En Pobreza la palabra lucha verso a verso por esculpir de nuevo el sentido de la lucha por la vida, a veces sangra y a veces ilumina, porque el poeta ha puesto en marcha un mecanismo crítico de alto voltaje emocional: se emplea a fondo en no llamar a las cosas por el nombre heredado, sino en nombrarlas por vez primera para lograr que existan en la...

¡Sublime decisión!

Estrenada por primera vez en el Teatro Infanta Isabel el año 1955, con un enorme reparto entre los que destacaron una joven Rafaela Aparicio y los dos hermanos Gutiérrez Caba, es ésta una obra nada menor del dramaturgo, cómico y dibujante madrileño, Miguel Mihura, que ha dado en representarse en múltiples ocasiones posteriormente. La historia es la de Florita, hija de un padre en apuros económicos que vive además con su tía Matilde. El hecho de presentar a la hija menor de una familia modesta como una especie de Juana de Arco que revoluciona el patio de vecinas por pedir que acudan a su casa un hombre y un cura, dice mucho de las grisuras de la familia española de hoy y de siempre, una subversión de la que interpretó Alberto Closas y su desaparecido hijo Chencho. Y es que cuando recordamos al autor a través de esta obra, lo hacemos no sólo desde la sempiterna por absurda lucha de sexos que nos hizo reír y pensar en Tres sombreros de copa, aquí existe un tono farsesco que denuncia lo rutinario de la tragedia de estar vivos y desear, plagada de detalles originales y disfrutable desde la parte más crítica. Entendemos así el concepto de autoría literaria y de cómo ambas obras se complementan. Quizás por eso estas dos obras fueron, de las muchas escritas por Mihura, las favoritas del Papa del absurdo en teatro, Eugene Ionesco. La estela del madrileño es alargada así como su capacidad y brillantez en el diálogo, que le llevó a colaborar en el guión de Bienvenido Míster Marshall, junto con Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, que al ser al menos uno de ellos señores de derechas que necesitaban estrenar entre actores y técnicos de izquierdas, se...

La Iliada

A través de los siglos nos llega el eco de un nombre. Troya. Una ciudad de verdad y de leyenda. Un campo de batalla donde los hombres se enfrentaron para demostrar el valor, el coraje y los códigos de honor, que acababan de sacar a la raza de la oscuridad de la caverna y que agrandaron el mundo por la magia de la literatura. Troya. Las hazañas y los prodigios que tuvieron lugar bajo sus murallas, resonaron en boca de los rapsodas por todo el Mediterráneo, causando asombro y admiración; porque en las noches, en torno de la hoguera, pudo escucharse, enlazado con los versos, el rumor de la batalla. Troya. Donde el espíritu romano quiso nacer. Su ilusión iluminó las cortes del Renacimiento. Troya. Donde los dioses se enfrentaron por ayudar a los contendientes, y desnudaron sus espíritus débiles y mezquinos, maquinados por la imaginación de los humanos. Donde los hombres pasaron a ser héroes y se acercaron a los dioses que los habían creado. Troya. Puede ser que nueve siglos antes del Imperio de Augusto, un bardo ciego recompusiera las distintas versiones del poema, dándoles unidad literaria, y aunque no fuera así, la historia no quiere ya renunciar al nombre ilustre de Homero. Viene en cualquier caso la leyenda, con seguridad, de una larga tradición oral. Los más grandes bibliotecarios del mundo antiguo: Zenódoto de Éfeso, en Alejandría, Aristófanes de Bizancio y Aristarco de Samotracia, la estudiaron y anotaron, creando la estructura que hoy conocemos, aunque el núcleo original se redactó en Atenas en tiempos de Pisístrato, trescientos años después de Homero. La ciudad fue conocida en el ámbito griego como Ilión, de ahí el nombre de la epopeya. La Iliada nos habla de la cólera de Aquiles. Del poder y del arrojo de un hombre, del desencadenamiento de...

La mujer en silencio. Sylvia Plath y Ted Hughes...

La vida del gran poeta inglés Ted Hughes y de su esposa, la también enorme aunque mucho mas infravalorada Sylvia Plath, ha dado para un buen puñado de jugosas biografías encargadas de inmiscuirse en la intimidad de sus vidas, dando lugar en un caso tan particular como el suyo, con relación tormentosa y suicidio en el camino, a páginas y páginas de truculentos cotilleos y opiniones dispares, que tienden bien a crucificar a Hughes como misógino traidor elevando a Plath a los altares predestinados a todo mártir, o a juzgarla a ella como la masoquista fémina, perturbada y sin apenas talento, que hizo imposible la vida al laureado genio de la literatura. Todo según a quien le pregunten. Las biografías de artistas celebres son una de las efemérides editoriales mas singulares y atractivas. Poseen tanto de estudio obsesivo de la genialidad como de impúdico rastreo de intimidades que, escudado en un alarde de intelectualidad, se pretende mas elevado que el cotilleo diario a lo Belén Esteban y Cía., cuando la realidad dicta que esas anécdotas que sobrevuelan los círculos literarios y artísticos suelen ser sin duda, dada la naturaleza inquieta de sus protagonistas, mucho mas  jugosos que cualquier acontecimiento en la vida de la fauna televisiva actual. La mujer en silencio, escrito por la magnífica biógrafa Janet Malcolm, no es afortunadamente uno de esos libros repletos de morbosos detalles, y pese a su título, posiblemente una imposición editorial en pos del incremento de ventas, apenas rastrea la vida de la pareja de escritores. En realidad este enorme ensayo metaliterario dedica la mayor parte de sus páginas al estudio del propio biógrafo y sus vicisitudes como arqueólogo de vidas ajenas, así como  a interrogarse sobre hasta qué punto es lícito entrometerse, culturalmente escudados, en la...

Mañana en la batalla piensa en mí...

La vida de un escritor que es negro de un negro. El fracaso de no verse en los títulos de crédito de muchos guiones que no se escriben como tal. Eso y la manera en que Víctor Francés conoce a Marta Téllez el día de su muerte, hace reflexionar a Marías no sólo sobre lo que pudo haber sido y no fue, sino sobre lo que no pudo ser o no fue y se atrevió a ser. Porque así son estos monólogos donde no sólo cabe pensamiento. Por supuesto está, otra vez, Shakespeare. Y por encima de todo Madrid (las calles son la referencia al paisanaje, desde Conde de la Cimera a General Rodrigo) hasta el escenario que Orson Welles robó a Inglaterra para localizar su conocido film Campanadas a medianoche. También es una historia en clave negra lo que aquí se nos cuenta; una historia que el espectador poco avisado podía identificar con Double indemnity por ser protagonizada por Barbara Stanwyck, pero que sin embargo se refiere a otra película, en virtud de Fred MacMurray. El caso es que Víctor, que en algunos momentos parece querer decirse a sí mismo que se llama Javier, ve desplomarse en sus hombros a una mujer casada y con un hijo, cuyo marido está trabajando en Londres, no por casualidad. La novela se hace eco del antes, del después, del mientras tanto, y lo hace con cierta morosidad, pero bien atento a las consecuencias por las que el protagonista podría ser inculpado de crimen ante tan sorpresiva muerte. Hacerse eco del rechazo propio y causado por y a los demás, le lleva a aceptar una especie de encargo profesional, la biografía de un pintor allegado a los Téllez, que pondrá patas arriba la relación con otras mujeres...

El hablador

Hace poco, en su artículo del diario El Pais, Juan Goytisolo hablaba de Amazonia verbal para referirse al escritor peruano Mario Vargas Llosa. Y está todo dicho. Cierto que Goytisolo se refería a La Casa Verde, pero esa expresión es más perfecta si cabe para El hablador. Ya verán porqué cuando la lean. Mario Vargas Llosa es un gran investigador, un constructor del lenguaje, creador en el sentido más amplio de la palabra. Su maestría se afirma sobre unas arquitecturas elaboradas e impecables. Aquí esa estructura es dual, con dos relatos que se complementan, que se confrontan, que se enriquecen mutuamente y finalmente se explican uno a otro. Hay una ingente labor etnográfica, lingüística y documental. No se anda el escritor con chiquitas. Trabaja, trabaja y trabaja hasta la perfección. E investiga sobre la selva, su poder, su atracción, sus habitantes. La pureza de las culturas, la influencia de unas sobre otras, del relativismo moral –ahora sí- que se desprende de la multiculturalidad. Provocándonos interrogantes con los que cualquier persona interesada en los seres humanos y sus relaciones se sentirá identificada. Al través de su obra, rica, poderosa, Vargas Llosa va narrando su patria –Conversación en la catedral-, su adolescencia –la ciudad y los perros– y juventud –La tía Julia y el escribidor-, su deambular político –¿Quién mató a Palomino Molero?-, convirtiendo el Perú y sus cosas en un profuso caleidoscopio. La exuberancia de la literatura latinoamericana no se explica. Simplemente se manifiesta en novelas como ésta. Calificación: Espléndida. Tipo de lector: Indispensable para los aficionados a los latinoamericanos. Tipo de lectura: Prolija. Argumento: Intenso. Personajes: Complejos. ¿Dónde puede leerse?: En la...

Mar de Irlanda

Mar de Irlanda es la primera novela publicada de un joven autor de Almería llamado Carlos Maleno. Digo novela porque debajo del título, en la tapa, se imprime esa palabra; sin embargo, está más allá del borde de dejar de ser una novela para ser un libro de relatos que se entrecruzan: por ejemplo, el moribundo que lleva puesta una máscara de Felipe González y que es el narrador de uno de los relatos, aparece más adelante en otro para apenas ser visto desde la habitación de enfrente en ese mismo hospital. O el hombre que vende aspiradoras, que irrumpe en un relato pero en otro posterior es el mismísimo narrador que nos confiesa que su trabajo es vender aspiradoras, pero su vocación es la literatura. Y con esta declaración a nosotros, lectores, nos queda clarísimo que estamos ante un libro que se repliega, pues el vendedor de aspiradoras está escribiendo un libro de relatos donde aparece él mismo como personaje, y donde uno de los relatos se titula «Recuerdos amnésicos acerca de Cristo y de la chica que hacía autostop», exactamente igual que el relato anterior a este en este libro llamado Mar de Irlanda. Mar de Irlanda es como una Matroska, pero desarmada. No tiene la unidad de la novela, pero tampoco nos cuenta varias historias; en realidad nos cuenta permanentemente que nos está contando una historia. Los personajes de este libro no nos importan si no es en la medida en que narran. El personaje que es narrado por un personaje ya nos queda demasiado lejos: estamos ante un libro hecho de capas, o de muñequitas dentro de otras muñequitas. No nos importa un personaje en sí mismo, no llegamos a él como para que nos importe; nos importa la narración...

Alguien dice tu nombre...

Alguien dice tu nombre es una novela en la que se habla de la literatura. Del oficio de escritor, de lo que puede llegar a representar para todos, de cómo la realidad se descompone por completo para colocarse, de nuevo, formando un microcosmos con entidad propia ordenado en frases. Habla de las palabras, de la imaginación, de la fabulación, de la realidad convertida en herramienta y de la herramienta que es la escritura creativa convertida en realidad. Alguien dice tu nombre es una excelente novela salpicada de un lenguaje exquisito, de reflexiones profundas, de imágenes potentes que se escapan con habilidad de los lugares comunes y manoseados. Luis García Montero construye el relato utilizando un narrador personaje que nos lleva de un sitio a otro sin empujones; con solvencia y verosimilitud aun cuando se trata de puras invenciones las que relata como si fueran certezas. León Egea, mientras el mundo, retrata una sociedad miedosa, un país que se quedó parado en los paredones y no termina de arrancar hacia el futuro; dibuja un escenario árido con todos aunque se ceba con las mujeres y los perdedores. Dibuja la tristeza de muchos y una felicidad reservada a los que supieron aprovechar una oportunidad indecente y fructífera. Pero, también, como en la trama de una buena novela, por debajo de la imagen más superficial, se va construyendo la salida de un túnel que lleva a la esperanza. El mundo de León es la periferia más gris de un futuro que merece la pena. Desde el principio, el narrador hace una declaración de intenciones muy clara: quiere ser escritor porque la escritura es una forma de resistencia. Esa es la fuente de la que bebe León. Tiene cierta gracia cómo va utilizando lo que le han enseñado...

MARÍA ESTUARDO

María Estuardo es un personaje romántico, envuelto en los claroscuros de la leyenda. También una mujer utilizada como arma política. Las circunstancias de su biografía, la época en la que le tocó vivir, la misma Escocia sobre la que reinó, todo fue excepcional en una vida marcada por las pasiones y la prisión. María se crecerá en su muerte y se convertirá en una gran traidora, heroína trágica para otros. Materia literaria en cualquiera de los casos. Donizetti, Casella, o Musgrave compusieron sendas óperas basadas en esos hechos inciertos. Stefan Zweig realiza un acercamiento reflexivo a la reina de los escoceses, donde pretende intuir lo indemostrable supliendo el rigor histórico con el pensamiento literario y así nos enfrenta en una historia trazada por siluetas, como en los teatros de sombras. Sin llegar a la penetración psicológica de su María Antonieta, el escritor construye un personaje que se mueve sobre una confusión continua entre lo público y lo privado, entre el querer y el deber, entre la voluntad y el capricho. En una isla en la que dos mujeres se enfrentaron envolviéndose en las banderas de la religión. Escribe Zweig que María Estuardo vivió en una llama tan alta y tan fanática que su resplandor sigue brillando a través de los siglos, y consigue componer la secuencia de un personaje desgarrado, en una época oscura y turbulenta. Calificación: Curioso. Tipo de lector: Aficionados a la Historia. Tipo de lectura: Informativa y amena. Argumento: Biográfico. Personajes: Poderosos. ¿Dónde puede leerse?: En...

Árboles de Invierno

La vida de Silvia Plath fue un continuo jugar con su propia muerte. Terminó suicidándose. Protegió a sus hijos sellando la puerta de la habitación en la que dormían con toallas húmedas, abrió la espita del gas y dejó que su polo suicida se saliera con la suya. La relación con su marido (poeta) fue un desastre, la relación con su mundo (poesía) fue un desastre. Todo fue un enorme desbarajuste. Todo excepto lo que dejó escrito. Durante algún tiempo, muchos se acercaron a los poemas de Plath con ese regusto que aporta saber que la autora fue una mujer machacada. En esto de la literatura el morbo existe como en cualquier otra parte. Pero, poco a poco, se fue descubriendo una poesía potente y honda. No negaré que después de leer con tranquilidad sus poemarios, una siente ganas no de tirarse por la ventana, pero sí de lanzar un buen montón de mierda acumulada en la mochila. Alguien capaz de decir El valor de la boca cerrada, ¡a pesar de la artillería! para referirse al dolor que provoca un silencio impuesto por obtener a cambio la tranquilidad, es capaz de decir cualquier cosa. Y de decirlo bien. Me gusta poco reproducir poemas completos y no lo haré. Los libros sirven para esas cosas. Aquí, tan sólo, quiero recomendar la lectura de este Árboles de Invierno o de cualquier otro poemario de la autora. Eso sí, el que lo abra debe ser consciente de que el mundo se tornará gris, que el sufrimiento ajeno se pegará al propio, que los poemas de Plath se quedarán grabados a fuego en la memoria. Prueben a descubrir y a descubrirse leyendo cosas como estos versos: la entera catarata de agua es un ojo en cuyo remanso con...

Paul se va a trabajar este verano...

En 2002, Michel Rabagliati editó Paul se va a trabajar este verano (en España se publicó el año 2006 y se reeditó en 2012). Es un cómic excepcional. Muy, muy, bien narrado (los textos están ajustadísimos y encajan perfectamente con los dibujos), el personaje protagonista (alter ego del autor) crece en cada viñeta de forma portentosa, los recursos técnicos de Rabagliati son sencillos aunque de una efectividad aplastante, el diseño de página magnífico y es divertido a más no poder. Paul se va a trabajar este verano podría parecer un viaje iniciático (que lo es) aunque incluye una zona final que va mucho más allá. Porque ese viaje es para el personaje lo que llega a ser mucho más tarde y lo que será para otro personaje (su hija). Paul es un adolescente que no encuentra su sitio en el mundo. Casi por casualidad termina como monitor de un campamento de verano. Se conocerá a sí mismo, a personas importantes a pesar de lo efímero de la amistad de verano, ejemplos que le acompañarán toda la vida y un espacio imposible de cambiar por nada o por nadie. Rabagliati se muestra ocurrente, sensible y capaz de mirar atrás con la distancia suficiente como para echar un vistazo alejado de lo que cualquier otro vería. Este es un cómic muy recomendable para lectores jóvenes (les gustará mucho). Este es un cómic imprescindible para los adultos (les recordará lo mejor de sí mismos). Este es un cómic que no puede faltar en cualquier biblioteca. Extraordinario, evocador, divertido, hondo. Calificación: Excelente. Tipo de lectura: Fácil y divertida. Una segunda o tercera más divertida todavía. Tipo de lector: De 15 años en adelante. Sin excepciones. Argumento: Los adultos lo que envidian es a sí mismos cuando eran jóvenes....

Ceniza en los ojos

Lo firma Jean Forton. Ceniza en los ojos. El título idóneo, reflejo perfecto de lo que encontrarás entre sus páginas. Una repugnancia atroz recubierta de un lirismo que conmueve. Un protagonista inadaptado, torpe y cruel; que, sin embargo, despierta en nosotros cierta ternura y compasión. E incluso amor, sí, también amor. O al menos cariño. A modo de diario personal, este treintañero de lamentable existencia nos narra su premeditada conquista de una joven de dieciséis. Pero la historia en sí carece de importancia, no es más que un fondo, un lienzo sobre el que dibujar (o más bien un cristal sobre el que rasgar) las características psicológicas de un hombre sorprendente. Sorprendente por lo humano. Humano en cuanto a lo contradictorio, a su desequilibrado caminar sobre la línea que separa el bien del mal. Y es que llegas a la última página del libro, devoras las últimas palabras… Y aún no comprendes si detestas o amas a ese ser, a simple vista despreciable y loco, pero con demasiadas cosas en común contigo como para aceptar ese juicio inicial. Y, claro, resulta fácil tachar a un personaje de un libro de causa perdida, pero ¿a ti mismo? Te niegas, porque en realidad es en eso en lo que consiste la vida. En tener fe y seguir buscando. Si no, fácilmente podría uno rendirse tras leer este libro tan desgarradoramente realista y actual, pese a haberse escrito hace más de cincuenta años. Calificación: Extraordinario. Incluso indispensable. Tipo de lectura: Tan reveladora como sencilla. Tipo de lector: Almas perdidas, mentes vagabundas. Argumento: Hombre de treinta y tantos seduce, con alevosía, a una joven ingenua e inocente de dieciséis. Personajes: Se trata más de un retrato psicológico que de una novela. ¿Dónde puede leerse?: Mejor en un sitio...

En el café de la juventud perdida...

El título de esta novela está arrancado de una cita de Guy Debord que es el epígrafe del libro. La cita contiene exactamente este sintagma que hace de título, pero además la palabra «melancolía». Y a esa palabra, como también le sucede a una mariposa de sueño, se parece esta obra de Patrick Modiano. En el café de la juventud perdida es una novela relatada por diferentes narradores. El primero de ellos nos avisa que es uno de los tantos personajes de la historia y por ende, uno de los tantos que frecuentaba el café Le Condé. Ya ha pasado mucho tiempo de aquel París de los años 60, sin embargo, este narrador-personaje rememora un pasado que también es el suyo propio pero que tiene una figura femenina misteriosa que es la excusa para recapitular la vida: Louki. Louki es el personaje-engranaje de todas las narraciones; es la columna vertebral que las sostiene. Todos hablan de Louki y Louki también habla: es una de las narradoras de esta novela. Louki habla de su propia vida mientras que los demás hablan de ella, aunque por supuesto también hablan de la propia pero a través y en relación con ella. Sí, Louki es un punto de partida y de llegada de todas las narraciones que dan cuerpo a esta novela. Louki es ese Eterno Retorno que tanto obsesiona a uno de los personajes-narradores, a Roland, el hombre que Louki eligió para abandonar a su marido, dejar de llamarse Jacqueline Delanque y pasar a otro distrito de París y a llamarse Louki. El tema espacial es fundamental en la novela. París se delimita y se detalla. El Sena como la línea divisoria: la orilla izquierda (la Rive Gauche), la orilla derecha; tal vez, otra columna vertebral, igual...

Poética de Saint-John Perse...

La mirada al texto que busque una intención, una posible interpretación cercana a la correcta -ese sentido que encontramos implícito en la forma de un objeto, en el diálogo entre personajes o en la elección de un narrador determinado; en definitiva, lo que no suele encontrarse explicado por una frase o por un párrafo- ha de estar cargada de criterio literario con el fin de no convertir la lectura en una simple concatenación de frases; es decir, en una lectura literal. Dicen los teólogos que la letra mata y el espíritu vivifica. Descargándola de sus componentes religiosos, la afirmación puede servir para ilustrar esta idea: la letra impresa queda vacía sin una mirada indagadora, crítica, que busque más allá de lo leído. Pero ¿cómo un lector consigue llegar a tener o afianzar ese criterio? Es el acercamiento a la poesía y su comprensión el lugar dónde irán llegando los elementos imprescindibles para que cualquiera (todo el que aspire a tener los anclajes literarios suficientes con los que formarse como escritor o como lector) logre su objetivo. Y es que la poesía es, esencialmente, tratamiento del lenguaje. Emily Dickinson decía: No sé definir lo que es poesía, pero sé lo que es poesía: cuando al leer algo siento como si me volaran la tapa de los sesos. Pero, claro, el problema es sentirse incapaz de percibir esa voladura, o leer un poema sin saber a lo que uno se enfrenta. Es habitual escuchar cosas como no entiendo la poesía o este poema es incomprensible. Sin embargo, parece que cualquier lector es capaz de llegar a entender una novela, sea cual sea (algo muy dudoso por otra parte). Ahora, la pregunta es ¿existe la posibilidad de aprender a leer un poema? ¿Es, realmente, la poesía un...

Las leyes de la frontera...

Javier Cercas elige para contar esta historia la simulación de una novela en marcha, que es al mismo tiempo una investigación, una encuesta a diferentes personajes gracias a los cuales irá armando un larguísimo mecano que no sabemos dónde nos va a llevar. Y nos lleva finalmente a algo basado en hechos reales y en una documentación auténtica, unos sucesos detrás de los que se plantean algunos interrogantes sobre la delincuencia y la marginalidad, sus causas y su redención. El trabajo literario es excelente, bien armado, compuesto con dos o tres voces narrativas cuidadosamente elegidas, pero llevado con acierto al punto de vista de Ignacio Cañas, uno de los protagonistas. Esto es eficaz siempre, claro está, que al lector le interese el fondo de la historia, que decida dedicar la larga lectura a una composición verosímil pero que no termina de apasionarnos, sobre un asunto sobre el que ya se ha escrito demasiado, al que se han dedicado demasiados reportajes periodísticos, y que incluso tiene un género propio en el cine español, el quinqui. Y quizá era demasiado pronto -o demasiado tarde- para volver sobre esa huella. Cercas no se priva de demorar la narración todo lo que puede, cartografiando excesivamente una ciudad, Gerona, poniendo muy bien las calles, insistiendo en la ambientación de época, justificando las acciones y explicando los hechos en exceso. La estructura de entrevista lo permite y lo encubre. Porque todos se dan cuenta de todo, exactamente igual que si lo estuvieran leyendo en un libro y quien pregunta, termina pareciendo más el inspector burócrata que rellena un atestado, que un escritor en busca de una documentación que no selecciona sino que acumula. Son, en cualquier caso, personajes perseguidos por el pasado, atrapados y fascinados por un momento mítico de...

Estupor y temblores

Primera novela de la escritora belga Amelie Nothomb, publicada en 1992 a propósito de una experiencia autobiográfica traumática y, por lo tanto, ya que en ella todo es peculiar, más que interesante. Y es que las obras de Nothomb son como una guerra para niños que crecen demasiado pronto, así lo atestigua también su obra «El sabotaje amoroso». A este filón ha sabido sacarle partido, publicando casi una obra por año desde entonces. El libro es como un cuento que contiene otro cuento. Amelie, que narra y protagoniza, tiene cuatro jefes en su trabajo dentro de una multinacional japonesa (es aquí donde empezamos a conocer la idiosincrasia de un pueblo acostumbrado a morir de extenuación laboral). Uno de ellos le manda redactar una invitación para jugar al golf y enviarla a un importante ejecutivo occidental. La cosa sale mal y ponen a la protagonista a hacer fotocopias; pero esto no es todo y la segunda jefa en discordia la persigue debido a que parece existir un corte en la hoja que no encaja con el milímetro exigido; es entonces cuando Fubuki (otro de los jefes) la coloca en el departamento de contabilidad y, tras dejarse la vista y confesarse mil veces incompetente hasta el paroxismo de la discapacidad, la nueva (jefa) la envía a limpiar retretes. Esta anécdota, convenientemente aderezada por las lúcidas observaciones de la alter ego de la protagonista, la lleva a querer reencarnarse en David Bowie, y no precisamente explotando la faceta más popular de cantante. Ejecutada con precisión y sencillez lingüística (algo deberemos al genial traductor y también cuentista Sergi Pámies), en esta novela existe algo más que estructura. Encontramos una manera canónica, que no por extraña, pero sí por moderna, propicia la lectura agradable y las ganas de conocer...