En la Patagonia

Conviene fijarse en el título, En la Patagonia, no Viaje a la Patagonia aunque es eso, un viaje físico, como lo es también mítico y sentimental. Y en esa preposición que lo diferencia de la obra maestra de uno de sus confesados maestros, el Viaje a Oxana de Robert Byron, está la clave de lo que podría no haber sido más que una imitación. Bruce Chatwin escribe sobre lo que se encuentra, sobre lo que ha sucedido y sobre cómo son los que viven En la Patagonia, el viaje es pues un mero pretexto para estar en el lugar donde todo sucede, la Patagonia, el lugar en donde nada sucede. El relato del viaje es un tenue hilo conductor que le sirve al aventurero para utilizar sus variados talentos: una inmensa capacidad de fabulación, la astucia para detectar y seguir pistas novelables, la intuición para las ingeniosas asociaciones de ideas, su sexto sentido de fotógrafo que consigue capturar el momento para realizar con palabras un retrato certero de las personas o los paisajes, con un solo par de trazos; su inteligencia para convertir cualquier cosa en una anécdota. Las conversaciones con los personajes a los que se encuentra son esqueletos como los de las bestias prehistóricas tras cuyas huellas se lanza, y tienen la misma capacidad de fascinación. En la Patagonia fue un libro de viajes polémico en el momento de su edición. Algunos de los personajes que aparecen en él se reconocieron detrás de los disfraces –o sin ellos- y se sintieron heridos por la ironía del escritor, acosados cuando los jóvenes desaliñados comenzaron a recorrer el sur de la Argentina con el libro bajo el brazo sobre las huellas de Chatwin. Ambas cosas ocurrieron porque Bruce fue dueño, al parecer de los...