El día de la langosta...

Si preguntásemos a cualquier joven sobre un tal Homer Simpson, seguramente la respuesta tendría que ver con el personaje de una serie de animación que aparece en la televisión actual. Es casi seguro que ninguno de ellos relacionaría a este Homer Simpson con un personaje de ficción literaria. Sin embargo, además de un muñequito animado que nos muestra una realidad concreta, Homer Simpson es uno de los personajes que Nathanael West (1904 – 1940) utiliza para mostrarnos una sociedad despedazada por la falta de esperanza en lo que se conoce como sueño americano. Es curioso que ambos personajes se manejan mejor confundidos entre una masa social que no acepta disidencias -Tod cerró los ojos y se esforzó por mantenerse en pie. Lo empujaron y zarandearon en medio del revoltijo de hombros y espaldas, llevado a toda velocidad en una dirección y luego en la contraria. Siguió dando empellones y pegando a la gente que tenía alrededor, intentando quedar de cara al sentido de la marcha. Tenía terror a ser arrastrado de espaldas-; son receptores de cualquier información, de cualquier mensaje encontrado en los medios de comunicación, sin el menos criterio, sin la capacidad mínima para formularse las preguntas necesarias ante una situación cualquiera por cotidiana que sea. En eso son muy parecidos los dos Simpson: son o representan la desdicha del ser humano que no tiene otra posibilidad que no pase por una mimesis social que convierte a la persona en mercancía que va de un sitio a otro dependiendo de los intereses económicos y políticos de los gobernantes; son personajes que esconden sus carencias entre miserias de los demás para, así, pasar desapercibidos; en definitiva, almas de las que se sirve la máquina social con el fin de que los falsos sueños puedan...