Desear no ser más, sino menos Jul22

Desear no ser más, sino menos...

El payaso blanco o el de nariz roja. Eran las únicas opciones que manejaba Federico Fellini cuando hablaba de payasos. Lo que debe ser y lo que nunca será. La vida en orden y la eterna huída de la tristeza. La obra del director italiano no hubiera sido perfecta sin que se adentrase en el territorio de los Clowns puesto que, una de las constantes en su obra, fue la búsqueda de las zonas más extravagantes de la realidad, de las zonas más ridículas o más esperpénticas. Federico Fellini no podría haber dejado de hacer una película sobre clowns, como tampoco Woody Allen podrá dejar de hacer el payaso jamás. Prácticamente la totalidad de su filmografía, desde Fellini, ocho y medio; Amarcord, La strada, pasando por Satiricón o Roma; bebe de la risa que provoca la ausencia del decoro, la más absoluta lejanía entre lo que es y lo que debería ser. Todo lo cual se materializa en la plasticidad de sus personajes, acercándose al cómic y a la estética de Jeunet e irremediablemente a la pintura. De hecho Fellini siempre hacía storyboards de sus películas, como medio de dilatar la realidad hasta poner la lupa en sus aspectos más valleinclanescos, en las «máscaras estrábicas de borracho». El argumento consta de dos partes: la primera es la visión de un niño acerca de los clowns, pero si la misión de éstos es haberle hecho reír, habían fracasado de lleno: él solo había sentido un espantoso miedo y sus rostros le habían recordado a los catetos de los pueblos, en unas escenas de las más deliciosas de todo el filme. En la segunda parte aparece Fellini buscando viejos payasos que también se supone que deben hacer reír, pero son presentados como un testimonio entristecido de...