Las 10 mejores canciones pop de la historia Jun03

Las 10 mejores canciones pop de la historia...

Puedes escuchar todos los temas pulsando Play en el enlace que encontrarás al final de este artículo. El pop es un género que ha dado mucho a la música. Aparecido a mediados del siglo XX, supuso un boom no solo en la forma de interpretar y componer, sino de escuchar y sentir. Desde ese momento, un número inabarcable de canciones pop han formado parte de la banda sonora vital de millones de personas. Por eso, escoger las diez mejores es una tarea casi que quimérica. Además de los distintos puntos de vista que existen al respecto de considerar qué temas o bandas pertenecen a este género o se deslizan hacia otros, el pop ha sido tan fructífero que, aun al tratar de escoger las mejores, siempre habrá composiciones maravillosas que se queden pugnando por un hueco en el top ten. Todavía es posible vislumbrar las raíces del pop en muchos grupos actuales, en un momento en el que la integración de los avances tecnológicos en la música ha iluminado nuevos estilos, ensombreciendo también a otros. No obstante, lo que importa es reafirmar que el pop, de ayer y de hoy, sigue vivo. Vaya por delante que, quien escribe estas líneas, sabía el reto al que se estaba enfrentando. E intuía también la imposibilidad de alcanzar el objetivo propuesto. Porque la premisa de este artículo es como los reyes magos; creemos con total fe y entrega en ellos, hasta que alcanzamos un punto de lucidez que echa por tierra aquello que teníamos asentado como realidad. A uno pueden decirle que no es posible elegir las diez mejores canciones pop de la historia, y aceptará demostrar que sí se puede (ya sea por orgullo, exceso de cabezonería, o pura inocencia; en el caso presente, todo habrá...

Un solo poeta y miles de voces Jun03

Un solo poeta y miles de voces...

Define la RAE musicalizar como «poner música a un texto para que pueda ser cantado». Quizá debiera añadir algo más: la musicalización es un arte. El de poner música a un texto para que pueda ser cantado, y llegar, de una forma honda y precisa, al receptor. Uno de los poetas que más musicalizados ha sido es, sin duda, Antonio Machado. Flamenco, clásica, canción de autor, rock y hasta punk, han visto en él su inspiración. Música para un poeta excepcional. Hay quien dice que Antonio Machado es, después de Lorca, el poeta español más cantado. Y quien afirma, en cambio,  que son sus versos a los que más veces se ha puesto música. En realidad, no importa demasiado. Lo cierto, y lo importante, es que a Machado lo cantan incluso quienes no saben que lo están cantando. Incluso aquellos que creen que la poesía no es para ellos. Que la poesía es un lenguaje alejado de la gente; sólo asequible para una minoría. Que lo intentaron una vez, dicen, pero no entendieron nada. Y, sin embargo, conocen perfectamente Cantares, y, por supuesto, La Saeta. O a Extremoduro. Tiene Machado la grandeza de la sencillez. De la humanidad. La que lo ha convertido, en cierta forma, en poeta de todos. Sentido y expresado de maneras tan diversas como somos cada uno de nosotros. Acompañado de una guitarra, o de una orquesta entera. Musicalizando sus versos, o componiendo a su figura. Homenajeando al poeta, al hombre, al símbolo. Hasta el punto de que no hay apenas estilo musical que no lo haya hecho. Flamenco, canción popular, composiciones clásicas, zarzuela, ópera, canción de autor, poemas musicalizados, rock, punk y rap. Sólo parece haber una excepción: el jazz. Ni un solo tema inspirado en Machado o su...

El mundo a través de los ojos de una pandilla de críos...

Este año, Quino ha resultado galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, al considerar el jurado del certamen que en el 50 aniversario del nacimiento de Mafalda, los lúcidos mensajes de su creador siguen vigentes a través de la sabia combinación entre la simplicidad en el trazo del dibujo y la profundidad de su pensamiento. Sin duda es esta una magnífica ocasión para recordar a nuestra querida niña porteña. Mi pasión por la lectura comenzó en las ya lejanas noches de verano de mi infancia, cuando con solo cinco o seis años mis padres me permitían apagar la luz a las tantas después de haber permanecido horas y horas enganchada a la lectura de las viñetas de Mortadelo y Filemón, Astérix el galo, Tintín y Mafalda. De ahí pasé pronto a leer las novelas que compraban mis dos hermanas mayores, de las que me separa justo una década; títulos tan variopintos como Nada, de Carmen Laforet, Las corrupciones, de Jesús Torbado, o Carrie, de Stephen King, lecturas absolutamente impropias de mi edad que, no obstante, estimularon mi curiosidad e inocularon en mi ADN, de forma silenciosa y definitiva, el placer por bucear en los libros, eso sí, siempre con la misma falta de método de los primeros años y con la contrapartida de esa gloriosa ausencia de prejuicios que, a la larga, me ha resultado tan enriquecedora. En la adolescencia, a punto estuvieron de alejarme de los libros las lecturas obligadas del colegio, imagino que porque a esas alturas, estaba tan acostumbrada a elegir por mi cuenta que el mero hecho de que alguien me impusiera un título era suficiente para empezarlo de muy mala gana. No obstante, cumplí en su día también con aquellas obligaciones, descubriendo por esta vía...

Cine y religiosos: Las amistades peligrosas Jun03

Cine y religiosos: Las amistades peligrosas...

Las relaciones entre los religiosos y el cine siempre han sido polémicas. Parece que la postura ante la realidad del Papa Francisco atestigua una mayor apertura de miras al respecto. En cualquier caso, siempre han existido películas que, bien referidas a textos sagrados, bien queriendo acercar a la sociedad una nueva forma de pensar y actuar, han cuajado de diferente forma entre el público. Yo confieso, De dioses y hombres y La duda, sirven de ejemplos para analizar brevemente esta relación entre religiosos y cinematografía. Si quisiéramos escribir un artículo sobre cine religioso al uso, ya sería triste tener que recurrir a los clásicos de Cecil B. De Mille, «La túnica sagrada» o «Los diez mandamientos», para hacerlo. Y digo esto no porque uno de sus artífices, Charlton Heston, fuera reconocido miembro de la Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos (que también) sino porque, sinceramente, pienso que los filmes que aún se programan a diario durante la Semana Santa en España –por ejemplo, los citados anteriormente- muestran una tolerancia cero con algunas cuestiones que han evolucionado enormemente en la sociedad actual. Esto es algo que quizás provenga de una idea equivocada del mal; ese concepto hoy tan banalizado y extendido que ya no se esconde sino que se enseña y espectaculariza desde el morbo que generan conductas, inspiraciones y hasta esencias consideradas antaño desviadas o criminalizadas. Desde que Alfred Hitchcock filmase «Yo confieso» en 1953, la imagen de la Iglesia en el cine ha evolucionado no siempre a la par que la realidad o que a ciertos sectores reaccionarios de la misma. En este caso, el director británico afincado en Estados Unidos considerado por tantos como mago del suspense, ideó un guión en el que un sacerdote se hace cómplice (por encubrimiento) de...

Poesía en los tres amores de Cardenal...

Óscar Gómez / GRANADA, Nicaragua Cada mes de octubre, cuando la Academia Sueca anuncia el ganador del Premio Nobel de Literatura, la tierra tiembla en Nicaragua con su propia voz interior. No es uno de los sismos en los que manifiesta su energía telúrica la patria de Rubén Darío. Es el nombre vibrante y sonoro de otro de sus poetas, nacido en Granada hace casi noventa años, el que hace estremecerse al istmo, que reclama el máximo galardón de las letras para un Ernesto Cardenal que siempre suena en las quinielas. Cruza el jardín de hotel en el que se realiza la entrevista con la lentitud que el tiempo ha conferido a sus pasos pequeños y sin embargo ágiles, aunque las sandalias no lleguen nunca a levantar del todo de las baldosas de barro cocido. «No hablo sin necesidad. No me gusta hablar. Si puedo estar en silencio, lo prefiero», susurra, dando valor al esfuerzo con el que concede la entrevista. Los saludos respetuosos de quienes franquean su paso en la galería colonial empujan suavemente a Cardenal hacia su destino en un butacón de mimbre: «Poeta, bienvenido», «Buenos días, poeta». Siempre pantalón vaquero amplio, del azul oscuro del Lago Cocibolca que baña la orilla de la ciudad que le vio nacer y el archipiélago de islotes que inspiró una de sus obras más conocidas, El Evangelio de Solentiname. Siempre camisola que confunde su blancura con la de barba larga y la de la melena. Siempre boina negra. Siempre voz que agoniza en un lamento cavernoso e impostado de solemnidad. Siempre ojos pequeños llenos de vida. Siempre habla, y siempre escribe, del amor. De los tres amores que ha conocido en una vida que acaricia el siglo. «Mi primer amor fue cuando yo tenía nueve...

Misántropo: La puerta de atrás queda abierta Jun03

Misántropo: La puerta de atrás queda abierta...

Miguel del Arco se ha convertido en apenas cuatro años, con media docena de montajes, en uno de los renovadores indiscutibles de la escena. Lo hace desde la inteligencia de los textos, la habilidad al adaptar y el saber rodearse de actores eficaces. Todos ellos logran arrancarnos de la realidad para que podamos plantearnos el mundo sin el sometimiento que provoca la cantidad de información descomunal que recibimos a diario. El clásico de Molière, es atravesado por el viento fresco de una versión perfecta, limpia de impurezas, barrida en el sentido de la sociedad contemporánea. Es la clave de una función excelente. Todo es mentira. Las relaciones sociales y el sistema político están envueltos en un halo de falsedad al que denominamos «reglas de juego». Solamente el teatro, con su simulación, puede denunciar esta situación para que averigüemos si queremos cambiarla. Quizás no. Y por eso la crítica se sucede siglo tras siglo. Todos somos hechos presos, más tarde o más temprano, del desencanto y el pesimismo ante una hipocresía que, sin embargo, practicamos. Molière escribió este drama en verso en 1666, profundamente desengañado por un desencuentro amoroso, afectado de enfermedades -reales o imaginarias- que se lo llevarían a la tumba directamente desde el escenario. Miguel del Arco decide hacer suya la obra con una versión que traslada lo que es más decisivo en el texto hasta nuestro siglo XXI, conservando un tono ilustrado para los diálogos que, no obstante, fluyen dichos por los actores. Le añade los conceptos y los matices con los que otros pensadores han complementado las investigaciones del dramaturgo francés sobre la condición humana, a lo largo de trescientos años, elaborando así una especie de digestión del clásico para que el espectador lo pueda recibir y comprender sin interferencias. Será...