DEL ESTIGMA AL HANDICAP

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En su primer número solidario, Aladar comenta tres películas de diferentes estilos que tratan la discapacidad mental de una manera que trata de ser más abarcadora de lo habitual. Desaparecidos los diagnósticos en muchos casos, tratamos de considerar diversos films y el cambio de mentalidad que debe ser entendido siempre desde el afán de superación y la autodeterminación de la persona.

Hay temas inmersos en la realidad social de los que cuesta aún hoy hablar porque nos sobrepasan. Uno de ellos es el de la discapacidad intelectual, tema tabú en todo el mundo durante la mayor parte de la noche de los tiempos. El cine ha servido a la vez de revulsivo y adormidera para cambiar ciertas mentalidades acerca de determinados casos en particular, sin tener en cuenta en muchos de ellos que una enfermedad, por más mental que sea, no define a toda la persona. Tal vez lo que fastidie más a ciertos sectores es la posibilidad de normalización de ciertos colectivos, a los que nos referiremos dando una perspectiva general de la discapacidad que pretende en su modestia, al menos no confrontarla más con estos sectores que parecen no querer entender lo que a su alrededor sucede.

Hemos de añadir que la ayuda a través de federaciones y ONGs es inestimable, así como la de los padres o familiares de afectados que también en Internet nos hacen descubrir hasta más de veinte películas centradas en el autismo o el síndrome de Down, por citar sólo dos de las definiciones (ni siquiera muchos las consideran patologías) que nos abarcan. Nuestro propósito, como digo, es mucho más sencillo o simple y es mostrar como a lo largo de la Historia del Cine, nuestra percepción ha cambiado y lo ha hecho a mejor, lo que no quiere decir que no exista un muro, a veces infranqueable, entre realidad y ficción por el que quedan detrás muchas palmaditas en la espalda, golpes de pecho que propician sólo la vanidad de los normales.

También debemos decir que quedan fuera de nuestro objeto de estudio, no por falta de ganas, los discapacitados físicos o sensoriales; en este sentido un ejemplo claro es el film El truco del manco, película española de Santiago A. Zannou e interpretada por J.M. Montilla El Langui, quien llegó a cosechar un Premio; y lo citamos porque acerca del tema de toda discapacidad debe haber por parte del afectado, por más ayudas que necesite, un afán de superación y autodeterminación sobre sus propias decisiones, que en el caso expuesto es muchas veces más motivador que las palmaditas en la espalda de las que hablábamos.

Por otro lado, cierto psicologismo ha dado en confundir discapacidad con limitaciones, haciendo ver que todos como personas tenemos límites. Pasa un poco como con la violencia de género, que tiene que ser necesariamente masculina, cuando la femenina también existe y se da, aunque no aparezca con la misma frecuencia en los periódicos o boletines de noticias. Quede claro que al menos en las películas que hablamos los afectados podrían defender al menos su dignidad vital desde la necesidad de huir de estos presupuestos por más que se apoyen en ellos.

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Centrada en el campo de la enseñanza musical en un colegio de educación especial, John Cassavettes filmó en 1963 Ángeles sin paraíso, una película de encargo que finalmente fue con la que menos éxito personal y profesional obtuvo; con guión de Abby Mann, narra la implicación emocional de Jean Hansen con uno de sus alumnos al que colma de atenciones a pesar de la oposición del director del centro por considerar su comportamiento contraproducente. El drama, con música de Ernest Gold y rudimentaria fotografía en blanco y negro de Joseph LaShelle, estuvo protagonizada por Burt Lancaster, Judy Garland, la esposa y actriz fetiche de su director Gena Rowlands, Steven Hill o Paul Stewart entre otros. Sorprende ver cómo un tema tan delicado fue tratado al menos con cierta sensibilidad, si bien el hecho de que un realizador independiente lo llevara a cabo con actores tan made in Hollywood, resultó ser un accidente del que su director no llegó a recuperarse financieramente en mucho tiempo.

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La siguiente película supuso todo un revulsivo sobre todo en el aspecto actoral (grande Dustin Hoffmann), se trata de Rain Man de Barry Levinson, producida en 1988; en ella se trata el tema del autismo desde una perspectiva familiar. Charlie Babbitt, un joven guapo y trepa, espera heredar de su padre una fortuna. El problema le viene cuando aparece su hermano Raymond, un señor que ha pasado la mayor parte de su vida en centros especiales y con el que la convivencia empezará siendo un desastre, para terminar aceptando el rico y guapo al otro. Con esta premisa argumental tan rudimentaria, la película contaba con dos momentos realmente especiales: en el primero, Raymond en vez de recoger unas canicas que se han caído al suelo, las cuenta con acierto; en el segundo, es capaz de escuchar los gemidos de Charlie con su novia mientras hacen el amor, a pesar de ser sorprendido por éste al poco tiempo. Con guión de Ron Bass y Barry Morrow, música de Hans Zimmer y fotografía de John Seale, contó además en su reparto con Tom Cruise, Valeria Golino, Bonnie Hunt o Ralph Seymour entre otros. Cosechó el Premio César a la Mejor Película Extranjera de 1989, el Oso de Oro de Berlín del mismo año, siendo los del año anterior el David di Donatello a mejor film y actor extranjero, cuatro Óscars de Hollywood incluyendo el de guión original, tres Globos de Oro,  con cuatro nominaciones en la antesala y ocho en la ceremonia mayor.

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Por último, ya en 2009 y aquí en España, Álvaro Pastor y Antonio Naharro, con un guión de ambos, filmaron la cuasi-documental e intimista Yo, también, una  película cuyo protagonista, Pablo Pineda, es el primer síndrome de Down que ha obtenido un título universitario y trabaja en la Administración pública. Pablo conoce a Laura, de la que se enamora. Con música de Guille Milkyway, la productora Alicia Produce arriesgó en un producto alegre, distinto y que trata de ser conciliador. La fotografía es de Alfonso Postigo y en el reparto destacaron Lola Dueñas, Isabel García Lorca o Pedro Álvarez Ossorio entre otros muchos. Cosechó dos premios Goya a la actriz y la canción, con cuatro nominaciones en total, dos estatuillas al trabajo actoral principal en el Festival de San Sebastián, la proyección en sección oficial en el Festival de Sundance y el Premio del Público en el Festival de Rotterdam.

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