De acuerdo, Jeeves

Uno de los personajes más conocidos de la literatura humorística de todos los tiempos, creado por el autor estadounidense P. G. Wodehouse, es nada más y nada menos que un mayordomo que sabe cumplir de un modo entre bartleby y servicial su papel. En esta novela que sigue a unas primeras aventuras, su señor Bertie Wooster hace el papel vodevilesco de aristócrata creído y manipulador, siendo su misión el acceso de un viejo amigo de la escuela a una mujer. Las peculiaridades de Tuppy Glossop, que así se llama el tipo, son su crianza en un medio rural y su afición u obsesión por las salamandras. Wooster se ofrece gustosamente a la hija de su tía Nahdia, a cambio inicialmente de sus consejos de hombre de mundo y ofreciéndole un encuentro, gracias al que Bertie se librará de ir al acto protocolario de entrega de premios académicos o de enorgullecimiento familiar; pero Glossop no sólo sufre un ataque de cuernos ficticios difícil de remediar con su amada (con quién todos los designios del destino la descubrirían como el amor perfecto no sólo unilateralmente), sino que quedará el tipo flemático, indignado, de resultas de la concesión del premio de religión a un tipo que no lo considera merecedor de tal. De resultas de ello, Wooster el magnífico quedará víctima de su propia trampa y tendrá que pagar los platos rotos de Glossop. La guerra de los sexos, la imposibilidad de la perfección o las consecuencias de este perfeccionismo hacen que el plan ideado de primeras por el mayordomo se vea por sencillo como el más eficaz. Escrita despaciosa, pero talentosamente, no es en la historia, sino en los reveses, donde encontramos la elegancia del texto, en esa otra vuelta de tuerca que tan magistralmente se...