MI PADRE Y YO

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Joseph Randolph Ackerley fue gran parte de su vida editor de una revista de arte, The Listener, y mantuvo amistad con destacados literatos de su generación: Forster, Auden, Isherwood, Wolf.

Memorias como ésta son la parte más importante de su obra.

La idea de que el hecho de contar tu historia -o la de las personas de tu familia- es importante, diferente o singular; la sensación de que realmente pueda aportar algo a la Historia de la Humanidad, es el motor de toda novela autobiográfica. Novela porque los hechos son alterados por la parcialidad, las lagunas de la memoria y los resortes de la escritura. En sus momentos más gloriosos este género se sostiene en la elaboración literaria (Proust) o en lo excepcional de la memoria (Chateubriand).

Aquí no se da ninguno de esos supuestos, aunque el escritor sí que tiene algo nuevo que aportar: lo interesante de este libro es que J. R. Ackerley era homosexual, y que muchas generaciones después de él han querido escrutar su vida para comparar las frustraciones y los deseos. Y Mi padre y yo adquiere el valor del coraje. La valentía de desnudarse delante de otros, sobre todo cuando no se tienen cosas bonitas que enseñar y los otros te miran sin disimulo. Cuando la sociedad no está preparada para ese striptease.

Ackerley orbita alrededor de los espacios en blanco de la vida de su padre para reconstruir su propia personalidad, se introduce a través de grietas en lo convencional, analizando el mutuo desconocimiento. Luego se confiesa. Su prosa tiene un fondo ácido que estremece el humor, y una sencillez buscada y eficiente que en algunos momentos nos conmueve.

Calificación: Muy interesante.
Tipo de lector: Cualquiera, aficionados a las memorias.
Tipo de lectura: Amena.
Argumento: Biográfico.
Personajes: Familiares.
¿Dónde puede leerse?: En los parques de Londres.

FALDON 2

Uno de los factores diferenciadores de nuestra Organización es el apadrinamiento. Mediante esta fórmula de colaboración damos a nuestros socios y socias la oportunidad de colaborar no sólo mediante una aportación económica, sino también personal y emotivamente. El vínculo solidario establecido con el apadrinamiento permite poner en contacto la realidad de pueblos diferentes a través del conocimiento personal de un niño o niña y su entorno. Con la aportación de los padrinos y madrinas no sólo se contribuye a mejorar las condiciones de vida de un niño o niña y de su familia, sino que se colabora en un programa de desarrollo que mejora las condiciones de vida de toda la comunidad.

Además, desde el pasado curso escolar hemos ampliado nuestro ámbito de actuación a España, donde hemos puesto en marcha un programa de apoyo a la infancia y a las familias en riesgo de exclusión social. Este programa está contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de miles de niños y sus familias a través de becas de comedor, becas de material escolar y libros, y la generación de oportunidades laborales mediante talleres de empleabilidad.