La mirada que enseña a aprender

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Una obra artística o una película pueden convocar a una serena reflexión. Esto ocurre con el documental francés ‘Ser y tener’ (2002), que tras su estreno, y contra todo pronóstico, fue capaz de activar a nivel internacional un debate acerca del reto de transmitir el saber.

El verbo francés être, del latín esse, es un verbo que en términos generales define un estado de existencia. Su significado es mucho más amplio que el estar del castellano, ya que abarca también todas las acepciones del verbo ser. Junto a avoir, constituyen los dos auxiliares que permiten construir todos los verbos compuestos de la gramática francesa.

La elección de Être et Avoir (2002) como título de este documental por parte de su director Nicolás Philibert, no es por tanto gratuita. Ambos verbos forman parte de lo esencial de la enseñanza desde el mismo instante en que los niños franceses empiezan a ir a la escuela. Pero también simbolizan, a través de sus múltiples significados, la riqueza del aprendizaje, de la vida, de la personalidad de cada ser humano.

Rodada entre diciembre de 2000 y junio de 2001 en el pueblecito de Saint-Étienne sur Usson, en la región de l’Auverge, en pleno macizo Central francés, esta película documental trata sobre la transmisión del saber, del aprendizaje y también de la dificultad de crecer. Y lo hace a través de la mirada sin interferencias de un profesor, -George López-, de una de las numerosas classes uniques dispersas por toda la Francia rural, y de los trece alumnos de entre 4 y 11 años que la componen. Tras múltiples búsquedas del entorno ideal a lo largo y ancho de la geografía francesa,  Nicolas Philbert, uno de los documentalistas más reconocidos del siglo XXI,  se decantó por  seguir al maestro George López, a Jojo, a Nathalie, a Julien y  al resto de estudiantes y sus familias. Pequeños héroes alrededor de los cuales gravita una existencia marcada por el período escolar. La presencia omnisciente de la escuela marca las estaciones, crea situaciones rutinarias a ratos divertidas, a ratos graves e incluso dramáticas, pero siempre emocionantes. George López es el único maestro para estos alumnos que componen un espectro de edades que van desde la más tierna infancia a la preadolescencia. Les enseña todas las materias, adaptándose al nivel de cada uno de ellos, y sin atisbo de tiranía, trata de inculcarles también el respeto a ellos mismos, el rigor, la exigencia y en definitiva, la educación en su sentido más amplio.

Estrenada en 2002 y a pesar de su carácter intimista  así como de enmarcarse en el minoritario género del Documental, Être et Avoir se convirtió en Francia en un fenómeno cinematográfico que atrajo a más de millón y medio de espectadores a las salas de cine. Participó en el Festival de  Cannes, en el de  Nueva York, y en la Seminci de Valladolid, -donde se alzó con el galardón en la sección Tiempo de Historia-; ganó el premio Louis Delluc, el César de la Academia Francesa al Mejor montaje —estaba nominada a tres categorías, incluyendo mejor película—; fue nominada a los BAFTA como mejor película de habla no inglesa, y se alzó con el premio al  mejor documental de la Academia Europea del Cine.  Todos estos inesperados éxitos no libraron al film de la polémica en el denominado affaire Être et Avoir, por el que George López  demandaba al director derechos de autor por las clases impartidas por él y que aparecían en la película. Este asunto no quedó zanjado hasta 2008, cuando la Corte de Apelación de París rechazó en última instancia las demandas del profesor.

Al margen de los premios obtenidos y la polémica suscitada, este documental — en la lista del British Film Institute de las 50 películas que deben verse antes de cumplir los 14 años—, supone una única mirada que logra hacernos ver algo tan invisible como el crecimiento.  El realismo, la cotidianidad de los temas y el aparente aire de improvisación que envuelven los ambientes donde se desarrolla Être et Avoir,  son elementos que pueden hacernos pensar que, de algún modo, hemos pasado por idénticos lugares en algún momento de nuestra infancia.

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Être et Avoir es concebido como un juego de fuerzas contrarias, de oposiciones espaciales y sensitivas. El exterior, muchas veces amenazante y frío, y el interior acogedor y cálido. Por un lado, dentro de la escuela el calor de la estufa simbolizando la protección; por otro, los amplios campos, los animales, la violencia de una naturaleza que desencadena la nieve, el viento, la tempestad. En definitiva, elementos que capta la cámara para enriquecer la narración con nuevos matices, pero nunca para dirigir el ánimo y la experiencia sensorial que supone para el espectador la observación fílmica de los acontecimientos. El tiempo acompaña a la evolución de la historia de manera lírica y poética, con la belleza plástica de los árboles y los campos que se tiñen de colores progresivamente.

Toda la película desborda improvisación, o al menos consigue crear en el espectador esa impresión. El director ha querido también contarnos una historia en imágenes  —una historia con un principio y un fin—, sin recurrir a la ficción. Una historia donde el paso del tiempo tiene una importancia enorme, pero se trata de un tiempo interno, distinto para cada uno de los personajes, y que viene marcado por la velocidad con la que cada uno de ellos aprende.

Por encima del fenómeno de las clases únicas,  esta película se construye sobre valores universales y profundamente humanos, tan cercanos que cada uno de nosotros se siente identificado con los personajes, los lugares, los objetos y los acontecimientos en algún momento de la narración. La mirada que Philibert posa sobre los personajes está tintada de subjetividad –la suya y la nuestra-, aunque la cámara no lo pretenda. En ocasiones coinciden en el espectador la identificación empática y la experiencia visceral de forma dual y contrastada.

Hace falta tiempo para crecer en todos los sentidos, y la función del maestro —representado magistralmente por George López en Être et Avoir—, no es otra que enseñar que la vida es un movimiento perpetuo que se repite a lo largo de los años.

Emma Camarero es profesora de comunicación en la Universidad Loyola Andalucía y directora de cine documental.

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