De la poética, la erótica y la política...

Habita en un cuerpo que no pertenece a su presente. Tampoco su mente es del tiempo en el que los rizos de su melena describen volutas de sensualidad por donde pasa, por donde pisa. Gioconda Belli nació en Managua en 1948, pero su figura habla de la niña que con catorce años ingresaba en un internado de monjas de la calle Santa Isabel, en Madrid, justo en el lugar en el que hoy se erige el Museo Reina Sofía. O de la guerrillera que se camuflaba de inocencia para pasar armas a la «contra» nicaragüense. Su forma de pensar es la de una mujer venida de un futuro sin complejos, sin discriminaciones, sin frustraciones. Un futuro que no se sabe si existe más allá de sus poemas y sus novelas. Un futuro que es la vida misma, en el que las risas y las lágrimas se alternan en episodios de drama y comedia, estrofas trágicas y capítulos alegres. Viste blusones estampados que volatilizan su talla, acentuada por cuñas imposibles bajo las sandalias. Abalorios que recogen la luz de las miradas sobre el pecho y en las muñecas delgadas. Talismanes que hipnotizan. ¿O es el misterio profundo de la sonrisa amplia? ¿O son los ojos enterrados en los pliegues protectores de los párpados voluptuosos? ¿O son los movimientos de sus manos largas, dulces y sin embargo autoritarias? Belli hace alarde de su erotismo que después de intuirse en su presencia se hace evidente cuando la tesitura de su voz va del rugido hondo al canto agudo con el que se divierte contestando a las preguntas. «La sensualidad femenina es el símbolo de la posibilidad de una mujer de ser quien es. En la sociedad machista querrían que sacrificáramos la esencia de lo que somos. Pretenden...

Nada es verdad. Todo está permitido...

Nada es verdad, todo está permitido son, según parece, las últimas palabras que pronunció Hassan i Sabbah (precursor del terrorismo islámico y posiblemente el primer distribuidor de hachís como sustancia estupefaciente), de cuyo nombre se deriva la palabra Hassishem, consumidores de hachís pero también asesinos, una doble lectura que fue muy bien aprovechada en el célebre verso de Rimbaud, Voici le temps des Assassins. Nada es verdad, todo está permitido es también el titulo de un extenso volumen publicado recientemente por Alpha Decay en su siempre interesante catálogo, y en el que Servando Rocha realiza un recorrido por la otra historia del arte y la cultura, la menos oficiosa y más maldita, a partir del encuentro entre un octogenario William S. Burroughs, profundo admirador de Sabbah, y Kurt Cobain, veintañero rockero y profundo admirador de Burroughs, iconos de distintas épocas que compartían un espíritu inquieto y profundamente antisistema, cierta animadversión por el género humano y una prolongada etapa de autodestrucción, que si bien el escritor logró trascender hasta los 84 años, acabaría prematuramente con la vida del cantante cuando se suicidó, meses después de conocer a su ídolo literario El episodio en cuestión  le basta al autor para establecer una genealogía de la contracultura, rastreando las pocas fotos que se conservan de aquel encuentro y analizando los mas nimios detalles de las mismas para encontrar vínculos entre dos creadores tan generacionalmente alejados como espiritualmente afines, detalles que a priori pueden pasar desapercibidos, pero que una vez leídos resultan inusitadamente convincentes. Rocha se sirve incluso de los mas anecdóticos elementos, como el disco de Leadbelly que Cobain regaló a Burroughs (que alarga la sombra de su respectivo malditismo hasta la locura alcoholizada del legendario músico blues), para realizar un recorrido por la América mas salvaje...

Pobreza

Suele decirse que el estado perfecto del ser humano es tener los pies bien plantados sobre la tierra, mientras la cabeza vaga por las nubes. Víctor Gómez Valentinos, poeta y agitador cultural, valenciano de adopción nacido en Madrid en 1967, no viola el adagio. Su poesía nace pegada al suelo de la realidad, porque sólo desde ahí es posible levantarse, erguirse orgullosamente entre la tormenta y mirar a los otros hombres con dignidad. Así ha venido siendo desde que en 2010 comenzaran a llegarnos sus poemarios, tres casi al mismo tiempo en ese año: Detrás de la casa en ruinas (Valencia, Amargord), seguido de Huérfanos aún (Madrid, Santa Cruz de Tenerife, Baile del Sol) y, cerrando la temporada, Incompleto (Logroño, Ed. 4 de Agosto). Luego vendría Trazos del calígrafo zurdo (Toledo, Bucca&Neers, 2013) y pocos meses después su último libro de poemas, el sorprendente Pobreza (Madrid, Calambur). Pobreza, la mirada escrita de Víctor Gómez Valentinos, no se conforma con crear ilusiones, espejismos, simulacros de la materia de vida que atraviesa los días, no usa el lenguaje como superficie reflectante. No, el lenguaje no es inocente, aunque nos venga dado como si lo fuera; de manera que no hay otro remedio que torcerle el cuello al lenguaje, tartamudear en la propia lengua hasta reinventarla,  que sentenciaba G. Deleuze como lo propio de todo arte digno de llamarse arte. En Pobreza la palabra lucha verso a verso por esculpir de nuevo el sentido de la lucha por la vida, a veces sangra y a veces ilumina, porque el poeta ha puesto en marcha un mecanismo crítico de alto voltaje emocional: se emplea a fondo en no llamar a las cosas por el nombre heredado, sino en nombrarlas por vez primera para lograr que existan en la...

¡Sublime decisión!

Estrenada por primera vez en el Teatro Infanta Isabel el año 1955, con un enorme reparto entre los que destacaron una joven Rafaela Aparicio y los dos hermanos Gutiérrez Caba, es ésta una obra nada menor del dramaturgo, cómico y dibujante madrileño, Miguel Mihura, que ha dado en representarse en múltiples ocasiones posteriormente. La historia es la de Florita, hija de un padre en apuros económicos que vive además con su tía Matilde. El hecho de presentar a la hija menor de una familia modesta como una especie de Juana de Arco que revoluciona el patio de vecinas por pedir que acudan a su casa un hombre y un cura, dice mucho de las grisuras de la familia española de hoy y de siempre, una subversión de la que interpretó Alberto Closas y su desaparecido hijo Chencho. Y es que cuando recordamos al autor a través de esta obra, lo hacemos no sólo desde la sempiterna por absurda lucha de sexos que nos hizo reír y pensar en Tres sombreros de copa, aquí existe un tono farsesco que denuncia lo rutinario de la tragedia de estar vivos y desear, plagada de detalles originales y disfrutable desde la parte más crítica. Entendemos así el concepto de autoría literaria y de cómo ambas obras se complementan. Quizás por eso estas dos obras fueron, de las muchas escritas por Mihura, las favoritas del Papa del absurdo en teatro, Eugene Ionesco. La estela del madrileño es alargada así como su capacidad y brillantez en el diálogo, que le llevó a colaborar en el guión de Bienvenido Míster Marshall, junto con Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem, que al ser al menos uno de ellos señores de derechas que necesitaban estrenar entre actores y técnicos de izquierdas, se...

La Iliada

A través de los siglos nos llega el eco de un nombre. Troya. Una ciudad de verdad y de leyenda. Un campo de batalla donde los hombres se enfrentaron para demostrar el valor, el coraje y los códigos de honor, que acababan de sacar a la raza de la oscuridad de la caverna y que agrandaron el mundo por la magia de la literatura. Troya. Las hazañas y los prodigios que tuvieron lugar bajo sus murallas, resonaron en boca de los rapsodas por todo el Mediterráneo, causando asombro y admiración; porque en las noches, en torno de la hoguera, pudo escucharse, enlazado con los versos, el rumor de la batalla. Troya. Donde el espíritu romano quiso nacer. Su ilusión iluminó las cortes del Renacimiento. Troya. Donde los dioses se enfrentaron por ayudar a los contendientes, y desnudaron sus espíritus débiles y mezquinos, maquinados por la imaginación de los humanos. Donde los hombres pasaron a ser héroes y se acercaron a los dioses que los habían creado. Troya. Puede ser que nueve siglos antes del Imperio de Augusto, un bardo ciego recompusiera las distintas versiones del poema, dándoles unidad literaria, y aunque no fuera así, la historia no quiere ya renunciar al nombre ilustre de Homero. Viene en cualquier caso la leyenda, con seguridad, de una larga tradición oral. Los más grandes bibliotecarios del mundo antiguo: Zenódoto de Éfeso, en Alejandría, Aristófanes de Bizancio y Aristarco de Samotracia, la estudiaron y anotaron, creando la estructura que hoy conocemos, aunque el núcleo original se redactó en Atenas en tiempos de Pisístrato, trescientos años después de Homero. La ciudad fue conocida en el ámbito griego como Ilión, de ahí el nombre de la epopeya. La Iliada nos habla de la cólera de Aquiles. Del poder y del arrojo de un hombre, del desencadenamiento de...

Rehabilitando a Machado Jun18

Rehabilitando a Machado...

Este mismo año en que Aladar nace, se cumplen 75 años del fallecimiento de Antonio Machado en Coillure, lo que nos proporciona, en cierta forma, la excusa, para brindar desde estas páginas el pequeño homenaje que estamos rindiendo a su figura y su obra, sumándonos a los muchos que se están celebrando en estas fechas, ya sea en actos formales, o por parte de cualquiera de nosotros con uno de sus libros bajo un árbol. Sin duda, todos los momentos son buenos para homenajear a un poeta, independientemente de la efeméride. Pero nos gustan las fechas. Porque posibilitan hacer algo más allá de lo que hacemos a diario. Ir un paso más allá. Es sencillo, y hermoso, conmemorar hoy en día al hombre y al poeta que fue Antonio Machado. Es reunirnos libremente, leer sus versos, profundizar y aprender sobre los diferentes aspectos de su obra y vida. Siendo conscientes de lo que esta fue. De por qué murió, precisamente, en 1.939, y en Collioure. Pero no siempre fue así. Era difícil hacerlo cuando estaba prohibido. Cuando los tiempos eran de dictadura, y la Comisión Depuradora de Catedráticos de Madrid, perteneciente al Ministerio de Educación, lo había incluso expulsado póstumamente del Servicio y dado de baja en el escalafón del profesorado. Cuando se proscribían la mayor parte de sus libros, y la Autoridad impedía que se colocasen bustos que lo representasen, cargando contra los que habían acudido a un acto («Paseos con Antonio Machado», en 1966) inicialmente permitido y anunciado. Hoy es todo más sencillo. Se ha rehabilitado a Antonio Machado como catedrático de instituto el 31 de diciembre de 1981, el busto ocupa por fin su sitio en Baeza, y la policía no ha irrumpido en el Ateneo de Madrid, o en cualquiera...

Diez fotógrafos en blanco y negro...

Cinco fotógrafos muertos. Cinco vivos o aún en activo. Robert Doisneau, Walker Evans, Dorothea Lange, Diane Arbus, Weegee, Elliot Erwitt, Chema Madoz, Annie Leibovitz, Cristina García Rodero y Alberto García-Alix. Cada uno de ellos con visiones personales y pasionales del medio y del mundo que les ha tocado vivir; una selección en la que predomina una actitud humilde y poco dada a concesiones sobre la mirada, ese juego que todo artista debe reflejar y sobre el que se proyecta el inconsciente individual y colectivo. Como arte híbrido que es, la fotografía sería impensable sin otros referentes; sin embargo, el tesón y el talento visual son sus puntos de apoyo; algunos inciertos. La pregunta que asalta es: ¿qué es, en realidad, la fotografía? Tal vez, como afirmaba Roland Barthes toda fotografía o imagen es como una pequeña microexperiencia de la muerte. En este artículo se quedan fuera, casi sin pretenderlo, grandes como Sebastião Salgado, William Klein, Robert Capa, Man Ray o Vanessa Winship. No es premeditado ni va en gustos. Tal vez todo obedezca al habitual bombardeo de imágenes al que desde hace décadas estamos sometidos como sociedad. A eso y a la particular infancia del que escribe que tiende tanto a mirar hacia atrás como hacia delante, entendiendo el periodismo callejero y la publicidad como dos disciplinas tan aparentemente distantes como complejas y enriquecedoras, y donde en el fondo juegan los mismos elementos tanto a favor como en contra. Por otro lado he elegido algunas imágenes cuyo título no he encontrado tras continuas pesquisas por la Red, pero que considero sirven para ilustrar lo más representativo de uno u otro autor (así los considero a todos, pertenezcan a agencias o no, sean más o menos poéticos, explícitos en sus presupuestos o incluso literarios). En...

El rock más joven con sabor a blues y tacto funky Jun18

El rock más joven con sabor a blues y tacto funky...

Una de las características del rock es su maleabilidad, su capacidad para fundirse con otros géneros. Sinestesia es una banda gallega que fusiona con grandes resultados el rock con el funky, el blues o el pop. Un grupo de jóvenes con mucho tacto y gusto, que este año ha presentado su primer trabajo de larga duración, El punto de luz del desván, y que viene a confirmar su madurez musical, permitiendo compartir unas composiciones tan trabajadas como expresivas. Ante el término rock son muchos los adictos a la música (tanto en calidad de melómanos como de sencillos consumistas de diez canciones imprescindibles para sobrellevar el día a día) que agudizan el oído y prestan su total atención. Pero si al rock se le añaden complementos como blues, o funky, algunos vuelven a restringir su interés a la actividad que se haya visto interrumpida. Con Sinestesia, el oyente tiene la oportunidad de descubrir que el rock lleno de matices, y de reminiscencias sesenteras, ofrece un buen menú al oído para que este se deleite. Sobre todo, teniendo en cuenta la frescura y juventud que emana por naturaleza de sus componentes. Sinestesia fue en sus orígenes un trío, nacido en épocas de instituto del 2007, en Santiago de Compostela. Hoy en día, la banda se compone de cuatro músicos que, si bien atesoran una amplia experiencia y formación musical, no se ven cerca de abandonar esa etapa dorada y enérgica que corresponde a la veintena. De la agrupación inicial permanece Tomás Porteiro, alma máter del grupo. A lo largo de estos años su voz, sus aptitudes a la guitarra y sus composiciones han sido la piedra angular de la banda. En la actualidad, lo acompañan en el proyecto Miguel Fernández, a la batería; Jacobo García, al...