Aladar 40

La continuidad de un pop con orden bien visible Feb10

La continuidad de un pop con orden bien visible...

Eladio y los Seres Queridos es un grupo gallego que a finales del año pasado presentó nuevo disco, después de la dilatada gira que los llevó por toda España con su Están Ustedes Unidos (2011). Ahora, los escenarios acogen su Orden invisible (2014) La apuesta por la continuidad en su estilo de pop maduro y amable es lo que se refleja en el último trabajo de estudio de Eladio y los Seres Queridos. Doce canciones con una cuidada presentación y el homenaje a un par de clásicos muy dispares Hay muchas maneras de sujetarse al pop y convertirlo en una vía de expresión musical convincente. Más si nos centramos en la miscelánea de subgéneros existentes en la actualidad, donde al pop le ha brotado una gran rama denominada indie. Lo que Eladio y los Seres Queridos hace es arrullar al género en sus brazos y sacarle una cálida y amplia sonrisa. Al contrario de los grupos que buscan ritmos frenéticos, con melodías resbaladizas y que parecen suspirar por una vida rápida y efímera, esta banda gallega no tiene en mente ganarle ninguna carrera al metrónomo. Lo que hace, lo hace con el pulso y la serenidad propios de una actitud tan amable como sólida. Eladio y los Seres Queridos está compuesto por Eladio Santos (voz, guitarra y compositor), Oscar Durán (bajo), Marcos Vázquez (piano y teclados) y David Outumuro (batería). Aunque su discografía comienza con Esto que tienes delante, en 2007, el auge de este grupo vino de la mano de su siguiente trabajo, Están ustedes unidos, publicado en 2011. La gira que por entonces llevó a cabo la banda no está al alcance de muchos artistas, con más de cincuenta ciudades visitadas y conquistadas con ese pop amable que reaparece en Orden invisible....

MARÍA JOSÉ CUMBRERAS, ALMA Y ESPÍRITU DE MARRAQUECH Feb10

MARÍA JOSÉ CUMBRERAS, ALMA Y ESPÍRITU DE MARRAQUECH...

Imagen: Panorámica de Djema-el-Fna Es un dédalo de calles donde la trama urbana se esconde en retazos de pasado y atisbos del futuro: vendedores, patios, jardines, sonrisas, carros, celosías, motoristas, montones de basura, teléfonos móviles, gatos y naranjas. Para los bereberes es “La tierra de dios”, allí se encuentra el norte con el sur, el desierto y los vergeles, las montañas con la llanura; la miseria, con una opulencia milyunochesca. Una pintora andaluza es parte y señal en la encrucijada. En su atelier de la medina, María José Cumbreras está terminando una pareja de lienzos encargados para decorar el riad de unos potentados suizos, son dos vistas diferentes del alminar de la Kutubía desde los jardines del Consulado de Francia. Los pinta aislada en su terraza del barrio de Ben Salah. Cuando llegó a la ciudad y se enamoró, hace catorce años, buscó ávidamente la vida de las calles y los pasajes de la kasbah para retratar trozos de vida. Luego, con el devenir del tiempo, sus composiciones se han ido haciendo más distantes, más espirituales, tomadas desde el apartamiento. Efectivamente, en estos años la pintora onubense ha ido penetrando en el alma intangible de Marraquech, profundizando en los motivos por los que esa escenografía, engañosamente inmutable, ha sido capaz de dar a la luz la intensidad de su paisaje urbano. Investigando en los orígenes después de hacerlo en sus consecuencias. De la primera época quedan fragmentos de un realismo social que la acercan a Claudio Bravo como el tríptico Los chicos de Merzuga, unos adolescentes con sus bicicletas entrevistos ante el vacío del desierto; o Las Puertas de la Vida, una composición muy personal, una fantasmagoría de personajes que acompañan una maternidad. Entre sus últimos trabajos, las panorámicas de Marraquech son espectaculares, se apoyan...

El día del Watusi

Desaparecido en 2008, la obra del escritor barcelonés Francisco Casavella es todo un enigma. Él mismo en el capítulo de agradecimientos, nos da fe de la empresa  loca y a la vez peregrina, de lo que supuso llevar al papel sus casi 1200 páginas en torno a la imagen o idea de un asesino que es sólo un divertimento, tan identificable con el protagónico Fernando Atienza, como con tantos y tantos prohombres que recorren su arco temporal (1971-1995). De aquellos polvos, vienen estos lodos. Dividida en tres novelas que llegaron a editarse independientemente, todo empieza con Los juegos feroces por acometer desde una dislocación un informe que le encarga a Atienza una multinacional que actúa en nombre del Bien sobre José Federico Neyra; en el proceso, sólo hay intermediarios que discuten, corruptos que juegan a ser inocentes (en este sentido el talento de Casavella es profético), jugadores de una nada imposible dado el contexto asfixiante de la Transición, vendedores de humo. Es ya en esta pate de la novela donde descubrimos los afanes prostibularios del protagonista. Por otro lado, Viento y joyas, empieza implicando en el centro de las pesquisas al propio detective y es que Atienza ya no quiere ser como ese Watusi que va en moto como el Pijoaparte de Marsé y a la vez se eleva como criatura misteriosa. Fernando aprende a leer críticamente y desde el confort a Sun-Tzu y Maquiavelo, dado que sus rivales citan sus frases (las de El príncipe o El arte de la guerra) como si fuesen pà amb tomaca que llega ligerito y con buen vino al estómago. Al mismo tiempo, aparece Elsa, probablemente la mujer a la que más quiere y gracias a la que conquista a otras féminas. En último lugar, El idioma...

Historias de mujeres

Ante un libro como este, compuesto por la recopilación ampliada de unas biografías de mujeres que la autora escribió para el diario El País, uno no puede más que descubrirse ante Rosa Montero y darle las gracias. Gracias por su prosa precisa e incisiva que nos transmite todos los matices de la atracción que le hizo volverse hacia esas mujeres escondidas. Gracias por rescatar para nosotros historias emocionantes, terribles, por retratar el alma humana en su más profunda dimensión y por presentárnosla como una prueba de sangre. Gracias por su exactitud y su sinceridad en los retratos. Será muy difícil que quien se acerque a estas biografías no descubra algo que no conocía y que no quede profundamente perturbado por una u otra de las historias. Mujeres atrapadas en su mayor parte en un mundo de hombres, congeladas en la historia como ejemplares de entomólogo que se merecen una reivindicación. Monstruos. Infiernos particulares en dieciséis retratos vivos en el tiempo: Camille Claudel, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Alma Mahler, Simone de Beauvoir, Laura Riding… Rosa Montero nos hace el favor de abrirnos la puerta a una bibliografía inagotable, una elevación privilegiada desde la que entender el mundo. Lo oculto. A Esos hombres mezquinos y egoístas que está detrás de cada gran mujer. Gracias. Calificación: Espléndido Tipo de lector: Cualquiera Tipo de lectura: Amena Argumentos: Bien elaborado. Fluido Personajes: Impactantes ¿Dónde puede leerse?: En cualquier...

El Primer Hombre

El Primer Hombre es una novela de carácter biográfico que Albert Camus dejó sin finalizar aunque lo suficientemente desarrollada y compuesta para que esta fragmentación no incomode la lectura. Es más, aquellas personas con inquietud por la literatura, sus mecanismos, hallarán aquí un valioso testimonio de cómo se trabaja un texto largo. La historia es hermosa y desgarradora, habla de la crueldad de la miseria, la que sufrió de niño en su Argelia natal, pero también de la inocencia de la niñez. Es una búsqueda de un padre muerto que es el origen, el primer hombre, como también lo fueron los precursores que abandonaron Francia para colonizar una tierra hostil e ingrata. La novela es imprescindible para entender el terrible desastre nacional que supuso la presencia francesa en el norte de África. También inmigrantes españoles dejaron allí su sangre huyendo de la pobreza. La incomunicación con la madre que está presente en toda la obra y el pensamiento del escritor se retrata perfectamente. Como es lógico la novela tiene numerosas notas y acotaciones a pié de página y viene editada con dos cartas y notas sueltas sobre la composición y el desarrollo de la novela. Nada se puede decir de Albert Camus más que escribió obras de teatro y tres novelas que marcan profundamente el pensamiento del siglo XX y que por el conjunto de esta obra recibió en 1957 el premio Nobel de Literatura. Moriría prematuramente dos años después. Calificación: Buena Tipo de lector: Cualquiera Tipo de lectura: Sencilla Argumento: Fácil de seguir. Personajes: Bien dibujados. ¿Dónde puede leerse?: En cualquier...

Se está haciendo cada vez más tarde...

Se está haciendo cada vez más tarde es desde el título un libro sobre el tiempo. No es una novela, porque no tiene unidad alguna aunque sí elementos que se repiten y sobre todo un leitmotiv. Tampoco es un libro de relatos. Responde al género epistolar. Son dieciocho cartas y una decimonovena que a diferencia de las anteriores está escrita por un personaje femenino, y que es la carta dentro de una carta (dentro de la última, que además se distingue porque es la que lleva el título que da nombre al libro). Sobre esta pequeña carta dentro de la última carta, o carta número diecinueve, el propio autor comenta al final del libro, en una especie de epílogo o postfacio (que no en vano se titula «Post-Scriptum»), que la sustrajo de una novela que aún no ha escrito. El leitmotiv es ese hombre nostálgico, al que ya le han pasado los años, que le escribe a una mujer que perdió (en cada carta esa pérdida puede darse por razones diferentes, como huida, suicidio, ruptura, muerte…) porque a pesar de los años y de estar en el mundo triste y derrotado, se encuentra acabado pero ágil, viejo pero memorioso, callado pero escribiendo, por esa y a esa mujer ausente. Los elementos que se repiten son los paisajes mediterráneos, las descripciones que refieren a lo gastronómico, las ventanas, el champagne y el vino, la música, la poesía, los versos, la canción popular. Es un libro repleto de alusiones literarias y de un lenguaje extremadamente lírico. Se ha dicho de este libro que es pretencioso y puede que lo sea o lo parezca, tal vez y sobre todo por una cosa: porque permanentemente nos queda la sensación de que el narrador de cada carta quiere decir...

La lección de anatomía...

Fotografía de Miguel Lizana Escrita por primera vez en 2008 y reeditada recientemente bajo el sello de Anagrama, su proverbial modo de entender el lenguaje a través del que nos escribe o habla al oído, esta escritora madrileña deja aquí un poso reconocido por el mismo Rafael Chirbes en su prólogo. No me gustaría hablar de exhibicionismo, si bien pudiera existir; lo que está claro es que al prologuista y a la protagonista les fascina el doctor Nicolaes Tulp, que aparece en un cuadro de Rembrandt, que como el peculiar paseo que, fruto de sus esfuerzos, se da la protagonista por la Gare d’Orsay parisina, pretende obviar el impresionismo en literatura, a pesar de que le fascine en pintura. Relato poco dado a ofrecer soluciones sobre la femineidad, en él encontramos múltiples personajes que, sobre todo, en las dos primeras partes definen entre un Madrid al que la memoria traiciona adrede y un Benidorm producto de la Transición, un fresco entre amargo y poderoso, vengativo con las habituales y sanas obsesiones, pecaminoso, contradictorio (también adrede) y que juega tanto a mostrarse como a esconderse de su propia voz. Dividida en tres partes, la novela es familiar y de rebeldía en Vallar el jardín, elaboradamente torcida en Los gusanos de seda, para soltar predicado y predicamento en Desnudo. De la primera parte, editada como libro aparte para el sello Playa de Ákaba en su colección Nómadas, todavía el personaje amortigua pocos golpes, si bien hay una imagen que ha sugerido al que escribe momentos de pesadilla, y es el del benzetazil; aquel remedio inyectable que hizo adquirir sino fuerza, sí carácter al menos a ciertas generaciones; a mitad de camino y con una madre cuidadora de enfermos y un padre sociólogo; dan a parar con...