MAFIOSOS DE LA NUEVA ERA: EL POR QUÉ DE LOS SOPRANO

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Tres películas que pensamos influyeron en la idea y desarrollo del equipo de Los Soprano. Un artículo sobre cine y mafia que no desdeña la comedia y los rudimentos de toda vida ordinaria; pues por más sofisticación que se le quiera dar, los asesinos también lloran y a veces hasta tienen sobrados motivos para hacerlo, pues sus metas o no fueron las que pensaban, o es el que el mundo ha cambiado. O nadie entiende a nadie. En fin, cosas de locos.

Escribir sobre cine de mafiosos y no citar la sacrosanta trilogía de El Padrino parece poco menos que una herejía y no es nuestra intención sobrepasar estos límites. Los papeles que tanto Robert de Niro como Al Pacino o el mismo realizador Francis Ford Coppola tienen en estas tres películas -de las que siempre se dijo que la segunda sobrepasaba en calidad a la primera- conforman un espectro tan difícil de superar en dimensiones dramáticas y trágicas, que el campo del cine (poblado, como decía hace unos días el guionista David Chase en la prensa, fundamentalmente de sueños o pesadillas) no podrá olvidar jamás cómo, por ejemplo, aquella cabeza de caballo muerto y desangrado dentro de la cama de una de las víctimas de la Mafia, nos hizo enloquecer y vibrar de horror a partes iguales, ya desde la novela de Mario Puzo.

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Sin embargo, nuestro objetivo esta vez es otro, ya que lo que caracteriza a los mafiosos de la nueva era, además de ese sino siniestro por el que quién la hace la paga, es mostrar cómo aquellos viejos hombres tan identificados con el Gary Cooper de Sólo ante el peligro, tienen también su corazoncito. Para mostrar este rasgo que a muchos puede parecer más una extravagancia que otra cosa, hemos seleccionado tres películas que cuentan con ese algo que llamaríamos humor y de las que David Chase, guionista de Los Soprano, se debió servir hasta el punto de estropear el lector óptico de su DVD particular, de tanto uso.

Se trata de tres películas en que el actor Robert de Niro no en balde tiene una función primordial de actor protagonista, por lo que establecer, como decíamos, una ruptura con la primera gran trilogía citada no tendría, insisto, ningún sentido.

Los sueños y pesadillas aparecen en nuestra vida a menudo por causa de sobresaltos o incidentes traumáticos, es por ello que Uno de los nuestros de Martin Scorsese, sea la primera de nuestras opciones a considerar. Estrenada en 1990 y protagonizada entre otros por Ray Liotta, Joe Pesci o Lorraine Bracco, narra las ganas de ascender en la Cosa Nostra neoyorkina de Henry Hill, un inmigrante italo-irlandés de clase obrera que a medida que conoce a los máximos responsables quiere dejar de pertenecer a ésta a toda costa. El arranque sabe poner en su sitio la acción de una manera más que inteligente; con el esmero plástico al que su director nos tiene acostumbrados, la película conforma a su vez una segunda parte de la propia trilogía de mafiosos (la primera sería Malas calles y la tercera Casino) enfrentada con más sagacidad y menos sombras a la de su coetáneo Coppola. El guión está basado en una novela de Nicholas Pileggi, fotografiada por Michael Ballhaus y con un largo metraje de casi ciento cincuenta minutos. Cosechó, además del Óscar al mejor actor secundario (Joe Pesci), seis nominaciones en otras categorías, cinco premios BAFTA incluyendo mejor película y director, el León de Plata de Venecia, el de los Críticos de Nueva York, Los Ángeles, Kansas y Boston, el César francés a la mejor película extranjera, siendo sólo nominada a los premios italianos David di Donatello del mismo año.

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En esta senda, no tenemos por más que recomendar Una historia del Bronx, primera película dirigida por De Niro con guión de Chazz Palminteri basado en una obra de teatro también suya y que tiene a ambos tipos como protagonistas también delante de la cámara; es una película menor comparada a la de Scorsese y en ella se nos plantea desde el punto de vista de un niño que va creciendo, llamado Calogero (Lillo Brancato), su dilema moral entre seguir los pasos de su probo padre que es conductor de autobuses o meterse en la banda de Sonny (algo así como el puto amo del barrio neoyorkino). Transcurre durante los años 60 y cuenta además en su reparto con Francis Capra, Taral Hicks o Katherine Narducci. Estrenada en Estados Unidos en 1993, llegó a España al menos con un año de retraso, tiene una magistral partitura de Butch Barbella y fue fotografiada con prestancia por parte de Reynaldo Villalobos.

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La tercera película seleccionada no tiene por qué considerarse necesariamente un film de mafiosos, siendo más una comedia al más puro estilo hollywoodiense, que tuvo hasta una secuela. Su elección nos viene dada por el hecho de intentar hacer ver cómo James Gandolfini no fue el primero de la profesión en acudir a un psiquiatra por depresión. Se trata como no podría ser de otra forma de Una terapia peligrosa, de 1999, dirigida por Harold Ramis; con Billy Crystal en el papel del terapeuta, Lisa Kudrow y de nuevo Chazz Palminteri. El personaje Paul Vitti sufre una crisis -que desemboca en llanto- debida a la elección de un nuevo jefe dentro del clan. Ben Sobol, médico recién divorciado será estricto en su control, pero a cambio deberá seguir la pista de su paciente durante las veinticuatro horas del día. El guión está firmado por su director, Kenneth Lonergan y Peter Tolan, con música de Howard Shore y fotografía de Stuart Dryburgh, obtuvo dos nominaciones a los Globos de Oro por mejor comedia y actor principal.

A Chase no le quedó más remedio que dar una vuelta de tuerca o giro aún mayor sobre esta trama, convirtiendo a su terapeuta, femenina en este caso, en paciente a su vez de otro doctor (el gran Peter Bogdanovitch) por trastorno obsesivo-compulsivo. En fin, cosas de locos.