Poesía en los tres amores de Cardenal...

Óscar Gómez / GRANADA, Nicaragua Cada mes de octubre, cuando la Academia Sueca anuncia el ganador del Premio Nobel de Literatura, la tierra tiembla en Nicaragua con su propia voz interior. No es uno de los sismos en los que manifiesta su energía telúrica la patria de Rubén Darío. Es el nombre vibrante y sonoro de otro de sus poetas, nacido en Granada hace casi noventa años, el que hace estremecerse al istmo, que reclama el máximo galardón de las letras para un Ernesto Cardenal que siempre suena en las quinielas. Cruza el jardín de hotel en el que se realiza la entrevista con la lentitud que el tiempo ha conferido a sus pasos pequeños y sin embargo ágiles, aunque las sandalias no lleguen nunca a levantar del todo de las baldosas de barro cocido. «No hablo sin necesidad. No me gusta hablar. Si puedo estar en silencio, lo prefiero», susurra, dando valor al esfuerzo con el que concede la entrevista. Los saludos respetuosos de quienes franquean su paso en la galería colonial empujan suavemente a Cardenal hacia su destino en un butacón de mimbre: «Poeta, bienvenido», «Buenos días, poeta». Siempre pantalón vaquero amplio, del azul oscuro del Lago Cocibolca que baña la orilla de la ciudad que le vio nacer y el archipiélago de islotes que inspiró una de sus obras más conocidas, El Evangelio de Solentiname. Siempre camisola que confunde su blancura con la de barba larga y la de la melena. Siempre boina negra. Siempre voz que agoniza en un lamento cavernoso e impostado de solemnidad. Siempre ojos pequeños llenos de vida. Siempre habla, y siempre escribe, del amor. De los tres amores que ha conocido en una vida que acaricia el siglo. «Mi primer amor fue cuando yo tenía nueve...

Quetzatcóatl

© De la imagen: Óscar Gómez = = = = = = = = = = = = = = = = = Quetzatcóatl Colección Visor de Poesía 69 páginas. 9,50 €. eBook 4,49 € = = = = = = = = = = = = = = = = = Ernesto Cardenal indaga en el mito para explicar lo que tenemos entre manos desde el principio de los días. La tierra tolteca que es la Nicaragua de hoy; los hombres y mujeres que siguen sufriendo la pérdida de Quetzatcóatl desde que el dios los hizo a su imagen y semejanza; la historia escrita por muchos que la interpretaron para fabricar un futuro inesperado por el propio Quetzatcóatl que, seguramente, no regrese jamás a poner orden, o la explicación de la materia prima generadora de vida que sigue siéndolo (ese maíz del que habla el autor y que el dios puso en los labios del primer hombre); son algunos de los materiales con los que el poeta busca explicaciones arrasadas en las viejas conquistas de pueblos extraños. Cada elemento con el que nos encontramos durante nuestra existencia se convierte en motivo de observación. Fue a finales de los años 80 cuando se editó este poemario como homenaje al autor que cumplía sesenta años. Pero la poesía tiene ese carácter eterno que nos hace volver a ella sea cuando sea. Quetzatcóatl es un poemario que se aleja de la métrica ortodoxa, de las formas clásicas del poema. Pero no por ello deja de ser un magnífico libro en busca de respuestas que el poeta ya había realizado anteriormente. Cardenal sabe que si la poesía está ligada a lo más esencial del hombre debe comenzar su búsqueda en ese entramado que teje lo mítico. Ni...