Inside Job o la codicia como virtud

004_web

El documental ganador del Óscar en 2011 cumple con una de las funciones que mejor describen el género: la de servir como herramienta de denuncia social, mediante la investigación de verdades incómodas, y el reflejo de las mismas mediante testimonios en primera persona. Un trabajo que responde a decenas de preguntas sobre el origen de la recesión económica mundial y que señala por primera vez a sus verdaderos artífices, según las tesis que plantea la película.

Cuando la sociedad española se encuentra más escandalizada que nunca por la corrupción y el enriquecimiento ilícito de parte de la clase política – llámese tarjetas opacas, operación Púnica o caso Alaya, por citar solo tres de los ejemplos más recientes y más sangrantes-, se hace duro pensar que no existe una película más seria y necesaria que Inside Job.

Como afirma esta película, ganadora del Óscar al mejor documental en 2011, la crisis económica de 2008 no fue un accidente. Bajo la voz de Matt Damon se abordan no sólo las causas, sino también los responsables de la debacle económica que significó la ruina de millones de personas, la pérdida de hogares, empleos y sueños de un futuro mejor, y que además puso en peligro la estabilidad económica de los países desarrollados.

A través de una extensa investigación y de entrevistas a financieros, políticos y periodistas, que ante la cámara son incapaces de justificar sus acciones, Inside Job muestra la historia de un gobierno de Wall Street y explica cómo la crisis financiera ha sido efectivamente un inside job , un delito interno colectivo ejecutado por banqueros, políticos, agencias calificadoras, burócratas e inclusive profesores universitarios. Cuando el mercado de hipotecas subprime se desplomó, destruyendo los ahorros de toda una vida de muchas personas, ellos habían creado los mecanismos para evitar que la debacle económica les afectara directamente.

Comenzar una película con los bucólicos paisajes de Islandia como telón de fondo, es casi una ironía sobre el alcance de esta trama económica mundial. Fue en Islandia desde donde se lanzaron las primeras señales de alarma sobre la burbuja especulativa, y sirve a Inside Job como excusa para empezar a exhibir su discurso sólido, su implacable ritmo narrativo, su suspense propio de la ficción y su afán periodístico crítico. Ahí están sus mejores momentos, cuando Charles Ferguson, su director, pregunta a la élite para desenmascararla, destapando las contradicciones y las mentiras, siguiendo la pista de los movimientos y operaciones que derribaron el sistema a golpe de hipotecas subprime, trasvases de fondos inexistentes, asesoramientos interesados, y la sumisión de una clase política poco dispuesta a la regulación.

Ferguson es un ejemplo de lo realmente variado de los orígenes de muchos documentalistas. En realidad no ha sido hasta hace poco director de cine. Es un científico, un matemático y, además, un empresario.Ferguson fue asesor de la Casa Blanca y consultor de importantes empresas tecnológicas. Hasta que en 1994 creó una aplicación, Front Page, que vendió a Microsoft por unos 133 millones de dólares. De ahí a utilizar su fortuna para convertir en realidad su sueño de ser un documentalista, solo hubo un paso.

Desde el principio, Ferguson tiene una opinión sobre lo que sucedió y cómo sucedió, y utiliza toda su artillería pesada para corroborarla. Pero al poner datos cuantitativos sobre la mesa en una única dirección, como elementos incuestionables en el desarrollo narrativo de Inside Job, nos impide elaborar un discurso en el que dichos datos sean elementos discutibles desde cualquier otro punto de vista. Las entrevistas a políticos, banqueros, economistas o profesores universitarios son utilizadas, gracias al montaje, en la medida en que dichas declaraciones sustentan los presupuestos y la tesis enarbolados por su director. «Quiero hacer notar que ninguno de los criminales detrás de la crisis de 2008 están en la cárcel». Con esta frase, Charles Ferguson recogió el Óscar, toda una declaración de intenciones sobre lo que esta película pretendía ser.

Inside-Job-movie-poster

Inside Job señala como culpables por primera vez en la historia de las crisis económicas, a una lista de economistas y profesores universitarios destacados. Es interesante observar tanto quiénes son y qué dicen los personajes públicos –políticos, financieros, economistas, escritores, periodistas, profesores e incluso prostitutas-, que concedieron una entrevista al director del documental, como quiénes son aquellos que rechazaron ser entrevistados y acerca de los cuales sólo se puede leer este hecho y los nombres respectivos. Estas personas son o han sido rectores de universidades, decanos de escuelas de administración, importantes funcionarios y asesores gubernamentales, así como miembros de juntas directivas o consultores bien remunerados de las más grandes empresas privadas, que se hicieron ricos redactando trabajos académicos que hacían quedar bien a las empresas y países que se los pagaban.

Siguiendo un sutil y vibrante in crescendo dramático, que recuerda al de conocidas ficciones como Todos los hombres del presidente (Pakula, A. J., 1976) o La Red Social (Fincher, D., 2010), la meticulosa investigación de Ferguson incrementa su voltaje cuando interroga de forma incisiva a los pocos que aceptan dar la cara. Desarrolla el filme como un fiscal instruiría un caso criminal: hurga en los antecedentes, interroga a los principales testigos, expone las pruebas más contundentes y señala claramente a los culpables. La complejidad de los argumentos -a veces resulta imposible entender los mecanismos económicos expuestos, a pesar de los gráficos y los documentos – viene resuelta gracias a las entrevistas a expertos y protagonistas. Lo que hace el director de Inside Job no es descubrir lo ya descubierto, sino bautizarlo: ponerle nombres y apellidos. Como dice Gordon Gekko, el protagonista de Wall Street (Stone, O., 1987), la codicia es una virtud.

La magia del montaje, tan esencial en el género documental, es utilizada con enorme maestría por Ferguson para legitimar sus propias posiciones ideológicas y su particular visión de la crisis del 2008. Un ingente trabajo de investigación que también pretende retornar parte de la dignidad perdida al propio sistema estadounidense, simbolizado por ese plano final de la estatua de la libertad y la frase que Matt Damon enarbola como conclusión: «Hay cosas por las que vale la pena luchar».

Emma Camarero es profesora de comunicación en la Universidad Loyola Andalucía y directora de cine documental.

Proyecto «Miguel Mañara»
Asociación Familia Vicenciana
C/ Perafán de Rivera 12 D 41009 Sevilla
Tlf.954 908 925 Fax. 954 905 587
info@afavima.org

250px-Estatua_de_Miguel_de_Mañara