El Padrino I: Emociones a veinticuatro imágenes por segundo Jun06

El Padrino I: Emociones a veinticuatro imágenes por segundo...

(Texto cortesía de Joana Pizarro Muñoz) Aún recuerdo la primera vez que vi la mejor Saga de todos los tiempos, que reunía lo mejor del género de Cine Negro y el Melodrama. Tras un largo día de trabajo, decidí desconectar para sumergirme en un exquisito caviar cinéfilo: El Padrino. Y es que, no puedo describirla con otras palabras. Las trabas mafiosas y el lento y melancólico vals compuesto por Nino Rota me envolvieron, al igual que un baño caliente con canciones de fondo en un día de lluvia. La expresión y el protagonismo de la música no fue la única culpable del enredo. Para ser sincera, fue ese director italiano y su poesía visual. El intenso pero suave ritmo, tanto como las delicadas caricias de Don Corlerone a su nieto. Y es que, llega a enfatizar con nuestras emociones mediante la combinación de todos esos elementos con un sentido propio. Sin embargo, no escribiré la historia por el tejado. Contaré la historia jamás contada. Mario Puzo, un tipo seguro de sí mismo y de sus creaciones artísticas, sabía que The Mafia —así conocida por ese entonces— iba a ser un éxito. Por eso mismo, no dudó ni un momento en apostar por su obra. Puzo decidió vender los derechos de su propuesta a Robert Evans, Jefe de Producción de Paramount. “Tengo una deuda de once de los grandes, o me compras esto o me parten las piernas”, dijo Puzo en un tono desafiante. Poco después, Coppola fue seleccionado como director de la entrega. En números rojos y sin lugar en el que caerse muerto, al igual que la productora, no quería dirigir la película. Todo ello se debía a que Paramount quería un taquillazo y Coppola no estaba seguro de sus conocimientos. El despiadado encargo...

El Padrino II: La destrucción de lo amado y de lo odiado Jun06

El Padrino II: La destrucción de lo amado y de lo odiado...

Juego, prostitución, traiciones, venganzas, violencia sin control. Vehículos en los que Francis Ford Coppola transportó a sus personajes hasta Nevada, hasta La Habana, hasta Nueva York o Sicilia. Vehículos cargados, además, con un gran odio de uno de los mejores personajes de la historia del cine. Y con un gran miedo del resto. Con la cámara siempre pausada sin dejar que la violencia de la trama supusiera alteración en la forma de rodar. Una lección de cine y narrativa. La segunda parte de El Padrino, junto a la fascinante primera entrega de la saga y el deliciosamente imperfecto tercer capítulo, es una de las mejores trilogías de la historia del cine. Tal vez la mejor. Una película es su guión (sin él no hay nada que hacer) y, por tanto, sus personajes. El resto, aunque importante, no soporta la esencia del trabajo. Como todo el mundo sabe, hay películas que con una dirección apañada o un montaje bueno a secas, son verdaderas joyas. Pues bien, El Padrino II es el gran guión (lo firman Francis Ford Coppola y Mario Puzo), es el conjunto de personajes mejor perfilados que han paseado por las pantallas de toda la historia. Y, por si era poco, está dirigida, montada, ambientada, producida, fotografiada, decorada y todo lo que quieran ustedes sumar, magistralmente. Tras el monumental éxito de la primera parte, Francis Ford Coppola sabía que lo tenía difícil y que iban a mirar con lupa lo que hiciera. Así que arriesgó al máximo. Por una parte, después de recibir severas críticas sobre su forma de enseñar el mundo del crimen desde una mirada algo amable en la primera parte de la saga (cosa que es del todo discutible) decidió dejar las cosas claras y mostrar la cara más terrorífica...

El Padrino III: Cerrar el círculo y morir en el intento Jun06

El Padrino III: Cerrar el círculo y morir en el intento...

Aunque la crítica destrozó la tercera parte de El Padrino, dando incluso a Coppola por muerto cinematográficamente hablando, el tiempo ha puesto en su sitio a la que es, sin duda, la más personal, controvertida e intimista película de la saga. Tres óscar obtuvo la primera parte de El Padrino, seis la segunda y ninguno la tercera. Este dato puede resultar significativo de la clase de reacción que provocó esta especie de tour de force que fue The Godfather part III (1990). Evidentemente, a Coppola no le salió como esperaba, al menos en lo que a respaldo de la crítica se refiere. Sin embargo, yo me declaro una admiradora de esta película; solamente por la dramática escena de la escalera del teatro de Palermo vale la pena esperar los minutos que hagan falta. Nunca un silencio en el cine, -en realidad, un auténtico vacío-, nunca el dolor por una muerte de un ser querido se filmó de una forma tan desgarradora como lo hace Coppola en esos escasos segundos. Al Pacino en la piel de un Michael Corleone maduro, a vueltas con la vida y cargando con la culpa de su propia existencia, estalla en un llanto mudo que solo un actor como él, y un director como Coppola, podían convertir en un instante mítico. Pero desgraciadamente, El Padrino III no es solo esta escena final. Mucha culpa de las terribles críticas sufridas por esta película la tuvo la actuación, cuando menos deprimente, de Sofía Coppola, la hija del director. Realmente, la mayoría de las discrepancias se han centrado en ello. Es cierto que desde el primer minuto uno lamenta profundamente la presencia de una insulsa actriz en un papel que podía haber estado tan lleno de fuerza. Pero tampoco es que su partenaire...