Estupor y temblores

Primera novela de la escritora belga Amelie Nothomb, publicada en 1992 a propósito de una experiencia autobiográfica traumática y, por lo tanto, ya que en ella todo es peculiar, más que interesante. Y es que las obras de Nothomb son como una guerra para niños que crecen demasiado pronto, así lo atestigua también su obra «El sabotaje amoroso». A este filón ha sabido sacarle partido, publicando casi una obra por año desde entonces. El libro es como un cuento que contiene otro cuento. Amelie, que narra y protagoniza, tiene cuatro jefes en su trabajo dentro de una multinacional japonesa (es aquí donde empezamos a conocer la idiosincrasia de un pueblo acostumbrado a morir de extenuación laboral). Uno de ellos le manda redactar una invitación para jugar al golf y enviarla a un importante ejecutivo occidental. La cosa sale mal y ponen a la protagonista a hacer fotocopias; pero esto no es todo y la segunda jefa en discordia la persigue debido a que parece existir un corte en la hoja que no encaja con el milímetro exigido; es entonces cuando Fubuki (otro de los jefes) la coloca en el departamento de contabilidad y, tras dejarse la vista y confesarse mil veces incompetente hasta el paroxismo de la discapacidad, la nueva (jefa) la envía a limpiar retretes. Esta anécdota, convenientemente aderezada por las lúcidas observaciones de la alter ego de la protagonista, la lleva a querer reencarnarse en David Bowie, y no precisamente explotando la faceta más popular de cantante. Ejecutada con precisión y sencillez lingüística (algo deberemos al genial traductor y también cuentista Sergi Pámies), en esta novela existe algo más que estructura. Encontramos una manera canónica, que no por extraña, pero sí por moderna, propicia la lectura agradable y las ganas de conocer...

El sabotaje amoroso

Cuántas veces habremos oído la frase «en el amor y en la guerra todo está permitido», y cuántas buscamos pruebas de reconocimiento en ella para justificar actitudes y comportamientos. Siempre bajo la premisa del juego; el artefacto narrador que utiliza esta conocida por multifacética escritora belga, Amélie Nothomb, es un ser femenino y lésbico que utiliza cierta androginia a la hora de definirse a sí misma como guerrera de una vieja dinastía china, que viaja en una especie de centauro en busca del aroma y sabor de una bella italiana llamada Helena, que, por supuesto, bebe los vientos por el insulso y ridículo Fabrice, uno más del montón. La voz se acerca por momentos a la ciencia-ficción; en ningún momento conocemos el nombre de la protagonista, lo que no tiene por qué decir que juegue a ser diosa, pues esos delirios de grandeza se los deja a su propia locura al reconocer que si deja el hábito, se dedicará a ser Premio Nobel de Medicina. En esta androginia hayamos una profunda insatisfacción del rol natural de ser mujer, siempre aguerrida, siempre valiente y admirada, lo que en nada disgusta a la criatura creada por esta fabuladora del sub o inconsciente colectivo, a pesar de que ha declarado abiertamente que le encantaría escribir novelas de 40 páginas. Disfruta esta voz del poder de destrucción que entre su familia y ella misma generan, un dolor tan necesario como amar, y que, sin embargo, se sabe con poder para decir que en ella es único. Los torrentes de palabras que le dedica a Helena ya los querría para sí la mejor de las diosas; a través de situaciones vividas que tienen que ver con la voluntad y la huida, lo estático y lo dinámico. Todo es saboteado,...

Viaje de invierno

Amélie Nothomb nos presenta aquí a un hombre que alberga en su interior un universo hostil, un mundo de hielo que juzgaremos con reparo en las primeras páginas. Asco y horror. Desprecio.
 Pero ¿qué ocurre después? Sin saber cómo, la autora y su protagonista logran engañarnos. Les acompañamos en un revelador viaje provocado por unos hongos alucinógenos y acabamos por comprenderlo todo. De pronto, nos vemos inmersos en ese mundo que tanto rechazo nos causaba sólo unos minutos antes. Colocados como los personajes, flotando, sentimos la belleza absoluta que tan a menudo ignoramos. Y eso nos lleva a comprender el horror. Comprendemos al protagonista y comprendemos su plan para
secuestrar un avión y estrellarlo contra el más emblemático edificio de París. ¿Sabes cuál es? Tiene forma de A: A de Amélie, A de Astrolabio, A de Aliénor; y A de Amor.
 La exquisitez de este relato reside básicamente en la capacidad de su autora de jugar con nosotros, de manejarnos como a marionetas hacia el interior de ese mundo y esa mente. Su mayor flaqueza, sin embargo, es la de quedarse a sólo un paso de llevarnos a compartir la idea del protagonista. Si bien le acompañamos en la vorágine de sus alucinaciones, una vez superados los efectos de la droga y ya con los pies en el suelo, podemos comprender el razonamiento del asesino y suicida, pero no llegamos a compartirla.
 Su decisión puede resultar hasta poco creíble. Por eso el final abierto resulta el mejor cierre posible para estas páginas. Calificación: Exquisito.
 Tipo de lectura: Fácil y rápida, se lee en un día.
 Tipo de lector: Personas que sepan apreciar la belleza en el horror.
 Argumento: Un triángulo amoroso de afilados ángulos.
 Personajes: Se bastan para dar forma a esta historia.
 ¿Dónde puede...