Picasso y el arte moderno (en el taller)...

Para todos es de sobra conocido lo que representa la figura de Pablo Picasso dentro del arte moderno y lo de menos, aquí, es si el pintor y escultor malagueño fue más cubista que naturalista, o viceversa. Eso parece hoy carente de sentido para un espectador común o medio e incluso mínimamente versado en estas lides. En la exposición que se celebra en Madrid se pretende mostrar el trabajo de taller de un gran pintor y dibujante que como saben sólo unos pocos triunfa aún hoy día más fuera que dentro de su propio país. Ha tenido que ser precisamente esta exposición de carácter gratuito, donde de un modo algo obtuso, nos lleguen grandes obras. La financiación es de lo más variopinta: desde el Philadelphia Museum of Art, la Phillips Collection de Washington, pasando por el Centre Pompidou parisino, la Tate londinense, hasta el Museo de Arte Moderno de Kioto, eso sin contar el apoyo museístico de Madrid y Barcelona, por todos conocido, entre otros. Disfrutar a Picasso en su taller desde la mera fruición o goce estético es tarea complicada y esto es porque, como los grandes, Pablo era esencialmente un bromista en su actitud con el arte, de tal forma que tras años de rigurosa disciplina y con tal de no repetirse, acabó convirtiendo en arte todo lo que tocaba, y aún así el monstruo no le devoró. Si ustedes quieren ejercer de voyeurs, no vengan a esta exposición, pues encontrarán más recursos espiando a su vecina o vecino o simplemente observando la realidad que les rodea. Complejas naturalezas muertas (aún así muchas de ellas carentes de un estudio riguroso de la perspectiva afeada adrede), mandolinas sin cuerdas y extrañas figuras así lo atestiguan, de tal forma que de las más de...

Asfixia

Asfixia es un libro con muchas lecturas. Posiblemente, tantas como lectores. Como la propia vida. En ella Chuck Palahniuk nos cuenta la historia de Víctor Mancini, un joven que, tras haber abandonado los estudios de Medicina, ha encontrado una forma muy peculiar de ganarse la vida: atragantarse, cada noche, en un restaurante distinto, sabiendo que, de esa forma, creará un vínculo para siempre con la persona que acuda a socorrerlo. De esta forma, convierte a los demás en responsables de su propia vida, sin escrúpulo alguno. Cartas de felicitación de cumplevida en los aniversarios, que vendrán acompañadas las más de las veces de dinero, en respuesta a alguna creíble excusa esbozada en las cartas que dirige regularmente a sus salvadores, para impedir que puedan desvincularse de él. Su vida transcurre entre las visitas a su madre, Ida Mancini, una chiflada que en su juventud fue detenida innumerables veces por acciones contra el sistema, incapacitada judicialmente e internada en una residencia, su trabajo en una atracción que recrea la vida en la América colonial del siglo XVIII, y sus conversaciones con Denny, pregonero en la misma atracción, y adicto al sexo como él. Una novela cínica, descarnada, obscena, llena de detalles escabrosos, y con un sentido del humor corrosivo, en la que no parece haber un solo personaje, principal o secundario, que sea algo más que un desecho. Y, como tal, es un buen libro si queremos quedarnos en esa lectura, en la superficie. Aún así, merece la pena. Porque es un libro bien construido, si bien no es, ni mucho menos, apto para todos los paladares. Pero sería una lástima quedarse ahí porque, en tal caso, lo más probable es que esta narración nos acompañe con su lectura el tiempo de llevarla a cabo...

Miel de abeja

Kursala. Universidad de Cádiz 4 de marzo-18 de abril. El bodegón como género entendido desde las artes plásticas siempre nos presenta algo que se ofrece para no poder ser disfrutado, sólo deseado (o ignorado, según el caso), y es posiblemente la forma representada que mas invoca la distancia insalvable entre el referente y la imagen. Su disposición, generalmente sobre una mesa, ordenado y preparado para la degustación, nos proporciona casi todas las sensaciones menos aquellas para las que la lógica nos indica que ha sido preparado. Los misteriosos bodegones que forman Miel de abeja, la exposición de María Sánchez (1977, Ávila) comisariada por Jesús Micó, amplifican esta siniestra sensación desde la austeridad formal y la precisión conceptual. Sus habitaciones en penumbra contienen antes que ninguna otra cosa, la mesa, el receptáculo necesario, un lugar cubierto fantasmagóricamente por una sabana en toda ocasión desde el que subyugar nuestra percepción en la distancia. Luego están por supuesto los elementos dispuestos sobre ella, siempre mínimos, siempre un contrapunto del espacio vaciado, queriendo rasgar la tabula rasa de nuestra percepción mas inconsciente, cargar de sentido la imagen, resultando siempre un ofrecimiento sutilmente peligroso en el que se nos incita a cometer algún acto, a sucumbir al deseo que se revela desde el espectador hacia la imagen abierta de par en par. Un ofrecimiento que alcanza la mayor y perturbadora contradicción en su simbólica literalidad cuando es el cuerpo de la artista el que ocupa la imagen. María Sánchez, situada en ese territorio de la creación fotográfica alejada del documento y enraizada en la escenificación, se dirige, quizás sin tenerlo demasiado en cuenta, hacia rincones metalingüísticos, hacia el misterio de la fotografía como acto de voyeur penetración en el otro, su actitud violentamente arrebatadora apunta hacia el origen de...

Más allá de ElDorado, oro y poder en la Colombia antigua...

Museo Británico – Londres 17 de octubre 2013 – 27 de marzo de 2014 Oro. La leyenda del Hombre Dorado de la laguna de Guatavita capturó la imaginación del Renacimiento y atrajo, como moscas a la miel, a los aventureros al Nuevo Mundo: Lope de Aguirre, Francisco de Orellana, Felipe de Utre, Pedro de Quesada… Las expediciones armadas atravesaban selvas y desiertos, violentas cordilleras y mefíticos pantanales, sucediéndose los sufrimientos y las penalidades en busca de la realidad de un sueño. Eran las ciudades de oro que Marco Polo había visto en Cipango, cuyo resplandor prendió con violencia en la imaginación medieval. Enceguecidos por la codicia se atisbaban ya los tesoros, en el medio de las fiebres interminables, detrás de unos árboles, al otro lado de un monte, bajo las ruinas de una ciudad perdida. En los caminos de España, cantores y lazarillos expandían la especie por los pueblos castellanos, sofocados por un sol implacable. Oro, allí, en alguna parte, a disposición de quien fuera tan osado e ingenioso como para llegar y agacharse a recogerlo.  Acudían los muchachos a los muelles de Sevilla y a las casas de contratación para embarcarse como grumetes. Oro: reconocimiento, honores, riquezas, fama, inmortalidad. Como primicia de todo ese esplendor, los indios salían de las espesuras con objetos de una belleza bárbara que intercambiaban por baratijas y la pregunta de aquellos hombres blancos y barbados era siempre la misma, gritada con desesperación, ¿Dónde, dónde está el oro, de dónde viene? El mito de Eldorado ha quedado grabado para siempre en la memoria colectiva de la humanidad a través del cine y de la literatura, hasta llegar a nuestros días. Durante siglos, los europeos intentaron arrancar sus secretos a la laguna, llegando incluso a drenarla para extraer sus tesoros....

La expedición de Ursúa y los crí́menes de Aguirre...

Nos entusiasman las introducciones del editor Javier Marías, del prologuista Pere Gimferrer, y de la traductora Soledad Martínez de Pinillos, a quienes se ve apasionados por ésta historia novelada. Nos emociona la referencia a los hechos legendarios, la expedición en busca de El Dorado. Agradecemos la edición porque es necesario conocer las diferentes visiones de los hechos, rescatar a su compositor, Robert Southey, reivindicar el género. No es oro todo lo que reluce. La expedición -iniciada por Pedro de Ursúa y concluida por Lope de Aguirre- que atravesó el continente americano desde el Perú hasta la desembocadura del Orellana, terminó como el Rosario de la Aurora, su crónica es espeluznante, una sucesión de crímenes innecesarios y de actos de tiranía que convirtieron la marcha en un despropósito, sus líderes han pasado a la Historia como grandes infames, insertando en ella una página negra, que desborda lo cuestionable de las hazañas de Cortés, Pizarro o Alvarado y se adentra en el lado oscuro, porque nos muestra –solamente- el envés descarnado de la conquista, la codicia desenfrenada, el ansia de poder y la crueldad extrema de unos hombres alienados por la grandeza de lo que estaban viviendo y por la naturaleza pesadillesca que los envolvía, pero sobre todo por su propia maldad, enfrentados a su dios, despóticos, levantiscos y traidores. Robert Southey toma la historia de Piedrahita, de Garcilaso, de Ulloa, de Simón, la convierte en una novela de aventuras, Gimferrer ve en ella acentos de tragedia shakespeariana y los ve con razón. El tono y el leguaje trascienden el ochocientos porque la novela se podía haber escrito hoy, y no hubiera sido desacertado restituir las fuentes castellanas que cita el texto original, aunque fuera en un apéndice, lo que hubiera sumado en vez de restar....

Paisajes preferentes

Galería Birimbao. Sevilla. 18 de Marzo-11 de Abril. El arte como proyecto vivencial desarrollado en un lugar y con ese lugar como protagonista, las capacidades del ser humano de influir y ser influido por el entorno, el paisaje en definitiva como género que reivindicar conceptualmente y reinventar plásticamente, son el eje central del trabajo de Miguel Ángel Moreno Carretero (1980, El Carpio), quien regresa a Sevilla con una muestra multidisciplinar que, una vez más, difumina los límites de su discurso mezclando pintura con escultura y objeto readymade, transformando la apropiación, tanto de objetos como de imágenes, en interpretación plástica de lo cotidiano y soslayando nuestra mirada para hacernos pensar sobre lo que nos rodea y, por qué no, divertirnos en el camino. Escultura o maqueta, diseño arquitectónico o pieza conceptual, cuidada reflexión o improvisado divertimento, en Miguel Ángel Moreno todo ello es la misma cosa. La multidisciplina que en él se aleja nunca es propósito de contemporaneidad o estudiada puesta en escena de la multiplicidad de recursos habituales, sino una simple y desenfadada necesidad de hacer arte con cualquier cosa. En la presente exposición somos testigos de cómo el dibujo abandona su función íntima para ser una cartográfica fuerza interventora en el paisaje y que delimita su uso práctico, vemos las imágenes de un catálogo de record güines reducir en escala su obsesión grandilocuente convirtiendo en fetiche portátil una naturaleza manipulada con el propósito de ser mas grande que ella misma, reconocemos humanos espacios seriados sustituyendo y secando paraísos terrenales. Vemos al final una línea de horizonte, bifurcada, manipulada, tapiada… y a un artista explicarnos en qué consiste el juego del...

La hija del Regimiento de Gaetano Donizetti Mar25

La hija del Regimiento de Gaetano Donizetti...

El 20 de febrero de 2007 el tenor peruano Juan Diego Flórez cantó La fille du Regiment en el Teatro alla Scala y consiguió, con el público puesto en pié durante cinco largos minutos, bisar un aria. Rompía así con una tradición de setenta y tres años que había impuesto Toscanini y que impedía los bises en el teatro lombardo. Lo consiguió con el Ah! Mes amis, considerada por los expertos como el Monte Everest de los tenores, y con la que ya se había revelado Pavarotti en la Metropolitan de Nueva York. Porque este aria presenta la particularidad de aparecer relativamente cercana al inicio de la función, cuando el cantante no ha tenido tiempo de calentar la voz para afrontar esos nueve dobles altos, capaces de encumbrar a un artista al Olimpo de la lírica. Flórez, que se había estrenado con esa ópera en Londres, regresa ahora al teatro de Covent Garden consagrado como una de las destacadas voces de la ópera mundial. El más grande tenor ligero de todos los tiempos, en palabras de Plácido Domingo. Único en el dominio de la coloratura, excepcional por la belleza de su voz e impecable en el control de la respiración, sin la que ha dejado literalmente a los espectadores y a los críticos del teatro británico que se le han rendido una vez más. No hay que desdeñar tampoco la poderosa presencia escénica de sus cuarenta años que infunden una vida nueva a su Tonio, ese joven tirolés del que se enamora María, la protagonista. Interpretando ese rol, le acompaña en el escenario una sorprendente Patricia Ciofi, soprano italiana que consigue en todo momento estar a la altura de su papel y de su partenaire, destacando con una voz de una pureza extraordinaria que...

Rosa candida

La rosa candida es una rosa blanca. La rosa de ocho pétalos es una rosa sin espinas, que se asemeja mucho a la anterior, pero que no es blanca, es de un color infrecuente. La rosa candida, como simbolismo de todas las rosaledas, de lo infrecuente, de lo aislado y por salvar, de lo apartado y por encontrar, de lo efímero que puede renacer, es la que le da título a la novela de la autora islandesa Audur Ava Ólafsdóttir. Rosa candida es una novela que huele a botánica y a gastronomía permanentemente, página tras página. Un joven de veintidós años deja Islandia para llegar a un pequeño pueblo de alguna parte de Europa y resucitar una de las rosaledas más famosas del mundo, que con el paso del tiempo se ha cubierto de malas hierbas y ha dejado a sus rosales en un estado lamentable. Pero también es una novela sobre las casualidades o la predestinación incluso, y entonces no puede uno salvarse de leer en esa clave toda una serie de acontecimientos. Por un lado, están aquellos que los propios personajes reconocen como efectos de esta marca de la casualidad o la predestinación: que el nacimiento de la hija del joven y el cumpleaños y la muerte de su madre sucedieran las tres cosas en la misma fecha, un siete de agosto; o que el joven encontrara tres tréboles de seis hojas el día que cumplía seis años. Pero por otro lado, del lado del lector tal vez, queda toda una lectura que se ofrece a ser decodificada bajo este código de las coincidencias, si se quiere.Y aquí entran nuevos simbolismos: que el joven conciba a su hija en el invernadero de la casa de sus padres, el lugar donde está lo...

Typologies

Galería Alarcón Criado. Sevilla. 31 de enero-29 de marzo El objeto es, según la definición lacaniana, el lugar donde se restituye de forma continua nuestro deseo inalcanzable, de forma que cuando, por fin, se posee, el deseo pasa a un objeto diferente, configurando lo que denominamos pulsiones. El coleccionismo como ansia de poseer uno o varios objetos prescindiendo de su valor funcional, esto es, poseer por el hecho de poseer, sitúa la necesidad inconsciente en el ámbito del discurso íntimo, del dialogo con uno mismo a través de objetos e imágenes y, desde esta perspectiva, en un terreno cercano a un discurso artístico en el que productor y receptor son la misma persona. Nicolás Grospyerre (Polonia, 1975) presenta en su segunda exposición en la galería Alarcón Criado un uso sistemático de los dispositivos de colección como recurso creativo para estructurar la realidad, creando parcelas de información que, como siempre en la esfera posmoderna, tiene tanto de verdadero como de falso (falsas colecciones, objetos no originales y manipulados…), tanto de profunda necesidad psíquica como de ridícula obsesión. Los objetos e imágenes de Grospyerre no sólo prescinden de su valor útil, ni siquiera transmiten lógica alguna, y manifiestan sólo una irracional práctica en busca de algún desdibujado tipo de sentido, algo especialmente evidente en colecciones como las de objetos dobles naturales o recipientes de aire, grupos de objetos que nada tienen que ver entre sí salvo el hecho de haber sido agrupados, y, a través de ese acto, entrar en el ámbito del discurso. Su práctica fotográfica posee el mismo carácter, fría y distante, alejada de intención autoral y auspiciada en la idea de que toda fotografía consiste en la apropiación de una parcela del mundo. Sólo después del acto apropiacionista será cuando el discurso aparezca....

Manera de una psique sin cuerpo...

Explica Borges que en el zen, la meditación, que puede exigir muchos años, nos libra de nuestros hábitos mentales y nos prepara para ese súbito relámpago de intuición: el satori. El mismo autor nos refirió: “escribir no era tarea de Macedonio Fernández. Vivía (mas que ninguna otra persona que he conocido) para pensar. Diariamente se abandonaba a las vicisitudes y sorpresas del pensamiento, como el nadador a un gran río, y esa manera de pensar que se llama escribir no le costaba el menor esfuerzo”. Desconfiado de la erudición y del conocimiento, enamorado del pensar (“escribir es el verdadero modo de no leer y de vengarse de haberse leído tanto”), Macedonio Fernández (1874-1952) tiene algo de místico oriental –echado a perder por la negación de Dios y un irrefrenable ingenio humorístico–, e igual que sucede con estos, sus cuentos, poemas y metafísica tienen por interlocutor a nuestra percepción intuitiva mas que a nuestro presunto raciocinio. Los aforismos del Tao Te King chino nos interrogan con construcciones verbales que eluden toda lógica –es decir niegan toda lógica–. Los escritos de Macedonio desarrollan las posibilidades de esos mismos mecanismos: rechazan nuestras expectativas y en su lugar se nos otorga la responsabilidad de hacer frente a la vía que se apunta como acceso a una nueva inteligibilidad del Ser (palabra tan desgastada hoy y tan fundamental en Macedonio.) Persona descreída de la historia (“en vano diga la historia, en volúmenes inmensos, sobre el mucho haber mundo antes de ese 1º de junio”) y, por lo tanto, de la autobiografía –en definitiva de cualquier explicación del ser a partir de la memoria de un pasado que se recuerda hoy–, Macedonio no admite más verdad que una ensoñación sin causa externa que localiza en una psique para la que...