El retorno de los ciclos de la naturaleza...

============================ EL RÍO DEL EDÉN JOSÉ MARÍA MERINO Alfaguara, Madrid, 2013 300 páginas. 18 € / e-book 9,49 € ============================ Con una incursión definitiva en el realismo, el escritor gallego establece el regreso a los orígenes como clave para entender los intrincados hilos que manejan la existencia. Ciertas filosofías orientales utilizan los mándalas como una manera de explicar el mundo y sus corrientes subterráneas, como imagen de las fuerzas ocultas que mueven el universo encerradas en el falso laberinto de la imaginación. Falso, porque a semejanza de la vida, no tiene atajos ni escapatorias sino que se presenta como una madeja que no queda otro remedio que devanar hasta desenredarla. Es el camino, pretexto en la literatura para la iniciación y metáfora de la existencia humana. Porque lo maravilloso nos rodea y no es necesario maquinar ficciones extravagantes para revelarlo, sino simplemente fijarnos en los hitos que la vida nos impone para que caminemos, siguiéndolos, errando muchas veces y volviendo sobre ellos hasta el final. Estas son las reflexiones que provoca en el lector la novela de José María Merino en la que el río es el camino y el Edén la necesaria búsqueda de la felicidad, el lugar idílico del que nos encontramos exiliados y adonde añoramos regresar. El río del Edén es una novela sobre la aventura de existir, sobre el gran viaje de descubrir la naturaleza que nos rodea y de la que formamos parte. Los diagramas que encabezan los capítulos tienen algo de simbólico, nos guían por la dificultad de personarse en los pensamientos de los demás, por el conformismo de los niños, que tienen muchas veces la clave para comprender aquellas cosas que los adultos encontramos veladas. De la misma manera  el escritor nos lleva de la mano por...

José María Merino

Los escritores jóvenes, siempre, quieren parecerse a otros más veteranos; a los que, por alguna razón, admiran. Yo que he sido joven (aunque a estas alturas me parezca mentira) quise parecerme a algunos de ellos. A Faulkner por su dominio absoluto del lenguaje, a Vargas Llosa por su capacidad para desarrollar una novela total y a José María Merino por su capacidad de fabulación, por su intuición al escribir, por saber agarrar lo cotidiano y convertirlo en ficción. Prologó la segunda de mis novelas y eso me produjo gran satisfacción; una alegría parecida a la que sentí cuando supe que el 27 de marzo de 2008 ingresaría en la Real Academia Española para ocupar la silla m. José María Merino me recibe en su casa. Me sigue pareciendo el mismo hombre cercano, sencillo, amable y sabio, que conocí hace años. Llega una gatita joven que se estira arqueando el lomo y escapa cuando alargo el brazo para acariciarle. Ya sentados, mientras nos preguntamos sobre cómo nos van las cosas al uno y al otro, me fijo en el precioso reloj de pared que tengo a mi derecha. El péndulo es enorme. Sirve de metrónomo para la conversación que comienza sobre escritura, cultura, lo divino y lo humano. Me intereso por su trabajo en la Real Academia Española. Antes de contestar, me parece ver que el académico cruza las piernas y arquea ligeramente la espalda. Tal vez quiera escapar de lo solemne, arrimarse a un discurso claro y asequible. «En la Real Academia Española se hace lo mismo hoy que hace trescientos años. Los académicos trabajamos con las palabras, con el diccionario. Aunque, lamentablemente, en la actualidad tengamos que hablar, más tiempo de lo deseado, del bajo presupuesto con el que contamos y de cómo...