Nueva vida para una muñeca rota Abr01

Nueva vida para una muñeca rota...

¿Hablan ustedes catalán? Incluso aquellos que desconocen ese idioma pueden llegar a comprenderlo por su similitud con otras lenguas latinas. Poniendo un poco de voluntad. Para intentarlo no hay ningún espacio mejor que el del teatro. Alejado de lo técnico de la televisión, de la agresividad del mensaje publicitario, fuera de la rapidez con la que se habla habitualmente en el ámbito privado, la escena es una caja de resonancia privilegiada para este idioma suave, melódico, sonoro. Los matices que se pueden perder se compensan con los que aporta la gestualidad de los actores, habituados a actuar como mediadores y que se expresan también a través de su cuerpo, de sus movimientos, de la alteración de los tonos de voz y la modificación de su estado de ánimo. Puede facilitar la comprensión el hecho de que el teatro admite e incluso solicita la lectura previa de los textos para entenderlos en toda su plenitud. Carmen Conesa desborda la sala pequeña del Teatro Nacional de Cataluña en la composición de un personaje rico en matices, donde confluyen la mujer burguesa que se debe a su papel en la sociedad, la madre dispuesta a comprender y aceptar, la muñeca que –quizá- no se entera de nada y la inteligencia intuitiva de una avispada cabeza de familia. Es la señora enferma a la que hay que evitar cualquier sofoco pero que sin embargo lo sabe todo. La actriz crea desde el diálogo una especie de miss Dalloway entrañable cuyo mundo se resume en sus pájaros enjaulados, presentes en el escenario durante toda la función, pero la compensa con la mujer desgarrada por los conflictos larvados que van a ir proyectando sus hijos en una espiral de relaciones irregulares, de secretos vergonzantes y de taimadas trampas que acabarán...

Viaje de invierno

Amélie Nothomb nos presenta aquí a un hombre que alberga en su interior un universo hostil, un mundo de hielo que juzgaremos con reparo en las primeras páginas. Asco y horror. Desprecio.
 Pero ¿qué ocurre después? Sin saber cómo, la autora y su protagonista logran engañarnos. Les acompañamos en un revelador viaje provocado por unos hongos alucinógenos y acabamos por comprenderlo todo. De pronto, nos vemos inmersos en ese mundo que tanto rechazo nos causaba sólo unos minutos antes. Colocados como los personajes, flotando, sentimos la belleza absoluta que tan a menudo ignoramos. Y eso nos lleva a comprender el horror. Comprendemos al protagonista y comprendemos su plan para
secuestrar un avión y estrellarlo contra el más emblemático edificio de París. ¿Sabes cuál es? Tiene forma de A: A de Amélie, A de Astrolabio, A de Aliénor; y A de Amor.
 La exquisitez de este relato reside básicamente en la capacidad de su autora de jugar con nosotros, de manejarnos como a marionetas hacia el interior de ese mundo y esa mente. Su mayor flaqueza, sin embargo, es la de quedarse a sólo un paso de llevarnos a compartir la idea del protagonista. Si bien le acompañamos en la vorágine de sus alucinaciones, una vez superados los efectos de la droga y ya con los pies en el suelo, podemos comprender el razonamiento del asesino y suicida, pero no llegamos a compartirla.
 Su decisión puede resultar hasta poco creíble. Por eso el final abierto resulta el mejor cierre posible para estas páginas. Calificación: Exquisito.
 Tipo de lectura: Fácil y rápida, se lee en un día.
 Tipo de lector: Personas que sepan apreciar la belleza en el horror.
 Argumento: Un triángulo amoroso de afilados ángulos.
 Personajes: Se bastan para dar forma a esta historia.
 ¿Dónde puede...

Hopper

El poeta y traductor canadiense, además de profesor en la Universidad de Columbia, Mark Strand, nos ofrece su visión sobre el pintor por antonomasia del siglo XX, un pintor sin el que no entenderíamos gran parte de la literatura norteamericana traducida en español, dado que en los libros, las cubiertas reproducen en muchos casos sus obras. Con traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel para Lumen, el libro se debe leer como el mejor scotch whisky, a tragos cortos y saboreándolo; un total de treinta cuadros nos son acompañados con somera descripción de rasgos, trabajo sobre la luz y volúmenes ampliando las perspectivas de interpretación; y es que en Hopper forma y contenido son la misma cosa, de ahí que la poesía prestada se agradezca sobremanera en un trabajo con el espacio que, al igual que el lienzo, opta por no sobrecargarse a sí mismo para describir con cierto poder hipnótico de las palabras, y a la vez, sin dejar de lado la exhaustividad en el análisis. Además de reiterar cómo los cuadros del artista forman parte del imaginario colectivo de cualquier habitante de los años 40, se ahonda en esa sensación de soledad y lejanía/cercanía que da el pausado visionado o contemplación de los mismos. De alguna forma sucede como si en esos escenarios fabricados con una luz mental propia que da el trabajo en el estudio, habitasen espacios con puertas abiertas donde el espectador pudiese entrar y salir con la misma comodidad y desasosiego que de un trozo de vida que, a la vez, le incomoda y le resulta necesario. Muchos son los favoritos que incluso por encima del conocidísimo “Aves nocturnas”, sobresalen: “Gasolina”, apto para conductores que reservan y usan la adrenalina de las carreteras secundarias; “Primeras horas de una mañana...

Lo sucio y lo bello Abr01

Lo sucio y lo bello

Holly Gollightly es más que un personaje literario desde que lo crease Truman Capote, en 1950; una criatura sureña que fue a parar con sus huesos a una Nueva York decadente a la que abrumaban los vestigios de la Segunda Guerra Mundial, así como el nacimiento de organizaciones mafiosas que comenzaban a traficar con drogas de todo tipo; una criatura llamada a representar una realidad extravagante que Capote exprimió al máximo durante su carrera literaria. La novela corta, «Desayuno en Tiffany’s», es una joya de la literatura del siglo XX en la que la voz narrativa se encarna en escritor testigo de las acciones, de lo que ve y de lo que siente esta adorable prostituta (no olvidemos la época en la que se encuadra la trama y la percepción de ese momento); más víctima de las fechorías que sufre a manos del camarero Joe Bell, o de las de Sally Tomato (a quién va a visitar al penal de Sing-Sing, sirviéndole de estúpida coartada unos partes metereológicos) o Rusty; más víctima, decía, que mujer sin pasado. Ella se define como viajera en sus tarjetas de visita, pero quiere ante todo ser actriz. El escritor testigo tiene un cuento publicado por el que no cobró, y gracias a los consejos de su nueva amiga, conseguirá que le paguen por el siguiente. Todo son sueños, deseos. La novela es feísta y, a pesar de que el carácter del personaje está marcado por sus desvaríos, las descripciones del autor sobre la realidad de ficción que nos narra («edificio de piedra arenisca de un color tirando a esputo de tabaco mascado»); el retrato de una sociedad aristocrática centrada en el mundo de la prensa (a la que hace ascos empezando por redactores y terminando con William Randolph...

Marta Sanz

En el barrio de Malasaña de Madrid se mezclan todo tipo de personas, todo tipo de nacionalidades; se pueden encontrar puestos callejeros en los que, si quieres, compras objetos sin utilidad alguna o echas un vistazo tratando de imaginar para qué podría servir cada cosa; tiendas de las que ya no quedan (esas que estaban en cualquier esquina del barrio y que ya sólo vemos en las fotografías antiguas o paseando este barrio); restaurantes dedicados a la cocina tradicional, otros que lo hacen buscando alternativas modernas; bares y cafés. En uno de esos cafés, el acogedor Pepe Botella, nos encontramos Marta Sanz y el que escribe. Creo reconocer en la música que acompaña la conversación, el saxo de John Coltrane, el de Ben Webster, el piano de Bill Evans y la trompeta de Davis. Comenzamos hablando del pasado. Hace ya muchos años, ambos fuimos alumnos y, más tarde, profesores de la Escuela de Letras de Madrid. La formación del escritor es el primer asunto que abordamos desde el recuerdo. «En la Escuela de Letras de Madrid, aprendí lo que no se debe hacer; aprendí a leer; que eso que llamamos literatura no es lo bonito de una novela o un poemario, ni un acto de exhibicionismo que sirva para recibir halagos. Aprendí que la literatura poco tiene que ver con los juegos florales. Aprendí a leer con una alta capacidad crítica y a utilizar esa misma capacidad para ejercer una mirada seria sobre lo que escribía yo misma. Entré en contacto con las personas que forman el mundo literario; con escritores, con editores, con otras personas que deseaban hacer de la literatura su forma de vida. Eso sí, la mirada personal me la llevé puesta de casa, eso es algo que no se aprende....

Daniela Astor y la caja negra...

DANIELA ASTOR Y LA CAJA NEGRA MARTA SANZ Anagrama, Madrid, 2013 267 páginas. 16,90 € CAJA DE PANDORA PARA UN DESTAPE Es una de las novelas más interesantes que cabría esperar en las librerías. Está a la orden del día que las cajas negras no son negras. Encierran todos los datos, esas últimas conversaciones que los investigadores deben revelar para garantizar lo ocurrido. En ocasiones se ocultan en el fondo del mar. Como las llaves. Lo de Daniela Astor es una vida. La caja negra es un libro que hace el efecto de una película documental, la reconstrucción arqueológica de una época cercana, a partir de recuerdos y de residuos en la vida de la protagonista. Un momento de nuestra historia reciente que para algunos es próximo y para otros, arcano. El libro de Marta Sanz es una novela y un ensayo prodigiosamente dirigidos. La caja de resonancia de una actualidad pertinaz y conveniente, cargada de una profunda reflexión moral, en una investigación sobre mujeres, ingeniosamente construida y sorprendente en su planteamiento. Los temas que trata se entrelazan, desarrollando un mundo de significados: la liberación de la mujer con la llegada de la democracia, su conversión en objeto por medio de la televisión y de la prensa sensacionalista, la utilización de ese objeto como un ariete para entrar en la modernidad. Daniela Astor y la caja negra es la reivindicación triunfante de Amparo Muñoz, de Susana Estrada, de Bárbara Rey, sobre todo de Bárbara, en una conjunción feliz de sentido profundo, de frivolidad necesaria y de mirada imprescindible sobre los lugares de dónde venimos. Para enterarnos de adonde queremos ir. Una novela que interesará a las diferentes generaciones, bien sea por lo cercano, por lo exótico o por lo nostálgico. Hombres y mujeres, por...

La saga de de los groenlandeses. La saga de Eirik el Rojo...

Estas son las primeras crónicas del descubrimiento de América por parte de los vikingos, quinientos años anteriores a las de Cristobal Colón. Todos llegaron a esas tierras buscando lo mismo, buenas fuentes de fama y fortuna. Las dos sagas cuentan los mismos hechos con ligeras modificaciones: el suceso de los primeros asentamientos en Groenlandia y la llegada a unos territorios americanos que no han sido definitivamente identificados, y en donde los escandinavos no pudieron resistir a la hostilidad de los skraelingar, los habitantes originarios. Son dos escritos breves que tienen la fuerza de un relato histórico, la ingenuidad de un pueblo poco complicado, la singularidad de sus supersticiones, y sobre todo la pasión por el descubrimiento, que hace que las comparemos inmediatamente con las otras crónicas, las de los conquistadores españoles y encontremos similitudes notables. Y no dejan de asombrarnos esos vikingos, embarcados y dispuestos a conocer el mundo. La edición de Siruela en su Selección de lecturas medievales, es una sencilla belleza; la completan imágenes de barcos y de mapas, un interesante prólogo crítico y unas notas de Antón y Pedro Casariego Córdoba que nos ponen en la situación de ese pueblo y de su expansión. Las sagas las engendró Islandia en torno al año 1000. La mayor parte de los hechos que relatan han podido ser corroborados por excavaciones arqueológicas y documentos contemporáneos. Calificación: Muy interesante. Tipo de lector: Cualquiera, aficionados a las sagas nórdicas y la literatura medieval. Tipo de lectura: Curiosa. Argumento: Histórico. Personajes: Míticos pero históricos. ¿Dónde puede leerse?: En un barco, por los mares del...

Le Corbusier. Un atlas de paisajes urbanos...

Las ciudades utópicas de Le Corbusier nos asaltan, desde sus esbozos, como las pesadillas de un futuro omnisciente, pero también con la belleza de lo soñado. Río de Janeiro atravesada por autopistas habitadas, netos edificios residenciales en cuya azotea continua se establece el tráfico en torno a la bahía de Guanabara. Los bloques habitacionales que, en el plan para Argel, debían apantallar la medina tradicional separándola del mar. París, destruido en un sueño futurista y entre cuyos monumentos emerge una ordenada urbe de rascacielos de cristal, para la que solo se conservan los hitos como anclajes al pasado. El arquitecto se centraba en construir un hábitat adecuado a las necesidades humanas, donde la luz del sol y el aire penetrasen en el interior de las viviendas. Éstas se estructuran en bloques de hormigón sobre pilotes, que permiten los tránsitos e insertan la habitación en la naturaleza. Ideas novedosas e interesantes teorías sociales que hicieron avanzar el urbanismo y la arquitectura pero que se olvidan de esa prolijidad de concha con la que las generaciones construyen excrecencias, núcleos irregulares que se suceden a sí mismos en la historia. El paradigma de la obra de Le Corbusier es Chandigarh, capital simultanea de los estados indios de Punjab y de Jariana, cuyo Capitolio surge en el trópico como un espejismo, con su onírica Corte de Justicia, su monstruoso Secretariado, con la cubierta hiperbólica de su Asamblea Legislativa. Es uno de los únicos desarrollos generales que le fue dado levantar, recoge el testigo de las antiguas ciudades construidas sobre papel, como Udaipur o Nueva Delhi y las enlaza con la Brasilia que crearán más tarde sus seguidores, Lucio Costa y Oscar Niemeyer. Traer esta exposición desde el MoMA de Nueva York puede tener algún pretexto -como los planos...

Lola Montiel a través del espejo...

Lola Montiel es una mujer enigmática a quien le apasionan todas las caras del arte. Desde que contaba con dieciséis años, ya imaginaba cuentos que escribía e ilustraba. Descubrió la fotografía cuando estudiaba diseño gráfico y con estos hábitos artísticos amasados, actualmente, realiza una fusión coherente de pintura, fotografía y tratamiento digital, para configurar obras donde su cambiante alma se deja transparentar. Habíamos quedado en la sala «La Fundición» donde, por primera vez, Sevilla le permitía un espacio destacado para poder mostrar varias de sus colecciones. Cuando llegué, la adiviné atando su bicicleta. A mi pregunta respondió, muy sutilmente, «Sí. Soy yo». Lola, ¿cuántas de tus obras han visto la luz? «Las series «Corazón Flamenco», «Hormigueo», «Crisálida», «Abismal». Esta última refleja la sensación de dolor porque no hay ninguna clase de sensación que sea más viva que el dolor; sus impresiones son seguras, no confunden para nada como las del placer. Pero aún tengo muchas en el tintero». La artista sevillana ha concebido cuarenta retratos, que ofrece en la serie «Corazón Flamenco» y que ha acompañado de un pequeño dossier de investigación. «Con este trabajo he podido alzar las voces de las gentes de etnia gitana dando su clara opinión sobre la influencia de su cultura, sus vidas y su historia. Las fotografías que normalmente se ven sobre el pueblo gitano muestran el aspecto más negativo. Nadie merece un trato injusto por pertenecer a un grupo social diferente al resto, en estos retratos les doy valor humano». La intención artística de Montiel no se agota en la sublimación personal, ni en proporcionar goce estético a  quienes observan sus hibridaciones creativas. «Tengo un trabajo sobre la crisis que me gustaría exponer. Entrevisto a trabajadores del sector del «ladrillo», hago que reflexionen sobre la situación que...

Las ilusiones

Las ilusiones es un libro sobre una película sobre el cine. Que es como decir: un libro sobre cine sobre cine. Que apilando un poco más da algo así como: literatura sobre cine sobre cine. Es que en Jonás Trueba cine y literatura no se separan y se confunden.
La película Los ilusos y el libro Las ilusiones (Editorial Periférica) son dos obras del hijo del director Fernando Trueba que fluyen paralelas. ¿Se complementan? ¿Se citan mutuamente? ¿Una es hija de la otra? ¿Se pegotean? ¿Se repiten? Pues de todo un poco y de todo nada.
Antes de preguntarse qué les pasa a los personajes de Las ilusiones habría que preguntarse si existen esos personajes. ¿Las ilusiones es un texto literario de ficción o es la posibilidad de un texto literario de ficción? ¿Existen sus personajes y sus tramas o el texto literario es anterior a ambos y es, en realidad, un ensayo de las posibilidades de existencia de esos personajes y esas tramas?
Cuando leemos Las ilusiones (título excelente por acertado) estamos leyendo un relato en primera persona, un relato del yo, algo de este Jonás Trueba tomando notas (¿mentales?, ¿escritas?) sobre una película que sea sobre el cine, pero que tenga mucho de la vida y poco de cine, nos advierte este narrador volátil que se mueve como pompas de jabón que atraen la mirada de los niños en una plaza.
Las ilusiones son las ilusiones de los ilusos. Los ilusos son los actores (en el sentido bourdieuniano de la palabra, aunque en este caso también en el referido a las artes escénicas) que quieren ganarse la vida actuando o con el cine en general; y toda una serie de seres desgraciados que tuvieron la mala fortuna de nacer en un mundo en el que no...