Nuestro tiempo y el lenguaje...

============================ HABLANDO PRONTO Y MAL AMANDO DE MIGUEL Espasa, Madrid, 2013 216 páginas. 19,90 € / e-book 7,99 € ============================ Amando de Miguel aborda nuestros usos del lenguaje de forma divertida y amena. Aunque advierte de los peligros que corremos con perversiones lingüísticas que se extienden con fuerza en nuestra sociedad. El lenguaje es algo que tiende a evolucionar siempre. El proceso comienza en el uso que hacemos de él al hablar entre nosotros, al comunicarnos. La adaptación de las formas es rápida independientemente de si las nuevas palabras, las expresiones nuevas o las nuevas acepciones quedan fijadas de manera definitiva. Y esto es algo estupendo. Lo que no lo es tanto es el uso incorrecto del lenguaje, el maltrato al que le sometemos día a día. Amando de Miguel siempre ha tenido una relación interesante con el uso que hacemos los españoles del lenguaje. En este libro, apunta errores comunes, formas nuevas que se adaptan a los tiempos nuevos, significados olvidados y construcciones absurdas que podemos escuchar o leer a diario en cafeterías, oficinas, programas de televisión o emisoras de radio. Una de las gracias de este libro es que, el más pintado, se encuentra en él, antes o después. Hablar castellano es muy difícil y es, por ello, por lo que cometer equivocaciones es muy habitual. Cómo no, el politiqués (término acuñado por el autor hace algunos años) tiene un lugar privilegiado en el libro. Le acompaña la demotización como segunda estrella invitada. Y una larga nómina de aspectos divertidos, vergonzantes o sorprendentes. El libro está editado por Espasa, es manejable y debería leerlo más de uno. Desde luego, los jóvenes encontrarán un apoyo magnífico en él para no terminar como buena parte de los españoles maduros; eso si es que aún...

Amando de Miguel

Madrid. Doce de febrero. Café Gijón.La ciudad es inmensa. Hay cientos de lugares en los que se puede charlar de cientos, de miles, de asuntos. Pero, seguramente, el Café Gijón sea el único en el que el sabor de cada palabra se tiña del color de la cultura. De literatura, de lenguaje exquisito, de tradiciones intelectuales. Doce más treinta. Amando de Miguel llega a su hora. Le espero con quince minutos de impuntualidad. Pedimos un vaso de leche caliente (él) y un café cortado descafeinado (yo). Uno de los camareros es escritor. Sólo en un sitio como este pueden pasar estas cosas. ¿Habrá lugares con tanta solera intelectual? La charla comienza sosegada. Nunca hay prisas para hablar de lo importante. «El lenguaje sirve, entre otras cosas, para que no pensemos mucho. Si tuviéramos que pararnos a pensar en cada cosa cargaríamos con un trabajo muy pesado. Por eso construimos frases que quedan hechas aunque eso no es un problema; no nos adormece. Al contrario nos obliga a buscar en los archivos que tenemos guardados en algún lugar». Amando de Miguel va construyendo cada frase con el gusto de un buen conversador, mirando de frente para intentar saber si las cosas se van colocando donde tocan. Estamos de acuerdo, Amando. Pero el problema es que desconocemos la herramienta que llamamos lenguaje. Y eso nos lleva a tener confusiones graves. Unas divertidas y otras no tanto. Le robo unos segundos de protagonismo en la entrevista para ser yo el que cuente algo que ha ocurrido hace unos días y que me parece revelador. Dos niñas de siete años sentadas a la mesa. Las madres hablan de sus partos, de cómo fueron. Escucho a una de esas crías. Le dice a la otra que una madre puede...