La laguna negra y el romance de Machado

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El romance La tierra de Alvargonzález, de Antonio Machado, fue llevado al cine por Arturo Ruiz Castillo, en 1952, bajo el título de La laguna negra. Se trata de una película en blanco y negro más próxima al cine negro que al melodrama.

La laguna negra está ubicada en Soria, sitio emblemático para el poeta Machado pues allí conoció a su mujer Leonor; y allí también escribió su libro Campos de Castilla, que contiene, entre otros poemas, este romance. Estamos frente al Machado que ya ha pasado por la bohemia, por París y Madrid, y ahora se adentra en la vida de pueblo castellana. «La laguna negra está en Castilla, pero esta historia pudo suceder en cualquier época y en cualquier lugar del mundo. Es la eterna tragedia de la codicia»: esta es la leyenda con la que comienza la película de Ruiz Castillo y es cierto que este tipo de historias marcadas por la sangre (en el sentido de lazos sanguíneos pero también en el de crimen) suceden en todas partes del mundo, pero si volvemos a Machado sabemos que tenía que ser Soria el lugar que le inspirara este romance, y al Machado de esta época (1907-1912), el sumergido en la España rural.

La laguna negra es la eterna tragedia de la codicia porque trata de dos hermanos que asesinan a su padre para heredar. La historia tiene lugar en Soria y el cuerpo es arrojado a las aguas de la laguna negra. La adaptación cinematográfica del romance de Machado (dedicado al poeta Juan Ramón Jiménez) es bastante acertada: comienza con el asesinato del padre, pero no se muestra esta acción; en cambio, acaba de acontecer, los hijos ya están deshaciéndose del cuerpo que nunca se ve a lo largo de toda la película y que, sin embargo, es el eje de la trama (es lo que tiene que aparecer, ser visto, para que pueda darse por muerto a ese hombre y por ende sus hijos heredar; esta condición que mueve mucho la trama en la película, en el romance es innecesaria). La única presencia fisiológica del padre es su voz, que atormenta a uno de los hermanos, a Juan, como un eco que suplica compasión o quizá justicia. El romance de Machado, en cambio, comienza mucho antes: con el padre aun joven, la consumación de su matrimonio, la descendencia, es decir, la presentación de la familia, incluídas también las nueras y la explicación de que el hijo menor se ha ido a vivir a América. El cine trabaja siempre con la elipsis, y en esta adaptación es fácil verlo.

Los principales hilos de la trama de la película están tomados de la obra original: el asesinato, la llegada del hermano de América, una nuera cómplice, el rol del pueblo en las acusaciones no del todo frontales a los verdaderos asesinos, el castigo, la culpa. Sin embargo, la película apoya mucho de su trama en dos personajes inexistentes en el romance: el juez, que exige la aparición del cuerpo para poder dar cauce a los trámites de la herencia, y el vendedor ambulante, al que los hermanos pretenden atribuirle la autoría del asesinato. Mientras que en el romance de Machado los hermanos llegan a disfrutar de un momento de esplendor, antes del castigo que les cae, en la película este es prácticamente inexistente y todo se mueve en la tragedia y la negrura. Al respecto, es destacable el ambiente y la atmósfera que la película logra y mantiene de principio a fin. Una cámara sin apuros y algunos elementos, como el fuego, intensifican un efecto de tragedia latente que no acaba de explotar sino hasta el final.

La trama de la película se sostiene en la paradoja medular antes mencionada: si no hay cuerpo, no hay herencia, por sentencia del juez. Pero si hay cuerpo, hay culpables. Para librarse de la culpa (ante los ojos de la justicia, no ante sus almas, que no necesariamente se liberan de la culpa por ocultar el cadáver) necesitan ocultar precisamente aquello que necesitan mostrar para que el crimen haya tenido sentido. En esta encrucijada está la acción del drama en la película de Ruiz Castillo. El cine, sobre todo un cine de género como es el caso, necesita de esta materialidad que en el romance no existe. En esta pieza está la clave para valorar el trabajo de adaptación del poema al cine.

Curioso es que el personaje del vendedor ambulante recita y vende en la plaza del pueblo, en plenas fiestas populares, un romance que narra el asesinato de la laguna negra. En el poema de Machado, por su parte, aparece en dos ocasiones la voz cantante del pueblo narrando unas coplas que cuentan el crimen, que son anunciadas de estos modos: «Ya el pueblo narra una copla\ que narra el crimen pasado». «Hoy canta el pueblo una copla\ que va de aldea en aldea». De algún modo, estas escenas y coplas nos devuelven al punto de partida, a la obra primera: el crimen es narrado en los versos.