Decreación

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Anne Carson (Toronto, 1950) es una de las escritoras en lengua inglesa más estimulantes de nuestros días por su ambición sin límites y su maestría en la exploración estética diversos registros literarios y ensayísticos con una voracidad poética absolutamente extraña a estos tiempos de ligerezas y neorrealismos más o menos sucios. Una especie de postmoderna wagneriana que ansía la comprensión del mundo en sus multiformes epifanías por medio de una poesía que se abre a un nutritivo maridaje entre vanguardia y clasicismo. No en vano Carson es profesora de griego antiguo y se cuida mucho de dejarlo ver en su disciplinada escritura, en su gusto por el ritmo elegante en la acentuación, en la paráfrasis de los clásicos (Longino, por ejemplo) o en la sutil evocación del technopaegnia alejandrino como si se tratara de un poema cubofuturista; porque a la clasicista canadiense le gusta la poesía de Safo o de Ovidio tanto como zambullirse de pleno y muy a conciencia en esa tradición “otra”, sólo aparentemente ajena a la primera, que se despliega rica en sugerencias a través de su diálogo creativo con algunas de las más sólidas propuestas del arte de riesgo del pasado siglo (Samuel Beckett, Wallace Stevens, Antonioni), de la filosofía (Simone Weil) o de la mitología pop (Monica Vitti).

En Decreación (Madrid, Vaso Roto, 2014), la poeta canadiense nos regala un auténtico festín para la inteligencia, un banquete digno de ser degustado en el triclinio junto a Platón: poesía, ensayos y el libreto de una ópera en tres actos, enhebrados sobre la idea de la disolución del “yo” en el mundo, el libro desarrolla en sus distintos movimientos la cambiante recomposición de una identidad que se escapa de lo sólido mirándose en las nebulosas del sueño (uno de los motivos centrales de esta summa poética). A partir de ese concepto disolvente de Weil, decreación, Carson se abre a una búsqueda de su propia imagen refractada en los otros y en el espacio donde se dibuja el contorno de una subjetividad polifónica. De la madre (figura central en la sección titulada “Paradas”) al mito de lo sublime, pasando por la lectura cifrada del universo que llevó a cabo el pensamiento gnóstico o por esa originalísima lectura, vía Longino, de El desierto rojo, el film de Antonioni que aquí se personaliza en el personaje interpretado por Monica Vitti, la voluntad de Anne Carson nunca deja de ser clara en su intento de incorporar el mundo a la experiencia vital a través de una escritura total: “Lo quiero todo./ Todo es un pensamiento desnudo que impacta”. De ahí el wagnerismo sosteniendo ese fragmentarismo tan postmoderno hacia la construcción de la escritura poliédrica de este libro inagotable, que exige una lectura atenta, pero cuyas más de trescientas cincuenta páginas, en la edición bilingüe de la editorial Vaso Roto, puede escalonarse en estaciones de apacible lectura. Poesía de sereno equilibrio, ensayismo creativo o narrativa lírica, traducida con mimo y anotada con justeza por Jeanette L. Clariond, es tan nutritiva esta miscelánea de Anne Carson, tan norteamericana, que merece saborearse en una cálida cocina, en invierno, mientras se cuece al horno una jugosa tarta de manzana. Es tan rica en poesía intemporal, tan clásicamente experimental, que seguramente acabe pasando a la historia de la literatura anglosajona como uno de sus primeros libros canónicos del siglo XXI.

No se acaba nunca el disfrute de Decreación, cada lectura es como “si un enigma entrara en tu habitación”. La palabra “sublime”, tan reclamada en sus páginas, no viene nada mal, como apunte descriptivo, de lo que el lector se va a encontrar en esta Decreación de un yo poético que parece que reinventa la poesía resbalando sobre la ensoñación de lo cotidiano.

Calificación: Soberbio.
Tipo de lectura: Fragmentos de lo absoluto.
Tipo de lector: El que busca lo que hará historia futura.
¿Dónde puede leerse?: En la cocina, mientras se cocina una tarta de manzana.