Aladar 39

22 veces 100% Feb03

22 veces 100%

Imagen: Salomé del Campo.Durmiente y escaparate.2010-11 El Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla acoge, hasta el 5 de marzo, “Múltiplo de 100”, una exposición que cuenta con obras de Salomé del Campo, Victoria Gil y Pepa Rubio bajo el comisariado de Mar Villaespesa. Múltiplo de 100 es una revisión de 100%, un proyecto encargado por la Consejería de Cultura en 1993 con objeto de promocionar el trabajo de las artistas andaluzas en el marco del Día de la Mujer Trabajadora. De aquella iniciativa primigenia han salidos dos revisiones: Múltiplo de 100. Archivo feminismos post-identitarios, basado en la evolución del discurso feminista en las últimas décadas y la muestra que alberga el CICUS, centrada en obras de tres artistas que participaron hace más de veinte años en aquella exposición. La primera planta del antiguo convento contiene una generosa selección de obras, así como material de documentación para las mismas, bocetos y pruebas. Se agradece poder complementar los resultados finales con los procesos de creación, siendo de esta forma posible ver la transformación del modelo original en obra y enlazar con el trabajo en el taller, o de campo, de las artistas. Salomé del Campo parte de un realismo casi atemporal. Mediante el uso de tonos terrosos nos evoca una dignificación del trabajo que recuerda a aquellas esculturas de Meunier. El tríptico Telón alberga una segunda lectura sobre la asunción de roles o el uso del recurso del trampantojo como elemento que construye la realidad dominante. Obras como Jugando a la guerra o Durmiente y escaparate generan un acertado contraste entre la calma representada y lo que supone contemplar el fondo de la cuestión desde su evocación social o histórica. Los elementos preparativos para el mural La Nave, en una clave casi escenográfica,...

Audra McDonald: La voz improbable Feb03

Audra McDonald: La voz improbable...

Fotografías de Javier del Real En el Teatro Real de Madrid arrancan las Sesiones golfas, un programa dedicado a la música de cabaret y de grandes musicales. Y no comienzan con cualquier artista. La actriz y cantante Audra McDonald ha sido la primera invitada. El concierto no ha podido ser más fascinante y los fans de esta mujer lo recordarán durante mucho tiempo. Último día del mes de enero. El frío está instalado en Madrid. En el centro de la ciudad, miles de personas van y vienen. Con sus bufandas, sus gorros de lana, con los abrigos bien abrochados. Caen algunas gotas. Heladas, también. Y sólo unos pocos de los que caminan por las calles de la ciudad van a tener el privilegio de asistir al concierto de Audra McDonald. Primero y único de la artista en España. Al llegar al Teatro Real, en el hall de entrada se escucha ese run run tan característico que anuncia que algo grande va a suceder sobre el escenario. Los seguidores de Audra McDonald van ocupando sus localidades, comentan la gran fortuna que supone asistir al concierto. Los que no conocen a la cantante, pero han acudido a la cita por alguna recomendación recibida, esperan pacientemente para descubrir si eso que les han dicho es cierto o una exageración. Los instrumentos, sobre el escenario, esperan perfectamente colocados, reflejando las luces de los focos. Inexplicablemente, hay localidades que van a quedar vacías. No son muchas aunque alguno de los palcos queda huérfano y el paraíso no termina de llenarse. En cualquier caso, a las ocho de la tarde todo está listo. La señora McDonald aparece en el escenario. Espléndida, radiante, luciendo un vestido precioso. No tengo más remedio que decir que es una mujer terriblemente atractiva. Junto a...

Salvación del mundo. La era de los grandes robots Feb03

Salvación del mundo. La era de los grandes robots...

Aunque la mayor parte del universo robótico se ha desarrollado y expandido en las series de dibujos animados y el merchandising, el libro -impreso o digital- continúa formando el alma del género. Androides y animales robóticos forman ya parte del paisaje urbano de Japón, los grandes ingenios de la ficción se erigen como estatuas monumentales en las ciudades, transformando la fantasía en realidad. Japón es pionero en el mundo en la fabricación y el consumo de robots. Esta tendencia viene de una antigua tradición de construcción de autómatas –karakuri– pero también de la influencia de las filosofías panteístas en las religiones orientales, para las que dios es un todo que muta y se transforma. El aislamiento, el desarrollo de una sociedad tecnológica, los estrictos códigos de comportamiento y la limitación de la mano de obra en una sociedad envejecida, extienden la empatía de los nipones con las máquinas, cuya repercusión es singular en el manga. Desde nuestra situación en Occidente, algunos aspectos de Astroboy, una de las sagas precursoras, nos resultan durísimos e inconcebibles; es la historia del muchachito Atomu, construido por el doctor Tenma para sustituir a su hijo muerto, y de cómo se enfrenta a los científicos malvados que intentan apoderarse de él; fue creada por el autor Osamu Tezuka -conocido como el dios del manga– en los años 60. La interacción de los hombres con las máquinas, la elaboración de una ética para los seres artificiales y la hipótesis de un aprendizaje según patrones humanos para los androides, se prolongan en una secuela destacada, Pluto, concebido por Takashi Nagasaki con la supervisión del hijo del propio Tezuka. En Pluto los seres artificiales han adquirido derechos y se ciernen como una amenaza sobre los humanos a lo largo de una compleja trama de...